63. Reactivándonos

63. Reactivándonos. Bobo Dioulasso  3 mayo 2008

Todo depende del color de tu cristal con el que te tomas las cosas. Lo que dijo Lin Yutang para el paisaje también vale para cualquier cosa mirada. La mitad de su belleza depende de lo que es y la otra mitad de quien la mira. No me parece exagerar si digo que encontramos lugares dignísimos de los que el paraíso terrenal debería tomar modelo. Hemos estado siendo huéspedes de una colección de terratenientes que son afables y que nos los llevaremos como figuras entrañables en nuestro álbum de recuerdos. A ratos algunos estropicios me apuñalan la sensibilidad: los eucaliptus grandes abatidos por las hachas me hieren. Muchos de ellos están en el suelo mientras estamos en el monasterio Carmel. Las hachas que resuenan al cortarlos suenan a secos, tal vez lleven bastante tiempo así. También he visto algunos otros no eucaliptus abatidos. Las razones de que chupan demasiada agua o desnutren los suelos siguen sin convencerme. En caso de tala impostergable se podía haber conservado alguno. Su olor y su altura siempre me dejan admirado. El conejo de Carroll se encontró un día en que le habían cortado los eucaliptus que el plantó sus hermanos de cofradía sin que se lo dijeran. Vic dice que la vida rural significa sacrificar una vida para obtener otra y que toca elegir tomando decisiones difíciles. La cuestión es que vemos en toda partes eucaliptus cortados y con rebrotes de tres o cuatro subtroncos desde la cepa dejada dando un aspecto de semibosque a lo que hubo en su lugar.

Dedogou está a 130 kms de pista de Koudougou, el trayecto más largo sin suelo asfaltico que hemos cogido hasta ahora. Creo que nos empezamos a dejar de tonterías por las calles de Lomé tras los italianos y el coche atrotinado de ella, Katia. Para conocer África hay que ir por muchos lugares donde no hay asfalto. Al hacerlo ponemos en peligro nuestra maquina. La experiencia bien vale cambiar los amortiguadores y los frenos e incluso. ¿Por qué no el vehículo entero? ¡No la furgo, no, es nuestra casa! El vehículo lo necesitamos para seguir pero también para volver a nuestra Barnápolis. Además, aunque a un ritmo bajo, compramos souvenirs y tenemos intención de comprar más cosas cuando ya decidamos tomar la ruta de vuelta, tal vez koras y djambes, cuyos volúmenes son considerables.

Las carmelitas descalzas nos proponen participar de la recreación tras la cena, de 20h a 21h, ni un minuto más. Su organización horaria es admirable pero la verdad es que si pueden hacer excepciones. Es la primera vez que veo en la práctica lo que es una recreación. Reaprendo el nombre aunque ya lo había oído en otras ocasiones. Cada día lo hacen dos veces. Admiro los horarios monacales. Tiene algo de victoria sobre el tiempo aunque no pueden evitar ir  tras el horario pero he visto varias veces como llevan escondido el reloj en el bolsillo. Vic y yo reconjugamos el verbo recrear, nos acordamos de nuestros recreos infantiles de los coles y nos podemos de acuerdo en que la palabra es vigente. Al fin y al cabo un espacio lúdico y de conversación es un modo de recrear quien eres ante la vida y los demás. Las 11 soeurs se presentan y nos dan la mano una a una, la mayoría son tologuesas. Otras seis, las más jóvenes, faltan porque se fueron a Cote d’ Ivoire a un encuentro de juventudes. Los encuentros congregacionales de varios centros sirven para darse energía y ánimos las unas a las otras. Han ido en tren desde Bobo y luego tienen apalabrado un vehículo que las lleve al sur. Que valientes. La hermana Roser Sacristán  nos dice lo mucho que le pedían ir en vehículo por la ruta que nosotros intentamos un tiempo atrás. Roser se llama de segundo apellido Balmes, su linaje está emparentado con el famoso autor de el Criterio, un libro que anduvo siempre por mi primera casa en una edición antigua de tapas duras azules y que traté de empezar a leer sin conseguirlo nunca. La mayoría de carmelitas de Moundasso son tologuesas, algunas malinesas y otras europeas. Nosotros les contamos nuestro periplo africano y lo que nos viene ralentizando desde hace ya dos meses. Los creyentes vocacionales son muy discretos al preguntarnos sobre si tenemos  o no fe. En todo caso enseguida y pronto se ve que no somos practicantes. Cuando alguien nos pregunta directamente, depende del tono o intención de la pregunta explicamos más o menos sobre lo que somos y lo que pensamos. Cualquiera de las palabras claves: ateísmo, agnosticismo o apostasía no sirven de mucho. Preferimos decir  algo de nuestra filosofía: la defensa de la espiritualidad con la prescindibilidad del rito. El religiosismo práctico tiene tantas variantes que cada profesional de su medio, por su propia supervivencia y equilibrio mental, ha tenido que aceptar que no hay ninguna religión garantista de nada. De todos modos nunca nos agota la capacidad de sorprendernos que gente muy inteligente, instruida, abnegada y pletórica de vida sea capaz de atribuir las últimas causas de todo a una instancia todopoderosa.

Las dos habitaciones tomadas forman parte de un pabellón de un total de cinco. En principio las tomamos estando solos. Tiene una cerca propia en la que hemos metido la furgo. Volvemos a gozar de las ventajas de un chalet. Nos acogen las sinfonías de siempre: pájaros, los arboles movidos por el viento, cada hora pasa un vehículo (un camión, un cuatro por cuatro o un autobús por la pista de tierra) a unos 400 metros de donde estamos. Por cierto, Roser nos dijo que por tres veces el presupuesto para asfaltarla desapareció. Los defraudadores mostraban fotos de otras pistas en proceso de asfaltado del país. Hace tiempo que debería haberse construido un firme. La crítica que como  ecologistas hemos hecho repetidamente a la sociedad del asfalto y del plástico no nos impide reconocer el valor de ambas cosas para las sociedades modernas y para facilitar la vida.

Ha pasado ya una tercera parte del calendario que teníamos previsto para esta cita africana. Estamos en el continente que más tiempo tiene pero  a pesar de todo el tiempo va pasando. El discurso sobre el tiempo es un tema troncal de la vida. Mientras se habla de él la vida va pasando y este año concreto de 2008 también.

Las habitaciones que hemos tomado hasta ahora no han estado mal. Siempre puedes contar con una ducha, una mesa y con enchufes, algunos con restricciones. Las personalizamos con nuestras telas y en nuestras camas no faltas nuestras almohadas de plumas, verdaderos fetiches para placeres adivinables. La mía es la  más larga con la cual me enrosco y a la que Vic llama mi amante, la única permitida; la suya es la más corta. He olvidado si de niño tuve un oso de peluche. Isaac sí tuvo uno enrome, lo tuvo en su habitación hasta prácticamente que el alcanzó  su altura. Me suena que sí tuve algo que almacenaba ácaros, tal vez un conejo felpudo. Creo que esa fue una de las razones por las que nunca quise hacerme cazador de liebres, tampoco de ningún otro tipo de animal. Las carmelas son una orden completamente distinta a las hasta ahora visitadas. Son dicharacheras. Viene todo el grupo hasta el refectorio después de la cena para presentar sus saludos al obispo con el que hemos compartido mesa y que se instala para descansar un día después de nosotros en la habitación de al lado.  Antes de conocerlo ya nos vienen a hablar de él. Es la ilustrísima de la zona. Un hombre que ha viajado repetidas veces a España haciendo el circuito Madrid-Castellón-Albacete; entiende español aunque con nosotros no lo habla apenas. Esta de reposo a causa de su corazón cansado y operado. Las hermanas lo agasajan y miman con comida especial para él: quesitos, miel,…con un verdadero encanto además de procurarle comida de régimen.

A causa del ataque de mosquitos en masa, el mayor que he recibido hasta ahora, estamos menos noches. Una novicia a la espera de ser propuesta para la consagración definitiva, Marie Louise, es la que se ocupa de darnos habitaciones y traernos la comida. Saluda o llama a Vic tanto una vez al venirnos a avisar de que la comida estaba lista como otras al llegar a la sala de comida. Ya estoy acostumbrado de ese tipo de sutiles discriminaciones. Vic se da cuenta ¿y tú qué? me dice. Yo no existo, es por eso que escribo un viaje existencial para contrarrestar mi falta de existencia en otros aspectos. Cuando digo que Vic es la reina no me lo invento. Simplemente lo compruebo. En torno a su cabeza hay un halo circular como el representado para  los santos y todo su cuerpo tiene un envoltorio electromagnético detectable por una simple cámara kirlian de mechero, fenómenos ambos ante los que se rinde todo el mundo. Hemos de averiguar cómo anda la nomina del santoral para proponer a Victorina como santa sin cartera para añadir a la lista de canonizaciones pendientes; desbancaría sin duda puntos neurálgicos como Lourdes o Fátima y podríamos hacer de la localidad residencial que eligiéramos un nuevo punto mediático para feligresías con considerables entradas de divisas. Los ayuntamientos se la rifarían y traspasarían como los jugadores futbolísticos de mayor caché. En serio, Vic tiene algo especial. Las hermanas enseguida se prenden de ella además se dan cuenta que estamos enamorados. Mis miradas de búho no han pasado desapercibidas. Sonríe, es optimista y nunca demuestra fatiga alguna. Pase lo que pase, aunque el suelo desaparezca ella es radiantemente feliz. La implico más que convencerla para que de un concierto al clarinete. La tercera y última noche que estamos alojados el rato de recreación recrea el mismo circulo de asientos en el patio y yo hago las presentaciones: Victoria Martínez venida directamente de Catalunya para complaceros con tres interpretaciones breves: un fragmento del don Giovanni, el Red River Valey y una hebrea. También añadimos al programa a Danielle, una soeur de Lome, vivía justo al lado de Chez Alice donde sigue su familia, y hace años había tocado el clarinete pero no se lo trajo a la congregación por temor a crear molestias en la comunidad.

Al día siguiente antes de salir nos hacemos fotos de grupo y nos despedimos cariñosamente. A Vic solo le caen 3 lágrimas pero son de cocodrilo, suficientes para lavarse otra vez la cara durante esta mañana.

Nos acercamos a Dedogou a pocos quilómetros poniendo fin a unos 135 kms de pista. Desde aquí tomamos dirección sur para Bobo Dioulasso. Una vez aquí volvemos a tomar posiciones en el centre Cultural Français, primero en la biblioteca. En la otra ocasión no pudimos usarla por estar cerrada al público por inventario. En esta ocasión nos hemos puesto en la única mesa alta de la sección infantil, en realidad la mesa es de púberas: un abanico de preciosas niñas ya mujeres repasando cuentos ilustrados con dibujos.

Antes de llegar a Bobo nos hemos detenido a una sombra junto a la estación de Kouentou. En seguida hemos recibido la visita de curiosos. En esta ocasión las prácticas de clarinete no han concentrado demasiado la atención. Los pitidos descontrolados por no tener el clarinete a tono han ahuyentado la mayor parte del personal  A un grupo de niños, los más leales en la audición, les hemos regalado una cosa, como solo teníamos una la hemos rifado entre seis. Les ha costado entender lo que es un sorteo pero han respetado el resultado.

La convalecencia no ha terminado pero por primera vez en cinco semanas Vic vuelve a ocupar el asiento contiguo al conductor en la cabina de mandos. Vuelvo a conducir acompañado. Ella, que es la encargada también de la música envasada, recupera el CD encallado en la ranura (¡maldito Fiat y el concesionario que nos lo vendió! La radio y algunos de los bafles no han funcionado desde que lo compramos) y pone Piratas de Dagoll Dagom y jazz. Volvemos a ser un dúo en primera plana. Ya no me siento solo en la conducción.

En el centro cultural en Bobo nos encontramos con Clauvix que sigue en el mismo puesto del bar con algo más de gene pero sin clientela demasiada que le haga consumiciones.

Durante esta primera parte de la convalecencia de Vic hemos utilizado 6 habitaciones seguidas y una séptima tras una noche de prueba en que volvimos a la cama de la furgo. Este periodo monacal nos ha proporcionado una bonita experiencia de sosiego y de contacto con personas que, sí, definitivamente, son, nos parecen, son, la verdad es que son, felices. Parece que tienen poco que ver con los monasterios europeos. En todo caso lo poco que se dé los de clausura no tienen nada que ver con los de aquí. La palabra cloture pone una separación entre un ámbito territorial privado y sus visitantes pero la clausura es una manera de denominar una actividad de puertas para adentro distinta a la del apostolado. Lo más que me llevo conmigo de los monjes y monjas con los que hemos podido  tratar y hablar algo estas semanas es sus semblantes apaciguados. Creo que pueden dar grandes ideas acerca de lo que es la felicidad. ¿Luego entonces la felicidad pasa por disminuir al máximo el trato con el mundo externo? Algo de eso hay: a menor trato con el mundo mayor reducción de variables y por tanto de conflictividad real. Vivir sin conflictos es lo más parecido a vivir en paz. Lo que más me ha legado de ellos es su bondad ¿se puede decir innata? Nos saludan a nuestra salida convencidos que no hay ningún sitio donde ir en este mundo salvo al centro de uno mismo. Vayas donde vayas siempre te toca ir contigo. ¡Qué lata! o ¡qué suerte! El monje retirado no lo es tanto y contra lo que pueda pensarse no es una figura aislada. Puede seguir el mundo tal vez mejor que lo que el mismo mundo se sigue a sí mismo. Finalmente todo cuadra: que Correcaminos no quisiera perder tiempo verbal con nosotros o que el Conejo de Carroll no se aprendiera nuestros nombres nos coloca en el papel real que tenemos: el de viajeros sin rumbo, con una fecha limite por referente y con un criterio-esponja de absorber lo que se nos presente; por tanto el de viajeros sin un gran proyecto que ofrecer a nadie salvo el de llenarnos de anécdotas. El monje debe saber que lo mejor de una anécdota son las múltiples interpretaciones que se pueden hacer en solitario y que más que acumular muchas de ellas  lo mejor es  destilarlo todo de las que ya se tengan. En todo caso los nos despiden cariñosa y socarronamente seguramente con la total convicción de que vayamos donde vayamos solo hay un lugar en el mundo donde se puede estar: el de la paz contigo mismo.

Repetir lugares en los que hemos estado nos seguriza. Estamos en el patio del centro francés mientras termino de escribir esto con libre disposición de enchufes de farolas, esperando unos espagueti a la carbonara y una audición prevista de jazz para esta noche, El siguiente paso pasa por repetir en Ouaga la misma gestión burocrática el próximo lunes, Pedir permiso y pagar la tasa correspondiente por estar ubicados en una geografía es lo que peor llevo. Me molesta perder tiempo y dinero con esto. Pero la verdad es que cada pérdida de tiempo en despachos truculentos no dejo de proporcionar golosas curiosidades (en el que expiden el tema de visados había tantos legajos de papeles con los infelices secretarios abajo que me quedé con las ganas de hacer fotos para premios kafquianos) en cuanto al dinero, el dinero es solo dinero, no es lo más importante que una persona tiene.

 

62. Monacato

62. Monacato Moundasso 30 abril 2008

Tras una semana en el lado de las benedictinas nos pasamos otra en el lado de los benedictinos. El lugar es más tranquilo y algo mas sombreado. La comida, mucho mejor. El refectoire, mucho más ventilado y bonito. Aunque tanto este como el anterior no están bajo la mirada escrutadora de Ratzinger para que no sea tomado su foto como provocadora. La fotito de este hombre, que bien podía haber sido instruido en performance escénica por Christopher Lee, la hemos soportado en los refectorios de  los cistercienses y redentoristas. En este último, una foto de Jerusalén a su lado lo hizo más soportable. La verdad es que no nos victimizan los iconos. Llevamos una temporada rodeados de cruces cristianas y vírgenes marías. En alguna ocasión en las paredes han hecho de clavos para sostener alguna de nuestras prendas. Sigue nuestro curso de monacato. El que queríamos hacer en Aguilar de Campoó que cada año nos lo reofertan tiene una buena introducción con  la experiencia actual que bien podemos tratar de introductoria.

 La habitación que ahora usamos tiene forma también de chalecito, con porche y doble puerta de entrada, además de tela mosquitera en ventanas y puertas. También son alquiladas a protestantes y otras confesiones o aconfesionales como nosotros. Aunque no tenemos la casita de antes y aparentemente hemos perdido categoría social las condiciones son mejores. El monje hotelero, frere Ange, viene a visitarnos a menudo. En principio somos los únicos inquilinos. Trata de proselitizarnos para acudir al menos a alguna de sus plegarias y vivir así un poco más la vida de monasterio. Nuestra etapa monacal no necesita más ritos de los que ya venimos haciendo con los ordenatas, el clarinete, los paseos. Nos tratan a cuerpo de rey. El frere Gibert, 84 a, nos visita también. Otro frere de los fundadores, Adrien, también lo hace. Lo llaman el barbudo. Típico monje de barba blanca de 31 cms. Lo llamamos el Conejo de Lewis Carroll, el personaje de Alicia en el país de las Maravillas, porque viene, cuenta su anécdota y se va a toda prisa. Tiene una peculiar forma de hacerlo: se apoya con sus dos manos en forma de semipuños por los nudillos y vueltas hacia él en nuestra mesa mientras nosotros estamos a ambos lados terminando de comer o desayunar. Gilbert nos ha dicho: os proporcionará muchas anécdotas para vuestro libro. El conejo de Carroll nos trata como monsieur o madame porque nunca termina de aprenderse nuestros nombres. Es un hombre activo y de empresa cuyo currículo solidario en la región, como plantador de árboles y levantador de diques para almacenamiento de agua de riegos, lo han hecho famoso pero también lo han convertido en un desalentado ante la poca correspondencia del personal.

Ir  a/de monasterios es algo que siempre veníamos comentando en España. Existe una guía de ellos. No sospechábamos que tuviéramos que hacerlo por imperativos físicos y usar tantos seguidos. La verdad es que no nos supone ninguna limitación. Todo lo contrario, nos proporciona más tiempo para nosotros. No podemos practicar nudismo ni hacer otros sacrilegios pero nos permitimos poner música  y clips en el ordenador, dormir con las puertas externas abiertas con total seguridad, consiguiendo así un poco de ventilación a través de las mosquiteras y dar paseos con la silla por la zona cuando ya ha oscurecido. Para el punto de vista del monje recluso la figura de unos visitantes como nosotros les encaja más de lo que a primera vista parece. Ellos tienen sus opción de fe imbatible, nosotros la de dejar nuestro testimonio de nuestro paso por la tierra a falta de caelum que nos espere. Como inquilinos representamos una fuente de ingresos a complementar con las que ya tienen de la granja. Compramos un queso fresco hecho con leche de vaca. No es precisamente barato 2500cefas medio kilo. Las vacas aquí dan muy poco. Con una veintena obtienen unos 60 litros por la noche y unos 120 por la mañana. Hay vacas  europeas que pueden dar 20 o más litros cada una. La maquinaria para la pasteurización es  moderna.

La zona en la que estamos está separada por una pista de unos 7kms de Koubri-núcleo que está en la carretera. Es en realidad un barrio del departamento. Hay un centro de maternidad llevado por las Gildas y  unos cuantos chiringuitos habitados que no llegan a ser verdaderas casas. Nos hemos valido de un pequeño taller en el que hemos podido usar su tornillo de banco y sierra manual de metal para, al fin, cortar los tubos de aluminio con los que bloquear la ventana lateral corredera que se abría desde de afuera. Hemos vuelto una segunda vez para cortar otro tubo olvidado.

La visita diaria de frere Gilbert se convierte en un ritual. Otras personas nos saludan. Conocemos a Emile Nombre interesado en conseguir fondos para su, también, asociación de handicapés. Es un concejal de una aldea cercana. Creemos que conseguir materiales usados  en Europa para reciclarlos en África no es lo difícil. Lo complicado es pagar sus portes. Todo lo que podemos hacer es atestiguar que las necesidades no son inventadas y que sus representantes no engañan al respecto. Otro asunto es dar en el blanco enviando realmente material que cubra una necesidad en un lugar determinado y no material que no sepan cómo aprovecharlo.

Nos saluda Bonifacio Soubega, el frere hotelero de cargo que estaba fuera, en otro monasterio durante un corto tiempo. Está entusiasmado con su próxima consagración como monje a cuya ceremonia nos invita. Conocemos a Estelle Amelie Compaore que tiene una sonrisa tan franca que no necesita nada más para cautivarte y compartimos una comida con ella. Tiene una hermana casada con un guía turístico español que vive en Barcelona. Sugiere una invitación a su casa en Ouaga y prepararnos l’eto con una salsa especial. La verdad es que apenas lo hemos comido. Hay platos que ni siquiera probamos. El olor, la viscosidad mocosa de algunas salsas y la insipidez del akassa (mas tamizado pero también de maíz) y l’ eto nos mantienen al cuidado. El visionamiento de unos pies de cerdo o grasa animal nada más levantar la tapa de una bandeja de  la comida puede malograr mi sesión onírica de la próxima noche. La verdad es que el espacio de comida más garantizado son los desayunos. Leche, de verdad, de vaca, mantequilla y mermeladas caseras artesanales. Creo que mi nivel actual de triglicéridos puede permitírmelo. Es el único rato en el que comemos pan. Yo he vuelto a él después de años de no comerlo demasiado. La barra de pan blando, nunca esta crujiente, guardado en bolsas de plástico para que no se seque, embadurnado y confiturado lo convierte en un bollo que mojado en la leche lo hace exquisito. Vic se mantiene con aceite y sal. Rehúye los dulces bastante más que yo.

Al anunciar nuestro día de partida Ange nos expresa que les gustaría que nos quedáramos más tiempo y pone una mueca de afectado. Es un novicio que habla tan bajo que el paso de una mosca solapa lo que dice. Junta las palmas de las manos al hacerlo y mira sumido en un recurvatum corporal que es la viva expresión de la humildad.  Con el Conejo de Carroll quedamos a propuesta suya para hacernos de guía por la zona pero no viene. En realidad habíamos quedado para el día siguiente, sábado, su día libre, no nos habíamos entendido en la cita. Nos lleva a ver un barrage por la mañana y un poco más allá hasta Poedogo debiendo volver por falta de pista, sin poder alcanzar las ruinas de un primer asentamiento protestante que fue abandonado por falta de agua. Visitamos otro por la tarde en Boussaga. Durante años ha promovido la construcción de varios. Son la solución de almacenamiento de agua en la estación seca en esta zona del país. El Conejo de Carroll viste pobremente, su aseo personal no es su fuerte pero a sus ochenta tantos sigue siendo un hombre activo. Como otros muchos que han colaborado y colaboran con África se queja de la desidia tras sus intervenciones. Una escuela profesional dentro de la domaine benedictina permanece cerrada cuando la responsabilidad de su gestión fue pasada a los lugareños.

Visitamos el Auberge de Buganvilliers, un oasis con piscina. Los precios son inapelables: 27500 una climatizada para dos y 10mil a usar el patio con la furgo para pasar las noches además de hacer consumos obligados. No nos quedamos a tomar ni siquiera una cerveza a pesar de lo bonito del lugar. El manager nos parece de entrada un estúpido (demasiado europeo para nuestro gusto o que ha copiado lo peor de Europa) Otro típico lugar sin clientela pero incapaces de adaptar precios a distintos poderes adquisitivos. Bueno sí hay algún cliente. Encontramos a españoles en la piscina. Presentaciones, Una dice que trabaja para Geólogos sin fronteras (¿hay algún gremio que todavía esté con fronteras?)y la otra para Intermón Oxfam. En efecto el todoterreno está afuera con el adhesivo. Lo que decíamos: la nueva clase alta. Quizás el combustible hasta el lugar y el alojamiento lo han pagado con sus salarios (¿de verdad?) pero la imagen es el de oenegés como la nueva clase elitista que utiliza los lugares de la clase alta y que “involuntariamente” eleva los precios lugareños. Conejo nos confirma que la mayoría de oenegés que conoce viven para ellas mismas y que Burkina Faso es su paraíso.

Las noches  son largas. La cena termina a las 20h. Empleamos un rato de tiempo para una partida de ajedrez. Vic se acuesta antes que yo. Yo aprovecho la brisa, bendición de dioses, cuando la hay, sentándome últimamente desnudo en una de nuestras  butacas de aluminio en el porche. Alguna noche he visto una rata de las grandes y todas las veladas las paso con  las paredes llenas de dragones que son como de la familia. Los dragones hacen ese chasquido imitado por las gargantas humanas de estas zonas como sonido de aquiescencia. Están por todas partes y donde más en cocinas y comedores. Cuando volvamos a Europa y vayamos a restaurantes preguntaremos extrañados al chef la razón de su falta. Lo más parecido que he visto por lo que hace a su libre albedrio son las salamandras de Menorca. Son inofensivos y forman parte de la decoración. Uno de sus lugares favoritos de asueto son los retretes, disponen de insectos y de agua. Se agazapan también en el reborde interior de la taza. Al tirar de la cadena alguna vez uno ha estado a punto de desaparecer por el sifón. Sus esfuerzos titánicos resbalando por la superficie húmeda me han hecho ponerme en su lugar. Le he echado una mano con la escobilla para ponerse a salvo.

Anoche entró un pajarito de colores en nuestra habitación. Me dio la impresión que tenía una pata rota. Estuvo un rato sobre el fluorescente antes de encontrar la salida.

 En la zona en la que estamos, años atrás había leones. La presencia humana los fue alejando a zonas más suyas. Nos han contado alguna historia terrible con los leones en Pendjari: alguien que quiso fotografiarlos de cerca salió del 4x4 a pesar de las protestas del chofer. Fue destripado en presencia de su esposa y los demás sin que pudieran hacer nada, de eso hace años. También tenemos la noticia que a los leones ya no les gusta la carne humana. Sin duda debe ser una de las más intoxicadas que existe.

Un mes después de la caída de Vic sigue cada día con más rato de ejercicio sobre los dos pies. Toma menos calmantes.  Al dolor inicial se le ha añadido el del nervio ciático por la postración obligada en la silla de ruedas. Estamos esperanzados en volver a las andadas pronto pero nuestro curso de monacato no ha terminado todavía. Nos auto asistimos con la ironía todo lo que podemos para no sufrir por partida doble nuestros contratiempos aprovechándolos para discursear sobre la existencia, lo divino y lo humano. Estamos en buenas manos y en los mejores lugares. Pio Baroja ya observó que la desgracia hace discurrir más  y que la felicidad quita todo deseo de análisis. Bueno ni nos consideramos desgraciados por tener que usar más de la cuenta la silla de ruedas (la verdad es que durante los casi tres primeros meses africanos apenas si la sacamos un promedio de una vez por semana del maletero) ni dejamos de considerarnos felices por el hecho de tener que estar quietos-parados una temporada. La verdad es que aprendemos de nuestra quietud y de nuestros errores. Comprendemos lo que quiso decir  Baroja aunque para una buena idea empleara una frase no tan buena. Seneca, genial observador, dijo que las penas pequeñas son locuaces  y las grandes son mudas. Mientras podamos contar lo que nos pasa es que lo que nos pase no será tan grave como para que nos saque fuera de circulación. Aunque también puede suceder que no dar señales de vida es porque, anestesiados por el máximo de felicidad, no queramos renunciar a los placeres del paraíso para ir hasta el cordón telefónico-umbilical más cercano.

 

De acuerdo con la cita convenida vamos a la reunión prometida con la asociación Tinon. Según lo acordado han convocado a bastante gente. La mitad son niños. Todos expectantes y silenciosos. Es como si las hordas del cadeau-cadeau nunca hubieran existido. Hay un grupo de mujeres. Una que ya conocimos el día anterior está sentada en su triciclo. Bellísima, hierática, se ha vestido de domingo pero sigue sin levantar la mirada del suelo sin perder su compostura y con un esbozo de sonrisa esperando un pintor que la termine. Manos a la obra: primero nos presentamos y contextualizamos el valor de nuestra presencia ahí y de lo que puede servirles nuestra explicación. La mayoría habla moré con lo cual un traductor va traduciendo cada una de nuestras frases al grupo. Todo lo que podemos dar son palabras y las que damos son las nuestras no las que tal vez esperaran oír: promesas de ayuda. Detrás nuestro no hay una organización que nos ampare ni tenemos un presupuesto para dedicar a montar un orfelinato, un pozo más próximo del que tienen y una escuela. Todo lo que podemos hacer es transmitirles una metodología de trabajo e insistirles que en el mercado de la solidaridad toca intervenir como un equipo empresarial. Por supuesto pensamos en ONGs concretas de las que les proporcionamos referencias y les aseguramos que el mundo oenegero empieza a tener el grueso de un listín telefónico pero que puede ser anualmente tan variable como este. Es cuestión de tratar de ponerse en contacto con cien para progresar en las negociaciones con uno. A pesar de que insistimos en que no somos papánoeles antes de irnos dejamos `presentes: gomas, lápices y ropa para mujeres. Lo dejan todo en una mesa central para, suponemos, repartírsela luego, todo en perfecto orden. Nos han presentado a los viejos del lugar, a los que plantaron los tres árboles que nos acogen bajo su sombra. Salam Alecom decimos cuando distinguimos por sus vestidos que son islámicos. Alecum Salam nos dicen siempre sonriendo. La escena es enternecedora pero no podemos evitar el análisis. La proliferación de asociaciones locales también es una forma de generar puestos de trabajo a los lugareños. Sorprende que entre ellas en la misma zona no haya coordinación. En el lugar, hay varios orfelinatos y asociaciones de handicapés. En nuestra exposición insistimos en que reclamen al estado y a las instituciones las ayudas que esperan obtener de las Ongs de blancos y que además trasladen su tema a la protesta en la calle si es preciso. Europa es la que es gracias a los movimientos sociales reivindicativos que tuvo. Por un rato tenemos la sensación de ser mitinescos y de otra maestros de párvulos. Nuestro discurso de método recibe su merecido: la gente anda descalza, viene a pie con muletas de lejos, lleva días sin comer y un rosario de etcéteras que nos silencia. El esquema de nuestra pizarra sigue siendo válido: a las posibles ayudas externas: estado-Ongs la principal es su propia autoayuda. La principal de las fuentes de riqueza sigue siendo el trabajo, tanto mayor cuanto más organizado esté. Ni Adam Smith, Ricardo o Marx hubieran tenido más suerte que nosotros en la persuasión de este concepto en el mismo lugar y momento.

Cada vez que alguien nos pide ayuda lo más que podemos decir y hacer es la de ser canales para encontrarles padrinos. En realidad, todo lo que podemos hacer es lo que ellos deberían hacer por cuenta propia desde una terminal de internet, puesto que nuestra base de contactos también la sacamos del mismo sitio. Además sabemos que la razón por la cual una ONG adopta o puede meter en su lista de proyectos uno más puede ser por motivos políticos y aleatorios más que económicos y que elegir un sitio u otro más que por criterios de urgencia de los mismos sitios viene determinado por las posibilidades de intervención. Es lógico. Toda nuestra crítica a las ONG por sus contradicciones ideológicas no impide su reconocimiento como empresas filo-capitalistas que tratan de expandir el desarrollo económico. Claro que las ONGs ni están dispuestas todavía a entrar en este debate ni constituyen un movimiento homogéneo que pudiera tolerarlo. Un artículo mío aceptado al respecto por una revista representativa de su espectro organizativo sigue sin publicarlo dos meses después de lo previsto y otra ONG para la que hicimos la colaboración del doble transporte ha dejado de enviarme sus emails info-colectivos. Además de por lo que hace a la gente se le valora por lo que deja de hacer sin dar explicación alguna. La sinceridad es más castigada de lo que incluso a mi me parecía.

En Ouaga nos pasamos unas horas en un punto de internet. Vic tiene más correo que responder que yo. La espero comiendo espaguetis y tomando cerveza en el bar de un bar esquinero. Pasamos por la caja del tesoro a retirar dinero. Hasta ahora no he encontrado ningún cajero con pestillo dentro pero todos tienen un guarda fuera que hace el gesto de abrir y cerrar la puerta. Saco 150mil francos del Bank of África. Hasta ahora no llevamos exactamente el control de las comisiones que pagamos por lo que sacamos, pero debe de ser alta, tampoco sabemos si hay diferencias a ese respecto entre unos bancos y otros.  Luego vamos de visita al recinto artesanal donde las tiendas y los talleres comparten los espacios por secciones. Compramos algunas cosas. También un awale del que aprendemos una nueva forma de jugar. Es la primera vez que vemos a un par de muchachos jugando a ello. Raramente vemos gente a jugar a juegos de mesa. En alguna ocasión a cartas, en otra con un tablero de damas (los tableros aquí son de 10 cuadros por lado y las fichas tienen el mismo tamaño que cada cuadradito ocupando 4 hileras es decir 20 fichas por jugador. Se juega como las damas europeas pero el hecho de que las fichas sean cuadradas hace que queden colocadas de cualquier manera sobre cada cuadrado obligando a más capacidad de reflejos en cada movimiento. Cada vez que una ficha come a una o varias contrincantes da sonoros golpes sobre el tablero lo mismo que los viejos jugadores de dominó en España todavía lo hacen en las pocas mesas de mármol que quedan.

Compramos tejido y tomamos cerveza. Como siempre nuestro billete de 10mil sigue un itinerario perezoso. Hasta que no hacemos una segunda compra y no obligamos a cambiarlo con una consumición en el bar no obtenemos el cambio.

Cada desplazamiento en furgo Vic va atrás. Montar y desmontar la rampa formada con dos segmentos, madera mas planchas de aluminio, no tiene mayor complicación aunque a veces hemos de pedirle al vehículo estacionado en paralelo al lado que nos deje espacio para que yo pueda hacer mi labor de pontonero.

El día antes de cambiar de alojamiento dedicamos un rato a organización domestica dentro de la furgo. Compruebo que la instalación de las placas solares ha dejado de funcionar. Pasa una chica que se interesa por nosotros. Le regalo un sujetador de las pocas prendas de ropa sobrante para dar que nos quedan. Le pido que mida si es de su talla. Se lo pone por encima del sueter. Acaba de inaugurar una nueva moda. Nos cuenta su vida: madre de una criatura de 9 años que un juez falló que viviera con su padre el cual vive con otra mujer.

Tras ocho noches en la sección benedictina masculina cambiamos de panorama. Durante el desayuno nuestros amigos vienen a visitarnos. Abrazos y foto con el Conejo de Carroll. Pagamos 50mil cefas a Ange. Boniface y Ange con sus inmaculados hábitos blancos sacan sus preciosos kora y nos interpretan una dulce y relajante música de despedida. Me enternezco. Estoy a punto de hacer pucheritos  durante el rato que los filmo a video. Vic se despide de ellos con el saludo tradicional tocándose cuatro veces las cabezas mutuas, dos a cada lado. Los benedictinos son encantadores. Nos parecen muy felices con su elección de vida.

Nos quedamos un rato por la zona. Hacemos un viaje corto hasta Manga. El asfalto me recuerda que tengo algo de mono de carretera. Mientras tomamos coca+flag la sección andante del corte inglés pasa por delante. Primero le compro a un hombre unos pantas. Me llevo dos modelos a la furgo para probármelos y elijo unos. Luego a otro que pasa con telas le compramos una funda de edredón y una colcha. Luego a un tercero una tela y otro edredón. Han sido tres iniciativas mías que Vic tolera amigablemente. Yo suelo ser más quisquilloso con sus elecciones de compras y le cuestiono algunas de sus elecciones por razones de diseño y a veces de precio. La verdad me asiste, el traje que encargó a la medida en Lomé lo tuvo que dar tras usarlo una sola vez. Tras unos cuantos días de no hacer vida exterior, callejear es como ir al teatro. Un grupo de niños nos rodea con sus sonrisas. Retomamos la carretera al revés, cruzamos la capital rodeándola por la zona de ampliación Ouaga2000 y tomamos la ruta hacia Bobo. En el puesto de peaje de salida, los mismos chicos con las mimas revistas y álbumes geográficos de siempre me las meten en los morros para comprárselas. Tomamos el desvío  hacia Koudougou que sigue siendo dirección oeste. Antes de llegar me detengo en una sombra para repostar gasoil de las garrafas de reserva. Todo un espectáculo: inmediatamente unos chicos en bici se paran y nos ayudan. La operación no se puede hacer sin ayuda, alguien tiene que aguantar el embudo. Saco la escalera de aluminio para apoyar la garrafa de 20 litros cada vez que he de descansar. Tras meter vaciar dos me pregunto si merece la pena tanta historia para economizar 170cefas por litro. Sí, si merece la pena. Le doy un trapo para que se seque al chico que me ha ayudado y le preparo un vaso de agua fresca con sirope lo mismo que para mí. En Koudougou  no nos detenemos seguimos por una pista sin asfaltar. Vamos rodando hasta que nos alcanza el crepúsculo por el bacheamiento ondulado continuo que nos obligo a ir a paso tortuga.  Nos detenemos en Nouhoum, una aldea junto al Volta noir, el rio del que la ONEA, la compañía de aguas, la toma para llevarla hasta koudougou y alrededores a mas de 50kms.Le pido a un operario, Clement Nikiema y luego al chef que me presenta si podemos pasar la noche. Pas de probleme. Ubicamos la furgo junto a las tres viviendas que tienen los tres operarios y familia. Invitamos a agua con sirope. Vic se acuesta pronto y prepara la mosquitera. Puede subir a la litera sin ayuda. Ha pasado un mes desde su caída en el monastere de l’ Etoile. Mientras tanto yo hablo un poco con Clement en su porche. Me pregunta si podemos llevarnos a su mujer con nosotros de tour aunque ella está al lado y en ningún momento dice nada ni él le pregunta nada. A la mañana siguiente resultará que al fin Clement entiende que nuestra ruta de retorno va a ser por una carretera distinta y que nos vamos a alojar en un monasterio en Dedogou. La chica, se queda en casa obedeciendo órdenes. Antes de irnos visito la instalación colectora de agua con la autorización de Pascal, el chef. Cuando alguien me dice que se llama Pascal y veo que espera que sea yo quien diga algo le cuento la famosa frase de Blaise Pascal sobre la habitación y la felicidad.  Un técnico me explica las distintas fases de filtro. El agua es completamente turbia pero me asegura que no está contaminada industrialmente. No es hasta su destino en que recibe el tratamiento de depuración para hacerla potable. Tras una ronda de regalos retomamos la ruta. Antes de llegar a Dedogou encontramos el cartel de Carmel. Hablamos con sor Roser en catalán. Hacia más de cuatro meses que no hablábamos con alguien en catalán. Tomamos dos habitaciones. Es el séptimo establecimiento en el que tomamos habitaciones desde que estamos en periodo de reposo. En realidad hemos tomado dos habitaciones contiguas porque cada una dispone de una sola y minúscula cama. Roser lleva 20 años en el lugar. Nos habla de algunos cambios: escolarización de las niñas pero también del descanso de los lugareños el resto del año tras los tres de recolección intensiva para llenar los graneros. Nuestro recorrido por monasterios demuestra que una aplicación inteligente al territorio convierte cualquier lugar en pequeños paraísos de paz, claro que los monasterios se han podido levantar gracias a ayudas externas. El de estas carmelitas está en Moundasso. No vamos a podernos quedar mucho, gestiones burocráticas nos esperan y el plan inicial de recorrer África también.

 

61. Sin Infos

61. Sin Infos.Koubri  23 abril 2008

Un proverbio italiano recomienda pensar mucho, hablar poco y escribir menos. Desde antes de conocerlo ya venía aplicándolo en los dos primeros consejos, en la tercera lo desobedezco rotundamente, pero reconozco la razón por la que se dijo: todo lo que uno escribe se le puede volver en contra. Escribir es atreverse a exhibir las propias contradicciones, en particular cuando una crónica de ti mismo te lleva por lugares que no tenías previsto y a vivir experiencias que no habías programado, también a manifestar conductas para las que no estás habituado.

 

Nuestra casita en territorio de benedictinas tiene un patio y unos cuantos árboles pequeños y deshojados que no dan sombra. La furgo se achicharra ahí con resignación. Hay una pequeña cancela y un cencerro a modo de campana para avisar si llega alguien. Recibimos algunas visitas. Soeur Marie, después de reclamarla varias veces, viene a ver lo que puede hacer por nosotros. Le muestro los presentes: los dos planteles y la acompaño hasta su zona de huerta de regadío donde tienen varias clases de árboles frutales. Me dice que en realidad no es la monja encargada de los vergeles sino su substituta. La otra está fuera. Como en todas las comunidades religiosas en ésta hay una parte de miembros que están de viaje (para nosotros es  un misterio como consiguen autofinanciarse tan bien y pagar tantos vuelos). En la huerta obtienen el agua con unas motobombas que rescatan desde un estanque natural. La zona de los mangos plantados hace 35 años es frondosa. Hace que nos acompañe uno de los muchachos con un azadón atrotinado. Es uno de los varios chicos y chicas que trabajan para ellos a cambio de ayudas que les han pedido o pequeños salarios. Los establecimientos monacales generan bastantes puestos de trabajo. Sor María busca cuidadosamente el emplazamiento primero para el pomme acajou, un árbol que da un tipo de fruto muy curioso que no se conoce en Europa que recuerda un poco a la forma del pimiento con un peciolo que lo borda como sombrero y después, en otra zona, para el pomelo. Ambos han sido plantados junto a compañeros de especie. En uno añado por iniciativa propia estiércol seco aunque mi acompañante me previene del peligro de las termitas. Las termitas construyen esas enormes arquitecturas de barro junto a los árboles, a veces rodeando su tronco completamente. Están por todas partes aunque siempre guardando distancia ecológica entre ellas. Para un entomólogo enterrarse dentro de una y estudiar su vida como visitante científico debe de ser uno de los placeres más apasionantes. El grueso de sus paredes debe proteger de las duras radiaciones solares. Quedamos con que a nuestro regreso si volviéramos otra vez visitaremos los árboles para ver cómo han crecido los niñitos.

Soeur Marie me cuenta un proyecto que tienen a medio terminar que empezó una pareja europea ya de edad consistente en un criadero de un alga beneficiosa para la salud, la espirouline. Una mañana él, de unos 75 años,  se levantó con media cara paralizada por una hemorragia que tuvo durante la noche durmiendo. Tuvieron que regresar a Francia (no valemos nada, especialmente los hombres). La idea de proponer proyectos concretos en espacios que puedan garantizar su mantenimiento o continuidad viene a mi mente. Vic y yo siempre protestamos por no tener una casa de verdad con territorio suficiente para realizar alguno de nuestros sueños de archivo como autosuficiencia con energía alternativa, un jardín para trofoterapia o una espaciosa biblioteca. Llevamos años ahorrando para comprarla pero todavía no hemos decidido donde ni para cuando. Tenemos el dinero para adquirirla en algunos países y solo una parte para otros, dadas las abismales diferencias de precios. Siempre que vemos un posible lugar  para esto en nuestros viajes por Europa nos toca valorarlo todo: infraestructuras urbanas cercanas, especialmente hospitales, accesibilidad en el terreno, suministros,…El viaje africano nos hace pensar que hay muchos sitios donde se puede residir aunque sin duda alguna tenemos nostalgia del Mediterráneo o al menos de algún mar o gran lago. Vic y yo tenemos ideas distintas sobre lo mucho o lo menos que ofrece España. Ninguno de los dos tiene mucho de patriota pero los lazos de sangre aprietan y la estabilidad  hispana en comparación a los cromos mundanos es envidiable.

Vivir en un apartamento de no más de 100 m2 contando la superficie del patio que es lo que tenemos en Barnápolis nos tiene (o mejor dicho, tenía) en un cierto agobio. No es una cuestión de dinero si no de decisión aunque todo influye. Jean Paul Getty dijo que si puedes contar tu dinero es que no eres un hombre verdaderamente rico.  La decisión es más mía, Vic es la que presiona más. Yo preferiría seguir dedicando los últimos 5 años antes de que toquen las campanadas de los 60 de edad como viajeros y luego instalarnos en algún lugar apacible, espacioso, con internet  y sin mosquitos y con un aeropuerto no muy lejos pero para eso hay que ponerse las pilas y buscarlo antes. Lord Byron hablaba de que había peregrinos de la eternidad cuya nave errante se zarandeaba de aquí para allá sin echar nunca anclas. Bueno tampoco hay que tomarlo mucho en serio. El ser humano no es tan nómada como parece. Es tan territorialista que toma posiciones seguras ahí donde va. Nosotros no somos una excepción.

 

Estamos viviendo estos meses prácticamente sin informaciones. Algún email de Europa, uno de Ignacio, nos refiere un  terremoto  cerca de donde estuvimos, en Tanguieta,  que no nos ha afectado. Desde nuestra perspectiva vivimos en la total tranquilidad, solo nos faltaría hacer un trío con Eva, o con Adán, para estar en el paraíso terrenal. Hablando de ellos por cierto, Sor Verónica los refirió el otro día como los principales responsables del sufrimiento moderno del ser humano para encajar el revés de la caída de Vic. Nos explicó que el origen de todo sufrimiento es la desobediencia de nuestros primeros padres terrenales y su orden ruega a dios para pedir el perdón de todos los pecados. Su inocencia nos cautivó. Deberíamos rebobinar nuestras biografías, empezar de nuevo para vivir vidas completamente ingenuas. Si los localizamos (a los protagonistas de la manzana prohibida) les pasaremos la factura de nuestros males. Si alguien tiene contacto con ellos que nos avise.

Después de unas cuantas comidas juntos en un refectorio de interior sin ventanas y con un altavoz que conecta con la lectura de las hermanas en la misma hora de comida en refectorio aparte, pedimos usar el de el lado que esa más aireado y que tiene luz natural y no hay que levantarse para pasar las cosas de un lado al oro de una mesa cuadrada enorme. El altavoz me  ha recordado los cinco años que fui a un colegio de frailes  en el que las aulas  tenían aparatitos parecidos por los cuales el director daba órdenes y trataba de controlar a los alumnos aunque no nos viera. Era a finales de la década de los 50 cuando el espionaje todavía carecía de la sofisticación que ha alcanzado posteriormente.

Vicenzo se ha ido tras ser la alegría de la mesa y desplegar sus conocimientos de por dónde anda su orden, (por cierto tienen un hospital en St Pere de Ribes en el que fue atendida Vic en su accidente de coche al salir disparada por su ventana por la colisión en el cruce de Aiguamolls) y contarnos algunas de sus barbaridades: estuvo a punto de perder el pie por gangrena por zambullirlo con una herida abierta en un charco inmundo. Su experiencia como enfermero no le evitó dar, literalmente, ese mal paso. Finalmente averiguo que la túnica de los Camilos, su orden, es la que lleva y no tiene nada que ver con la reencarnación de un cruzado medieval.

El refectorio de las monjas está no muy lejos del nuestro. Hay un pequeño patio por medio. Las vemos comiendo en silencio centradas en la lectura o ensimismadas en no sabemos qué. Por la noche el mismo espacio tiene una televisión y por la pantalla hay seres que también llevan sus mismos hábitos. No sabemos si miran un video o es un canal especial para religiosas. Su imagen tranquila a ratos me mueve a  un extraño sentimiento entre pena y admiración. Nos gusten o no, las comunidades religiosas demuestran una estabilidad y continuidad a lo largo de los siglos de la que quedan muy lejos otras asociaciones seglares con las boquitas llenas de fantasiosas ideas alternativas y con los proyectos reales bastante encallados.

Una de las soeurs, sor Cristine Kondo, que está de paso y procede de otra congregación saint Gildas, fundado por Pere Gabriel Deshaye de la Bretagne, que se ocupa de la revisión de nuevas solicitantes de monjas viene a nuestra sala de estar en la casa que ocupamos a ver videoclips que no conoce y a tomar un sirope con agua. Agua fría con sirope es uno de los lujos que se permite la gente más austera que conocemos. Hemos probado el de tamarindo pero el de limón lo supera.

No paramos de recibir visitas. Nos visita alguna chica que le damos algo de ropa. Luego vendrá en otra ocasión acompañada. Le damos agua y asiento, no dicen nada. Su francés es escaso.

Nos visita otra soeur, Marie Inmaculade Dick, de Palamu, Togo, que está de paso durante un periodo de reposo enfrentando su crisis pastoral. Es habitual que la extensa red organizativa de establecimientos religiosos se apoye mutuamente, aun siendo de órdenes distintos, prestándose sus logísticas. Su congregación está dedicada a la difusión de textos religiosos y ante su tienda de libros empezó a concentrarse niños de la calle, abandonados, de todas las edades, a partir de mostrar su interés por ellos. Se plantea trabajar a favor de ellos pero eso está en contradicción con su continuidad dentro de la congregación.

Ante personalidades entregadas como la suya a causas tan altruistas no podemos por menos que compararnos y declarar que nuestra energía en esa dirección está bastante agotada. Desde hace tiempo somos seres eshaustos con todas las coartadas teóricas indispensables para, en la práctica, no hacer nada por los demás, salvo defender criterios que no se traducen en ninguna acción movilizante. Tenemos bien aprendida la tesis de que combatir los efectos sin hacerlo con las causas termina por no arreglar nada. Lao Tsé también dijo lo  de dar el  pescado para calmar el hambre de un día y enseñar a pescar para calmar el de toda una vida. Al parecer en el pasado no andaban muy provistos de parábolas y unas religiones se nutrían de los decires de otras.

Estamos al corriente de la negligencia e irresponsabilidad de chicos y chicas jóvenes cuyas biologías les empujan a la paternidad/maternidad sin constituirse en familia, los unos porque solo pretendían el goce de un polvo y las otras porque se encontraran con la realidad de un bombo sin ser conscientes del significado de eso y de sus futuros personales marcados por esa procreación no planificada. Niñas-madre que nunca podrán ser mujeres libres. Hay centros auspiciados por religiosas que se ocupan de ellas, se ocupan de paliar la malnutrición infantil, como uno en Diabo. Por ninguna parte hay campañas a favor del aborto o de la maternidad elegida conscientemente. En todas las ciudades africanas faltan centros de planning, lugares donde ir a consultar en caso de embarazo y desamparo. En Europa las duras luchas por el derecho al aborto costaron mucho y tuvieron (siguen teniendo) muchos detractores. El derecho a disponer del propio cuerpo es la primera condición de la libertad personal. Todos los países  tienen población sobrante. Engendrar hijos ya no es una cuestión de supervivencia de las familias o de las etnias tal como se ha estimado antropológicamente durante mucho tiempo. Parir terminará por convertirse en un acto criminal. Un día u otro los estados intervendrán de una manera punitiva ante la procreación irresponsable. Ya empezó a hacerlo China de alguna manera con la política del hijo único.

En el refectoire para visitantes de las benedictinas van llegando caras nuevas. Como suele ser lo habitual la gente pone cara de tímida y de silencio. Estamos algo confundidos sobre el hecho silencioso, si es vocacional o simplemente el resultado de la inhibición. Apoyamos la segunda explicación. Soeur Lea Belemsaga es la excepción. Habla. Trabaja para los handicapés. Hablamos con ella sobre Lilianne, una holandesa de la que nos han hablado en distintas partes, y su fundación para minus. Le disgusta también la actitud cabizbaja de los nativos que hablan en voz que por timidez que es inaudible y que no se atreven a cruzar el umbral de la puerta si vienen a decir algo. La pose de los esclavos. A una pareja que se incorpora a la mesa les preguntamos si son pareja al llevar ambos el mismo tipo de alianza de oro, contestan que sí entre risitas nerviosas y suponemos que sonrojados aunque no les notamos el cambio de color en la piel.

Vic sigue siendo en todas partes la estrella. Ahora, con sus movimientos más cadenciados por ir en el trono de ruedas, su cabellera larga y suelta con las puntas ya encanecidas por no utilizar tinte, le dan un aspecto venerable. Le basta su sonrisa y un par de frases para dominar cada situación. Es el personaje ideal para la gente alicaída, triste o hueca. Con su chasquido de dedos los saca de la tristeza o de su mal momento. Ella por su parte disimula perfectamente su dolor. Su sonrisa radiante jamás permite sospechar que sigue en plena convalecencia. Su ayuda de cámara, yo, la lleva cada día por tres veces desde el chalecito a unos cientos de metros en donde está el comedor.

La clase de comida preparada tiene bastante de incomible  e inapetente. Eso nos hace pensar volver a las redentoristas en otro monasterio que tienen en Kiri para devolvernos a los placeres del paladar. La lujuria de la carne nunca está muy lejos del pensamiento que nos traemos entre manos.

Vic también me hace de auxiliar de a bordo. Tomo con mis labios de la palma de su mano las dos bolitas de ledum palustre 7ch para ahuyentar los mosquis que siguen prefiriéndome como su plato elegido. Los actuales ni siquiera los veo pero hacen de mis codos un colador de marcas dolorosas,  (nunca podre decir que soy rechazado totalmente. Algunos predadores me prefieren).

A las tres semanas de silla de ruedas diaria Vic da unos pasitos con el mecano puesto. Todavía le duele mucho la pierna pero ha empezado a hacer un poco de ejercicio cada día de pie  para no quedarse clavada en el asiento.

Soeur Cristine, viene a despedirse a nuestra sala de trabajo en la casita. Foto y sonrisas.

 

A estas alturas sabemos que en África se pude vivir con una cierta calidad y sobre todo calidez humana. Con el alquiler de nuestros dos apartamentos en Barnápolis podemos pagar de sobra los consumos aquí y disponer de tiempo libre. África tiene la mayor  y más importante de las materias primas: el tiempo libre de los africanos. Los europeos ya no saben lo que es eso.  La cuestión es encontrar lugares bonitos de estancia. Las relaciones no hay que buscarlas, vienen espontáneamente, otro asunto es nuestras ocupaciones creativas: el clarinete y los ratos de ordenador nos llenan pero tal vez no lo suficiente. Yo aprovecho los after de las clases autodidactas de Vic al montarlo para soplarle algunas notas. Llevo más de un año  que no salgo de una melodía que compuse. No tengo su disciplina musical y ella no se atreve con solos creativos.

 

Boukaré kinoré y Amado su hermano vienen a visitarnos a la casa. Los hemos visto antes de salir del refectoire, nos han saludado pero no nos hemos detenido a hablar con ellos. Tal vez nos estaban esperando o han venido expresamente para conocernos porque alguien les ha dicho que una pareja de europeos está instalada aquí. Estamos a unos 7 kms del asfalto, es decir del verdadero Koubrí. Como otros visitantes antes de entrar nos han avisado dando palmadas secas a modo de anunciar su presencia. Después de un tortuoso prolegómeno nos han pedido consejo para financiar su asociación dedicada a los minus. Durante la conversación nos ha referido a un amigo suyo que vive en Bindé de koubri dirección Ghana, un hombre de 55 años que tiene 35 mujeres y más de 200 hijos en una misma concentración. Algún detalle nos ha hecho considerar la poligamia a gran escala como esta como una forma empresarial de las relaciones humanas donde las mujeres tienen garantizada la supervivencia. A fin de cuentas el más fuerte de la manada puede enfrenar más eficazmente otros peligros externos. La referencia nos llama la atención lo suficiente como para incluso introducir la visita del  hombre en nuestros planes. Quizás es el estudio en directo de una forma de vida que estábamos esperando. Los africanos abordan los temas indirectamente. Antes de las preguntas o respuestas directas hay una danza con las palabras. Cuando unos días después los visitamos en su centro hablo por teléfono con Nava Shanam el semental antes referido.

Cada vez que decimos “los africanos” cometemos un acto de injusticia lingüística, lo mismo al decir “los europeos” o “los americanos”. –si lo hacemos es porque nos falta suficiente conocimiento y detallismo para distinguir diferentes conductas entre etnias y pueblos. La visita al centro de handicapé nos sumerge en una especie de dialogo sin salida. De una parte la demanda de ellos es de padrinos y de tipo general. Su cantinela más repetida es la de que no tienen medios, pero mientras nos están contando esto lo hacen en un patio que es una verdadera pocilga con varias personas ociosas sin hacer nada, con la mitad de las instalaciones sin arreglar, con un par de maquinas Singer sin usar. Pedro Calderón de la Barca decía de no dar nunca consejo a quien te pida dinero pero tampoco aconsejo, que yo sepa, dárselo. En este caso sugiero de comprarles arboles para su patio si están dispuestos a regarlos y ocuparse de ellos.

 Por doquier asistimos a dos tipos de estampas: los que se pasan el día sin trabajar y los que trabajan. No muy lejos de nuestra reunión a laque se va añadiendo la muchachada, se sienta, escucha aunque no entiende (mucha gente desencolerizada solo habla moré y no entiende francés) hay un chico que trabaja horadando pedazos de tronco de karité con los que hace los mortiers (teogos) y los djambe (gongongo).Flipo con su tenacidad y eficacia. Le digo que ahora no puedo comprarle pero que antes de regresar a España me gustaría hacerlo.

Nos despedimos de los gestores de la asociación Tinon quedando para otro día a cambio de que ellos arreglen su espacio, al menos lo limpien y garanticen reunir gente para tener otra reunión. De alguna manera nuestro discurso les puede defraudar porque esperan cheques firmados en blanco pero si es así no lo manifiestan. Cuando dejamos la reunión vemos a tres chicos despedazando un árbol. No les gusta que les fotografiemos. Nuestra furgo en silencio sigue opinando  que los trees are life. Y nuestra contradicción nos hace apreciar la maravilla artesanal sacada de un tronco de árbol de Tessare el artesano con el que he hablado antes. Aprovechamos la visita para devolveré la caja de los 12 envases de flag. No compramos más. Nuestra economía no está para superfluos. Tenemos el dinero justo para pagar una semana más en el monasterio vecino, el de los benedictinos. En el de ellas hemos pagado 52500 cefas por 7 días.

Prácticamente llevamos meses desconectados del cruel mundo exterior. Nuestro receptor de radio no siempre sintoniza programas informativos y desde que hacemos vida monacal la mayor parte del tiempo no entramos dentro de la furgo. Por las visitas que recibimos (daría para poner una oficina de consejeros) nos enteramos de alguna cosa. Marie Immaculade nos trae  la noticia de la muerte d ‘ Aimé Cesaire escritor de Martinica, nonagenario. Escribió un discours sur le colonialisme

Vivimos sin noticias. Un ejemplar de Le monde de enero pasado, traído posiblemente por los anteriores inquilinos, lo hemos repasado varias veces. Nos enteramos de la muerte de Boby Fischer.

Por las noches ponemos nuestra mesita de aluminio, saco otra silla a la que se pasa Vic para su comodidad y ante el porche jugamos una partida de ajedrez mientras la luna ha estado creciendo estos días y en la que mis fichas atosigan las de mi contrincante. J. Benet sentencia que los peones solo tienen una dirección de avance mientras que las piezas mayores pueden retroceder o cambiar de sentido. Bueno, es una máxima con trampa. No hay una afrenta peor para un rey que intervenga un peón en su jaque mate. Le han tenido que ir muy mal las cosas para llegar a esta encrucijada.

Las mesas de los refectorios cambian prácticamente cada día. Un hombre vestido de blanco, alto, impertérrito, que se deja servir por las monjas. La Hildagaard, la hotelera, le trae dos botellas de vino a elegir, toma la bandeja del segundo plato se la lleve y la devuelve recargad. El hombre, un arzobispo, lleva un sello de oro cuya traducción en dinero permitiría vivir a toda la población rural de la zona  durante algún tiempo. Lea introduce el tema de que no me ha visto en misa. Las monjas tienen una forma curiosa de decirte que vas a un servicio, anunciándote a qué hora es.  A Vic la he acompañado a otra, está  interesada en los cánticos y los instrumentos musicales, a la hora de comulgar le toca decir varias veces que no cuando le  ofrecen el cuerpo de Cristo.  Lea me pregunta porque no he ido, le decimos que no somos practicantes que  ya lo fuimos durante unos 10 años de nuestra vida. La verdad es que de tarde en tarde nos colamos en algún ritual. Todavía recordamos el de una iglesia católica en la Grand ave o Main ave de Rochester, donde el cura hacia salir a distintos feligreses para contar distintas cosas, una verdadera asamblea popular, o al menos un festín de la palabra, que continuo luego con un ágape.

Miramos alguna posibilidad como la casa de hermitage hasta la que nos acompaña Lea. A los 7 días la hotelera no esconde una cierta prisa para que nos vayamos. 7 días después de llegar al monastere benedictine cambiamos de alojamiento. Hemos estado de un lunes tarde al siguiente lunes tarde.

Tras una semana de estancia le pagamos 7mil por la habitación (que no tiene gasto alguno de mantenimiento salvo la luz) mas 500cefas diarios de luz, total 52.500. La comida no es nada valorable. A diferencia de la de Diabo no es recomendable (salsas de tomate con pedacitos de astillas de huesos de carne, arroz pegado. Lo único mencionable han sido los desayunos y las confituras de limón y el yogurt que ellas mismas fabrican y comercializan. Olor de fondo de pescado para gatos). La variedad de personal en la mesa, la segunda mesa término también por ser cuadrangular para 4 asientos por lado de tal manera que para alcanzar las fuentes había que hacer importantes gestos gimnásticos.  Hemos pagado con gusto la estancia. A la hora de lavar, la vajilla se hace entre todos según una costumbre que hemos visto que se practica en otros establecimientos similares.  En varias ocasiones cuando yo he llegado el primero me he puesto a lavar, en seguida una soeur ha dicho de sustituirme dando por seguro que iba a cederle el puesto. Lo hice en una ocasión pero no en las siguientes. Les debe sorprender que un hombre enjabone la vajilla, tal vez porque su fama de inútil –algo que puedo subscribir- solo permite  relegarlo a una categoría inferior: la de enjuagar y secar u ordenarla.

 

60. Enganchándonos

60. Enganchándonos.Koubri 15 abril 2008

Preveía una despedida especial pero no tan encantadora. Todas las soeurs con las que hemos tratado los cinco días que hemos estado compartiendo parte de su espacio han venido a despedirnos mientras nos organizábamos en la furgo para salir. Nos damos varias veces las manos. También estaba con todas las demás Marie Pelarie, la más joven, la que nos ha traído las bandejas de comida a la cabeza, con la sonrisa permanente, como todas las demás. Nos han dado regalos para la partida: cacahuetes que preparan como almendras garrapiñadas y mermelada artesana. Unas joyas de mujeres. ¿sólo Hermanas? Más que eso: madres ancestrales.  Nos será difícil encontrar gente tan acogedora. Recordaremos –y recomendaremos- sus comidas; también Diabo, un lugar para volver. Diabo ha sido el primer lugar realmente aldeano en el que hemos pasado varios días seguidos. Algo parecido a la prota de  la mujer del teniente francés pero sin vistas al mar y sin esperar el regreso de nadie. Sus vecinos recordaran nuestra imagen de los paseos al atardecer. Seguimos pensando en la posibilidad de instalarnos en alguna aldea pequeña a pasar unos días o semanas pero eso sería para cuando volvamos a  recuperar las condiciones de movilidad de antes. Para eso deberíamos resolver la cuestión de la recarga de la batería auxiliar para poder seguir con nuestro libro de viaje. Vic no duda en decir que somos escritores cuando nos preguntan sobre nuestro trabajo actual. En francés escritores y escribanos suena muy parecido.

 

Hemos hecho de una tirada el recorrido hasta Ouaga. De paquete hemos traído a Benjamín, alguien emparentado con alguna monja la cual nos ha pedido que lo trajéramos. Las congregaciones tienen unos espacios reservados para sus familiares cuando las visitan. Una vez en la capital el hombre no sabía muy bien donde iba. Nos ha dicho que su destino era otra provincia. Al decirle que nosotros veníamos hasta la capital y que nos íbamos a quedar en un cyber se ha reído varias veces sumiéndonos a nosotros dos en la perplejidad en la que él parecía estar. A continuación nos ha dado por repetido las gracias: barka, barka,… y se ha ido.

Nosotros nos hemos instalado en un cyber que ya habíamos usado en otras ocasiones. Hemos coincidido con un chico ataviado al estilo reggae que conocimos en Chez Alice que se dedica a vender artesanía burkinabé en Lome y que Vic le compró unas pulseras. Vic ha podido trabajar con su propio portátil, el mío recibía la señal de conexión a internet pero no he podido acceder a ningún site. Posiblemente hay un problema de configuración que no he sabido arreglar. Después de eso hemos ido a la caja del tesoro  (otro cajero automático) a sacar más cefas. Solemos sacar entre 100 y 140 mil cada vez que lo usamos. Recientemente hemos hecho el recuento de nuestros recursos económicos. No sabemos muy bien si gastamos mucho o poco y ni siquiera estamos muy al corriente de las comisiones bancarias que pagamos por cada retirada de dinero. Lo único seguro es que del capital líquido con el que vinimos no hemos cambiado a monedas locales ni la tercera parte, lo cual es un buen síntoma de media. Siempre es conveniente llevar dinero en euros para una emergencia. Una vez aquí nos dimos cuenta que teníamos que haber venido con algo más de lo que trajimos. Seguimos aprendiendo.

En Koubri preguntamos para reorientarnos hasta el monasterio benedictino. Antes de coger la pista de tierra nos abastecemos de bebida en un almacén: una caja de 12 flags y un lote de una docena de colas con envase de plástico. Me sorprende la poca diferencia que hay entre el precio de mayorista y su precio por unidad en las buvettes. Para llevarnos los cascos he de dejar más de 4000 cefas en depósito. Damos por descontado que encontraremos alojamiento en el monasterio. También compramos tres árboles frutales que levantan algunos palmos del suelo con la intención de donarlos como regalo.

En el doble monasterio preguntamos en el de ellos y luego en el de ellas. Tomamos un apartamento algo más retirado de las habitaciones exiguas pactando un precio que es algo más de la mitad de lo que nos piden a cambio de no usar el climatizador. Trato hecho. Nada más llegar confundo un hombre que va con una túnica blanca y una cruz roja con el sacerdote al cargo de las misas. Me saca de mi error. Me dice que esta de reposo porque se encuentra algo mal. Die que nació el día de st. Vicente Ferrer y así se llama  o se hace llamar Vicenzo Ferrero. Es un italiano convencido de sus creencias, nada mas verme me pregunta si soy religioso. No, soy espiritual –le respondo-. Trato de despistarle aclarándole la diferencia entre espiritualismo y espiritismo pero no cae en la trampa. Me aprieta contra las cuerdas preguntándome si soy católico. Vuelvo a  tratar de eludirlo hablándole del pasado católico de todos los españoles por definición de estado. Finalmente me pilla cuando le declaro que no somos ritualistas. Hace un gesto de desaprobación pero se despide de mi plantándome sus mejillas barbudas en las mías ídem a modo de besos de cofrade. En todo momento me ha parecido inofensivo y buena persona, algo loco que recuerda a  los cruzados que iban a matar moros en la época hispana de la que da vergüenza acordarse, una entre tantas. Repasando mentalmente los cromos he recordado que sus cruces eran más grandes y además llevaban espadas chorreando sangre. No es el caso. Luego en la mesa del refectorio el hombre no ha resultado tan dogmatico. Conoce a los italianos de Tanguieta y nos ha contado algo de Juan de Dios antes de que fuera santo cuando lo metieron o trataron de meterlo en un manicomio. Nos ha aclarado que primero es napolitano y después italiano.

La cena nos ha devuelto a los límites de la realidad que inevitablemente pasan por cocinas donde el arte se ha escapado por el sumidero. En cuanto a la habitación, la primera que nos ha mostrado la soeur encargada ha sido fantástica, una suite, en realidad un apartamento con cocina, cuarto de baño, comedor y dormitorio. Al plantearle un precio alternativo al suyo (después de estar malacostumbrados por los precios anteriores desde que hacemos vida peri-monjil) nos ha presentado una habitación muy pequeña cuya accesibilidad para la silla de ruedas y para pasar varios días hemos valorado como  impracticable. Finalmente hemos conseguido la suite que en realidad es una casita algo más alejada del pabellón de habitaciones contiguas por 7mil francos –el precio de uno por los dos- con las 3 comidas, una ganga.

 

Hay mil detalles de la gente de África que nos vienen enganchando. No me extraña que algunos europeos sensibles como el dibujista Edouardo di Muro, un artista, cuyos dibujos de hace unos 30 años siguen retratando las realidades de ahora, vinieran un día -él como empleado en un carguero- y se quedaran a vivir para siempre. Cualquiera detrás de su aspecto de miseria nos puede dar lecciones. A ratos nos equivocamos con las señales que vemos y a ratos creemos captar más y más sus matices. Algunas de las imágenes  que en un principio podrían habernos  parecido como falta de medios y resultado de la miseria estamos empezando a reconocerlas como las más apropiadas y en todo caso mejores que las que estamos acostumbrados a ver en nuestras latitudes. Cada mujer lleva su bebe a la espalda sostenido por un foulard que ata delante sobre sus pechos con dos clases de nudos, el principal que recibe el mayor peso sobre ellos y el secundario abajo, este termina recogiendo los extremos debajo de la misma tela. Los críos suelen ir a bordo de sus mamas hasta el año, con las piernas completamente separadas y generalmente durmiendo. No se les ve llorar ni meterse el pulgar en la boca ni meterse una tetina de plástico. Simplemente se pasan unos 9 u 11 meses de paquete lo mismo que se pasaron otros 9 en el claustro con absoluta tranquilidad. Después de ese periodo aterrizan, gatean un par de semanas y empiezan a ir de bípedos por el mundo ayudados por otros niños sin demasiado caso materno. Todas las tonterías infantiles de los blancos no existen en la población infantil africana. Contra lo que puede parecer las mujeres no tienen problemas de espalda o al menos no se quejan por ellos. El mismo niño cargado en la parte delantera crearía problemas de cervicales. Hemos pensado sobre el hecho de llevar al criajo delante o detrás. Delante aparentemente recibe más control y atención materna, pero no necesariamente va más seguro. Detrás el bebe ve siempre la espalda y tiene que hacer esfuerzos con su cabecita para mirar un poco a izquierda y a derecha el paisaje que se le mueve. A la madre le ve un rato la cara al desmontarlo y antes de remontarlo. Quizás con eso interioriza antes la independencia mutua del uno y del otro, algo que otros tratos de los blancos pegan a los críos a una psico-dependencia de la que algunos no salen aun habiendo rebasado la cuarentena-de años- de edad. Un tema de reflexión para la pediatría moderna.

En atrotinadas bicicletas, mujeres cargan  sacos de hasta 50 kilos llevando el grano de su comida, mas bártulos encima sin olvidar el pasajero a la espalda. Su modo cadencioso de pedalear  su modo de saludar llevando juntado las dos manos forma parte del arte cotidiano visual. La sonrisa permanente es uno de los mejores capitales con los que nos encontramos.

 

Desde que Vic va en la parte de atrás de la furgo me da la impresión que estoy haciendo el viaje solo. Durante su convalecencia apenas hacemos tramos pero los pocos que hacemos casi no podemos hablar por el ruido y mi crónica falta de voz. Espero conseguir un tubo a modo de los que usaban los barcos de antaño para comunicar el puente con la sala de maquinas, o la de torpedos con la del almirante de un submarino para seguir con nuestra interminable conversación sobre la vida. Desde que Vic y yo vivimos juntos apenas si puedo recordar más de dos circunstancias  en las que pasara más de un día en que no habláramos. Hablar es beber el agua de la vida.

 

Tengo una fea costumbre no tolerable por el rictus mortis de ninguna academia: mezclar en la misma página, a veces en el mismo párrafo, menciones de nombres completamente desconectados: el de alguien que acabo de conocer y que en principio pasará en mi vida como un personaje absolutamente secundario –y, desde luego, yo en la suya- y al que no volveré a tratar, con la cita de un nombre ilustre fácil de encontrar en un diccionario biográfico o científico. No creo que los del segundo grupo hayan superado con sus ideas lo que vienen enriqueciendo con fraseología popular los del primero. Lo cierto es que se puede aprender de cualquiera. La vida tiene dos clases de ventanas: las que dan a la calle y las que dan al interior de la casa o de uno, las que dan a las paredes, a las estanterías, a los libros o ahora mas modernamente a Digitalandia. Desde las primeras observamos y a veces preguntamos. Dentro de la figura más inapetente que podamos ver puede haber un templo de saber. Como la tradición europea de la indiferencia manda, al no preguntar nos perdemos abrirle las puertas a ese lugar para conocer sus mensajes. Y es que la gente se acostumbró bastante mal con el oráculo de Delfos  y sigue con las malas costumbres más modernamente con las universidades ignorando el saber fuera de sus instalaciones.

 

La soeur encargada de las habitaciones viene a interesarse por nosotros a lo que ya tomamos como un chalet. Se preocupa por el restablecimiento de Vic y nos confirma nuevamente que acepta nuestra contrapropuesta de precio de alojamiento aunque nos pide algo más por el consumo eléctrico que producimos con el ordenador. Vale.  Nos da una larga explicación sobre su forma de autofinanciación y lo conscientes que son de gente que viene acudiendo a su espacio para el descanso o el retiro y no participa de sus creencias. En los establecimientos piadosos queda al descubierto desde el primer momento quienes vamos como usuarios de recursos y quienes van cumpliendo promesas rituales. A los primeros se nos descubre con la primera falta al primer servicio religioso programado. El monastere se llama Notre Dame. Tiene una enorme extensión de territorio. Algunos nativos vienen atrabajar o a alojarse. Una de ellas, una chica con un bebé de 3 meses con paludismo viene a saludarnos. Nos ha reconocido. Estaba en Carmen Kisito cuando fuimos a dar la charla dos meses atrás.

La primera vez que pensé en venir a África, de eso hace más de dos terceras partes de mi vida fue para ayudar. Ahora que estamos aquí como viajeros y observadores nos apetece más vivirla en sus escenas que no pensar en ningún proyecto. Lo que traemos entre manos ya es un proyecto. Cuando el otro día alguien nos trató por dos veces como misioneros sonaron nuestras alarmas internas. ¿Venir nosotros para una misión? No y varias veces no. El rol del buen samaritano nos resbala. Vamos sobrados formando parte de las conversaciones y del paisaje. No nos ha vencido el egoísmo tampoco el desinterés. Somos víctimas, o el resultado de la filosofía. Pensar algunas cosas básicas evita lanzarse de cabeza a según qué acciones. A los 20 años, también a los 30 y más queríamos cambiar el mundo, desde los cuarenta nos conformamos con que el mundo no nos cambiara a nosotros, ahora a los cincuenta sabemos que hay cosas del mundo que no deberían haber cambiado nunca. Hay seres humanos que te hacen sentir orgulloso de pertenecer a su especie, claro que también se puede decir justamente lo contrario cambiando de contextos y teniendo la mala suerte de tener un revés experimental con alguien. Una idea en nuestra defensa es la  de Mohammed Ali  que dijo que quien tiene la misma visión del mundo a los 20 que a los 50 es que ha perdido treinta años de su vida. En cambio nos sentimos agradecidos al formar parte de la cotidianeidad africana. La pauta sigue siendo la calle y el contacto con los demás a pesar de nuestra prolongada suspensión de la actividad quilométrica.

Estamos contentos con el viaje que estamos haciendo y a estas alturas ya se puede reconsiderar que África es un lugar para volver y no solo un continente a cruzar y punto ya está hecho. A nuestros cuidados para no colocarnos en situaciones de riesgo no olvidamos el consejo de Horacio: mezclar la prudencia con una pizca de locura.

 

 

59. Entre Gente Buena

59. Entre Gente Buena. Diabo  13 abril 2008  (

En Fada, en el lugar anunciado como centro de formación  profesional Marian Julan, de la misión católica, con varios pabellones de varios tipos de habitaciones tomamos una, la mejor hasta ahora  y la más cara (10mil sin  contar las comidas), con cama doble y ventanas mosquiteras, ventilador en el techo. Somos prácticamente los únicos inquilinos y los únicos usuarios del comedor. Nos permite dormir dos noches placidas y además juntitos- Definición de felicidad: una cama grande compartida  que es igual a un territorio  común para oníricas y otras actividades. No hay otros residentes a la vista aunque vemos otras dos habitaciones ocupadas. Es un  lugar que al estar vacio  resulta fantasmagórico donde pasar  un día es poco y dos es demasiado, Es un sitio  no muy interesante pero que nos permite continuar con nuestra actual  política de reposo. Ya estuvimos aquí pasando una noche la anterior vez que vinimos a la ciudad.

A 50 kms de la carretera hay un desvío para Diabo. Después de  otros 15 o 20 de pista no fácil de tierra, pero al menos no destrozada por los 4x4, se encuentra un establecimiento de monjas de la orden  les Rédemptoristines.  Ahí tomamos una habitación. Salto de la mesa de la anterior habitación a la mesa de ésta usando el limitado tiempo de la batería del ordenador, poco más de una hora, que queda. Las soeurs nos reciben cordialmente con una risita al principio, al final y entremedio de las frases que a ratos parece boba y a ratos la más radiante de las felicidades. (se supone que su definición de felicidad es otra).Permiten que nosotros pongamos el precio de colaboración por nuestra estancia.

Pasamos cinco días completos. A los  atardecer es salimos a dar una vuelta con la silla de ruedas. Vic aguanta cada día más las vibraciones y nos metemos por senderos a ratos arenosos.  En un momento dado que nos paramos para descansar el primer día, yo sentado a un lateral de la silla,  somos rodeados por un grupo de niños, muy cautos y discretos, de acuerdo con la aproximación muy lenta que van tomando. Primero hacen un arco a una cierta distancia luego lo van acortando. Vic aprovecha para improvisar una coral. A los críos les encanta. Seguimos nuestro camino y cuando luego nos vuelven a ver entonan el compás de nuevo: po-po- po-po  pa-pa pa pa-pa-pa.

La comida en el refectoire no está nada mal.  Coincidimos con visitantes y con otras soeurs que trabajan en el dispensario y en maternidad. Los demás se interesan por nosotros y por el hecho de haber llegado a un sitio tan remoto. Les sorprende que las conozcamos y nos preguntan cómo hemos averiguado su existencia. Somos los únicos inquilinos extranjeros, en realidad los únicos inquilinos. Le departement  con varios barrios no está nada mal. Toda la gente saluda.  Nuestro paseo se prolonga hasta anochecido que nos hemos de valer de nuestra linterna para sortear las piedras y las zonas arenosas de la pista hasta regresar al convento. Las Redemptoristas están dedicadas a la oración. Hacen mermeladas y siropes y ofrecen otras cosas para la venta. Sus canticos y campanadas se oyen menos que en Paraku. La habitación que tomamos no está nada mal, tiene dos puertas que permite una cierta corriente de aire  y con doble puertas, una de tela anti mosquitera. Dormimos con las puertas exteriores abiertas con total confianza. También aquí como en Paraku no hay corriente eléctrica todo el día y esto condiciona el uso del ordenador. Sus fuentes de energía son por placas solares y el complemento de un grupo electrógeno.

Hay un cura, Gerard, que vive algo apartado del convento pero dentro del mismo recinto y una mamá con su niña que viene a hacer algo de trabajo. Le ofrecemos que si la niña, Flor,  tiene sueño en lugar de acostarla  en el suelo tal como la descubrimos el día de nuestra llegada lo haga en una de nuestras camas. Dormir en el suelo es una escena africana habitual.

Sor Veronique, Sor Marie Lucienne, Sor Marie Veronique (que está de superiora substitutoria) y Sor Marie Odile,  se interesan por nosotros y por la rehabilitación de Vic. Otra de las monjas lleva la bandeja con los platos de comida hasta el refectoire en su cabeza al estilo tradicional. Todas visten  hábitos rojos o blancos según los días.

Dentro del enorme recinto encontramos la mejor sombra bajo un mango. En nuestros paseos por los alrededores la gente no para de saludarnos, algunos niños me ayudan a empujar la silla, uno nos muestra cual es el árbol karité al pedirle que nos lo señale. Nos sentimos cómodos y relajados. La comida está tan bien que supera la de los otros tres establecimientos religiosos en los que hemos estado. Preparan expresamente comida europea para nosotros y a la hora de organizar la mesa hay una para nosotros dos y otra para las otras dos monjas de otro colectivo que están de paso.

El camino desde la carretera hasta Diabo es accidentado y tuvimos que preguntar varias veces por donde seguía. En uno de los puestos donde preguntamos la chica vendía ropa. Le compré un  niqui blanco.  No tenemos que hacer ningún esfuerzo para abastecernos de lo que vamos necesitando.

Los africanos cuando hablan hacen una especie de chasquidos con la lengua y la garganta. Recuerdan los sonidos que hacen los dragones de paredes. Todavía no hemos preguntado porque lo hacen. Otro gesto muy característico es un ohhhhh de sorpresa ante determinadas preguntas o informaciones como la de que hemos venido en nuestro automóvil desde Hispania.

Compartimos el refectoire durante varias comidas desayunos y cenas con dos mujeres, monjas, Jule et Valentine, las dos muy serias t calladas, cansadas tal vez de sus horarios de trabajo; son de otra comunidad que vienen a hacer prácticas o a trabajar en el dispensario. Las dos son poco comunicativas y una nunca sonríe. No asistimos a ninguno de sus múltiples actos religiosos. Llegado el sábado, sor Verónica viene a informarnos del horario de misa del domingo, fiesta de guardar y asistencia obligatoria. Llegado el momento acompaño a Vic hasta la capilla, la cual ya habíamos visitado antes por otra indirecta de sor Lucienne a que fuéramos a verla. Dejo a Vic y me voy a hacer  mis deberes a la habitación. Las misas son espectáculos musicales con instrumentos nativos, básicamente de percusión y el kora de cuerdas que se toca en posición vertical y con los pulgares. A la hora de comulgar Vic  la elude como puede. Su presencia en el templo causa tal conmoción que recibimos una segunda visita de Marie Veronicque, esta vez acompañada de Sor Odile, de la parte alemana de Francia, que es laque habla más y está más puesta un poco en todo. Le indican la próxima celebración para el mismo día por la tarde. Vic tiene suficiente y no acude. Por su parte una de las soeurs con la que coincidimos en el refectoire  me informa de que no me ha visto en misa y a continuación me pregunta que porque razón  no he ido. Le digo que la razón es muy larga de explicar y no le digo nada. No experimentamos la menor contradicción en usar establecimientos religiosos como parte de la logística de nuestro viaje y no ser nada religiosos. Aunque acudimos a una cierta coartada espiritualista (los monasterios son lugares espiritualizados  y pacíficos) es evidente que no es el contacto con los espíritus lo que nos mueve usarlos sino el contacto con recursos fiables. A favor de ellos hay que decir que el sosiego y la higiene son constantes. La comida es tan excelente en Ntra D. du Perpetual Secours, que así se llama el monasterio,  que nos da pena dejarlo. No descartamos volver.  Las cocineras guisan con amor. Como curiosidad tienen unos filtros pesados cilíndricos que se ponen dentro de la tinaja de barro cargada de agua, y que tienen unidas unas gomas por las que gotea el agua filtrada que es absorbida por el cuerpo y traslada a otra tinaja en un nivel inferior. Junto a este establecimiento hay otro católico de otras hermanas que no logramos contactar con ellas.

En nuestros paseos solemos parar a hablar con la gente. La silla de ruedas es una constante diaria desde hace 18 días.

 Uno de los arboles de la zona que nos llama la atención es el amoré que tiene por fruto una vainas que contiene unas pequeñas semillas acolchadas por una especie de algodón blanco que usan para relleno de almohadas.

Vivir entre gente buena, sea cual sean sus creencias, siempre es un lujo.

En principio el siguiente paso es ir a Ouaga: gestiones por internet y decidir nuestro siguiente lugar de  alojamiento para seguir con el reposo de Vic.

 

58. Burkina Fasso, otra vez

58. Burkina Fasso, otra vez. Fada n’ Gourma  7 de abril 2008

Emmanuel nos acompaña hasta el Cyber. Le cuento un par de cosas de cómo acceder a nuestro blog. Aprovecho que Celestin está ocioso para pedirle que le enseñe a obtener su propia dirección electrónica en su ordenador central que debe tener conectado a internet para que funcionen el grupo de los demás. Unos minutos después de hacerlo le cobra como si hubiera estado usando una hora de internet. Me parece despreciable. Por su lado Emmanuel paga su parte y como el otro no tiene cambio de vuelta (nunca tiene) paga también lo nuestro. No lo acepto cortésmente. Pago nuestras tres horas y nos despedimos de Emmanuel que tiene que irse. Quedo parado de lo buenazo que es y de la traición del otro, no menos traidora por pequeña. Me molesta especialmente esa falta de respeto comercial y que se aproveche de la inocencia de nuestro amigo que justo quiere iniciarse en internet.

En la habitación el ventilador de aspas pone el ruido de acompañamiento. Lo dejamos conectado durante toda la noche. Los destellos del aspa en la oscuridad y el movimiento fino de las mosquiteras ponen el romance de nuestra novela.

Desde el percance de Vic venimos durmiendo en camas separadas. No es por elección. Son las que hay en las habitaciones que hemos usado. Nuestras habituales caricias diarias en nuestras erógenas zonas a la noche antes de claparnos y al amanecer al despertarnos están en casi total suspenso. ¿Un reencuentro tardío con el celibato? Los caminos del señor son inescrutables. Dormir en camas con mosquiteras tiene su intríngulis. Tienes que tomar equidistancia de todos los lados y desde luego no  levitar durante tus sueños más realistas. Si tocas la tela estás perdidoa. Los mosquitos tienen poderes extrasensoriales para localizar la menor parte de ti que la expongas a su insaciabilidad. Los agujeros de la mosquitera los elimino con nudos. Aun así se cuela algún visitante indeseable.

 

Compramos unos cuantos cds piratas y nos arriesgamos a las consecuencias.es la primera vez que hacemos compra de música. No podemos irnos sin llevarnos la música de reggae africano que venimos escuchando en todas partes, especialmente la de Alpha Blondy y Tiken Jah Fakoly. A diferencia de Mali aquí los cds piratas cuestan menos: 500cefas.

Nos instalamos a tomar una cerveza a otro bar. Compartimos la mesita con un camionero de paso en la ciudad camino de Burkina. Es Eddie, tiene un hermano que trabaja como peluquero en Málaga. Lleva 12 años allí. Nos da su número de teléfono, igual hasta lo llamamos cuando vayamos de nuevo a Cádiz pero ¿para qué? ¿Para decirle que un día tomamos cervezas juntos con su hermano en Tanguieta y que le envía saludos? El mundo es cada día más pequeño y el concepto de distancia en términos quilómetros va teniendo menos  sentido. El lugar del encuentro es más internáutico y menos presencial.

 

Vamos a una farmacia alternativa a la del hospital por estar cerrada en domingo. Es un pequeño kiosco con rejas donde encontramos unos niños al cargo. Nos dejan solos y al rato viene un hombre mayor, suponemos que el farmacéutico. Buscamos más Metamizol. Esta vez lo conseguimos en pastillas. El dolor en el glúteo de Vic aumenta durante la noche y la despierta varias veces. El analgésico  y la relajación muscular de los masajes son por ahora el único tratamiento. Damos un largo paseo por la principal calle arbolada. Casi todo el mundo nos saluda. Un comerciante de artesanías  que nos confunde con unos recién llegados nos viene con la cantinela típica que visitemos su tienda de artesanía por el solo placer de la visita. La declinamos explicándole que no despreciamos  su compañía pero que no vamos a comprar nada y que si no quiere perder el tiempo a nosotros ni hacérnoslo perder no cuente con vendernos nada.

Seguimos un programa intensivo de masajes en la pierna afectada de Vic. Una crema alcanforada, Camkari, de la tienda de las monjas y mis manos mágicas tenemos la misión coyuntural de extinguir todo resto de dolor de la pierna afectada,

En el refectorio por la noche cenamos  nyam hervido. Sabe a una patata recalentada y muy seca e insípida. Con aditivos como mantequilla y una salsa puede pasar por un buen plato. Hemos compartido varias veces la mesa con Jean Paul Misiva, un medico congolés con la sonrisa permanente en los labios, que al llegar tarde a la mesa  más tarde que nosotros se ha encontrado con poca comida sobrante. También la hemos compartido  con una pediatra que venía con aspecto de fatigada, cara de pocos amigos y con su niñita supermimada

Margarita nos cuenta su palu cíclico y la jaqueca que le produce el tratamiento. Chapurrea algo de español y como encargada de la cocina central nos promete gazpacho para el día siguiente. En efecto lo ha preparado expresamente para nosotros. Un gazpacho con sal muy refrescante aunque me tendrá  toda la tarde pegado al biberón de agua con una pequeña parte de sirope de tamarindo por lo de meter más yang a mi ying homeostático.

En el hospital hemos empezado a tomar agua filtrada (es decir que pasa por un filtro de carbono activado) y agua directamente del grifo. Hasta ahora nos habíamos reservado hacerlo. En Tanguieta nos encontramos muy cómodos. La gente se ha acostumbrado a vernos con nuestra silla de ruedas y mi cabeza bajo un sombrero de alas.

A Sor Carmen, encargada de los pagos de las habitaciones le pagamos 40mil cefas por los 4 días y las 24 comidas. Ella no controla nada y se fía de nuestra palabra. Pagamos escrupulosamente con los nuevos precios. Hace poco subieron de 3mil a 5mil por día y persona a pensión completa.

Durante la mañana antes de irnos nos instalamos por segunda vez en la pequeña biblioteca del pabellón donde están los médicos extranjeros. Rossana es una italiana de edad al cargo. El primer día que nos vio nos saludó amablemente y no nos pareció todo lo quisquillosa que nos había descrito Luciano que era por bronquear a las chicas jóvenes por hablar en el pasillo hasta tarde. En esta otra ocasión nos ha venido a saludar confundiéndonos primero como médicos, trasladándonos el saludo del Dr. Floran, que está en Europa, y corrigiendo inmediatamente el tema al darse cuenta de que nos estaba confundiendo. Al rato ha venido para decir algo así que el pabellón está muy lleno y en un tercer momento para preguntarnos directamente quien nos había dado permiso para estar ahí. Ahí es un pequeño lugar pero con más luz y ventilación que nuestra habitación que tiene un par de estanterías para libros desordenados que nadie usa y una lavadora. Nos instalamos ahí al preguntarle a Luciano si era utilizable para nosotros, tanto para leer, como para escribir como incluso para usar la lavadora. El nos dijo que no había ningún inconveniente para las tres cosas. Rosana ha asegurado que Luciano solo nos dijo que podíamos ir a tomar libros. No importa lo que entendiera la señora ni lo que dijera Luciano. El deberá volver el próximo año y soportar a esa bruja, está en su derecho de haberle explicado la trola más conveniente para su supervivencia.  En definitiva ella  ha interrumpido nuestro trabajo y hemos dejado la pequeña sala, que por otra parte no usa nadie, una hora antes de lo previsto. Gracias a ella hemos interrumpido nuestro trabajo y lectura. El ordenador está simbolizando –no imaginaba hasta cuánto- un pretexto para los problemas. El problema es siempre otro: cuando alguien ve que no ha sido tenido en cuenta, porque  ha  sido saltada  la cadena de mando prescindiendo de su permiso para usar el espacio bajo su dominio, le surge la furia de sargento mayor de los imperios. El parecido de la sociedad civil en su estructura conceptual a la del  ejército es mayor de lo que se sospecha. Antes de dejar la pequeña sala nos hemos asegurado de pedirle su nombre, de decirle que la comentaríamos como personaje en nuestro libro y que gracias a su contribución aquella mañana no terminaríamos nuestro plan de dedicación. Vic la ha definido enseguida como persona amargada. Parece que un tipo de personalidades tras sus recorridos en forma de parchís por la vida  se refugian con el pretexto de la caridad, la solidaridad o lo que sea, en establecimientos como el St Jean de Dieu para hacer la profesión más apasionante de todas  para ellas: la de cabo de varas.

La carretera hasta Fada está bastante bien. En  la carretera longitudinal del oeste de Benin  tiene unos 3 años de asfalto. El mapa que tenemos de la Michelin la señala  como pista.  La hemos hecho de una tirada salvo para los stops obligados. Uno para rellenar el depósito y otras dos garrafas metálicas en uno de los últimos servidores de gasoil con una cuba cisterna a la vista, solo la cuba, junto al surtidor. Antes de apretar la manguera el gasolinero ha esperado un buen rato a que disminuyera el vapor de gases  saliendo del mismo surtidor. No hemos explotado y nadie fumaba por los alrededores. Otro para tamponar los pasaportes de salida en Porgo. Nuestro cartel de pizarra siempre engancha a los frontereros y es un motivo para comentarlo mientras apuntan los datos en sus libracos, que todo hay decirlo, son más rápidos en los últimos países de nuestro periplo que en Mauritania-Marruecos que todavía recordamos como el peor vía crucis para un transeúnte.

Por el lado burkinabé, al encargado del Laissez Passer, al preguntarle por si Tomas Sankara todavía está en la memoria colectiva me ha dicho que no tanto aunque cada año la gente de su partido convoca un homenaje en el día de su asesinato a la que asisten minorías. Se ha referido a él como Tom San y me ha mostrado un video metido en su celular en el que reivindicaba una cultura revolucionaria para Burkina.

En Burkina técnicamente es la tercera vez que volvemos a entrar. De nuevo los niños con sus latas de tomate vacías pidiendo auxilio. De nuevo el cambio de panorama de las construcciones. Las aldeas son pesebres de barro, con las casitas circulares  y los  tejados de paja. La predominancia de las casas rectangulares con tejados metálicos brillando al sol queda al sur, en Benín.

En  Fada, en el PTT, tomo una hora de ordenador mientras Vic sigue dentro de la furgo en la parte de atrás sentada en la silla de ruedas. El viaje de Tanguieta-Fada no ha sido tan duro como el de la anterior vez Paraku-Tanguietá. Unos estudiantes se ponen a hablar con nosotros a propósito de nuestros textos de pizarra. Escenas de este tipo se repiten continuamente.  Volver al norte significa volver atrás y eso nos envuelve de un sentimiento de adversidad. Paloma, una de mis cuñadas, piensa que ya tenemos suficiente dosis de aventura y que no tenemos porque llevar nuestro reto más lejos que con los últimos incidentes deberíamos volver. No está muy puesta: los aventureros son los que andan repicando piedras para subir siete miles por el Himalaya y los retos son para quienes tienen graficas a sus espaldas que son diagonales quebradas siempre subiendo. Nosotros más bien damos dos pasos adelante y uno atrás. Esto en terminología leninista debería sonar muy bien, en un itinerario de carretera significa repetir recorridos. África es parte del mundo y ahora parte de nosotros. El viaje por aquí también es un viaje por nosotros mismos, por nuestros miedos y por nuestras vacilaciones, por el encuentro diario con gente distinta, por la empatía desbordante de los negros. Cada día, un poco más, olvidamos el color de su piel y el nuestro. Los países tienen mala fama por, generalmente, minorías que los destrozan. La gente llana es amable y generalmente honesta. La percepción varía de día en día y de lugar en lugar. Pero la honestidad es un valor muy apreciado. La dignidad, no siempre. A la salida del PTT un muchacho, casi un hombre, con lata vacía, se arrodilla literalmente a mis pies mientras estoy hablando con los estudiantes. Le digo que sea digno y se levante. No me hace el menor caso y sigue ahí un buen rato hasta que terminamos de hablar y subo al coche. Le doy un caramelo de azúcar.

Nos trasladamos a un centro de formación de la misión católica con varios pabellones y habitaciones. Aquí ya pasamos la noche anterior de nuestra llegada a Ouaga. La sor encargada aceptó que estacionáramos la furgo y nos invito a una cena y a un desayuno. Nuestro cargamento para el orfelinato le pareció que era suficiente pago. En esta ocasión una mujer no vestida de monja se ha ocupado de nosotros mostrándonos un par de habitaciones, nos hemos quedado con la segunda, 10000 cefas por noche y 12mil con los desayunos. Si alguien quiere tener la vida asegurada en África le basta hacerse profesional del catolicismo. El negocio está garantizado. La iglesia conociendo el oportunismo biográfico de muchos de sus adeptos africanos los tiene en lista de espera durante muchos años hasta que no está muy segura de que merecen los hábitos consagrados.  A diferencia de la otra vez, todos los pabellones de habitaciones están vacios.

Volvamos a lo del reto. ¿Reto viajar por África con furgo? No paramos de encontrarnos viajeros en las peores condiciones. Para empezar los mismos africanos que van con pequeñas furgonetas a modo de colectivos supercargados con varias motos y bártulos en el portaequipajes o con bicis con enormes fardos cuya filigrana equilibrista supera la de el funámbulo de circo más atrevido. El sobre cargamento es tal que algunos pasajeros dejan colgar los brazos fuera de las ventanillas para absorber algo de aire en movimiento y soportar el calor de dentro. Viajar en estas condiciones y sobrevivir, eso sí que es un reto. Pero también hay blancos que vienen con vehículos bastante destartalados. Hemos coincidido en la frontera con dos chicas y un chico anglos, ellas con pamelas y gasas y poses poéticas, él lo mismo pero sin pamela ni gasa, con un 4x4 viejo, ruidoso y espantosamente humeante. Como suele pasarles a los blancos europeos (cuanto más nórdicos peor) cuando se encuentran con otros blancos en medio de África ponen cara de despistados como si no los vieran o  como si fuera lo más frecuente la coincidencia. Aunque blancos dando vueltas por la noria de las emociones africana hay muchos, cientos de miles posiblemente, su actitud de inhibición permanente que viene de fabricación de origen, les puede más que la curiosidad o incluso que la necesidad informativa por la que hay que preguntar las cosas. A esa pose de la suficiencia ya estamos acostumbrados. Según la cara del blanco con el que nos encontramos le dirigimos sonrisas o no y luego pasamos a la conversación o no.

En cuanto a la aventura de riesgo no deseamos meternos en líos ni llenarle el buche a ningún depredador. La mejor aventura por contar es la de seguir vivos y seguros cada día. En cuanto a los sitios visitados hasta ahora, ciudades como Barcelona o Madrid son incomparablemente más peligrosas que todos ellos juntos.

 

57. Por una rampa

 

57. Por una rampa. Tanguiéta 4 abril 2008

Paraku, como la mayoría de ciudades africanas importantes que venimos conociendo, tiene dos controles policiales, a la entrada y salida, los mismos que ya cruzamos el día que vinimos por primera vez. En el de salida, un joven policía me pidió los papeles del coche.  Quiso pillarme en una falta y también me pidió el permiso internacional. Según él es necesario para viajar por los países de la Dedeao. Es la primera vez que alguien me lo pide, en las otras ocasiones siempre he mostrado el español sin el menor problema. Si un policía quiere estrujarte los cataplines te pide el permiso internacional y te tiene jadeando en caso de que no lo tengas. El incidente me recuerda que he de re-tramitarlo. Lo perdí(mos) de vista desde el primer día de viaje. Los días anteriores lo tenía perfectamente controlado en el pequeño dormitorio de dos camitas del apartamento de Las Redes que nos presta Inés cuando vamos a El Puerto Sta. María. Tal vez se cayó debajo de la cama o lo guardé con las otras cosas que dejamos en casa de Paco-MariCarmen o tal vez esté en alguna parte de la furgo, aunque eso último lo dudo después de haber mirado en los sitios donde podría estar. Sea lo que fuere tengo que interpretarlo como un lapsus. ¿Una resistencia   remota de mi inconsciente a este viaje?

Nos detuvimos un rato en Copargo. Lo mismo de siempre: estacionamiento bajo una sombra para descansar un rato. Era mediodía, justo en el momento en que la muchachada de la escuela salía. Nos rodearon con sus uniformes color caqui (el uniforme de las escuelas públicas en todo el país) y sus carpetas sobre la cabeza sostenidas graciosamente por algunas de las niñas. Saludamos a los profesores que vinieron a ver lo que pasaba. Y aprovechamos para  poner a prueba las dotes de lectura en francés fe los críos, con el texto de nuestra pizarra. 

Vic tuvo que hacer todo el viaje sentada en la silla de ruedas en la parte de atrás. Mi acompañante en la parte delante, Joël, uno de los chicos que estaba alojado en el monasterio y que nos pidió que lo lleváramos hasta Natitingou, fue bastante parco en palabras.

De nuevo en Tanguieta saludamos gente conocida: Celestin y Celine del cyber, Emmanuel, el nigeriano de los recambios de piezas de coches/motos y Yovvou que nadas mas vernos se nos pegó de nuevo con un borrador manuscrito sobre su proyecto de buvette+cyber que le sugerimos y del que no entendió nada pensando que se lo íbamos a financiar. Fuimos a por una flag al Sowetto bar después de una semana de abstinencia y finalmente al St Jean de Dieu donde tomamos una habitación, la única, al parecer que estaba libre. Nicolás Sale ordeno sabanas limpias etc. Camas hospitalarias, incomodas, pero con ducha y wc. St Jean de Dieu es uno de los hospitales más importantes; aquí viene gente de todo el país y de los países del contorno. Afortunadamente la habitación vacía es en el pabellón de una media docena montada sobre una plataforma de cemento que está a unos 50 cms del suelo. Sor Margarite me facilita pronto un palet para improvisar una rampa. Nuestra historia de viaje pasa actualmente por una rampa.

Coincidimos con Luciano, vecino de habitación, al cual ya vimos la otra ocasión en la que estuvimos ubicados en el mismo recinto pero con quien no hablamos.  Viene dos meses por año desde hace 6 a Tanguieta, ayuda en lo que puede. Nos contó varias anécdotas con sus dineros a fondo perdido con distintas familias: hacer un pozo, reconstruir una habitación caída. Objetivo: ayudar a la gente a llegar al día siguiente. Al mismo tiempo nos contó las contradicciones de la persona solidaria y las injusticias que le toca recibir como la de ocupar una habitación no climatizada por dos meses, lo mismo que la nuestra, cuando los jóvenes médicos suizos que vienen un par de semanas tienen las mejores habitaciones. Al día siguiente Luciano se prestó a buscarnos una madera por todo el recinto para mejor nuestra rampa. Con la nueva madera encontrada y las dos planchas de aluminio he conseguido reducir el grado de inclinación de la rampa. Las de aluminio no las hemos usado en ningún momento. Dudo que sirvieran para más de una vez si hubiéramos embarrancado en barro o arena. Ahora que las estamos usando como rampa para silla de ruedas parece que para esto son mas practicas, aunque habría que compras otras dos.

El recinto es enorme y está lleno de recicladeros o puntos de materiales tirados. He reciclado tubos de aluminio para segurizar un poco más la furgo utilizándolos como cuñas en las dos ventanas correderas una de las cuales sigue pudiéndose abrir desde fuera. Luciano además se ha llevado el ventilador de techo desmontado  que estaba en nuestra habitación para ver si consigue tenerlo arreglado para la noche.

 

Vic ha venido tomando Nolotil para poder pasar las noches de una tirada. Ante la perspectiva de quedarse sin analgésico consultamos a sor Cristina, otra hermana teatina de las españolas del centro. Las teatinas son una de las órdenes religiosas  más antiguas pero “somos poquitas” nos dicen. Nos informa que es obligado pasar por el protocolo (ticket en la portería, pago en la caja, consulta en medicina general, derivación al traumatólogo si lo hay, que no lo hay, radiología y receta) y que no se puede comprar la medicina por libre. Nos encallamos en el cajero que está ubicado también en una sala de espera. El hacinamiento es tal que intuimos que los miasmas ambientales nos están esperando para zampársenos. Renunciamos a la cola de espera y decidimos probar suerte directamente en la farmacia donde el farmacéutico que habla un poco el italiano no pone ninguna pega en servirnos un analgésico, en gotas pero con el mismo componente activo de las cápsulas, el metamizol. En principio las recetas son obligatorias para todo tipo de medicamento. Es una manera para evitar la compra masiva de ellos y su reventa en el mercado ya que en principio son más baratos que en Europa. Los 2200cefas de la micro-ampolla no confirman  precisamente eso.

A ratos nos parece que la rehabilitación de Vic es cosa de un mes y en algún momento más optimista pensamos que con otras dos semanas será suficiente y volverá a ser la misma caminando con bastones, parándose con su posición de segura, con los codos apoyados en el extremo de los palos en el semicírculo donde se meten los antebrazos, comprobando que el mundo gira correctamente. Mientras tanto una Vic en silla de ruedas es otra historia, nos simboliza a ambos en otro tipo de ritmo. Durante los últimos nueve días la silla nos ha traído recuerdos: cuando la compramos en uno de los almacenes de los  Volontiers of America en Rochester NY hace cinco años, las veces que la ha debido usar por fractura de fémur y en otra ocasión, de tibia, los muchos paseos por los muchas avenidas marítimas del Mediterráneo, cuando la acompañaba a sus clases en la EOI en Atarazanas y subía con ella en el ascensor hasta dejarla en el aula. La silla de ruedas es un instrumento de desplazamiento. Cruzo los dedos para que esta nos aguante el resto del año, una de las ruedas está cortada en su capa fija de caucho. Afortunadamente no vinimos con el triciclo de batería de Francesc Baselga y que él sigue anunciando como que hacemos el viaje con él. Lo habríamos utilizado en muy pocas ocasiones y habría constituido un lastre más.

 

Al tomar posición de la nueva habitación ocupamos extensivamente la proximidad. No podemos evitar que nos salga la  vena squatter. Hay un espacio agradable con árboles, las aves de corral nos acompañan y nos toman como parte del grupo, más de media docena de buitres esperan en el corta aguas de un tejado cercano enfrente de la zona donde hacen la matanza de la res para comer (nos acordamos de Hitchkott),  Vic toca el clarinete en un punto yo trabajo en el porche, la falta de luz natural dentro de la habitaci0n  nos empuja a hacer vida de barrio. Vienen los operarios para ocuparse del ventilador. Prestamos nuestra escalera de aluminio.

 Luciano nos cuenta más de su vida. Al hablar de su primogénito muerto a los 20 años por accidente de tráfico, de eso hace unos 25, no puede contener sus lágrimas. Nos habla de que tiene preparado el momento de su muerte si fallece en su casa en Italia. Piano forte, un amigo tocándolo y rodeado de sus amigos para decir el último adiós ya que su peor experiencia ha sido la de no poderse despedir de su hijo, con la de cosas que tenían que decirse. El, lo mismo que nosotros también ha dado instrucciones de ninguna repatriación del cadáver en el supuesto de que fallezca en uno de sus viajes a África. Tiene unos 65años. Nosotros no tenemos el plan tan elaborado. Tenemos claro lo de la no repatriación del cadáver pero no el tipo de despedida si hay unos días previos para el desenlace final, he dicho final, no fatal. Lo de alguien interpretando algo en directo lo habíamos pensado. Vic, con  Mojándolo todo de Luis Eduardo Aute, y yo había pensado en St James Infirmary, lo interpreta mucha gente, también Louis Armostrong. Pero estar reunido de la gente que te viene a visitar en tu recta final es una idea que me supera. Siempre he pensado que eso había terminado con reyes e ilustrísimas. ¿Qué tipo de conversación se puede tener con alguien que se va morir? Y si eres tú el que va de muerto inminente ¿de qué vas a hablarles a los que van a sobrevivirte? Si ya es bastante difícil hablar cuando estás vivo  a los vivos no parece que con la muerte en cuestión de un rato te queden muchas ganas para la oratoria. En todo caso el orden del día de la reunión tiene la garantía de llegar a conclusiones, sea lo que sea de lo que se hable no se puede posponer para una siguiente. Una de las pocas ventajas en una reunión de este tipo es que el futuro difunto tiene la prioridad de palabra. Nunca habíamos pensando en un escenario de este tipo. Yo, solitario medular, más bien prefiero poca gente, Vic a mi lado estrechándome la mano o alguien muy querido en el mismo gesto; el esbozo de una sonrisa para que nadie diga que has sido un amargado y punto. Los ojos abiertos en esa mirada estática, más bien estupefacta,  que ya no mira a ninguna parte y la convicción de no ser traicionado por alguien que te cierre los párpados.  ¿Pero porque hablamos de todo eso? Sí, a propósito de Luciano. Un hombre adulto llorando siempre me ha conmovido.

El monta su vida en torno a las necesidades de los demás. Cuando le hemos comentado la cuestión del agua y las incompletudes en el desayuno en seguida se ha preocupado de traernos agua filtrada, mantequilla y confituras al frigo de nuestro refectorio, el único al que podemos ir porque los demás tienen escaleras.

Los operarios que vienen a reparar lo del ventilador se tiran media mañana. Ritmo típico: a cada rato les falta una pieza o una herramienta y tardan un rato en conseguirla, Vienen con un taladro, aprovecho para pedírselo y poder hacer los agujeros que nos faltan en la chapa interior de la furgo para tener un soporte fijo para la mosquitera, una de los déficits nocturnorios de nuestra litera móvil.  Puesto que no han terminado con la reinstalación del ventilador nos vamos a comer dejándolos con todo lo nuestro dentro de la habitación. Al terminar, según lo acordado, vienen a traernos la llave del cuarto a nuestra mesa de comida. Más tarde, a la habitación después de la siesta, a devolvernos la linterna de recarga solar que les había prestado y ya había olvidado completamente. Si alguien dice que los africanos no son honestos se las verá conmigo. Claro que nosotros no dejamos de señalar las faltas de honestidad que hemos sufrido. Lo cierto es que vivimos distintas experiencias intensas. No hay día que no nos maraville algún gesto de atención de los negros. Somos más bien nosotros los que cometemos actos imperdonables como confundir a veces sus caras.

 

 

56.Fuga Mundi

056.Fuga Mundi

Monasterio de l’ Etoile Notre Dame, pocos kms al norte de Paraku 2 abril 2008

Llamo la atención a unos niños que vienen con su tirapiedras de gomas elásticas para matar pájaros que se refugian en los mangos del patio y ponen la sinfonía diaria del mejor concierto que puedes escuchar fuera de una ópera. No recuerdo si son los mismos que ya vinieron un par de días antes para la misma misión de caza. Le comento a Correcaminos, que pasa en ese momento con su bicicleta y su sombrero de paja, ¿qué hacer ante este tipo de situación? Me dice que no pretenda cambiarle las costumbres a África y que los africanos se lo comen todo y no se les puede culpar por ello. Le replico que sí, que se les puede cambiar en un lugar de paz como el del monasterio y que en todo caso pueden irse a otra parte ya que sobre aquella propiedad pueden marcar unas pautas. No es la primera vez que me enfado con chicos a propósito de esto.  Recuerdo lo impresionados –i tal vez solo ponían cara de perplejidad por decir semejante tontería- que quedaron los de Dassa persiguiendo sapos al convencerles que se reencarnarían en aquello que mataran. Otro discurso más que fracasa. Me sorprende que nadie más les diga nada. Correcaminos,  con el cuello muy estirado, vuelve a dar señales de prisa sin estar muy interesado en lo que le pueda decir.

La pareja de los Spaack: con la que hemos compartido mesa unas cuantas veces vuelven a Níger. Ellos vienen regularmente a pasar temporadas a este monasterio. Ella, Genovieve,  habla de todo y lo sabe todo; trabaja para una ONG alemana para hacer un estudio sobre conflictividad humana asegurándose así una paga de vejez que no tiene por otros medios, parece que  por falta de cotización suficiente.

A la mesa llegan nuevos invitados que vienen de paso a la cena de la noche. No advertimos que paguen ni que retiren los platos de la mesa. Durante estos días tenemos la sensación de que somos los únicos comensales que pagamos, o vamos a pagar, nuestra estancia.

Se suscita el tema de conversación sobre respeto a la gente de edad a propósito de los exagerados gestos reverenciales que hacen los más jóvenes. Una mujer se explaya hablando de respeto y tradición. Cada vez que alguien apela a la tradición y al respeto me dan ganas de acudir a toda la artillería verbal de la que dispongo para desmenuzarla en lo que es: sumisión e inmovilismo. Así se lo digo. Luego Vic me comenta que he sido demasiado brusco en decírselo, bueno Vic suele decirme siempre que soy demasiado brusco cuando hablo. Por la otra parte, el acompañante masculino a la mujer que le hago discusión  reconoce la sumisión en un tipo de tratamientos  y el derecho a ella. No hay interés en continuar el tema: los postres de mango y yogurt tienen prioridad en la atención. A las monjitas: Constance y Marie, que están de paso descansando y preparando sus clases, ya les parece muy gentil por parte de los alumnos esa gestualística, para mí, medieval. Durante las horas del refectorio la colocación, diríase que espontánea, de la gente a la mesa es la concentración de blancos en la punta de una y la gente negra en otra. Los más jóvenes no hablan o al menos no se les oye, parece que están como atemorizados. En la parte blanca la conversación es continua. Vic, es la estrella. Siempre hay comida de sobras e inmediatamente cuando la gente termina de comer limpia todo en el cuartito contiguo donde están los armarios con la vajilla.

A Flora Akode le doy unas cuantas clases de manejo del ordenador en nuestra habitación. Tiene prisa en escribirle una carta a la pantalla antes de memorizar la posición de las teclas. En unas pocas líneas deja un documento explicito sobre la mentalidad de no pocas chicas africanas de su edad  que se acogen a la benevolencia católica a cambio de mejoras materiales en su vida y de hacer sus oraciones. No se sorprende demasiado cuando le decimos que no somos religiosos.

El domingo la iglesia se llena y el parking rebosa de vehículos. Solo ella nos informa que no nos ha visto en la iglesia, nadie más nos pregunta directamente porque no asistimos a los actos religiosos.

Un extraño merodea por la zona y se detiene en nuestro vehículo, al parecer ha tratado de abrir la puerta. Eso ha movilizado a la muchachada como un solo hombre. Todas se han preocupado por si lo teníamos todo bien cerrado.

La recuperación de Vic es muy lenta. En su estado no puede subir a la furgo. Estamos atrapados. Los días pasan y el tiempo de visa se agota. Las informaciones de Nigeria siguen siendo disuasorias. Una monja nos cuenta como unos bandidos dispararon contra unos colegas suyos cuando asaltaron el autobús en el que viajaban.

El monasterio es un continuo trasiego de gente sin que pierda su ambiente de tranquilidad, En el espacio del comedor tras partir los Spaack y las monjas de paso nos quedamos solos  con unas cuantas muchachas. Ellas siguen el horario de rituales y coincidimos para las comidas para las que dan gracias a dios antes de tomarlas y se santiguan al terminar. Nosotros respetamos impertérritos los agradecimientos. A Vic se le escapa la mano a los cuatros puntos, mi mano ha olvidado donde estaban y se queda quieta.

Una de las monjas de paso (al monasterio viene gente a descansar) nos da a probar el Kai çedrat: una corteza en polvo de un árbol que utilizan como preventivo antipalúdico. Nosotros seguimos sin tomar malarone y los otros productos de nuestro botiquín salvo homeopatía y vitaminas.

Las muchachas siempre nos saludan muy atentas y nos desean bon travail cada vez que nos ven en nuestros puestos de trabajo con los ordenadores. La frase se repite varias veces durante el día. Son hacendosas y antes de dejar sus habitaciones las limpian impecablemente. Cazan un escorpión que se coló en una de ellas y cuyo cadáver enseñan a Vic. 

Nuestra habitación no es que sea muy cómoda pero tiene una mesa de madera, dos camas individuales separadas y dos ventanas que producen un poco de corriente de aire. La puerta la tenemos permanentemente abierta para que entre más luz. Hemos aprovechado los dos días por semana, los que hacen yogurt, la luz eléctrica, que dosifican a un par de veces el resto de días. Vivimos sin prisas pero sin olvidar que somos huéspedes de un país con límite legal de estancia.

Con la silla de ruedas damos paseos cortos por el espacio de propiedad del monasterio. Hay alguna casa ocupada por nativos y otras habitaciones en las que también viven algunas familias. El suelo con raíces y piedras no permite demasiadas aventuras. La pierna derecha de Vic se resiente con la menor vibración. Nuestro futuro inmediato y el futuro de nuestro viaje dependen de su rehabilitación. No me importa ser la  reencarnación de un paje y tratarla a ella como la reina de Saba. Nuestra tesis de que es posible viajar a todas partes con una silla de ruedas pasa momentáneamente por una crisis de descrédito. Nos preguntamos –nos volvemos a preguntar- si en las condiciones actuales no sería mejor buscarnos un sitio bonito, implicarnos en una ocupación social o crear un proyecto y pasar el resto del año escribiendo tranquilamente nuestro libro más filosófico e intimista y menos quilométrico-transfronterizo. Tras cinco días de descanso en el monasterio el paseo con silla por los alrededores es más soportable por la pasajera aguantando las vibraciones. Pasar de la silla a la cama y viceversa es lo que más cuidados requiere.

Proponemos una opción más económica a la monja hotelera por el exceso de días en los que nos estamos quedando.  Pero dejar de comer las 3 comidas al día significa doblar el precio de la habitación quedando en 4000cefas los dos. No aceptamos. Preferimos seguir pagando las 8000 día.

Antes de marchar pasamos por la tienda. Los productos de las monjas son bocata di cardinale: compramos los polvos antipalúdicos del Dr. Floran, que nos informan trabaja en el hospital de Tanguietá, dos botellas de Sirope, de tamarindo y citronelle, savon artesanal de karité, anti mosquitos. Las monjas nos preguntan por nuestro periplo. En el orden habitual de las preguntas la de si tenemos hijos suele estar en segundo lugar. Al saber su edad si él tiene hijos, viene a continuación. La preocupación por la reproducción de la especie no falta nunca.

Probamos las planchas de aluminio para desatascar las ruedas de la arena, como rampa para acceder con la silla a la furgo. Decidimos dejar el monasterio después de una semana de reposo. Tras descartar que haya luxación y rotura pero siendo imperativo un tiempo de reposo decidimos finalmente rehacer la carretera y volver al norte para atravesar directamente a Burkina.

El refectorio representa el universo. 3 encuentros por día multiplicado por 7 da 21 veces de comidas en las que coincidimos siempre con gente distinta: familiares de monjas, gente de paso. Correcaminos y sus socios de celibato tienen un refectorio aparte y no vienen a mezclarse con nosotros: chusma de astrales ínfimos. En el penúltimo día, una de las monjas celebra su cincuenta aniversario de votos como tal. Fiesta mayor. En la mesa hay botellines de jugos de fabricación de la casa, también vin du prunes y unos micro haricots buenísimos. Por nuestra parte hemos comprado ya el kai çedrat y lo espolvoreamos en el plato, dos veces por día. La dosis recomendada es una pizca de una a tres veces al día. El mundo de las medidas de la gragea, la cápsula, la pastilla o la gota puede sobresaltarse si le hablas de que existe también la pizca. Mientras lo tomemos creeremos estar más a salvo del palu. Sí, estamos a salvo, aunque los mosquitos siguen opinando que soy un cuerpo apetitoso para ellos (ellas, son mosquitos hembra los que pican, chinchar es un verbo rotundamente femenino) y desaprovechan todo descuido. Si bien por la noche no atraviesan la mosquitera se han puesto las botas con mi codo la noche la tocó. Otra mañana me esperaba un comando en la ducha y antes de que me diera cuenta dejaron sus marcas en cinco puntos distintos de mi cuerpo.

Después de tantos días de comidas a 3 por día me siento hinchado. Demasiado orden culinario. Tengo ganas de volver a cambiar de registro y Vic está algo mejor aunque al escuchar sus ay-ay al menor movimiento sobre la silla de ruedas diríase lo contrario. La carretera y un revoltijo de hipótesis nos esperan. 

He completado la carga de  nuestros bidones de agua con el agua filtrada de la casa.

Ha pasado una cuarta parte del 2008 y solo hemos visto una octava parte de los países que en principio habíamos pensado cruzar. Empezamos a hablar de otro recorrido por el África austral para otro año.

55. De Retiro

55. De Retiro. Monastaire Notre Dame de l’ Etoile 28 marzo 2008

El trayecto desde Tanguieta a Paraku lo hacemos en un día. Paramos en Natitingou y Djougou para averiguar que no existen cajeros automáticos. En la oficina de Bank of Afrika de aquí me aseguran que sí lo hay en Parakú. A partir de Djougou dejamos de ir al sur para desviarnos hacia el este. Nos detenemos en Beterou para descansar. Nos ubicamos en el umbral del mango del recinto escolar. Doy una batida por cuatro bares de la zona para comprobar que las bebidas no están frías a causa de los cortes eléctricos. Por nuestra parte hemos conectado el frigo portátil de 12v que a diferencia del ordenador la batería tiene potencia para accionarlo. En alguno de los establecimientos nada más entrar uno de los muchachos me hace tres reverencias seguidas muy aparatosas. Mi gesto y explicación para que no haga tal cosa no tiene mucho éxito. ¡Paso al blanco!

Por el camino un par de stops policiales en los que ni nos piden la documentación. Correspondemos a sus saludos y a su interés por nuestro viaje.

En Paraku llegamos con el depósito en reserva. El Bank of África en efecto tiene un cajero pero está vacío de fondos. Hay un hombre del ejército que hace cola para entrar y otro que está dentro. Se demora casi media hora. Finalmente lo llamo y sale. A mi turno el cajero me dice que no tiene fondos. Cuando salgo están hablando los dos y le pregunto al que me ha precedido porque estuvo tanto tiempo dentro si no había dinero. Me dice que tiene una tarjeta Visa. No me ha entendido.

Pasamos otra noche en otro recinto católico en el centro urbano, hasta el cual nos acompaña un motorista al que le hemos preguntado por su dirección.  Hablamos con el pere Cirile, el responsable,  que nos deja pernoctar sobrándole todas las explicaciones que le damos.  Inmediatamente después hay uno de los habituales cortes de luz. Nos instalamos en la buvette de enfrente que se llama l’Africana, escrito así en catalán. Es habitual andar por la calle completamente a oscuras. Nosotros nos valemos de nuestros frontales. Rememoramos un artículo de Reader’ s Digest a propósito de un corte de luz que hubo  en New York que disparó considerablemente el número de crímenes, violaciones, atropelloss en una sola noche. No es el caso. Los africanos no esperan a que sea de noche para matarse los unos a los otros, aunque posiblemente la percepción del blanco no esté muy de acuerdo con eso.  Los negros deben tener las pupilas muy dilatadas y se mueven como gatos en las noches más cerradas. En la buvette una niña de 8 años acarrea sola con las pesadas sillas y mesas para ponerlas a recaudo dentro. Su mamá tiene que deducir la edad que tienen ambas a partir de las fechas de nacimiento. La niña no ha sabido decírnoslo.

Antes de acostarnos hablo un poco con el guardián. Me dice que le pagan 27mil cefas por mes, menos que el salario mínimo y que su madre es cirujana en el hospital de Tanguietá.

Pasamos una noche horrible de calor. Hemos batido el record de permanencia nocturna continuada en la furgo: doce semanas y media. Nos merecemos volver a tomarle las medidas a una cama clásica que toque suelo.

Antes de dejar Paraku hago un circuito de bancos: En Financial bank cambio 100e por 65550. El proceso, increíblemente lento, incluye la fotocopia del pasaporte y de los dos billetes de cincuenta, además de los datos de mi número de móvil y de mi alojamiento. Entretanto el comentario jocoso de mi nombre cotejado con el aspecto de mi foto (cabellos largos y barba) lo toman como una revelación divina. Eso no impide que armado con la fotocopia, los dos billetes, el pasaporte, la cajera deje de darme 20mil cefas que le tengo que reclamar. C’ est vrai que vous êtes la comptable? Le digo. La mujer me sonríe y me da las gracias, seguramente por haberla pillado en ese pecadillo, para ella, de poca monta.

En el guixet automatique del Bank of África sí hay por la mañana dinero, pero para los 100mil que pido me dice que no tenemos suficiente saldo. Reduzco la cantidad a la mitad. Uno de los fantasmas viajeros es el de quedarte sin blanca y que  tu cuenta bancaria, en el otro continente, sufra algún bloqueo. Por ahora no hemos tenido ningún problema. En todo caso la cantidad de cash que trajimos inicialmente -si sigue en el zulo, hace semanas que no la tocamos- la vamos racionando para enfrentar alguna emergencia.

Tras pasar por la Total y dejar 28mil cefas en carburante seguimos un poco  más hasta el monasterio cisterciense Notre Dame de l’ Etoile, a unos kms a las afueras de Paraku dirección norte. En principio solo venimos a informarnos pero la caída  fortuita de Vic, por patinarle el bastón en la arenilla, con las piernas completamente extendidas,  determina que nos quedemos. Hay un hospital cercano equipado con servicio de radiología pero antes de apresurarnos a ir dejamos pasar un par de días para ver como evoluciona su dolor. Tanto ella como yo estimamos que no se ha roto nada aunque es posible que sufra una distensión muscular a la altura de la ingle. Como mucho un desgarro. Presumimos que lo que necesita es reposo y aplicaciones de un antiinflamatorio.

Nuestra habitación es de dos camas con ducha. Está en un pasillo justo al lado del refectorio. Las otras habitaciones están ocupadas por chicas que ayudan a hacer la comida y regar las plantas. También hay un matrimonio francés o belga , lo Spaack, que vive cerca de Niamey desde hace muchos años. Todos van a la iglesia en el horario de ritos. Nosotros ponemos la excepción. Pagamos 8mil por las camas y las tres comidas.

El lugar es un vergel. Hay un bosque de teca en explotación. Hacen recortas anuales de los árboles para utilizar la madera y permiten que rebroten los troncos base. Hay cistercienses que tienen su propia casita y otros que son de clausura. Hacen vida aparte y no se reúnen con el resto de los mortales en el refectorio en las horas de las comidas.  Jacques, uno de ellos que me recuerda a Correcaminos por su cuello y por su afición a la bici con un sombrero de paja, nos cae muy bien. No está tan mal la opción de hacerse monje para retirarse de las crueldades existenciales y buscar un lugar de retiro como éste.

Mientras Vic se queda en la habitación de reposo yo me voy a dar un paseo por el bosque. No muy lejos de una de las casitas usada por un eremita, extiendo mi hamaca entre dos árboles. El lenguaje de las hojas secas y el viento me mecen como un crío y me duermo.

Hacer vida reglada: 3 comidas por día y compartir mesa con casi la misma gente tiene su encanto: nos devuelve al orden social. Las comidas están bien y por primera vez nos atrevemos a beber agua filtrada muy fría. No es la primera vez que alquilamos un espacio en un convento. Lo hicimos juntos hace bastantes años en uno de Palencia, en St. Andrés del Arroyo, del que siempre hemos conservado un buen recuerdo. Por aquel entonces nos preocupamos un poco de hacernos con una lista de monasterios a los que poder acudir para alojarnos en nuestros viajes o para pasar algunas semanas de retiro. No discurriremos sobre si la paz terrena es un beneficio exclusivo de los ritualistas espirituales. Algo debe de haber. Lo que sí resulta ser  incuestionable es que la fuga mundi es tanto más posible en cuanto a que el lugar donde te fugues haya tranquilidad, sosiego, no-ruidos, no-broncas, no-prisas, arboledas  y conversaciones enriquecedoras.

Flora, una de las muchachas alojadas en el lugar nos pide que le enseñemos a manejar un ordenador. Quedamos con ella para dibujar el teclado a escala 1:1 sobre un folio para que lo memorice y practique con él antes de usar un teclado real.

Los días están repartidos entre 10 acontecimientos estructurados

(las 3 comidas y siete actos religiosos: vigilias, laudes, misa, sexte, nones, vepres y complies en cuyo campo acústico participamos).

La corriente eléctrica está dosificada a dos momentos del día y a otros dos días enteros de la semana, que son los días en que las soeurs hacen yogur. Nos toca tener los ordenadores permanentemente enchufados para aprovechar los ratos en que haya tensión y recargar sus baterías autónomas.

 

54. Retozando

54. Retozando.  Tianguetá  23 mars 2008

Nos acercamos hasta Batia, otros 10 kms de pista de tierra justo antes de la puerta de entrada al parque. El mapa-panel  de las pistas interiores señala los distintos grados de dificultad. Teniendo en cuenta la pista bacheada de los 45 kms anteriores, considerada como muy transitable y los 23mil cefas de entrada decidimos  desistir de entrar. Nos perdemos tocarle las melenas a un león y darnos un beso de nariz con un hipopótamo. El único localito de al lado con una sola grande flag  escondida en sus profundidades en su prototípico congelador que no congela a la hora de darle los 600 francos pedidos la chica, que no habla francés, dice que no. Se la devuelvo, recupero el dinero y nos vamos. No paramos hasta Tanguiéta  una hora y media después conduciendo a 15 por hora, a veces a 10, donde nos instalamos en un sitio que inventan los precios para nosotros. No aceptamos lo que nos piden por couscous y espagueti, unas cinco veces más de su precio. Nos agota tener que estar en estado de vigilancia permanente para cada detalle. Inevitablemente la conversación sobre precios para europeos surge de nuevo con el cocinero, el camarero y otro cliente. Antes con el patrón he pactado el precio de las bebidas y el uso de la conexión eléctrica. Le pido a Vic que no me someta una vez más a la típica discusión impugnativa de la actitud limosnera africana con los empleados. Por el camino en uno de los poblados que hemos cruzado dos veces con un par de horas de intervalo  una horda de más de setenta  criajos, a su estela algunos con 3 o 4 años, se nos abalanzaba con su grito de asalto prototipo. Más puntualmente los adultos también tienden la mano con la misma y única palabra que tienen aprendida del francés. Llega un momento que nos satura. Alguno de los niños con el tirachinas típico ha cargado munición en nuestro honor. En Batia, a la muchachada, mejor dicho, la niñada,  la he reunido en torno a la furgo y les he enseñado una nueva palabra: dignité. Se la he escrito en el suelo y se la ha hecho repetir a bastantes de ellos. No sé si la recordarán dentro de unos años, tal vez cuando pregunten por su significado entiendan lo que he tratado de enseñarles. El mejor regalo que  podía darles era esa palabra.

Hemos visitado el camp Muni de dirección alemana. Es un lugar que se anuncia con tríptico a todo color. Hablar de piscina y otras ricuras. La balsa de agua casi estancada y turbia no invitaba al baño y el terreno accidentado es totalmente impracticable para alguien que va con muletas. Los precios son el doble de caros que el campamento de cazadores. Lo único pintoresco son las mosquiteras con nervadura flexible a modo de  tienda iglú que el dueño me ha dicho adquirió en Cotonou. Me gustaría conseguir una para nuestra alternativa a la cama actual de la furgo y poder dormir fuera. Sin lugar a dudas el chasse Pendjari ha sido de lo mejor que hemos encontrado hasta ahora. Lástima de la consorte del mánager que no está a la altura de serlo. La noche anterior antes de  irnos salí a estirar las piernas antes de acostarme., con la excusa de que empezaba a gotear Marí Macrire (transcripción del apellido no exacta), el brazo derecho del patrón, me pidió que reestacionara la furgo algo más lejos del rio porque en caso de diluviar podría llegar el agua hasta donde estábamos. En realidad  usó eso como pretexto para hablar con nosotros y preguntarnos porque nos íbamos. Al contárselo nos vino a decir que él era más responsable del establecimiento que la consorte y que podíamos quedarnos el tiempo que deseáramos. Le costó entender que el feeling con el lugar se había roto por culpa de Kikí aunque le aseguramos que nos sentimos muy cómodos con todo el personal que nos ha parecido tranquilo y discretamente distante. No dudamos que nuestra partida y la pérdida de la entrada del dinero de nuestra parte por no quedarnos más días traerán cola. Posiblemente habrá marejada dentro de la pareja de dueños. Al fin y al cabo constituíamos el 50%de su clientela aunque la otra parte fuera a toda pensión y con otro gasto mayor que el nuestro. Por la noche nos despedimos de Iñigo y José Luis. Nos contaron la aventura del yerno saltando en la cascada, a unos 20 metros de altura, y el luego gritándole en  puro valenciano arrastrando las sílabas: coneeeixeeement!!!. No hubo oportunidad con este de hablar sobre los intríngulis del cazador y el último sentido de la pasión del cazador por la muerte ajena. Por la mañana vino Viviane, la tranquilidad encarnada, a despedirnos. Fotito.

A estas alturas empiezo a sospechar que por muchos años que llevara viviendo en África nunca aprendería del todo sutiles idiosincrasias que se me escapan. Llevo más de medio siglo habitando el medio humano en general y también se me escapan no pocos de sus detalles. Posiblemente no hay tantas diferencias entre un africano y un blanco si pasamos por alto que uno va de pedigüeño y el otro de prepotente. El común denominador de los seres humanos, tengan el color  que tengan,  es que no han sacado nota en Lógica. Eso categoriza al que lo dice sin sonrojo como un pedante. Que Lewis Carroll regrese y lo confirme. En el local del hotel Cascade previa consulta de precios y permiso de conexión eléctrica nos instalamos unas cuantas horas. A pesar de todo, a la horade pagar el muchacho trata de sisearnos. He de reclamarle los 600cefas que pretende quedarse. En otro local por la noche donde vamos a cenar  espagueti y couscous a la hora de pagar también tratan de sisearnos cambiándonos el precio de la bebida. Esa constante vigilancia  resulta agotadora. Preguntar siempre por los precios a priori, a falta de su  lista visible de precios  así como a falta de lista de menús, resulta cansado. Es propio de tener una total desconfianza. Sí, la tenemos, Nos gustaría no llevar la marca del blanco igual a estúpido grabada en la frente. Pero mientras el color de nuestra piel nos delante estamos obligados a tomar medidas cautelares., un local que se dedica a hacer conciertos de música, con las típicas luces de coloritos, algo que se da en varios países. Son de color rojo y amarillo y simulan muy bien las tonalidades de las barras americanas de las putinguis en España: No te permiten ver  la comida que comes o el estado higiénico de la mesa que usas. A favor de este local hay que decir que antes de la cena traen dos baldes uno con agua jabonosa y el otro con agua sola para que te laves las manos. En el colmo de los colmos cuando dejamos el restaurant que de la troupe que espera fuera, dos chicos más altos que yo, me descerrajan un quelque chose pour les petites?. Me rio en sus narices. Si el primer mal de África es la corrupción el segundo es la indignidad. Están emparentados: es corrupto quien no tiene dignidad y  quizás, no habiendo adquirido nunca su noción, hace de su vida una empresa  para sablear a los demás.

Por la noche nos instalamos en la zona donde está la dirección del parking. El guarda nos reconoce y nos dice que no hay problema para instalarnos pero puesto que el director (el mismo al que le ocupamos la paillote frente a su casa el otro día) está todavía despierto  y se lo preguntemos a él. Así lo hago. El hombre no entiende el porqué de nuestro pedido habiendo hoteles como el de la Cascade o el Baobab. No respondo con una disertación sobre precios, simplemente le digo las condiciones limitativas de las barreras arquitectónicas. El replica que en el Baobab no hay escaleras. Le digo –me invento-  que está al completo. Acepta que pasemos la noche. Todo bien. Por la mañana ducha de cubos y a continuación vamos al  mismo cyber que el otro día que  no funcionaba a pero que ahora  va de coña. Nos quedamos un rato y de paso escuchamos las noticias por tv5 francesa conectado por internet que tiene el ordenador central de Celestin. A medio día nos abalanzamos sobre flags y cocacolas en el mismo bar en el que tres mujeres blancas freelance vienen a hacer un reportaje sobre la caza. Tras la comida y la bebida pasamos por la tienda de suministros de agua. Uno de los chicos del lugar nos pregunta porque hemos cambiado el cartel de nuestra pizarra. Periódicamente lo renovamos –le digo- . Le complace nuestro texto y le doy el consabido direccionador para nuestra página web. A continuación nos refugiamos dentro del recinto del hospital a una sombra. Docenas de enfermos esperan en el patio a ser atendidos. Nadie viene a preguntarnos qué hacemos ni a molestarnos. Para la noche habíamos reservado un espacio a la sombra en e l recinto de religiosas frente a la iglesia. La ciudadana al cargo ha precisado la cantidad por noche. Puesto que las condiciones son bastante deplorables no tenemos ninguna gana de ir. Se nos pasa el tiempo conversando con Youvvou  Idani  que nos ha venido a visitar sobre solidaridad y su planteamiento pretendiendo ayuda europea para su, en el fondo, negocio privado, que pretende disfrazar de cooperativa y ONG. Youvvou  nos ha reconocido (es fácil que se nos reconozca desde lejos por nuestra furgo y mucha gente que dice habernos visto antes no la recordamos) y viene a hablar de nosotros de su proyecto de ONG en relación a auxiliar a niños desamparados.  Conforme va avanzando la conversación va quedando en evidencia que su mayor interés es el de tener un futuro profesional. Al menos menciona 5 proyectos en el rato de la conversación y ante el despliegue de nuestros argumentos para que no cuente con el papánoelismo se queda con una mezcla de desengaño y de admiración. Nos toca preguntarle porque esperar a pedirle algo a un blanco que viene de paso sin haberlo intentado antes con los propios poderes locales y la gente que tiene dinero en la ciudad. Evidentemente no hay respuesta. Mientras tanto el presidente del gobierno se pasea por el país con su helicóptero y su sequito y los consumos asociados. El dinero existe, otro asunto es su distribución y quien lo maneja.

Valery, una enfermera suiza que está haciendo su estage como profesional  viene hasta nuestra furgo a visitarnos. Hablamos sobre los conceptos de solidaridad y de la sorpresa que África siga sin cambiar después de tanta ayuda recibida a causa del predominio de la desidia. Seguimos insistiendo en nuestros puntos de vista cuando surge el tema, lo cual es frecuente, y hasta ahora nadie, en particular los nativos, nos ha cuestionado lo equivocados que podamos estar. Hasta ahora ningún blanco ni negro nos ha discutido nuestro punto de vista crítico de la solidaridad incondicional a fondo perdido con la que Europa ha acostumbrado a África a la sopa boba. El caso es que se nos pasa el tiempo y no voy hasta donde el recinto de las soeurs a avisarles de que no iremos. Por la mañana  coincido con el coche de las dos con las que hablé el día anterior dentro del mismo  recinto hospitalario de St. Jean de Dieu. Entiende perfectamente que hayamos preferido quedarnos en este lugar y no en el suyo, bastante más deficitario.

Pasamos el resto de la mañana en el lugar hablando con unos y con otros. El frere Nicolas Sale,  enfermero,   responsable de un pabellón de chambres (a 3000+2000persobna y día pensión completa) nos invita a comer. Nos invita a compartir su mesa, en el refectorio al lado de la furgo. En realidad no tenemos hambre porque hemos desayunado tarde. El anterior grupo de comensales ha terminado y la compartimos solo con él y con un familiar de un enfermo. Comemos arroz con salsa no picante, bebemos de nuestra propia botella y yo acepto un pedazo, solo uno, de carne, del boeuf que ese mismo día han descuartizado a golpe de cuchillos y hacha en el patio. Hay matanza una vez a la semana. El hospital tiene unas 220 camas pero están alojados unos 300 enfermos, muchos de ellos, en espera, pasan la noche en el patio y de acuerdo con la cultura tradicional de venir dos o tres miembros de la familia a auxiliar el enfermo sus habitaciones se pueblan de visitantes con aspecto de hacinamiento.

Por la tarde vamos a la hora acordada al local anexo al Clac para la conferencia que debíamos dar sobre solidaridad y déficit, doble  tema  en el que de de alguna manera ligamos las objeciones a la solidaridad europea  con la critica a la desidia autóctona que se mantiene permanentemente a la espera del papánoelismo. Jean Marie no ha hecho absolutamente nada. Solo una entrevista con alguien del colegio de al lado para confirmarle lo que ya sabíamos que los estudiantes están de vacaciones y no podían ser avisados. Según el asistente cultural el único público interesado eran ellos. No se ha ocupado pues de hacer panfletos o de divulgarlo de alguna manera por radio donde, según él, hay que pagar por anunciar actos culturales. En cierto sentido el compromiso desde la semana anterior con este acto nos ha hecho quedarnos tantos días en la zona. De no haberlo tenido habríamos cambiado de geografía mucho antes. Aún así, quedarnos no nos ha molestado. Tanguieta tiene recursos y lugares calmados. Además la tarde tuvo otra improvisación. Nuestro único público asistente fueron las tres free lances conocidas el día antes. Aprovecharon para entrevistarnos y filmarnos sobre nuestro periplo africano. Cuando nos ponemos en manos de entrevistadores me siento invariablemente torpe. No me libro de la sensación de que están más ocupados en los aspectos técnicos: sonido, luz y tiempo que no en lo que estás diciendo. A cada enlace entre un párrafo y el siguiente noto el empujón instantáneo a retirar el micro o a dar señal de stop de la filmación. Con todo, la entrevista salió redonda. Puesto que de todo lo que digas en una entrevista de este tipo van a cortar, en el caso de que lo seleccionen, el fragmento que más les interese, no hay que tomárselo demasiado en serio.

Tras la segunda noche en el recinto del Hospital por la mañana nos acercamos hasta el auberge Baobab a interesarnos por los precios. El lugar está muy bien. Nos acogemos al desayuno continental, a una paillote para nosotros solos, ventilador de palas en el techo y tensión eléctrica.

Antes de dejar Tanguieta trataremos de comprar  un tipo de cincha de metal que un mecánico de motos nos localizó como alternativa a la provisional de nylon negro de los souflet, los acordeones del demi-arbre. Se trata de una espiral de dos vueltas flexible y adaptativa. Los problemas más complicados tienen las soluciones más simples. No entiendo como en el recorrido de establecimientos en Lomé nadie habló de este tipo de brida.

 

Nos estamos quedando sin aventuras que contar. Empezamos a formar parte de la aventura que más nos faltaba: la vida cotidiana y rutinaria en un país extranjero. Durante otros viajes de larga distancia, el de Turkia-Georgia de verano encontrábamos a faltar la parada de más de dos días en los lugares. El continuo trasiego de carreteras y quilómetros nos tenía en danza permanente. A partir de este viaje africano hemos empezado a conceder más tiempo a las ubicaciones de más de una semana. Estamos en clave tranquila, seguimos retozando. Después de Tanguieta retomaremos la misma carretera hacia el sur por la que llegamos. Direccion: Parakú. Estamos obligados a encontrar

53. Tras los espacios

53.Tras los Espacios. Tanougou 22 marzo 2008

El campamento de cazadores al que llamamos auberge y que se llama en realidad  Chasse Pendjari hace de teatro particular para nosotros durante unos días. Vic y yo, pareja astronáutica sin escafandra donde las haya, hacemos records de permanencia en lugares sin salir cuando todo lo que necesitamos es tranquilidad. Tanguietá vuelve a ser otro lugar  donde la pista señalada de blanco en el mapa no nos permite continuar mucho más allá de Tanougou en la ruta de Batia y del parque. Aquí dejamos pasar los días. Los empleados son distantes y correctos y desde el tercer día compartimos el escenario con otros clientes que resultan ser españoles: Iñigo Vélez y su suegro José Luis, de Alicante. Nos cuentan su peripecia con el hombre que contrataron antes de tomar los vuelos vía Paris para llegar a Cotonou. Por el camino desde la capital beninoise se les averió su vehículo y la búsqueda de uno alternativo los metió en medio de una discusión de intereses contrarios entre un taxista y los otros. Después de una hora de discusión llegaron a los golpes. El suegro es cazador y ha venido a por trofeos que llevarse a España. Por la mañana temprano ya habían traído el cadáver de un antílope majestuoso con una cornamenta negra brillante. Los entendidos han dicho que era viejo y ya se había retirado de la manada porque estaba en las últimas. Los pisteros dicen a que presas se puede disparar. Tienen que cumplir el requisito de ser machos y viejos. La bala humana acelera lo que la naturaleza está a punto de concluir. Lo que tiene la  caza deportiva de salvajada no nos impide reconocer que tiene unos valores añadidos. La caza supone una entrada de dinero que se revierte en la conservación de los mismos parques y por tanto en la protección de los animales salvajes viviendo en libertad. Hay un control de estado para acabar con la furtiva (cuyos infractores pueden pagar con años de cárcel).

No puedo entender como alguien coge un avión en Europa o en los USA, se planta en África, se cobra unas presas y luego las embala para colgarlas en las paredes  como sus máximos trofeos. El protocolo exige no preguntar esto a la primera de cambio al cazador que conoces. José Luis es un ginecólogo que  va por su octavo viaje a África. Ha facturado sus rifles y ha apalabrado todo antes de venir. Viene a tiro hecho. Su yerno ha venido con la consigna de la hija de este: la de no pegar ningún tiro o no lo dejará entrar en casa. Bien hecho. Ellas siempre los tienen bien puestos. Iñigo viene a ayudar un poco como intérprete. Tampoco tiene la vocación de matar. Lo invitamos a te y hablamos una parte de la mañana. Recuerdo un par de anécdotas en mi vida disparando contra seres inocentes. Una con mi escopeta de balines que probé apuntando  a un pájaro y le di. Me sentí absolutamente estúpido. Otra, más justificada por las circunstancias, acompañando al cazador con una escopeta de 12 para abatir un papagayo en un momento aciago y de hambre en medio de la selva amazónica. No me sentí menos estúpido, mucho más cuando sus pocos cientos de gramos de carne nos los tuvimos que repartir entre seis. Matar intencionalmente nunca ha sido mi fuerte. Aunque ese verbo también incluye acabar con insectos que vienen a molestar y en eso hago una excepción: no tengo el menor reparo en sacármelos de encima con un manotazo o aplastándolos. Eso no me convierte en un cazador. Espero. El tamaño importa. Las dos siguientes incursiones que han hecho  José Luis y su troupe de oteadores buscando otra lista de presas han vuelto con las manos vacías. (nuestras oraciones han sido escuchadas). Durante la cena compartiendo mesa pero no los pinchos de carne del antílope, a José Luis le sentó mal alguna cosa y no pudo continuar ingiriéndola. (¿castigo kármico del hades de los espíritus de los antílopes?).

En la paillote de la mesa comunitaria trato de conseguir electricidad para mi ordenador. El grupo electrógeno funciona discontinuamente y los refrigeradores también. Incluso aquí, lugar de una cierta categoría, hay que implorar las bebidas frescas.

Nos acercamos hasta la cascada donde está el campement  Relais. Le pido a Guillaume, el biólogo del parque que viene a controlar los resultados de la caza, que lleve con su moto a Vic. Yo recorro la distancia de  poco más de medio quilómetro a pie. Hablamos con la colección de comerciantes que como arañas con su tela a la expectativa están más aburridos que una ostra. Solo nos gastamos 2000 cefas pero los reunimos entorno a una conversación sobre las diferencias entre precio y valor.

De regreso al campamento de cazadores podemos instalar nuestros ordenadores en la única mesa de comedor aprovechando que el grupo electrógeno ya está en marcha. Pseudosaciamos la sed con las minúsculas bebidas de 30cl.le presto un rato el mío a Viviane, una de las camareras.

La vida sigue el ritmo apacible de los paraísos. Nadie viene a fustigarnos, ningún sentimiento de inseguridad, ningún ajetreo de vehículos. El todo terreno color camuflaje en sus idas y venidas frecuentas de la zona de muertes  es un dato pintoresco. Un asiento principal en la parte de atrás para los cazadores, los rifles colocados delante de ellos en un porta rifles sin olvidar el trípode de apoyo, los conductores y los de atrás como parte del séquito de apoyo. Después de la visita al campamento Relais, mucho más concurrido que el nuestro: safari Pendjari, nos damos cuenta de haber elegido el mejor a pesar de tener menos sombras. Tiene unos cuantos arboles dispersos y jóvenes, son tecas con hojas grandes pero poco abundantes. Puesto  que ha habido nubes y viento el calor no ha sido tanto, la temperatura soportable., los mosquitos missing. Teníamos planes de quedarnos  hasta cinco noches y días completos pero tras las cuarta nos fuimos. Kikí, la mánager en ausencia de Willy, su marido, se reveló como una amazonas de las finanzas y guardia pretoriana de  protección del grupo electrógeno. Tras vernos ocupando la única mesa de comedor con nuestros ordenadores poco antes de la cena, con la más inadecuada de las frases para tratar clientes, nos dijo que los desconectáramos, cosa que ya estábamos haciendo con el despliegue de platos y vasos. Inmediatamente la cena que le habíamos encargado a René, el cocinero, en ese momento la anulamos y le pedimos la cuenta. No nos gusto la forma de la tía  y reaccionamos en consecuencia. Toda la amabilidad de la chica de la primera noche balbuceando algo de español le había desaparecido. Poca atención dentro de un mánager de un gran negocio acostumbrado a grandes cifras (se le supone)  Hicimos un cotejo de las cifras nuestras y suyas. Solo hubo una diferencia de 1000. Pagamos un totales de 17mil cefas por ocupar el espacio. Claro que nuestro modo de ocuparlo: despliegue de hamaca para la siesta y nuestra mesita de aluminio para las comidas además de usar el ordenador en el comedor, le dio pié para dudar de nuestra moralidad. inmoralité? Pregunte para que me confirmara la palabra. Pues sí, confirmado Jes y Vic son  unos amorales incluso para Kikí no solo por ser usuarios de explanadas de iglesias también por usar las de los auberges. Ha sido la primera no-onda en toda regla con un nativo africano por no sabemos muy bien qué. De haber estado Willi, con más visión de mercado,  posiblemente eso no habría pasado. El estaba interesado en hacernos un buen precio para hacerle propaganda del sitio. En lugar de eso no lo vamos a recomendar encarecidamente aunque sí tienes todas las ventajas dichas y las duchas funcionales Los espaguetis de René al punto y las pomme sautés, también. René por cierto le ha pedido correspondencia personal a Vic, siempre que yo no me enfade. A Vic siguen saliendo admiradores ahí donde va. René nos contó un poco de su vida. Tiene dos esposas en Cotonou que viven por separado cuando él esta desplazado por razones de trabajo, aunque de joven sufrió un ictus, que le dejo una cojera bastante disimulada, por estrés profesional.

Como siempre todo hay que hablarlo al detall, incluidos los imprevistos. A partir de ahora las próximas veces que usemos próximos lugares, desde el bar más misérrimo al local más majestuoso pediremos a priori que nos concedan la conexión eléctrica a cambio del consumo. Inexplicablemente creen que la energía necesaria para accionar un ordenador portátil debe ser la misma que la que se necesita para toda la iluminación  del lugar con algunos cientos de watios repartidos por decenas de lámparas, una lavadora en centrifugado permanente o que ´se yo. A Kikí le explique hasta donde pude un par de cuestiones de electricidad y traté de hacerle  entender que gracias a su actitud perdía además de unos clientes el beneficio de las cenas que habíamos  encargado un rato antes y anulábamos por  su actitud y los siguientes días que íbamos a estar y no lo haríamos. No me importa en absoluto, nos contestó. No era cierto, sí le importaba y mucho. Si se enfadó por el consumo de unos céntimos de franco, en realidad por nada, ya que el grupo electrógeno consume lo mismo con una parte o con todo su potencial de watios de salida agotado. Si alguien va por sus instalaciones con ordenador portátil que recuerde nuestro precedente. En cuanto a apuntarlo todo a una lista de pago demorada para satisfacerla  al final resulta más complicado repasar las cuentas el último día que pagar consumición a consumición.  No fue así en Chez Alice, pero ella es una suiza con métodos suizos. El lugar ,de todos modos, tiene su valor micro climático a pesar de Kikí. Por las mañanas sopla el viento salvo tras una noche de lluvia y un aerogenerador acabaría con las suspicacias de una lince en electricidad como ella. Lo admitimos: nuestros hábitos de vida no tienen porque complacer a todo el mundo. Más bien complacen a pocos. Montar nuestra mesita para desayunos y comidas y montar una hamaca entre árboles le debe haber parecido un exceso de recursos para la cuota de 1000 diarios por estacionar el vehículo. En efecto lo son.

 

 

52. Neo-viajando

52. Neo-viajando. Tanguieta 19 marzo 2008-Tanougou 21 marzo 2008

Desde que el mono desnudo  sintió  frio y necesitó descender de los árboles, erguirse y usar algo más sus manos para buscarse la vida, su radio de exploración no ha parado de crecer. Desmond Morris lo describe convincentemente. Su primer viaje bien pudo ser el que va de la rama al suelo. La necesidad determinaba el movimiento. Antes que un homínido, una ameba también podría haber  elaborado esa teoría si hubiera tenido cerebro para ello. Necesitar algo que no se tiene cerca te lleva lejos. Esa es la esencia del desplazamiento. Los trasiegos del ir y del venir  responden a la lógica aplastante de la supervivencia. Desde los pequeños desplazamientos urbanos a las  grandes odiseas, éxodos y diásporas que recoge la historia, un bípedo andante (eso incluye cuando va en autobús, metro, taxi, bici, patinete, monopatín, tren, carrilete, silla de ruedas, funicular, trenecito minúsculo para niños en parques, triciclo, moto, quak,  coche, tractor, o la espalda humana cuando eres bebé africano a  bordo de tu mamá)no para de moverse  tras sus deseos y los objetos que necesita, esto implica ir tras las geografías y las personas que se los puedan proporcionar. No hay mayor lógica que la de ir hasta el pozo a suministrarte  agua si su conducción no te llega hasta tu cocina o ir a una zona fértil a cultivar si la tuya está esterilizada con sal porque un tipo llamado rey te castigara así o ir al encuentro de experiencias y trato humano a países distantes que no puedes encontrar en el tuyo.

El viaje no lo ha inventado el viajero moderno ni viene así categorizado a partir de una determinada suma de lugares y países visitados. Desde que hay movimiento hay viajes. En la loca sociedad urbana hay taxistas, camioneros, autobuseros  y ambulancieros con cuentaquilómetros que rondan el  millón , lo cual dividido por unos 40mil, a ver, a ver, da para unas 25 vueltas al planeta y que sin embargo no se han movido de su zona o de unas pocas zonas en las que han desarrollado sus actividades profesionales . De todos los viajes clasificables el que se repite cada día, así toda una vida de trabajo, para ir del punto A al punto B y del punto B al punto A, siendo A el domicilio y B el trabajo, constituyéndose en el recorrido más estable a parte de otros trayectos menos usados, en la mayor de sus rutinas, la coherencia no es precisamente lo que más brille en su ritmo. El dios dinero detrás de ese calendario rutinario amordaza la mente para pensar en algo más. Puesto que el concatenado de  la premisa de trabajo-dinero-satisfacción es incuestionable pensar en otro prisma es imposible para una mente con las neuronas contadas.

 Pasarse horas en los metros, trenes y buses a parte de dar tiempo para practicar caras de gusarapos no da para mucho más. Después de siglos de haber sido inventada la imprenta sigue siendo una minoría la que utiliza estos tiempos muertos para leer o para entablar conversaciones interesantes o si ha tenido la llamada búdica hacer de santón transfigurado y practicar la levitación en loto  postural sobre el asiento compartido.  Durante mi vida de viajero de cercanías tomando cada día el tren, no recuerdo demasiadas conversaciones de interés que entraran por casualidad en mi campo acústico procedentes de compañeros desconocidos de trayecto.

Tenemos pues el concepto Viaje: corto o largo, rutinario u original, cotidiano o episódico, compartido o solitario, que busca satisfacer unas necesidades y luego tenemos el concepto Viajero cuya variabilidad de perfiles va desde el que solo necesita unos pantalones cortos, zapatillas y tshirt deportivos y una tarjeta de crédito en el bolsillo para así correr de Kiev a Faro, porque eso es lo que le mola; al mochilero de autostop que  se convirtió en una icona del asfalto europeo y norteamericano. Se puede viajar de cualquier manera y prácticamente a cualquier parte. Si no llegas un día llegas otro. Contarle al no viajero el significado del viaje fuera de rutinas es muy complicado. Resulta más económico desistir y abandonarlo a sus 13 obsesiones. En general, el prurito del por qué racionalista del que interroga, con las picanas de descargas eléctricas en una mano y la cachiporra en la otra, acerca del sentido de un viaje,  no hay respuesta que lo satisfaga, ni libro de aventuras que lo colme. A ese interrogador le podrán más sus interrogantes que no recibir la fluidez de una experiencia distinta a las que ha conocido. Probablemente de niño no tuvo la suerte de leer cuentos o de tener una abuela barra abuelo en la familia que le excitara la imaginación. Quien pasó la etapa infantil sin dedicarse al mundo imaginario difícilmente podrá tener una vida adulta en la que recoger sus réditos.

Viajar sin un plan trazado, como el de los itinerarios propuestos por una agencia de viajes, es una manera distinta de viajar. No saber donde dormirás a la noche siguiente no solo en cuanto a recinto sino tampoco en cuanto a población o levantarte muchas mañanas y tener que recordar por un instante si estás en una población u en otra, o incluso en un país u otro, tiene sus regustos recónditos. Forma parte de la lógica de la improvisación, algo que para quien quiere tenerlo absolutamente todo asegurado y previsto, incluida la vida eterna, no le puede entrar en la sesera.

 Si el viajero del punto A al punto B, que bien puede ser el que va de casa al templo y el del templo a casa, se pregunta por el viajero de larga duración que no tiene suficiente con las letras de su abecedario para describir sus itinerarios, declara en  ese otro su incoherencia pega bastante con aquel de la viga en el ojo propio y la paja en el ajeno. De la leyenda jesúscristiana nos ha quedado esa poderosa evocación plástica. Ya entonces, pero cabe especular que desde mucho antes, siempre hubo gente  entregada a hacer picadillo a los demás sin ponerse a pensar que su body no serbia ni como carne enlatada para mascotas.  El único modo decente de practicar la crítica es con la autocrítica. Me continuaré riendo de los demás y de sus barbaridades cuando toque porque yo soy el primer objeto de análisis y autopsia crítica en mis observaciones. ¿Vale? El viajero, al tomar distancia de sus orígenes, sus compromisos  cotidianos, su casa, su barrio, su familia, y de  la sociedad  ordinaria de pertenencia de la que conoce sus controles experimenta un éxtasis cuasi teresiano, una especie de libertad sinfónica que lo saca de toda postración y le da alas de avioneta de papel para flotar por encima de la mundanalidad. Es así que viajar significa reexperimentar la libertad perdida y esa libertad te lleva a vivir experiencias que en la vida de ubicado permanente no haces o no te planteas. Es así que en nuestra localidad no somos visitantes de iglesias y en alguna no  hemos entrado nunca  ni entraremos y en cambio de viajeros seguimos con la formula de visiteurs des temples  (desde las catedrales a los corrales pero  cuya lista nos gustaría que fuera extensiva a cualquier otra con un buen patio) que no significa absolutamente nada pero que  sigue sonando bien. Expresión verbal ante la cual los pasteurs o freres o quienes sean ponen cara de ¿lo cuálo? pero que nuestra persuasión les cierra los labios. Ahí donde el catolicismo internacional tiene una pica en Flandes, un edificio congregacional (el vaticano es la primera empresa del mundo en cuanto  poder económico estimando solo el valor patrimonial, artístico e inmobiliario de sus establecimientos) nosotros vemos una instalación, una explanada, un sosiego, una sombra frondosa,  sin quitarle un cierto valor espiritual, ¿por qué no? a partir de devotos convencidos  que hacen sus ritos sin 0olvidar que llenan  las arcas de la iglesia. Mi respeto a su devoción es tal que no tengo ninguna objeción que se arrodillen, se tiren prácticamente al suelo, oren en voz alta cantinelas incomprensibles de contenido mientras yo trabajo en mis relatos con el ordenador sobre el pequeño arrodillador a modo de confesionario que los prêtes de la iglesia de la cueva Ave María en Dassa me proporcionaron dentro de la misma iglesia para hacer uso de la toma de corriente.  Ningún inconveniente por mi parte que unos recen al lado mientras otros imaginen lo que sea a unos pocos metros. Esa es la verdad de la vida: lo que se hace en una habitación puede ser lo opuesto de lo que s hace en la contigua. ¿Irrespetuosidad? Ninguna. Tan solo una tácita demostración escénica de la riqueza plural de conductas del ser humano. No es una manera de tirar piedras al tejado que te cobija simplemente de señalar todo lo que puede albergar el cobijo. De todos modos ahora en África nuestro tejado es el de una chapa de milímetro escaso que nos separa de los cielos y que viene en el lote de la carrocería de nuestra furgo. El viajero que callejea termina por utilizar los recursos disponibles según cada lugar. Estacionar en una calle, como también lo hacemos o en un albergue como también lo hemos hecho, no nos impide criticar la política urbanística de la zona o la gestión hotelera del lugar que vamos como clientes. ¿Por qué deberíamos hacer una excepción con católicos, protestantes, testigos de Jehová, islámicos y el resto de peñas que administran fes y credos a distintas dosis, incluidos los animistas? El común denominador es que siguen metiendo en el engaño permanente a la población crédula lo que no quita la bondad humana, cuando la tienen, de sus sumisos creyentes. Nos ha tocado vivir en un mundo religioso en el que hemos atestiguado como en las culturas y zonas más depauperadas la iglesia más estúpida tiene clientela. En la pista de tierra hasta Kerou una mujer de una de esas iglesitas con un nombre ostentoso, algo así como paraísos de adoración de dios salió a nuestro encuentro para que descendiéramos y la visitáramos. Tener blancos en su recinto aunque fuera por unos minutos lo hubiera prestigiado. Nos excusamos para no prestarnos al cromo. Hay tantas iglesias que pone en entredicho el concepto de virtud de todas.  Puesto que eso significa millones de feligreses y decenas de miles de centros de oración y culto no podemos hacer como si no estuvieran ahí. Nos los encontramos en la calle. Pasamos por delante de ellos. Incluso en el último, en la católica de Tiangueta, el portero nos abrió  la cancela al pasar con la furgo lentamente por delante sin que estuviera pedido pernoctar una segunda noche.  Reconocer la cortesía por un lado no nos impide objetar críticamente el potencial psíquicamente perverso que afecta a todo clientelismo religioso. Los viajeros del futuro, dios mediante dentro de un par de milenios si el planeta no se ha roto antes, que sigan encontrándose templos pero ya reciclados no como centros de rito sino como arquitecturas de visita o recursos culturales, no tendrán que perder el tiempo como lo estoy haciendo ahora con esa digresión de ateísmo militante en el que vengo abundando desde la adolescencia y que mi espiritualidad posterior no ha conseguido devolverme a ningún dios en el que creer aunque su citación como personaje de leyenda  tenga un interés narrativo.

 

En Tanguieta los cybers no funcionan. Parece que es un problema de todo el país. Después de una hora y pagar religiosamente en otro, el del centro de dirección del parque,  sin que tampoco funcionara nuestro billete de diez mil desapareció con Celestin, el encargado del lugar. Reapareció una hora después, sí, una hora, con la vuelta.  Mientras tanto Cecile, una voluntaria del mismo lugar, veinteañera y sexy, se sentó prácticamente encima de mí en la butaca del ordenador central. Mientras progresaban los minutos  y el cuerpo inocente de la chica con la que hablamos de sexo y virginidad con Vic, se nos planteó la cuestión de tener experiencias sexuales con nativos. Mi mano no fue más allá de su nalga para no crear una situación que luego no pudiera resolver.

-de viajar solo, yo las tendría o trataría de tenerlas –le dije a Vic- Si no lo hago es porque sé que no te gusta y lo pasarías mal.

-A mí también me gustaría tener una relación con un negro –me dijo-

Parece que andamos  empatados. Supuestamente nos hemos dado permiso para  ambas experiencias, ella la suya, yo la mía. Los hombres africanos, más que las mujeres, son esbeltos y musculosos. Encontrar una chica  con los pechos firmes y la suficiente seguridad  genital no es fácil. Cecile, que con 20 años sigue siendo virgen, podría ser la ocasión esperada. La invitamos al lugar del que nos hemos hecho clientes, el bar Sowetto, con un jardín  agradable y música de clips africanista de estilo Reggae. Tiene una especie de chapa gigante iluminada  en la puerta que pone Gulder.  3 conocidas suyas se sentaron a la mesa apuntándose a la invitación. La limitamos a ella que es a quien se lo habíamos dicho. Las otras parecieron entenderlo y se fueron sin molestarse. Compartimos el arroz integral que había preparado durante la hora de espera de la devolución del cambio comiéndolo en la misma mesa del bar que aunque se anuncia como restaurant no prepara ninguna clase de comida. Esa es una recurrencia: muchos lugares llamados restaurant no tienen comida y otros que anuncian el famoso cartel romboide de Flag tampoco tienen flag. Cada vez que sucumbo  a una cerveza alternativa, la beninoise, la nigeriana Star, tengo motivos de queja. Incluso la Guiness, la sopa guiness, es para determinadas ocasiones extras.

Cecile nos invitó a su casa y pasamos una agradable velada con su familia en su patio: lugar eje donde se hacen las conversaciones, donde están los fuegos de suelo y donde se come. Probamos el choucoutou, una bebida fermentada a base de mijo. Uno de sus hermanos, Ibrahim, que ha estudiado español y es profesor de lengua en una Primaria, nos puso al corriente de salarios y tasas. Una casa como la suya, que tiene categoría de choza en cualquier ciudad europea, sin  prácticamente muebles, paga 25mil cefas a laño de contribución municipal por una ayuntamiento que no ha hecho nada por su calle  y su salario mensual como  becario es de 45mil francos. Las mujeres de la familia  preparando distintas clases de mejunjes a oscuras con fuegos de suelo y las típicas cacerolas ovaladas  de aluminio fundido pueden obtener 500cefas por día como dinero complementario. El nivel de miseria: total y absoluto. El rato que pasamos  corroboramos que su paz fue radiante y extraordinaria. Su energía de tranquilidad era total. En silencio me sentí avergonzado por las tensiones que como occidentales no dejamos de arrastrar. Vic y yo llevando un reguero de discusiones por cuestiones administrativas del viaje y de nuestro espacio dentro de nuestro habitáculo. Intuí que las discusiones de esta familia en todo un año no deben alcanzar ni siquiera la intensidad de una de nuestras broncas domésticas cuya puesta en escena es más frecuente de lo que nos gustaría.

 

Hemos descubierto un Clac. Estaba equivocado, en Benín también hay un proyecto para extenderlos, pero es en el nordeste el lugar donde están más implantados. Nos hemos puesto a usar uno. El bibliotecario, Jean Marie, nos ha permitido que traigamos nuestra bandeja con el desayuno para que lo tomemos dentro. Le sugerimos que organice una conferencia a nuestro cargo para hablar de Europa y la solidaridad.

Nos abastecemos de agua de bolsas de medio litro que resulta ser bastante mala y también de botellas de plástico de litro y medio,  marca Fifa, mucho más cara, pero más aceptable a nuestros paladares. Compramos un fornó de alambre que venimos viendo desde Mauritania. El que compramos viene de Burkina. Es la alternativa al fuego de picnic que usan los turcos y que compramos en Turquía el verano pasado y usan para el kebab con fuego de astillas. Algo que necesita una devoción turca que nosotros no conseguimos igualar la vez que lo probamos. El fornó de alambre  funciona con carbón y es para las teteras. Debe ser uno de los objetos más logrados para la supervivencia de mínimos.

 

Más noticias de Rafa de Difisa. El envío de la pieza  es de unos 60e y la pieza, el cubre polvos, unos 35. Eso, traducido a cefas, puede dar para despanzurrar otras 8 veces la furgo tal como lo hemos visto las dos anteriores con mecánicos abnegados aunque algo cazurros. Desde las dudas de Lomé hasta ahora hemos hecho casi 1000kms y parece que no hay problemas. De otra parte nos hemos metidos  en una zona de pista  dirección Batia, que en necesidad de rescate o reparaciones la cosa se complicaría más. Nuevas resonancias de origen desconocido de la furgo aumentan  nuestra alarma.

Estamos neo-viajando, en una fase ya completamente distinta de este viaje africano, que por incoherente que pueda parecerle a un ente anónimo que nos ha puesto a caldo (tampoco exigiremos que toda pedrada tenga que llevar  la firma de la mano escondida que la ha tirado), nos está dando una visión multicolorida de  esta parte de África en la que nos sentimos muy cómodos. Nos estamos divirtiendo. ¿Alguna objeción? No hay día sin contacto humano que por muchos motivos es gratificante. Acéptese una primera formulación para encerados con déficit de fórmulas atrevidas. En la Europa chic  una menor cantidad de contactos humanos producen más fricciones y broncas de intereses que en el África, donde el ritmo y la pausa  crean una especie de beatitud permanente. Siempre, claro, que no les des a un africano un volante y un coche o un artefacto que conducir, lo cual lo

 frankesteiza radicalmente. No confirmamos nuestra condición de neo-fenicios, tampoco la de neo-fariseos ni neo-filisteos, por el hecho de haber cambiado unas cuantas gafas de sol baratas por unos cuantos litros de gasoil en Dakhla o haberle regalado unas al soldado de las fuerzas militares descontrolados del norte de Costa de Marfil (cuanto más daño le hagan a los ojos mejor, más errará sus disparos contra inocentes). A los fenicios que no se les toque. Quizás para la visión no panorámica del cliente de altares de la actualidad, un viajero transmediterráneo de aquella época  que cambiara a los de Gadis  palurdos del momento su oro por los espejitos de aquellos, pueden parecer un intercambio abusivo. No estamos al corriente de las bolsas de valores actuales  ni de los precios de los espejos de metal de aquel tiempo, tampoco del oro, lo que sí sabemos es que el valor de una cosa es relativo y mientras al que a unos les sobraba el oro pero las faltaba la imagen biplana  de sí mismos; a los otros, magos del comercio, no desaprovecharon la ocasión, El comercio internacional y nacional sigue haciendo algo parecido. Vender a alguien lo que necesita para obtener a cambio un beneficio ventajoso, Desde que somos neonatos nos dedicamos a buscar el mejor partido a cada situación. Cambiamos de teta empujados por esta idea. Esto es tan cierto como la ley de la gravedad: todo termina por dar con los morros en el suelo por muy arriba, atmosféricamente hablando, que se eleve. En nuestra aventura geográfico-literaria  de neo-hippies, neo-místicos, neo-fantaseados y neo-logísticos no hemos tenido que pasar por ninguna oficina para que se nos coherentice el viaje. Alguien nos ha soplado que el certificado de coherencia lo administra una secta neo-evolucionada de antiguos moralistas que conscientes de que hablar de bueno/malo ya no se lleva porque se les veía el plumero de píos en una mano pero la antorcha de la pira incineraría de brujas en la otra, han decidido sofisticar el lenguaje  poniendo palabras más doctas como coherencia e incoherencia de las cuales la mismísima comunidad científica tiene serias reservas en utilizar. Ahora resulta que hay tocados escapados de confesionarios a los que les encargaron  cien auto latigazos a la carrera antes de devolverse a sus oscuras casas con rendijas en las ventanas, como la de Bernarda Alba, que montan su oficina para los tales certificados. Mientras la ley no obligue a pasar por ellas nos las saltaremos sin brindarles la menor atención  salvo para entresacar el material literario posible con el que pasar por otra vuelta de rosca más a perdonavidas de los que estamos hasta los mismísimos. Señalarle a Cyrano de Bergerac la longitud de su narizota dio la oportunidad a uno de los  más bellos pasajes literarios en los que el atacado convirtió a su insultante en un estúpido en letras al proporcionarle un amplio repertorio de adjetivos y vocabulario de los que carecía, evidenciándolo en su ignorancia. Sí, inspirados por Cyrano, nos reconocemos neo-plásticos, neo-cósmicos, neo-imperfectos, neo-espaciales, neo cilíndricos, neolíticos  y neo-viajeros, siempre que al cajón de certificados timbrados de nuestro moralista  secreto no le suponga ningún estropicio.

En cuanto a regalías, desde que hemos iniciado la fase de sosiego en nuestro trayecto, ni nos piden tantos regalos ni nos quedan tantas cosas para dar. Llevar unas docenas de gafas de sol no fue tan buena  idea. Las gafas de sol  cumplen la función metonímica de representar a la ONG que nos las dio y por extensión al mapa oenegero.  De acuerdo estropean los ojos. Para eso hace falta una condición: ponérselas. De adolescente recuerdo haber pasado por las capulladas de usar unas cuantas de baratillo. ¿Recordáis aquellas que eran  de espejito y te daban un aire misterioso de pijo con alpargatas? No creo que todas ellas sumadas las usara más de 7 días en total. Tuve que aprender por mi mismo que la alternativa al sol para ojos claros no era usar gafas de quiosco. A África las gafas de sol llegaron mucho antes que nosotros y a menudo vemos muchachos con escaparates móviles llevándolas en la cabeza. Se venden. Las traídas por nosotros  son de lo peor que he visto en mi vida, no por ser plásticos de color, (no más terribles que el papel de color de algunos envoltorios para ver eclipses solares) si no por lo mal hechas que estaban, algunas simplemente se rompían al desenvolverlas. No creo que hayan aguantado encima de ningún puente de nariz más de una tarde. El impacto contra la raza humana habrá sido imperceptible. No somos tan malos pero sí hemos aceptado ya que no se puede aceptar donativos de empresas de materiales que les sobran por no tener la calidad suficiente para la venta  y llevarlos a África en lugar de tirarlos al basurero para reciclar, que debería ser su primer y único destino.

 

Antes de dejar Tanguieta concretamos una conferencia para el martes con el bibliotecario en una interesante sala  adjunta y tomamos una cerveza en el bar del stop de Confort bus. Allí  jugamos con los niños, hablamos de escobas con una de las chicas (prefiere la sin palo que la de palo porque con aquella va más rápida en la tarea) y le propongo un intercambio de camisetas a la dueña. La de ella una amarilla con el logo de Flag (sospechaba que terminaría por ostentar una bandera en mi vida después de haber repudiado las  dos rojigualdas, la blaugrana  y la de los boinas verdes) y la mía, una rojo con  un logo de garabato que los genios del fórum 2004 de Barna decidieron elegir. Nos sacamos las camisetas ahí mismo y nos las ponemos usadas. Foto para el memorándum.

Damos un paseo por el mercado, compramos carbón (la teca del fornó) a 100 cefas la palangana y una  botella de granadina para mezclarla con el agua mala y hacerla más bebible. Luego compramos en otra tienda otros 18 litros de agua en 12 botellas de plástico, al menos bebibles, para lo cual hemos esperado dos horas a que abran. Es una tienda que tiene productos de importación, también el agua Evian a 1200 cefas la botella, Venimos confirmando que el agua bebible es más cara que el combustible para hacer andar vehículos a motor.

Con suficiente agua, carbón, fuego de alambre y entusiasmo aventurero nos metemos por una pista de baches hasta Tanougo, 35 kms después. El problema de la pista de tierra no es que no esté asfaltado sino que tengan líneas paralelas elevadas dejadas por las marcas de los 4x4 cuando el suelo esta blando, esto te mete en un ta-ta-ta-ta continuo con una vibración de la que se resiente todo el chasis y que hace desagradable el recorrido por  lento que conduzcas y te encalla la conversación en la silaba más cacofónica: quequequequé me decías? Llevamos a un autoestopista, un joven estudiante, con nosotros. Hoy empiezan sus vacaciones de pascua, que son de dos semanas. Antes de proseguir nos detenemos en la zona de la cascada y pactamos el precio en uno de  los auberges que en realidad es un campamento para cazadores.  Durante la cena de la primera noche  un grupo de hombres con uniformes militares que hacen la guardia del dueño del establecimiento que tiene casi 700 hectáreas en el perímetro del parking  que tiene una cuota permisible de caza de boeufs y leones por año vienen a informar de la muerte de un elefante, tal vez por viejo o enfermo. Hablamos un poco de todo. Es Willi. Su esposa Kikí habla algo de español. Hablamos de polio y de tejido con un amigo visitante que es médico o profesional sanitario Michael. Pasamos un día entero sin salir de reposo y otro más. La altitud del lugar y el riachuelo permite pasar noches agradables en las que podemos dormir de una tirada. Me permito el lujo de una ducha por la mañana y otra por la noche antes de acostarme, también alguna otra extra durante el día. Willi nos ha ofrecido una de las habitaciones, que en principio nos alquilaba por 8mil francos por nada, ya que no tiene más clientes que nosotros. Preferimos continuar durmiendo dentro de la furgo.

 

51. En el universo de los tanteos

51. En el universo de los tanteos. Tanguieta  Benin 18 marzo 2008

Mientras vamos residiendo en la negritud, menos extraños nos sentimos en los lugares por los que atravesamos. A Lonely Planet y sus advertencias de peligros dejo que la consulte únicamente Vic para no condicionarme. De los ataques con knife point de Cotonou ninguna noticia. El resto del país que vamos recorriendo una maravilla. Solo una pega: no entendemos el idioma local y el francés reciproco deja mucho que desear. Benin es un país para quedarse a vivir. La zona de la montaña, lo mismo que en Togo, nos recuerda Europa. Las noches son más frescas aunque el calor diurno es insoportable. Tenemos los ojos puestos en las paillotes. Parece imposible que una tejada de paja produzca fantásticas sombras con las que enfrentar el sol con todo su peso en sus horas mas intensas. La mejor de las lonas ultramodernas no tiene el valor que esos tejados circulares. Hay un sol  de humedad pegajosa  del mediterráneo en las terrazas costeras que son todo chic que no superan los paillotes cutre de estas latitudes.

Antes de dejar Dassa pasamos por la Total para cargar gasoil. Coincidimos con cuatro españolas en un 4x4 conducido por un guía, parece que, francés. Se dirigen a visitar el parque nacional. Ah, pues nosotros también. Nos apuntamos a la idea y en lugar de seguir por la carretera principal tomamos la ruta hacia Natitingou que está impecablemente asfaltada.  Una vez en el parque ya veremos cómo retomamos la carretera principal ya que  la ruta es de pista dura, aquí la llaman  terre rouge, o tal vez, reconsideremos la posibilidad de volver a Burkina., país que por ahora  es el que proporciona más tiempo de visado.

Nos detenemos en un bar fausto en Preketé y después en Djougou, donde instalamos  sucesivamente nuestro despacho ambulante mientras platicamos u poco con los lugareños que nos dan  invariablemente la bonne  arrivée. Para evitarnos conflictos pactamos a priori el uso del enchufe a 100cefas.

No es que ver elefantes y leones sea nuestra mayor ilusión pero venir a África   y no visitar  al menos un parque parece que sería injustificable. La mayor parte de nuestro tiempo se lo lleva  los contactos  con la gente que  no deja de ser una parte de la fauna animal y del gran parque zoológico del planeta. En Natitingou seguimos con nuestro programa de conversos en acción y pernoctamos en otro recinto católico, el de la catedral, cuyo nuevo edificio fastuoso, de hormigón y cemento en cantidad, está en construcción. Por la mañana usamos una de las duchas de chorro, ducha-ducha, en una de las habitaciones. Por la noche hemos preparado uno de nuestros espaguetis al pesto para salir de la rutina de las comidas lugareñas. Por la mañana: desayuno con mermelada al que invitamos al cocinero de la congregación que a la postre ha sido nuestro vecino inmediato de explanada durante la noche. Nos quedamos hasta mediodía con nuestros  textos de lectura y escritura. Vic, con más dificultades que yo para las duchas, se toma su tiempo para la suya. Conversación larga y tendida con Nicolás, el cocinero, sobre coches. Le recomiendo que vaya a Europa y compre su coche de ocasión por 1000 o 2000 euros en lugar de comprárselo a un francés que lo traiga hasta aquí que siempre le resultará más caro: 2 millones de  cefas o más.

De pronto un ajetreo de helicópteros y sirenas indican algo extraordinario. En la explanada de al lado, que es un campo deportivo, aterriza el presidente que viene a visitar a los lugareños, Un rato después encontramos una gran congregación y un montón de vehículos 4x4. La multitud hace los honores al presi con su presencia (he de suponer que sigue siendo el del moustache cantinfliano).Por un momento pensamos en detenernos y asistir al acto, pero ¿para qué? Estamos saturados de actos políticos en que los que lo políticos hablan de actos que aun no se han hecho. En honor a la verdad hemos de reconocer a Benín mejoras en su red viaria que no hemos visto en otros sitios de África occidental.

Seguimos viajando lo cual  no está mal. Once semanas seguidas durmiendo dentro de la furgo empiezan a cansarnos. Sueño con un mes de parada en una habitación de verdad no importa dónde con tal de que la cama sea grande, más que la que tenemos 120cms justos. En Togo vimos un cartel indicando un monasterio benedictino, luego Sandrine nos habló de su estancia en uno.  Nos convendría ir una temporada y hacer  vida monacal, acogiéndonos a su horario y sus comidas as módicos precios.

En Savalou coincidimos con una procesión animista. Cientos de personas primero el grupo de los hombres y a continuación el de mujeres, todas con un tronco en la cabeza se dirigen a la casa de un muerto, cuyo retrato lleva la primera persona de la procesión, 41 días después de su defunción. Posiblemente hay animistas que abrazan el catolicismo sin renunciar a sus costumbres ancestrales. La creencia popular es que el muerto puede volver para vengarse de las putadas que le han hecho. No es cuestión de dejar perderse la exorcización  particular para mandarlo a la quinta puñeta y que deje en paz a los vivos.

Unos 50 kms o menos después de Natitingou, en Tanguieta, una Guiness, una cocacola, la paillote, el ordenador, los saludos y luego continuamos con lo mismo en la primera biblioteca beninoise que utilizamos (en Benin no existen los CLAC de Togo y Burkina). Compartimos mesa con unos cuantos niños que leen sus cuentos en francés y guardan silencio. El ventilador de techo proporciona el dato que faltaba para la perfección. Tenemos electricidad, mesa, calma, sosiego e inspiración ¿qué más podemos pedir? Mientras escribimos la bibliotecaria mira nuestras pantallas. Ese es un gesto al que estamos acostumbrados a pesar de la internacionalización informática. Durante la mañana un par de niñas vinieron a que les enseñara a jugar al ordenador.

Somos transeúntes en el universo de los tanteos. No conocemos los lugares por los que pasamos y hemos de deducir los códigos no señalados (como el del carril de la derecha reservado para los motoristas sin que nada lo indique en Cotonou). Vamos tanteando, a veces con palos de ciego, hasta estar seguros de por donde andamos pisando. Hacer vida normal es nuestro propósito. Vamos a la nuestra, lo cual a veces sorprende a los lugareños por nuestros despliegues de despacho. Antes de iniciar el viaje tenia incorporeizado que debía andar con mucho ojo con el ordenador. La verdad es que raramente lo guardamos en el zulo y lo exponemos en todas partes. Cualquiera que quisiera llevárselo con un grito furioso de amenaza podría hacerlo. He mentalizado qué hacer ante ese evento. Dejaré que mi ladrón se lleve el mío siempre que me deje antes hacer un copy de todo lo último que haya escrito. Claro que también me arriesgo a que se lleve la memoria o el disco externo  al hacerlo. Espero poderme saltar esta anécdota.

Ante uno de los fantasmas que nos espera, el de las lluvias, no tenemos la menor idea de cómo enfrentarlo. A pesar de todas nuestras precauciones en elegir las rutas, no podemos evitar pasar por pistas de tierra. Todos nuestros remilgos iníciales los hemos ido perdiendo, pinchar una rueda e incluso patinar en el barro  no es lo peor que nos pueda suceder.

Noticias de Rafa de Difisa. Ningún problema por enviarnos la pieza que necesitemos al lugar que le indiquemos. Podríamos pedir los dos souflet, que en español llaman guardapolvos y dar la dirección de un taller mientras nosotros nos moviéramos por los alrededores. El del sirio de Ouaga podría ser un posible lugar. Pero hay que ver el tiempo de transporte necesario para la pieza, también el precio. Y lo que es más importante, si su colocación  -el del souflet de brida fija. Necesita alguna herramienta especial para recolocarlo. Mientras tanto no he notado ninguna pérdida de grasa y por si las moscas a la hora de aparcar dejo las ruedas delanteras en posición cuadrada con el resto del chasis y las otras dos y no inclinadas para que no tense esas  gomas. La verdad es que la noticia de Rafa es la del ángel concreto. El otro, el espiritual, tienen mucha jeta.

Vamos al cyber de Planete urgent, una ong con padrinos en Paris, para tratar de enviar y recibir noticias. Tras diez minutos de conexión no conseguimos entrar en una página. El lugar anda saturado y nosotros no estamos dispuestos a pagar el pato como otras veces. En esta ocasión nos negamos a pagar. Al chico le cuesta entender nuestra decisión. Le decimos que consulte con Paris. Volvemos a la mañana siguiente en la que supuestamente internet será más fluido. No hay conexión posible. Nos trasladamos hasta el punto multimedia del sector donde está la dirección del parque Pandjari. Tampoco funciona. Hacemos de squatters de una paillotte cercana con enchufe y ¡Zeus nos has oído!  electricidad.  Despliegue de butaca, desayuno, ordenador. A medio día viene alguien sorprendido que abre la casa de enfrente. Con su gesto extrañado nos pregunta qué pintamos ahí, El es el dueño de la casa y el director del parque  salvaje que está a unos 50 kms de aquí Le  contamos que estamos a la espera de la conexión a internet y que nos aprovechamos de la sombra y la electricidad. Le proponemos irnos si le molesta nuestra presencia pero insiste en que nos quedemos. La noche  anterior la hemos pasado en el recinto católico y por la mañana he asistido a las últimas frases de la misa del Père Albert, vicario del lugar, al que le habíamos solicitado previamente  las virtudes de su patio.

Las noticias por la radio de la mañana nos reactualizan sobre los conflictos en Congo y Kenia. ¿No sería mejor quedarnos por aquí y esperar a un continente reparado antes de proseguir? La sola información sobre violencia humana ya tiene algo de demoledor: trae un contenido que nos violenta. ¿Qué día un ser humano al levantarse podrá gozar vivirlo sin noticias bélicas de ninguna parte porque en parte alguna haya muertes por dentelladas fratricidas? Suena un gong y nadie responde.

Entro un momento a una oficina del PTT para saber  el coste de envío de un paquete postal a Europa como información extra por si necesitáramos hacerlo.  Cuesta lo mismo enviarlo al cabo norte que al cabo de Trafalgar. Unos 68mil cefas 20kilos por vía aérea. De la vía marítima no tienen tarifas ni idea. Super caro. Tampoco venimos generando material extra. Tan solo hemos comprado algunas telas, bronces pequeños y alguna cesta. Nos reservamos para la vuelta. Vic, según lo que le pida el cuerpo en el momento dado, comprará cosas para toda la parentela que ella considere y yo sucumbiré con  algunas cerámicas y telas.

50. El blanco discriminado

Yovó: el blanco discriminado. Bohicón 14 marzo 2008-Dassa 15mar2008

Después de hacer unos 30 kms entre pista y asfalto con agujeros (lo cual siempre es peor) llegamos a Bohicón tras pasar por Ketou y Cové, y antes por Pobé y un poco antes, por Ita-Djebou, donde habíamos pernoctado en el recinto de la misión católica, no ya para sentirnos protegidos sino para aprovecharnos de la explanada, la arboleda y la tranquilidad.  En Ketou, a unos 18kms de Nigeria, hemos desestimado acercarnos  hasta la frontera del lado de Nigeria para conocer las posibilidades de obtener la visa en la misma frontera. De ser posible tampoco hubiéramos cruzado por aquí. Seguiremos probablemente hasta Kandi y después volveremos a entrar en Níger. En Bohicón antes de buscar un sitio para darle a los teclados pedimos pernoctar en el recinto de la iglesia franciscana. Loren, un sacerdote de mano fofa, acepta después de consultarlo durante un buen rato consigo mismo. El rato que dura nuestro contacto las chicas y mujeres que pasan cerca hacen ese acto de adelantamiento de pseudo-reverencia y saludo sumiso al cual él apenas responde con un vocablo.

Nos refugiamos en un bar del que somos la única clientela que nos permite conectar el ordenador al enchufe. La corriente eléctrica no es nunca del todo segura. La cortan a menudo. Encontrar un sitio que nos permita trabajar no resulta siempre fácil. A estas alturas ya no contamos con la potencia de la batería auxiliar que se descarga pronto al conectar el ordenador. Solo la estamos usando como luz de lectura. No siempre. A veces nos complace acompañarnos de la luz de las velas como anoche que Vic y yo pasamos bastante rato, sumidos en la absoluta oscuridad del entorno, hablando de la parentela y la gente conocida y amiga, los que están o encontramos en nuestros mensajes de correo y los que no están, que no por eso dejamos de recordar. En el bar donde hemos estrado más de dos horas pretenden cobrarnos por el consumo eléctrico como si hubiéramos ido a conectar un frigorífico. Tras un intercambio de pareceres  admite que la cosa no va así y retira lo 200cfas de más para no perdernos como clientes. En todo caso hemos aprendido la lección. Las siguientes veces que pidamos para conectar el ordenador tendremos que añadir a cambio de las consumiciones de bebidas en el lugar. Por otra parte pactar el pago del consumo eléctrico a priori también nos lo podemos permitir.

Estacionamos la furgo dentro del recinto de la paroise de St. Francisco de Asís, una figura admirable le decimos a uno que nos viene a dar conversación. Por la noche asistimos a la avalancha de feligresía que ocupa una buena parte del patio ya que el interior de la iglesia está abarrotado. El catolicismo arrasa.

A la mañana siguiente una troupe de feligresas con la escoba sin palo barre el suelo. Hay un acontecimiento excepcional: la concentración de miles de jóvenes para hacer un estudio de la carta pastoral del último papa: talleres, cánticos y todo lo demás. Un gran camión viene a primera hora con cientos de butacas de plástico que descarga para la efemérides. Nosotros hemos pasado una noche fatal por el ajetreo de varios mosquitos en nuestros oídos. Visito la capilla y la gran iglesia. Asisto a un espectáculo que se repite: mujeres que no solo se arrodillan ante el altar sino que se inclinan completamente y besan el suelo o están en la posición de inclinadas durante un buen rato con la cara a un palmo del mismo. Habría que hacer un estudio comparativo de grados de inclinación del torso y relacionarlos con la intensidad de la fe (no soy experto en eso) pero a primera vista parece que las mujeres se lo creen más que los hombres y su devoción está a prueba de fuego. Supongo que habría que controlar los estragos que hacen toda clase de religiones en la salud social y de alguna manera intervenir preventivamente. Históricamente los estados que han proscrito las religiones no han conseguido gran cosa. Finalmente el creyente siempre tiene la coartada perfecta ante sus innumerables situaciones de no-respuesta en la vida: el señor omnisciente sabrá lo que yo no alcanzo a saber.

Seguimos rodando tranquilamente, por la arteria principal del país, hasta Dassa. Otra sombra de mango, otra explanada soberbia, otra apropiación de terreno de la iglesia católica. Aquí hay una gruta, una leyenda. Pronto alguien se nos pega como una lapa para hacernos de guía a cambio de cadeau. Visito la iglesia y me enseña un estanque donde las mujeres van a lavar la ropa en agua turbia. Como dato curioso un cartel en francés que prohíbe el acceso a las mujeres en periodo de menstruación y con vestidos de color rojo. El chico barre con la escoba sin palo lo mismo que la troupe de las mujeres de Bohicón, donde, por cierto, el único avistamiento que pude constatar de pere Loren por la mañana fue a bordo de una atrotinada mobylette que para ponerla en marcha necesitó ser empujado por una de sus fieles. El hombre lanzado a la carrera no hizo ningún ademán de darle las gracias. Al menos este no ostenta el tipo de cochazos con los que suelen navegar los curas por sus diócesis. No siempre. Los 4 popes de negro que vimos nada más entrar en Georgia el verano anterior a bordo de un jeep militar de color verde reciclado daba otra nota al tema de la espiritualidad eclesial. No en vano, en castellano simple se dice: vives como un cura. Hay que venir a África para ver la completa envergadura profética de tal afirmación. En Dassa, en la Total, el gasoil no llegará hasta después de mediodía procedente de Cotonou. Entre qué decidimos lo que hacer y ponernos al día con los deberes elaborativos, estrenamos el bote de mermelada de fresa que compré en el supermercado en Portonovo. Sucumbí a la memoria de las exquisiteces que dejamos antes del estrecho de Gibraltar. Tampoco es cierto, todavía nos duran dulces con yemas de huevo de Aurora.   

Ahora estamos rodeando  muy pocos quilómetros por día. Menos de cien. Hacer el quíntuple o más tampoco significa viajar más. El viaje es algo relativo. El suelo geográfico es solo una excusa para cambiar de ambientes y encontrar  lugares  lo más agradables posible donde seguir practicando nuestra clase de vida.

Todavía no sabemos con exactitud lo que vamos a hacer. Además de la auto observación mecánica del vehículo toca considerar el tema de las lluvias. Desde antes de mediados de marzo el clima ha empezado a cambiar. Muchos días están cubiertos de nubes y puntualmente hay descargas de agua. Toca considerar también el buen número de países que hemos dejado de ver del lado oeste y las dificultades del lado este. Seguimos viajando pues sin plan de ruta, una intolerable falta de su denominación en tiempos en que todo el mundo habla de sus hojas de ruta. Viajar también es esto: saber dónde  empieza tu recorrido pero no por donde sigue, aunque esperamos, sí, poder seguir cumpliendo con el calendario en cuanto a terminarlo.

En la explanada de la iglesia de Dassa hay unos cuantos supervivientes que viven del cuento. El que quiere hacernos de guía lo neutralizamos con un bolígrafo, una mujer muda, no sabemos si sorda, se lleva como regalo la blusa del traje que encargamos en Lomé. Mme. Blanche  a pesar de tomar las medidas con cinta métrica se quedó corta en la confección de la blusa y se pasó de la ralla con los super-pantalones que me hizo. Espero controlar mejor la situación la próxima vez que encargue otro traje. Vic solo ha podido ponerse la blusa una sola vez y sigue usando los pantalones. Decide regalárselos a la muda. Ella y el del bolígrafo insisten en que le regale el traje entero. Después de una hora, ubicados en otra parte, todavía viene a insistir pidiendo los pantalones. Vic no le hace caso y ella le echa una especie de maldición. Los católicos practicantes de la zona no dejan de ser sincretistas entre el  cristianismo y  el animismo. La mujer proporciona el ejemplo ideal de los resultados nefastos colaterales del hecho de hacer regalos.

Aunque si bien es cierto que el grito pidiéndonos cadeau (por cierto cadó es una palabra incorporada a sus lenguajes nativos ya que no deben tener una equivalente para el objeto regalado que describe) ha ido declinando según van pasando las semanas, no lo es menos que nunca se extingue del todo y siempre hay quien te ve con los ojos de conseguir algo de ti no de estar interesado por ti, por tu procedencia, tu cultura o tu persona. La marca del hombre blanco discriminado es una constante incluso por lo que hace a dar la señal de alarma de su presencia cuando llega a un sitio. Instintivamente hay algo que les mueve a la autodefensa en su presencia mezclada de curiosidad y oportunismo.

En ruta, cuando veo un lugar con agua me detengo para tratar de conseguir una ducha de cubos. Ayer lo hice en una pequeña aglomeración de tres o cuatro casas pero que sin embargo tenía varios grifos de agua traída por tubería. Nadie hablaba francés. Nuestra parada llenó de sorpresa pero también de prevención. Algún gesto de algún adulto fue autodefensivo con un punzón en la mano. En el recorrido desde Pobé la imagen de jóvenes, también mujeres, con machetes en la mano por sus tareas agrícolas, es continuo. Un hombre me lleno un cubo grande y me indicó un receptáculo hecho de cañas donde podía asearme. Nadie vino a importunarme. Vic desestimó tomarse una ducha por las complicaciones que supone. Todavía no hemos estrenado la cortina de tubo en torno a una llanta como modo discreto de darse duchas en lugares públicos. Dejamos el lugar ante la expectación de niños y mayores y tras una ronda de caramelos y recogida de los papelitos. Estoy pensando que ahí donde hacemos eso los africanos deben pensar que traficamos con los envoltorios de papel plastificado. ¡qué super-raros son esos blancos! No son pocas las veces que gritan: blancos, blancos, ¡yovo!, ¡yovo!, al vernos. Es una palabra a medias entre el grito de alarma, un signo de admiración y una llamada ante la presa. Aunque muchas veces, y eso sirve también para Marruecos, nos hemos sentido discriminados por pagar los precios inflados especialmente para nosotros, no lo es menos que en la mayoría de situaciones por lo que hace a consumos ordinarios de bebidas y comidas pagamos lo que paga todo el mundo sin que nos traten de sisear.

 

49. Por el suelo geográfico

49. Por el suelo geográfico.

Cotonou barrio Donateh 11 marzo 2008-Portonovo 13 mar 2008

Cada ciudad, cada país, cada lugar tiene sus códigos específicos que lo distinguen. Cruzas una ralla y todo es distinto. Parece un absurdo. Es un absurdo. Cambias de geografía y te encuentras con los resultados de convenciones implícitas que regulan conductas y detalles. En Togo las campanitas en las mesas de los bares para avisar a los camareros nos llamaron la atención. Las hacen con hierros soldados de los que se usan para armar el hormigón en las construcciones, al menos con respecto al mango. Nos resistimos a usarlas aunque tienen su lógica: a veces el camarero desaparece  en su trastienda y llamarlo con la voz lo hace menos localizable. El europeo no está habituado al grito llano, algo más practicado en África. Tenemos una teoría: una cultura es tanto más primitiva cuantas más onomatopeyas usa y mas evolucionada cuanto menos necesidad tiene de gritar. Es así que los españoles  o los alemanes tienen más fama de brutos frente a los franceses o  suizos por lo que hace a su cuota decibélica. En Cotonou un detalle clave son las scooter taxi. Una infinidad de motos de pequeña cilindradas con conductores que se ponen una camisola amarilla hacen de taxistas. Es la mejor manera de moverse por la ciudad aunque contribuyen enormemente a la contaminación. Cotonou es más ciudad que Lomé y nada más llegar divisamos talleres mecánicos. Es lunes y no podemos acogernos a los beneficios infraestructurales de la Casa cultural china o del Centre Culturale Français. Nos instalamos en un buvette donde pasamos por el ritual de cocacolas-cerveza después de beber leche de coco recién cortado y comer la pulpa. Hemos elegido el bar justo al lado de un monumento a las mujeres que cargan en sus jofainas los cocos. Hay dos mujeres muy jóvenes, la una carga con los cocos por partir, la otra con los restos de los ya partidos. Antes de que esta se vaya el tipo del bar la bronquea por haber dejado algún resto de corteza. Le tira al suelo despectivamente el barredor de mano. Ella limpia todo y mucho más que lo ensuciado. El barredor de mano (unas cuantas ramas finas atadas en un extremo) sigue siendo el más usado a pesar de que la escoba es conocida y de  haber al menos un monumento con una mujer con escoba de palo en Bobo BF. Luego vuelve a cargar su jofaina y se va. Es admirable la destreza de  esas mujeres  con el machete agujereando primero el coco para vaciarle el líquido y después troceándolo para poder arrancar su pulpa a medio crecer. Con un par de cocos a 100 cefas unidad incorporas suficiente energía hasta la próxima comida. El trabajo para recogerlos, cargarlos, abrirlos y trocearlos es mucho para esa cifra insignificante.

Por un momento el gesto soberbio del hombre del bar lo quiero tomar como excusa para no hacer la consumición en su establecimiento y buscar otro modo de protesta, pero para ese momento ya he contraído un acuerdo con la brodeuse de al lado para que nos haga costuras y bolsas de telas con el resto de tejido que ha sobrado de nuestros trajes. Además nos hemos aprovechado de la mesa del bar para comer cinco cocos entre tres. Lo cierto es que los hombres a escala genérica son los que mandan y los que más ociosos demuestran ser y la mujeres las que más trabajan. Esa es una recurrencia de todos los países visitados. En Cotonou vemos por primera vez mujeres vestidas de escaqueo  que hacen de policía o pertenecen al ejército. 

La brodeur sigue más o menos las instrucciones dadas pero abandono mi puesto de control y confío con ella. Eso significa que en lugar de hacer una primera costura en el borde de todo el tejido antes de confeccionar la bolsa la cose directamente sin aquella con lo cual queda menos reforzada. Creo que tal simplificación es un indicativo del síndrome de la costurera. Vic recuerda las muchas escenas a las que ha asistido dando explicaciones semejantes a mi madre, costurera de toda la vida, para reciclar telas para nuestros edredones y cosas semejantes. Aunque tengo menor experiencia con costureras que con mecánicos africanos y he de decir que sus trabajos son más predecibles la impecabilidad es solo una hipótesis. De los trajes encargados el otro día a Mme. Blanche, la camisola de Vic le va tan estrecha que ya tiene decidido darla y mis pantalones son tan anchos de cintura y algo cortos de piernas que me dan un aspecto de payaso. La mujer tomó medidas de mi cintura y del largo demás piernas pero aun así el resultado fue otro muy superior al de las cifras apuntadas. De momento voy con el traje entero puesto. Es lo habitual en África: los hombres utilizan pantalón y camisa del mismo tejido

Acompañé  a Eric hasta el establecimiento de Migración para prolongar su visado de estancia, está en la misma calle que los centros culturales. En la frontera tan solo lo dan para dos días escasos y aquí le dicen que necesitan otros tres para prolongarlo. En los semáforos céntricos hay una avalancha de vendedores de todo; son  muchas secciones del corte inglés sobre piernas: radios, planchas eléctricas, tablas de planchar, de todo. Mientras el semáforo no cambia de color tenemos rato para conversar. ¿pero qué queréis que hagamos con todo esto? No tenemos casa para usarlo. En los postes de los semáforos vemos carteles. Son eslóganes o citas religiosas escritas sobre cartones que son respetados.  En nuestras andanzas mundanas solemos tomar nota de los eslóganes que nos encontramos escritos por los sitios. Es uno de los indicativos de los pensamientos mascados en el país. En Cotonou hay publicidades ideológicas tanto de tipo religioso como civil al cargo del ayuntamiento enseñando hábitos.

Tras un protocolo extraño conseguimos usar la biblioteca del Centre Cultural Français, en la misma calle que la embajada para tener un rato de sala con aire acondicionado, tranquilidad y electricidad. El encargado de sala me dice que le pregunte al del garito de admisiones y este me chuta por segunda vez a un responsable del establecimiento que está hablando con una blanca en la sala de exposiciones. Le pido autorización para usar la sala. Lo concede no sin hacer varias preguntas de las veces que necesitaremos usar la sala. Nuestra condición de transeúntes le convence. La cuestión es que no son pocos los establecimientos públicos en todo el mundo que aun no contemplan tal  fenómeno in crescendo: el de viajeros de paso por las ciudades que necesitan leer o usar las bibliotecas para seguir con sus ritmos intelectuales o sus ensoñaciones meditacionales abundantísimas.  Nos pasamos el resto de la tarde en el local donde coincidimos con Eric que retoma el libro de la cultura du pays du Fons para sacar notas.  Durante la hora de la comida hemos llevado nuestros boles con nuestra propia comida al mismo bar de anoche donde tomamos colas y flag y tertuliamos. El hombre del bar nos ha sorprendido interpretando “cielito lindo”. Vic lo ha acompañado como contralto. Hemos probado los paté, una especie de bollos fritos salados de harina acompañados  de una picada de tomate y cebolla. Exquisitos. Se lo hemos comprado a una  vendedora ambulante que pasa por delante. Las mujeres con las jofainas o las pequeñas cajas-vitrina a la cabeza son el espectáculo continuo de las calles. Su habilidad en el equilibrio es circense. Hemos llegado a ver como al final de la jornada el equilibro de la bandeja sobre las cabezas sigue manteniéndose cuando dos terceras partes o una cuarta parte de todo el contenido ya se ha vaciado y la que queda sigue concentrada en el mismo lugar de partid, por tanto excéntricamente. Amo la  estética de esas mujeres en su forma pausada de andar que se corresponde c0on su forma pausada de hablar .África: el tiempo no existe, al menos no existe como concepto. Todo termina por suceder hagas lo que hagas. La convicción  popular africana de este teorema es lo que hace andar las cosas o tal vez lo que no hace andar ninguna del todo.  Visito la sala de exposiciones del centro y luego el patio donde hay mesas de bar y pantalla para proyecciones. Los centros franceses suelen ofrecer cine gratis. No nos quedamos a la proyección del día. Hablamos un rato con unos chicos, uno de ellos hizo su licenciatura en Lagos, los tres nos hablan de la cantidad de asaltantes nigerianos que hay. Uno de ellos, muy nervioso, ve peligros por todas partes y se espanta al decirle nuestro modo operandi en nuestro viaje. Cada vez es mayor el número de gente de una o dos generaciones después de la nuestra que no tiene vergüenza en expresar sus miedos a viajar por libre y pernoctar por los distintos lugares. Otro nos pide ir a España y que no tiene prisa, puede esperarnos hasta nuestro regreso. Ante esas demandas ya no nos molestamos en explicar su incoherencia. Damos nuestra palabra-password para que nos lean y punto, ni siquiera el email.

A la salida asistimos a una bronca descomunal entre un conductor de un 4x4 que ha sido pillado in fraganti mientras conducía hablando por el móvil y los dos policías que tratan de multarlo frente a su griterío efervescente y agresividad (en algún momento ataca a uno de los policías). Estos llevan unos chalecos refractarios con lucecitas intermitentes que les dan un aire de cómicos. Aguantan la avalancha argumental del que ha cometido la infracción frente a un grupo de espectadores. Nos vamos antes de asistir al acto final. Uno de los policías monta guardia en la puerta del vehículo para que el otro no entre y se lo lleve. Seguramente este esquetch representa el África real en aquellos países en que la ley trata de ser regularizada. Otro ejemplo en el que hay que dar la razón a los malos que obviamente no lo son siempre.

Tomamos la autovía de salida que en un momento dado se convierte en peage sin preaviso. Cotonou es la ciudad más organizada de todas las visitadas hasta ahora. Hasta que no ruedas por ella no te enteras que el carril de la derecha está enteramente reservado a las motitos, que con toda seguridad superan las de Ouaga. Es una constante africana que las motos te adelanten por la derecha y se acerquen peligrosamente a tu vehículo. No tocar o chocar con alguien no depende de la probabilística sino de las posibilidades milagrosas de cada momento. A pesar de eso decidimos cambiar de ciudad al anochecer y en hora punta, circunstancias  ambas y cada una por separado de suficiente peso como para no meterse por rutas desconocidas en esa clase de países. A mitad de la autovía elegimos el carril de los camiones para poder salir ya que el máximo de altura de los otros es de 2,5 m y dudo que con nuestros bidones y cofres podamos pasar por debajo. Pagamos el triple por punibles. Unos kilómetros después nos equivocamos tomando la carretera hacia Lagos. Damos media vuelta teniéndonos que detener dos veces en el puesto de duana en el doble sentido. Para cuando llegamos a Portonovo enseguida localizamos un establecimiento católico. Pido por pasar la noche en el patio. N’hi ha pas de probleme. Salimos a cenar al restaurant cercano. Les pommes sautés tiran más a fritas y el espaghetti sencillo excelente. Con el dueño quedamos sin concretar en que le enseñaré dos de mis especialidades: la tortilla  española de patatas, y la tortilla de harina a la catalana (una tortilla que ha evolucionado a partir de mis investigaciones aunque no me consta que Arguiñano y otros afamados cocineros la hayan incorporado a su recetario). En ocasiones nos hemos encontrado con que ofrecen la tortilla española pero que es de Ambas tortillas harían furor en el África pobre aunque ambas necesitarían la importación del aceite de oliva.

  A la mañana siguiente nos enteramos que estamos junto a un colegio. Cientos de niños pasan a ambos lados de la furgo. Una voz juvenil nos despierta al leer nuestra pizarra. Un rato después, Eric  que ha dormido dentro de su mosquitera en el suelo junto a nosotros, viene a decirnos que son las 7:30. Antes de salir de la cama Vic y yo participamos de nuestro rito diario de caricias.  Tras un rato de búsqueda de la llave de la toilette que se nos proporcionó a la llegada  (Eric, a su cargo, la busca por todas partes hasta encontrarla en el suelo de la cabina) el agua está cortada y la ducha no es posible.

Preparamos té y café de nescafé en la misma ubicación. Invitamos a te al contable del colegio. Le pido por recargar mi ordenador. Me ofrece un enchufe pero no una mesa. Estoy unos minutos para recuperar un último texto y guardarlo debidamente en cuanto la batería de mi ordenador no ha dado para más.

Visitamos la ciudad y el museo etnográfico. Pasamos el día entre varios establecimientos: bares y cyber, también un rato en la paroise François Javier donde hay sacerdotes españoles pero con los que no conseguimos hablar por estar en su ronda confesional. Uno de los trabajos de campaña de los curas es ir a confesar a distintos puntos. Cae una tromba de agua que soportamos sobre el suelo enlosado de esta parroquia. Aprovecho para estrenar el paraguas de colores de parchís que compramos y también para limpiar un poco los cristales y algunas partes de la carrocería. Tras la lluvia todo vuelve a relucir. Nos dejamos llevar  tranquilamente por la ciudad. En el hotel de Ville preguntamos para pasar la noche en su recinto custodiado. El hombre encargado acepta tras un si destilado con  una cierta lentitud. Después de una conversación sobre animismo del que es un firme defensor (los muertos vuelven para vengarse) nos vamos al Restaurant Prsident, donde ya cenamos la noche anterior y con quienes convinimos la clase práctica de tortillas.

A la hora indicada una troupe de unos 8 esperan. Para nuestra supresa, todos los preparativos que hemos pedidos que tuvieran en una visita expresa por la mañana están a la espera de nuestra intervención. La cocina sucia pero grande, un par de paellas con mangos de tubo metálico soldados al resto. Hago dos tortillas de una docena de huevos cada uno. La de harina con  unos 35cl de cerveza flag, el resto la engulle el cocinero visitante. Vic, que no puede abstenerse de constituirse en ama y señora ahí donde ve una cocina se desmarca de su inicial de  condición de pinche y se ocupa de una de las tortillas mientras yo hago la otra. A final  hacemos dos tortillas de harina, que presento como tortilla de pobre a la catalana, y una de patatas, la verdadera tortilla española.   No han salido tan mal. Tratamos de montar algo parecido a una celebración en dos mesas alargadas para el equipo. Unos vienen, otros no. Ningún acompañamiento a las tortillas, ninguna iniciativa. Ferdinand, el cocinero, togolais, y otro ayudante toman nota. Willy, el barman  vive encantado la experiencia. La tortilla española triunfa en los paladares africanos, la de harina. Algunos la prueban y la devuelven s la bandeja, sin duda la tortilla de harina necesita más investigaciones. En realidad  se mejora con queso de derretir pero entonces ya deja de ser tortilla de pobre.

Willy no quiere cobrarnos las consumiciones y tras la experiencia y una conversación con el único que se queda en la mesa con nosotros, Ferdinand, para completar instrucciones técnicas y las posibilidades que tiene un local como el suyo para tenerlo lleno cada día en lugar de lo vacio que suele estar nos vamos a nuestro alojamiento por  una noche.

Los guardas del recinto del hotel de Ville nos esperan como si fuéramos de la casa. Pasamos una noche con toda la seguridad. A la mañana siguiente desayunamos en la pequeña cantina del lugar. Luego nos acercamos al hotel Detente para ver las posibilidades de dar un paseo por la laguna con una piragua contratada y alguien que nos lleve. Lo desestimamos.

Cargamos algo de combustible. En Benin el gasoil está a 430 cefas. Aprovecho una fosa de mecánico con rampa para subir la furgo y echar una ojeada a sus bajos. No advierto ningún problema en la transmisión.

 Nos separamos de Eric ahí mismo. El se queda en la Gare Routiere y nosotros tomamos la carretera secundaria para Pobé. Objetivo: recorrer Benín hasta el norte. Vamos pasito a pasito por el suelo geográfico.

 

48. Africanizándonos

. Africanizándonos. Ouidah Benin 10 marzo 2008.

Antes de dejar Avepozo me detengo en la misma tienda de ayer para comprar otras dos abrazaderas metálicas. El chico ha rebuscado en sus suministros para presentarme otro souflet que tampoco es el ideal. Continuamos la ruta hasta Anêho en la frontera. Un embotellamiento de camiones  no nos deja pasar. Nos autoexcluimos de la cola y vamos a pasar  unas horas bajo una paillote. Comemos de nuestra comida, invitamos a aceitunas sevillanas a la concurrencia, alguna de las manos  se lleva la mitad de lo que contiene el bol y damos explicaciones sobre como germinar los huesos para convertir el platteaux de Togo en un olivar. Yo nunca he conseguido germinar un hueso de aceituna, si alguien lo ha hecho que me cuente como. Sin embargo en nuestro pequeño patio, una de nuestras macetas hay, sigue habiendo suponemos,  un plantel de  olivero esplendoroso.

Por la tarde llegamos sin dificultad hasta el doble puesto fronterizo. Es la primera frontera africana que vemos con tanta actividad. Mucho trasiego de personal y vehículos. Me salto la oficina donde dejar el laissez passer togolais (en Níger tampoco lo exigen a la salida) porque todavía es vigente y sigo como un autómata con la lección aprendida el periplo de cinco gestiones en total. A saber: control de personas, el de pasaportes; control de vehículos, a la salida de un país e ídem a la entrada del otro con el añadido del documentito del laissez  passer, la excusa perfecta para el atraco correspondiente. Aquí 5800 cfas. Al menos el recibo tiene impresa la cantidad cosa que no sucede a la entrada de Togo. Todo eso supone oficinas distintas y empleados aburridos que se sumergen en los libros más gruesos manuscritos que se puedan imaginar. Seguramente las generaciones de aduaneros llenando las líneas, una a una de estos libros alargados  deben sospechar que tanta caligrafía aplicada no debe servir de mucho. En las paredes retratos del presidente en funciones cuyo nombre no es lo más importante pero su preludio anunciándolo como excelentísimo y doctor parece que es lo más relevante, la cinta cruzándole el tórax también tiene su encanto y su moustache con un cierto aire cantinfliano lo remata como el perfecto líder de una nación.

Entre tanta bajada y subida del coche en otra coincidencia entre nuestro pasajero y Vic abriendo simultáneamente la puerta lateral se vuelve a estropear aunque en esta ocasión es inmediatamente reparada no sé cómo.  Nadie propondrá a los ingenieros de la Fiat para un nobel en tecnología, ¿verdad? En el paso de la frontera no ha faltado quien con un exceso de servilismo al blanco ha corrido y se ha esmerado a fondo para indicarnos donde estaba el tercer garito donde dejar la pasta y donde aparcar. No me he podido contener una bravata: j’ ai traversé plus des frontieres ce que vous traversairai jamais dans toute votre vie, je connais le protocole.Merci par votre atención, mais nous n’ avons pas besoin de votre aide. El hombrecito se ha esfumado. Todo hay que decirlo cualquier frontera del mundo es mejor que la marroquí desde Sebta, una verdadera escuela para introducir a los nómadas viajeros al mundo que les espera. Turquía, con la que sufrimos lo nuestro en verano pasado, es gloria en comparación a las que nos estamos encontrando cuyo colorido da para mucho entretenimiento. Si alguien anda escaso de imaginación le propongo que venga a vivir una temporada entre dos fronteras como la de Togo-Benin  que comparten explanada y sol y movidas. Cualquier negocio puede triunfar aquí: echadores de cartas, vendedores de bolígrafos y rellena impresos. El encargado de pasaportes me ha pasado directamente los impresos para que los rellene en lugar de hacerlo él. Cada vez que presento el pasaporte de Vic añado su condición de handicapé por su no presencia. Ella vive el espectáculo desde la cabina mientras me ve a mi ir saltando de mesita en mesita de los panoli  como el saltimbanqui que soy. Me he hecho acompañar en toda la gestión por Eric cuyas pintas de hippy alocado (cabellos largos pero flojos y con coronilla prominente: la edad no perdona) he estimado que podían poner una nota de color al sufrimiento del nómada en plena encrucijada burocrática.

Entramos en Benín y nos dejamos atrapar por un cambio total de paisaje. Palmerales, otro tipo de casas con tejados de paja o hierbas, pescadores… De entrada la gente nos parece bastante semejante a la togolesa. Nos sentimos desde el primer momento con total comodidad. Seguimos hasta Ouidah, a unos 40 kms antes de Cotonou,  yo con los dedos cruzados por  los apaños de la transmisión. Aparentemente todo suena igual aunque  el coche presenta novedades : un nuevo ruido relacionado con la puerta lateral que no sabemos exactamente de donde procede y uno de los cristales laterales de los que se abre en forma corredera que no cierra bien. Eso es sumamente peligroso para nuestras pertenencias.

En Ouidah aparcamos en la plaza del baobab (cuya existencia se remonta a 4 siglos atrás) frente al llamado temple des pythons. Coincidimos con una fiesta de vudú, donde un par de demonios o males vestidos de rojo persiguen con una vara a los presentes para darles caña. Nada especialmente diferente que no se practique en otras geografías europeas que juegan a persecutores y perseguidos. Aquí el animismo y la percusión lo ensalzan de otro modo pero básicamente es lo mismo. Nos instalamos en el bar Restaurant le Vatican, el nombre justo para un establecimiento ubicado frente a la basílica que fue una iglesia terminada de construir en el 1909. Un niño espabilado se ocupa de explicarme cosas de las pythones. Tiene madera de futuro guía. Se auto propone para cuidarnos la furgo y aunque estamos sentados a 10 metros de ella monta guardia apoyado en ella. Mientras esperamos la cena que encargamos no picante pero que finalmente viene picante (espaghettis con huevos duros) Vic va al establecimiento católico para pedirles pasar la noche dentro de su perímetro. El pere André nos recibe encantados y a Eric le da una habitación que supera a la de cualquier hotel, con cuarto de ducha privado, ventilador, mosquitera y sábana limpia. Tiene además un despacho al lado del que tomo posición con mi ordenador para pelearme a rabiar con este hache pé maldito. Y es que la batalla continua con las máquinas ni empieza ni termina con  nuestra furgo, sigue con la nikon fotográfico y no es la primera vez que el ordenata me da sustos. Supongo que es su modo de quejarse por meterle mano cada día a todas sus teclas. El caso es que el documento unitario que utilizo de tránsito guardando artículos o emails para colocarlos en el blog o en blogs o enviarlos en cuanto tengo oportunidad de un cyber, al cerrarlo esta mañana con el capitulo anterior de esta crónica algo ha sucedido que a la hora de abrirlo que  Microsoft se ha negado a hacerlo. Al abrirlo con Word pad para recuperarlo la mayor parte de los demás documentos se han convertido a este primitivo programa. Debo haber dado una orden que no he controlado. El caso es que para recuperarlos debo re-guardarlos uno a uno en la versión más moderna de Word. No sé hacerlo de otro modo. En fin otra, espero que pequeña, calamidad. Afortunadamente Vic viaja con su propio ordenata. Otro hp más sofisticado, con pantalla giratoria y táctil. Lo  usa menos que yo y se hace por consiguiente menos el loco. En última instancia cuando  se escacharre el mío (450e en andorra ¿qué se puede esperar?) siempre podre compartir el suyo (si me deja). Al principio me pareció un exceso pequeñoburgués viajar con dos ordenadores portátiles, ahora me parece un seguro. Si falla (o roban) uno siempre puede quedar el otro. Algún otro europeo sea extrañado que nos arriesguemos a viajar con ellos. No hay nada más vulnerable que un extranjero con su ordenador sumido en sus atascos literarios en el crepúsculo en un buvette de barrio expuesto al primer asaltante codicioso con un machete rompe cocos o un martillo de mecánico.

Tras mil kms dedicados a Togo y quince días, la llamada de la parada calma está sonando en nuestras puertas neuronales. Benín puede ser tan bueno como cualquier otro lugar para pasar una temporada. El plan por ahora es recorrerlo  hacia el norte antes de decidir por donde seguir. Nos hemos cruzado, o mejor dicho nos han pasado varios vehículos matricula de Lagos con un rótulo universitario. No hemos visto a ninguno cortando cabezas a los transeúntes desde las ventanas (quizás lo habían hecho en el quilómetro anterior y ahora se estaban enjugando la sangre de las manos). Como siempre los avisos del cuidado nos llegan de distintos lados, también en referencia a Angola donde parece que el trámite de visado es complicado.  La primera libertad, la del movimiento y en consecuencia la de la circulación de personas, no está nada puesta al día por estas latitudes. Mientras tanto vamos africanizándonos, metiéndonos en la piel de la gente con la que hablamos y tratamos.

Visitamos el fort portugués en Ouidah en una visita guiada que se explica todo el proceso del esclavaje en la zona Dahomey Aunque en la última sala la conclusión admite que los reyes locales se prestaron a ella beneficiándose  no los responsabiliza como principal causa. Luego con Eric recorremos a pie la ruta de los esclavos hasta la playa donde eran embarcados en lo que la historia ha dejado como testimonio la porte du no retour. Regresamos a la ciudad cuando ya es completamente de noche. Algunos motoristas nos ofrecen subirnos pero no aceptamos. Es algo acostumbrado compartir viaje y luego el pasajero compartir gastos. Eric paga una especie de deuda simbólica con ese camino que lo recorre descalzo por la arena. Algunos viandantes que lo ven sin zapatos lo bronquean o ponen mala cara.

Luego cenamos en Le Vatican que al fin conseguimos que sirven espaguetis no picantes. Las bebidas están también superfrías. Vamos mejorando. Además nos han guardado un contenedor con la ensalada que nos ha sobrado a mediodía que hemos preparado en nuestro cuenco de calabaza.

Mientras estamos de caminata Vic ha sido abordado por dos chavales muy agresivos pidiéndole dinero. Ha necesitado pedir ayuda a las del bar para deshacerse de ellos. En un libro sobre au pays des Fons  el blanco es descrito como un tipo astuto, lleno de perfidia e insaciable. En nuestro viaje africano la etiqueta de diablo blanco nos sigue ahí donde vayamos. (…y si el niño no se duerme  viene el diablo blanco y ¡zas! se come la patita chiquitita, chiquitita. Duerme negriiitooooo,).

En la basílica de la Inmaculada concepción al lado del patio en el que nos hemos instalado por dos noches entro a una de las celebraciones del domingo. Colorido impresionante. Lección congregacional de convivencia tranquila y de higiene. Todo el mundo asiste con sus mejores galas. Los niños guardan silencio. Después de un rato permaneciendo de pie junto a la puerta de entrada abandono la observación. A favor de los ritos habrá que reconocer el fenómeno adjunto que ocasionan en cuanto a ejercicio de relajamiento, convivencia, belleza y limpieza.

Ha caído otra tromba de agua considerable. Aunque la época de lluvias está anunciada para abril empezamos a tener alguna muestra de lo que puede suponer viajar con el agua cayéndonos encima.

Apenas tenemos contacto con televisión o radio. A ratos sintonizamos alguna local. En Lomé, Nana FM me sorprendió dando noticias de objetos  extraviados, robados, encontrados o devueltos que llevaban directamente a la radio para que los anunciaran y sus  dueños pudieran irlos a recoger.

Lentamente vamos africanizándonos. Vic se ha comprado un segundo traje  de colores y viene usando el que le hizo la modista. Yo también llevo puesta la camisa que me hizo a la medida.

  

Con demora nos llegan noticias de afuera. A la falsa muerte de Fidel Castro le dedicamos un rato de atención,  repasamos su megalomanía, su envío a la muerte segura de  muchos balseros que se acogieron a la libertad de abandonar su país en precarios medios, la prohibición de la disidencia y el encarcelamiento de no poca gente  por el delito de opinión y a pesar de todo una admiración de fondo por ser alguien que devolvió la esperanza de los pobres en  la época de los 60 en los que se luchaba por un futuro.

 

 

III PARTE. 47.Impasse

TERCERA PARTE

 

47. Impasse. Lome 8 marzo 2008

Las noches de los miércoles en chez Alice hay  una performance de música autónoma. Al menos 20 personas nos extasiaron con sus contorsiones, percusión, canticos y sudores, jambees y ritmos. Danzas representativas de trabajos y oficios, en una de barrenderos, en otras de pescadores.  Por fin vi el lugar donde  se mete la energía de los africanos. África inventó el movimiento corporal, la gestualística, la expresión  total. Compartimos la mesa con los franceses: Sandrine. Patrick, Phillipe, Stephan, también alguien más que se añade, Eric. Compartimos nuestro cava con ellos que nos aguardaba en el frigo de la codina dejado dos días atrás. Canals y Nubiola nos trajo sabor catalano-mediterráneo  a nuestros paladares polvorientos.

Jessy se ha interesado por los problemas de nuestra furgo y luego Dominique con quien comparte viaje para la venta de una vieja furgoneta mercedes traída por este. Jessy, un quebequois, me cuenta su aventura con un antiguo Crhisler con el que viajo hasta México. Ahí se le averio y tuvo que cambiar una determinada pieza  relacionada con la transmisión de propulsión para la que no consiguió la sustitución original rompiéndose poco después. Fue un niño de no más de 11 años quien le dio la solución para meter una sustitoria en una chatarrería cogiendo pequeñas piezas  lo más parecidas a  los trozos rotos. Consiguió regresar a su país pensando que se le rompería a cada quilómetro. Finalmente compró la pieza original pero la tenía en reserva a la espera de que se le rompiera el apaño provisional. Unos 20 o 30 mil kms después  vendió el vehículo sin haberla tenido que cambiar. Jessy dio al clavo cuando  nos dijo que nosotros tenemos problemas de ricos, que en África es más fácil hacer reparaciones con coches viejos, cuyos modelos han tenido la oportunidad de conocer y de encontrar piezas de recambios que con nuevos como el nuestro. Sí, no sé de donde saco los argumentos para tanta preocupación. Un coche es solo un coche. Como curiosidad aritmética he calculado por cuantos cefas deberíamos vender la furgo en caso de que tuviéramos que desprendernos de ella. No menos de 13millones. ¿Quien tiene esa cantidad aquí? Las pizarras de la carretera de agencias inmobiliarias que anuncian alojamientos y propiedades en venta ofrecen por menos de esta cantidad villas (con la misma palabra que se usaba en español para lo mismo). Con Dominique, que está relacionado con mecánicos nativos del puerto, quedamos para el día siguiente para consultarles acerca de nuestras piezas provisionales. Recoge la nota de ellas y quedamos para el día siguiente para irlos a ver. A la hora convenida no aparece. Una hora después tampoco. Jessy nos dice que la noche anterior bebió más de la cuenta y que probablemente no aparecerá. En efecto, no volvemos a verle el pelo ni da señales de vida. ¿Alguien tenía dudas de por qué se dice despedida a la francesa?

 

Conversación con  Eric Duchier, otro francés incorporado a la  clientela flotante,  brocanter,  que se ha tomado tres meses de vacaciones, Hablamos sobre africanidad, violencia. Coincidimos en las ideas del  movimiento que en Francia se llama de la Descroissance con el cual se identifica. Durante las vacaciones o los viajes la gente toma distancia de sus hábitos anteriores y se permite la crítica no exenta de autocrítica.

Más de una semana seguida en Lomé, 9 días,  convierte a esta ciudad en la que hemos estado más tiempo de todo nuestro recorrido. Los días se han explicado tanto por la necesidad de descanso como por las atenciones a la furgo pero también por el impasse en el que estamos metidos. Hemos barajado varias veces las posibilidades de Ghana , hacia el oeste, o Benín, hacia el Este. Finalmente decidimos ir a Cotonou y poner a prueba la furgo. Nos esperan sorpresas. Los pequeños detalles de las reparaciones mal hechas o provisorias piden una lista para no olvidarnos de lo que nos tocará resolver en la primera oportunidad competente que encontremos: sacar el aceite de la transmisión y colocar el que le toca, sustituir los dos souflet por los originales, reponer el quinto tornillo de la rueda…Bueno tampoco son tantas cosas expuesto así.

En chez Alice basta alojarse y dejar pasar la gente. Cada mes un escritor metódico  podría tener una novela terminada con los distintos personajes que pasan. Nadie desmerece en importancia. Ni siquiera el francés envejecido y alcoholizado que anda bajo una gorra de visera, unos bermudas y una camisa de colores y anda pasos pausados con los brazos extendidos y las palmas de las manos vueltas hacia atrás semejando un primate. Estamos en una encrucijada endogámica pero nos merecíamos el descanso. Todos nos convertimos en personajes de paso. Tal vez no sea lo más heroico pero convertirse en personajes secundarios de los demás es lo más razonable. Alice es una suiza que lleva unos 30 años en este lugar. Conocida por los viajeros de toda Europa que vienen a África. Sus books caligráficos de cientos de huéspedes lo atestiguan. Cuando le pido que prepare nuestra factura me da uno de los libros para dejar nuestro testimonio de huéspedes.

Hemos pasado 9 noches seguras en el patio del establecimiento con absoluta seguridad, Un par de guardias nocturnos que se la pasan durmiendo sobre tumbonas han puesto supuestamente la seguridad. No creemos que ese tipo de guardias desarmados fueran una solución en caso de robo organizado -probablemente serian los primeros en huir- pero son pintorescos. Podíamos haber elegido alguna de los sititos cercanos al mar pero hemos preferido estar dentro de un recinto. Todas las noches hemos dormido con las dos ventanas abiertas completamente y las de más calor nos hemos bañado literalmente en nuestro propio sudor. Las almohadas y las sábanas empapadas, las yemas de mis dedos completamente  arrugadas como si hubiera pasado la noche en remojo dentro de una bañera. El mosquito de las cinco de la mañana con sus mmiiiiíííízzz que nos despierta. Vengo estudiando el comportamiento de los mosquitos. Confirmo que se trata de una raza superior de una perversión sutil. No solo te ataca en el momento en que estas más indefenso sino que además se ríe de ti permitiendo que la oigas. Elige los codos y las partes de tus antebrazos para alimentarse de ti. Sabe que el menor movimiento de brazos o manos para defenderte lo detectaría en seguida. También te mete su mordedura entre los dedos de las manos y en el cuello. Dormir con una camiseta de mangas largas se hace imposible y la mosquitera todavía no la tenemos resuelta. El  calor insoportable lleva a moverme y a que la mosquitera se despegue del velcro. La alternativa es pinzarla por cuatro puntos en el techo con cuatro salientes que todavía no he instalado.  Las recomendaciones desde Europa de cómo andar vestido (exponer la menor cantidad de superficie del cuerpo a esos insectos) resultan impracticables. En otras ocasiones que he estado en zonas palúdicas ya pasé por el mismo dilema: morir de calor o morir de picotazos. Por ahora las picadas y el volumen de mosquitos tampoco son tanto como para asustarse. De hecho recuerdo más mosquitos en Bamako unas semanas atrás que no en Lomé. Pero siempre hay que contar con este mosquito ruidoso en lo más profundo de tu sueño que te arranca de los brazos de alguna hada nocturna para enfrentar el principio de realidad. El bicho molesta igual fuera de la mosquitera. En ocasiones encendemos la potente bombilla de 20w para dedicarnos a su caza. Cada mosquito aplastado nos da el balance de daños, a veces dejan una mancha negra, nos preocupamos cuando la mancha es roja de nuestra sangre,  Alguien debería escribir un manual sobre  la psicología del mosquito y como combatirlo. No me importaría ser su representante para ventas comerciales. La experiencia con el malarone durante una semana me dejo los antebrazos con una erupción cutánea que atribuí a mi alergia a los laboratorios. También se extendió por parte del tórax. No hay ninguna alternativa realmente solo posicionarse ante un daño u otro.

 Las últimas noches ha dado muestras de cambio climático. Nubes y viento. La tormenta ha dejado charcos en la ciudad. Lomé es una ciudad con todos los síntomas urbanos que le corresponden a las grandes ciudades. Los socavones del asfalto y los piííí-piííí de los coches y mec-mec de las motos te tocan los bajo fondos pero lo soportas como estoico que toca ser.

La división de numero de países entre número de semanas que hice al principio, unos cuantos capítulos después de nuestro recorrido africano me resulta idiota. Cameroun está con problemas. Nigeria era otro nombre  maldito, aunque en el libro de Guest de Alice veo que Charly informa que se van para allá siguiendo su plan inicial. Por email Wariebi Poberi,  nuestro amigo nigeriano de Barnápolis, nos dice que en caso de que tengamos problemas ya nos dará el contacto con su familia pero por de pronto se reserva de hacerlo.

Durante todos los días en Lomé vivo en  la sensación de impasse. Hasta no ver cómo reacciona  la Ducato en marcha no volveré a estar completamente conmigo y averiguar por donde sigue esta historia. La diferencia entre una crónica y una novela es que la segunda depende casi exclusivamente de la imaginación de autor  mientras que en  la primera no eres más que el escribano de un dictado que te va marcando el día a día. Solo tenemos un gran factor a nuestro favor: tiempo por delante. Si hemos de quedarnos en África-Oeste lo único que puede pasar es que pospongamos el recorrido del resto del continente para otra ocasión. Entretanto la vida cotidiana de los detalles nos llena de mezclas y combinaciones curiosas. Claude Ries me dice que en el puerto de Cotonou hay un gran tráfico de coches usados que vienen de Europa en cargos y que eso ha generado una flota de mecánicos para hacerles la puesta a punto. A favor de los mecánicos africanos hay que decir junto a las críticas anteriores de las que no muevo ni una coma, que son los más atrevidos. Ahí donde un mecánico europeo te dice: tíralo y cómprate otro, el africano no se puede permitir este lujo y enfrentar la situación con lo que tiene. Son situaciones donde un europeo se negaría a intentarlo. Ya comprobé algo de eso en Brazil cruzando la selva con un camión-bus que ante un problema todos los pasajeros se convertían en ayudantes de la reparación. Viejas carcasas volvían a recobrar el movimiento  ante la insistencia de sus tripulantes. Probablemente existe un comercio basado en este hecho. Chatarras europeas son llevadas a África para que los mecánicos de aquí hagan lo que los de allá no harían o solo harían con facturas inasumibles. El último salto que ha dado la tecnología hacia el campo informático todavía ha refinado más la profesión de los reparadores, los cuales se han convertido en cambiadores de piezas más que en sus soluciones. Hay dos frases que caracterizan a un técnico de informática; una es: apágalo y enciéndelo- para ver si el problema se resuelve solo o persiste-, la otra es tíralo y cómprate otra pieza sustituta porque el coste del tiempo de mano de obra es superior al coste de la pieza sustituta. En África las piezas de recambio pueden ser tan caras o más que en Europa (no  hay más que ver los precios que maneja Bruno) pero la hora de trabajo (unos 2000cfas) se puede considerar como mal pagada. Es posible que las troupes de mecánicos no sean tales. En el taller de Romeo hay unos 5 muchachos. A cambio de aprender el oficio (es un decir) es posible que acepte tenerlos pagándoles muy poco. Por cierto, cuando este me vio metido bajo la `panza de nuestra furgo le preguntó a Vic. –¿pero es mecánico también? Y luego le preguntó – ¿qué  te gusta de él? (pregunta basada seguramente en la idea de que me metía en todo). Vic, en el mejor piropo de campaña que me ha dedicado en estos meses contestó: tout. No merezco tantos honores. Las ultimas circunstancias nos han puestos en situaciones nerviosas y hemos considerado un montón de posibilidades, una de ellas, la de no dedicar el tiempo inicialmente previsto al continente. La verdad es que el recorrido de toda África se me hace cada vez menos calculable. Llegar al Sur y volver por el índico  exige como condición una seguridad, me refiero a la seguridad técnica con nuestro medio de transporte, que ahora no tengo.  La cena con Pere, Anna y Misse una noche en la casa de Pere de Argentona brindando por un siguiente encuentro en Maputo con el presupuesto de que a él le aceptaran un contrato por cinco años de trabajo para instalaciones de placas solares y el nuestro de rodar al ritmo de 200kms día, me sabe  ahora a brindis idealista. Dentro de las posibilidades pensadas es la de volver a la península ibérica volviendo por los países que hemos cruzado al bajar. Esto solo ya significaría otros dos meses de vuelta teniendo en cuenta nuestro ritmo, las carreteras, los controles y otras incógnitas.

Entretanto las escenas del África cotidiana nos acompañan. Las camareras sirven las bebidas con cestitas en lugar de bandejas; lo venimos viendo desde Niamey.  La costumbre de abrir  la chapa de las botellas frente al cliente dejando la chapa puesta llama la atención. Junto a los vasos, que seguimos sin usar en la mayoría de sitios, sirven una tapa para que moscas y otros indeseables no se suiciden en sus líquidos. En chez Alice los camareros son eficientes. Richart muy atento. Avero por las mañanas el encargado de sacar el agua de uno de los pozos llenar uno de los baldes y llevarlo hasta el cuartito de la ducha. Operación que yo hice una sola vez  debiendo recordar la estrategia para que el balde echado al pozo no flote y se llene rápidamente, algo que no hacía desde  hacía mucho. Las demás veces he dejado que lo hiciera él. Alguno de los muchachos también ayuda a Vic con la butaca y el taburete de plástico, complementos que necesita para sus duchas. A Avero le dimos a lavar unas cuantas prendas de ropa sobrepagadas. Un poco hace de chico para todo. El y los demás forman la parte silenciosa del establecimiento pero son los currantes que realmente hacen que las cosas estén a punto.  Los empleados solo tienen un día a la semana de descanso y trabajan desde primera hora hasta última hora. Antes de dejar el establecimiento nos hacemos fotos con Alice. Eric nos pide que lo llevemos a Cotonou. Aceptamos.

 

46. En ascuas

46. En ascuas.Lomé 5 de marzo del 2008

Tras  varios días de sosiego en Chez Alice cuyos rincones bajo la paillotte dan la categoría de hotel de primera con precios de tercera tenemos la cita con el mecánico acordada desde la semana anterior. Nos ponemos en funcionamiento al amanecer. Llegamos al taller de Romeo una hora antes de lo previsto para evitar que pueda no estar a pesar de tener acordado el encuentro por la mediación de Bruno. Fue él quien descubrió la pérdida de grasa en la transmisión. Al  llegar, en principio todavía tengo la esperanza que la perdida de grasa de la transmisión sea por un olvido de los mecánicos de Sokodé en ajustar la goma del brazo de metal, el souflet. Una vez desmontada la pieza los dos receptáculos de goma a ambos extremos de la barra de hierro están rotos. Evidentemente por la incompetente forma de trabajar de la troupe de inútiles del otro día en Sokodé. Me apresuré a felicitar dándole la mano al maestro de taller que subí tras la intervención que me tuvo en vilo durante más de 5 horas. Arregló –toca decirlo con  la boca pequeña por si acaso- la rotula para desarreglar lo otro. Sin grasa en el mecanismo de transmisión el futuro de nuestro viaje está en suspenso. Peor aún,  el mismo vehículo está en entredicho. Los 70mil kms que tiene son demasiado pocos como para pensar en deshacernos de este y comprar otro aunque tampoco sería la primera vez que con nos deshacemos de uno con una cuota tan ínfima (el Peugeot 106 de Vic con el que colisiono hace unos años en el cruce para Aiguadolç tenía esa cantidad. Quedó para el desguace), De este todavía estamos pagando el crédito que tuvimos que solicitar para enfrentar  los 18mil euros que costó.

Estamos  sobre las brasas de la tensión. Trato de aplicar filosofía de alta intensidad  para enfrentar la situación: toda adversidad –me digo- sirve para el  reciclaje y ayuda  a la experiencia. Finalmente se puede escribir de todo y de cada cosa y transformarlo en anécdota y entretenimiento. Un criterio maestro que anda falto de flema en el momento en que te encuentras metido en un pozo y te quedas sin uñas en sus resbaladizas paredes.  Resulta difícil de operativizar el criterio  mientras estas escuchando los martillazos sobre una de las piezas para separar una abrazadera metida a presión que sostiene uno de los vasos de goma en uno de los extremos del medio árbol de transmisión, que en francés tiene ese  cómico nombre que a mí me suena igual que soufflé. Nosotros sí que estamos empastelados ¿Qué puede pasarnos en última instancia? ¿tener que abandonar  nuestra querida furgo en el país y tener que regresar en avión? No tan aprisa boy. Ni el vehículo se ha caído por un terraplén al fondo de un barranco ni está tan cascado que no pueda andar. Tan solo tiene un par de gomas de nada cascadas y la reparación es provisional, lo mismo que la de la rotula amartillada. (El martillo en lugar de ser la media icono de las banderas rojas del este europeo debería haberse usado como dibujo de las banderas africanas). De las peores pesadillas  en las que un viajero no quiere encontrarse  mientras viaja en coche es la de encontrarse con el coche despanzurrado con mecánicos faltos de herramientas. Es la segunda vez que nos enfrentamos a la misma escena. En el taller de Romeo tampoco hay foso ni hidráulico para levantar el carro. En cuanto a las piezas de recambio, es difícil encontrar las  mismas. Tras la reparación, si consiguen repararlo, antes de viajar más hacia el sur deberíamos poner a prueba el vehículo  durante al menos mil kms para ver el comportamiento que tiene. No puedo evitar estar preocupado por todo el asunto.  De regreso a nuestro alojamiento pensaremos nos toca barajar las distintas posibilidades que tenemos. Me encuentro pesado, falto de movimiento. ¿soy tan adicto al coche? Pues, eso parece. Tengo una sensación parecida a la que experimentamos hace unos años en Netwark en New Jersey cuando Vic y yo estábamos de solilindos teniendo que utilizar transportes públicos hasta Rochester, algunos cientos de millas de New York. Hasta que no alquilamos un coche no recuperé mi sentimiento de la seguridad. Con Vic necesitamos un coche para los desplazamientos más mínimos. Sin vehículo estamos perdidos. Por otra parte tengo nostalgia de otros viajes viajando con lo puesto, o casi, con un equipaje portátil ligero. Desde luego tiene sus limitaciones pero está libre de la responsabilidad de llevar una casa a cuestas. La mayoría de nuestros compañeros de alojamiento de estos días viajan con el transporte público. Tal vez se priven de  poder acumular souvenirs en sus mochilas pero seguro que no cargan con las tensiones por las que nosotros, más yo que me lo tomo demasiado a pecho, estamos pasando estos días.

En el taller de Romeo con el descubrimiento de los dos souflets  rotos me acordé varias veces de Djatoz Benoit, el maestro de la primera explanada taller. También de su hijo  Djatoz Raul que fue el primero que le pregunté si el tema del desajuste de  paralelismo lo podrían arreglar allí. Debía haber esperado llegar a una ciudad importante antes de admitir que tocaran nuestro coche nada más ver las condiciones limitadas de su explanada. Eso lo he aprendido luego. Estaba avisado de que la lógica del trabajo africana reclama ser revisada en cada punto del proceso, pero no  estoy aprendiendo hasta ahora el significa real de eso.  Sin embargo, por mucho que controles una situación para verificar cada pieza puesta, cada tornillo atornillado, tienes que meterte debajo de la panza del auto y verificarlo con tus propias manos. De no hacerlo así supones que los mecánicos han aplicado la lógica a la situación concreta. Divinas palabras ¿lógica aplicada? ¿¡Qué es eso!?

Tuvimos que volver al taller de Romeo (nos fuimos ya con este trato y él dijo que su reparación estaba garantizada para 6 meses) ya que le dije que si encontraba abrazaderas metálicas (que él no encontró o no se ocupó en buscar suficientemente por la ciudad) para los dos souflet volvería paraqué las sustituyera. Además hubo que poner uno de los 7 tornillos de la tapa de cartón duro de los bajos. Eso solo llevó un rato. Fotos con los mecánicos y promesa de meterlos en nuestro blog. Nos quedamos a pasar la tarde en el barrio Cluví, (calles de arena más que de tierra) donde ya somos conocidos después de tantas visitas. El pequeño taller de Marcel esta un par de calles del Romeo y el magazine de Bruno no muy lejos. Aprovechando nuestras visitas hemos encargado a un coutoure que nos haga trajes típicos (pantas y camisa conjuntados con la misma tela) a Vic y a mí. La Madame Blanche se ocupa de ello. A ver… ¿Cuándo fui por última vez a un sastre? Creo que fue por la boda de mi hermano. Eso era a mis 18. Aquí puedes vestirte a la medida, por menos de 3mill cfas te puedes hacer  un traje, precio del tejido a parte que puedes conseguir por otros 7mil. De quedarnos a vivir en Lomé pronto tendríamos un par de docenas de sitios que nos abastecieran para todas nuestras necesidades. Al fin y al cabo es lo que se hace en una ciudad, tener unos cuantos sitios seleccionados a los que vas, de los que te provees y que son tu red de recursos.

En la embajada de Ghana nos han confirmado la necesidad del permiso internacional para entrar con un vehículo en su territorio. De otra parte la representación diplomática española en África es escasa. En Lomé hay un consulado cuyo contacto telefónico solo ha conseguido dar con empleados francófonos afirmando la ausencia del cónsul que está en España y proporcionando el numero de móvil de su colaborador el cual nos remite a la embajada en Accra para hacer o informarnos sobre la obtención del documento, también el de la prolongación del permiso nacional. 

Veníamos hablando desde hacía semanas de ralentizar el viaje y que debíamos integrarnos  bastantes días seguidos en alguna parte para saber de que van las cosas. Estar en ascuas por lo del coche nos ha obligado a eso. La mañana del recorrido por la ciudad en moto, Romeo, conduciendo con los tics de todo loco al volante, yo de paquete jugándome la existencia y encomendado a ese ángel que está missing últimamente con unos de los cabezales del árbol de transmisión en una mano para buscar los souflets de marras, fue una experiencia indescriptible. Ni siquiera los de la Camel superan eso. Tras ir a unos cuantos establecimientos de suministros aprendí algo más del país. En los más chic comprar un objeto, una abrazadera metálica por ejemplo que cuesta 500 cfas, pasas primero por la cajera que recibe la pasta, te da dos copias de la factura y se queda una, luego vas con estas a quien te entrega la pieza que ha sido una persona distinta a quien te la ha vendido. Además de la pieza te lleva un papel por el mismo precio con dos tamponazos. Todo un objeto de la ritualística del control que puedes enmarcar  si eres muy crítico del  naif, pósteres y  otros pintajos para tus paredes.

De haber sabido  lo que sé una semana después no habría confiado el vehículo tal como lo hice a la primera troupe de mecánicos, ahora que lo sé no tengo la seguridad de no volver a caer en otra trampa similar. Hasta que no pasen unos cuantos quilómetros de rodamiento no sabremos el comportamiento de la transmisión y el futuro de nuestro viaje. Espero que no estemos reportando nuestra visita al desguace o algo similar.  Entre tanto he enviado un email a la casa Difisa con un sos. Si están al corriente de las objeciones expresadas en el capitulo anterior (Rafa dijo que nos seguiría. Rafa: mutis a la dirección del concesionario) a lo mejor  no nos atienden debidamente. Parte de la culpa la tiene la misma marca. Fiat no es conocida en esta zona de África. Las marcas francesas están por todas partes. Por otra parte cuanto más nuevo es un vehículo menos piezas de recambio encuentra. Es lógico. Debíamos haber venido con una mercedes de los 80 en lugar de arriesgarnos con un vehículo tan nuevo.

Mientras han ido pasando los días hemos ido descubriendo mas detalles y haciendo vida ordinaria. La gente nos conoce y reconoce. El cadeau-cadeau ha desaparecido como grito de coro. Incluso los ensuciaparabrisas  y los vendedores de paños (100cfas la unidad) de los semáforos nos  saludan. Nuestro paseo con la silla de ruedas por el margen del asfalto (ir por la cuneta es imposible dada la arena) generaba saludos. Cualquier día nos aplauden como héroes nacionales o locos de remate. Habrá que preguntar la diferencia al tribunal de los honoríficos.

45. Fiat en pana.

45. Fiat: En Pana. Fiat Averías. Lome 29 feb 2008

Recuerdo que más de una persona en distintos pasados del pasado al hablar de África habían comentado que cuanto más al sur más te engancha. Togo es una monada. El clima y el panorama cambian completamente en relación hasta lo ahora recorrido. La gente, maravillosa. Nos dejan tranquilos con nuestros asuntos. La insistencia que hasta Burkina mismo hemos ido encontrando ha desaparecido por completo. Su deferencia es correcta, distante, seria. Todo nos parece mucho más organizado: desde los sacos de carbón  y fajos de leña a ras de la carretera hasta la distribución de los poblados. No sabemos si detrás de esto está la influencia del dominio  que tuvo que soportar de los alemanes.

 Preguntamos por un material blanco que venden pelado y a trizas. Es mandioca. Lo probamos en seco. Luego lo compramos en forma de bolitas fritas. En otro punto de la carretera compramos un taco de madera con maneta de una sola pieza que se usa como cuña para los camiones. Nuestro freno de mano sigue sin ser seguro y cuando lo tensiono demasiado luego cuesta mucho desbloquearlo. Temo que se pueda romper.

Dejamos Pya tras pasar dos noches. Antes de irnos usé la ducha de los servicios del primer piso. Nos hicimos fotos con Janette, una de las chicas que durante el día anterior me proveyó de tarjetas prepago de portátiles al informarle  (es una de las ocupaciones supervivenciales mas extendida en pleno boom de los móviles y ella está especializada en eso a las puertas del centro cultural) de que yo hacía colección de ellas. El saludo de despedida de besos de mejilla le sorprendió. También nos despedimos de Clementine, otra mujer con niño y sin marido (los hombres son irresponsables y la cantidad de mujeres con criatura bordo contrasta sorprendentemente con la de los pocos hombres ocupándose de los niño, costurera, muy elegante, que aceptó escuchar la lectura traducida de un cuento reciente de Vic, Mamalú, de los que prepara para participar en los concursos de cuentistas en España.

Pasamos por Kara y luego nos detuvimos en Sokodé donde adoptamos otro sitio como recurso para instalar nuestra mesa y butacas de aluminio junto a una toma de corriente eléctrica. Cola+ Guinness (la cerveza dublinesa ha venido a completar a la flag en mi paladar. Es el doble de cara pero el doble de buena y tiene más  graduación). Llegue a instalar la hamaca por un rato. Tras 4 colas y la cerveza cambiamos de sitio para pernoctar.  Otra explanada del centre communautaire. El guardián nos custodió la furgo mientras cenamos en el bar.

Al día siguiente consulté  a un taller por los tirones que recibía el volante hacia el lado derecho desde hace unos días. Un chico de la zona me habló de que había un taller al lado donde él trabajaba. Tras esperar al chef que dijo que había sido profesor de tecnología en una escuela industrial y que ahora estaba en la retraite y se ocupaba del taller, hice que subiera conmigo para que advirtiera el síntoma. En seguida diagnosticó que trataba de la rótula de la rueda, posiblemente,  del lado del volante ya que los tirones los daba hacia el otro lado. Luego en la explanada del taller  me atreví a colocar la furgo sobre el foso para diagnosticarlo. Eso ya supuso la pérdida de un pedazo de cartón duro  demasiado bajo de los bajos de ese modelo de la Fiat. En lugar de recorrer los poco mas de 300 kms para llegar a Lomé  acepté correr el riesgo de hacer la reparación in situ. Benoit Djatoz, el maestro de taller, me inspiró confianza.  Me ocupé yo mismo de sacar la rueda de esta parte cuyo neumático por lo demás mostraba una erosión mayor del dibujo que las otras tres. Uno de los cinco tornillos de anclaje de la rueda estaba colocado de una forma torcida, al sacarlo con la palanca inevitablemente se rompió. Al problema inicial hubo que añadirle éste que después de 6 horas de trabajo de toda la troupe de mecánicos,  o aprendices, unos ocho,  dedicada a nosotros en exclusiva, no fue resuelto. El resto de la pieza rota continuó clavada dentro. Me fie de la edad y ojo clínico del maestro industrial presuponiendo que seguiría mis instrucciones de sacar la pieza perforándola con un taladro eléctrico. En lugar de eso mandó a buscar a alguien con su máquina de soldar que vino para soldar el cabezal de la pieza a la parte metida dentro. Evidentemente se rompió de nuevo al tratar de descollarla. A la tercera tentativa de soldadura me negué a que continuara por este camino, especialmente cuando su afición al martillo contras el disco me ponía los pelos de punta. Fue aceptada mi propuesta de taladrarlo pero el taladrador vino con un taladro manual. Hizo el agujero excéntrico. Cuando trato de ampliarlo con una  broca de mayor diámetro me opuse ya que se hubiera comido parte de la rosca de la pieza soporte.  Mientras tanto la rótula ya había sido reparado no sé cómo, con toda seguridad a martillazos quedando fija. Finalmente opté por que lo recolocaran todo de nuevo y yo correría los riesgos de mi parte para llegar a la capital para conseguir sacar el resto de la tuerca y tratar de comprar una de repuesto.  De todas las piezas de recambio en las que pensamos traernos  éste viaje, un tornillo de más, se nos pasó por alto. Toda la intervención quirúrgica del coche, en las condiciones más precarias, en un suelo de tierra, con el único auxilio de mi gato, el nuestro,  para elevarlo un poco y un taco de madera, me hizo temer que de esta ya no salíamos. Sí, soy un alarmista. Por un momento plantee la posibilidad a un tractor de camión matrícula BF que compartía explanada y tragedia de distinto orden con nosotros de si nos podrían remolcar hasta Ouagadougou. Uno de los del camión nos reconoció ya que unos quilómetros atrás pasamos por delante de su tráiler volcado en una curva de bajada que tomaría sin demasiado cuidado. Su transporte era de leche condensada. Más de cien hormigas humanas estaban reorganizando la mercancía volcada. El chico nos contó que habían puesto cuatro guardianes para su custodia mientras arreglaban el desaguisado. Lo sorprendente era su cara radiante explicándolo todo.

Las horas que pasaron, con las piezas de nuestro coche sueltas, con uno de los reservorios de aceite volcados, fueron de angustia. Tras las dos primeras  horas de espera en el cyber centro, esperando una conexión a internet que no llegó, y volver al lugar de la intervención viendo al tipo de la soldadura dando unos martillazos increíbles a la pieza circular de sostén de otra a las que va sujeta la rueda empecé a asustarme. Pedí el sostén psicológico de Vic en el lugar de la escena y que renunciara a la lectura tranquila de su libro o lo trasladara a la escena principal. Su poder de inmutabilidad es fascinante. En esos momentos la necesito para que  me apoye con su sentido práctico para ideas de emergencia. Miramos la sección de ayudas en África en el libro que viene con el coche. Lo más cercano en cuanto a grúas y soluciones mecánicas están en Accra o en Ouaga. Durante todo el despliegue de mecánicos y de herramientas, tuve que reconocer mi error de cálculo al aceptar que nos tocaran las tripas unos tipos muy bien intencionados pero bastante torpes.  Con  sus herramientas se cargaron el dibujo hexagonal de un par de tornillos guía para recolocar la rueda y la muesca de rosca de uno de ellos. Tuve que pedir al maestro industrial que rehiciera la muesca. Yo me ocupé de poner los dos. En cuanto a librar el resto de la tuerca rota con un taladro eléctrico cuando éste al final llegó después de mucha insistencia  el rotor estaba tan desequilibrado que el movimiento de la broca tenía forma de tiovivo con lo cual todo trabajo se hacía imposible. Mientras tanto dos de los chicos manaron su sangre por nosotros saltándose la piel de la mano uno,  Raul, el hijo del jefe, y del dedo otro. Nuestro yodo en esta ocasión tuvo una mejor praxis que la de poner a perder el sabor del agua corriente que hemos empezado a cargar  y que por ahora no usamos sino para lavar cacharros o refrescarnos.

El vehículo de los blancos fue la presa del día. Además del pelotón de mecánicos generó la expectación de unos cuantos que hicieron de público. Uno de ellos que dijo ser médico del hospital de al lado cuando nos fuimos se quedó con nuestro taburete de tela, uno de los dos que tenemos, perdón teníamos,  y que sirve entre otras cosas para poner una tabla de masaje encima. Al tratar de recuperarlo dejé claro que el principal perjudicado con actos de esta naturaleza es África más que nosotros. El precio del taburete, uno de Ikea, en España es insignificante, la cara del ladrón está en nuestras fotos.

El problema con la rótula de la furgo no tiene nada que ver con el recorrido africano. Compramos este vehículo en su momento por la insistencia de Vic  cansada de mi vacilación, con casi cinco mil quilómetros hechos y con unos cuantos detalles que advertimos desde el principio, tales como puertas desajustadas, y freno de mano poco funcional, que no me gustaron. No sospeché que pudiera haber problemas ocultos como el del tornillo forzado.  Hasta un diagnostico mayor de la gravedad de la cuestión nuestros planes de continuar con el recorrido van a estar en suspenso. Entre tanto nuestra rabia por la Fiat y por el concesionario Mefisa  de Sabadell  que nos vendió este modelo de Ducato 11 JTD 2.0 que ya ha dejado de fabricarse ha ido en aumento.  Antes de terminar el año anterior habíamos pensado en tomar contacto con el fabricante para proponer algún tipo de subvención a cambio de promocionar la marca. Por falta de tiempo no llegamos a hacerlo. Ni Vic ni yo somos muy dados a gastar nuestros papeles en solicitudes de esta clase aunque nos consta que hay gente que sí los gasta y consigue dividendos sabrosos o consigue que le subvencionen sus viajes  a cambio de cumplir con algunas exigencias como llevar metido el logo del fabricante en todas partes. Bueno eso se puede soportar siempre que el logo publicitado se corresponda con un automóvil que no de sorpresas como la ultima que nos ha dado el nuestro.

Probamos la furgo en un viaje corto hasta Bassar,  hacia el Oeste, carretera que tomamos equivocándonos, tal era mi consternación, en lugar de tomar la de Lomé hacia el Sur. Tras tomar una cerveza semifría (la costumbre es guardar las cervezas en  congeladores que desconectan regularmente con lo cual hay que asegurarse antes de saquen la chapa de una bebida que está lo suficientemente fría) volvimos pues a Sokodé a pasar una segunda noche. Misma ubicación, caras reconocibles. Mismo bar restaurante, y un plato de petits pois sin guindilla, conviene avisar a priori si no quieres poner tus entrañas en una parrilla al rojo vivo. Una bronca entre las dos encargadas de servir a cuenta, parece ser, de exceder su horario, hizo que no nos sirvieran la tercera grande coca cola de 60 cl. Las Coca-Colas son más baratas que las cervezas y aunque no terminan de quitarte nunca la sed por su azúcar al menos refrescan.

A la mañana siguiente utilicé un rato el Clac, o la biblioteca de lectura pública, bajo una colección de ventiladores de techos mientras Vic estaba  desayunando en el bar del centro. Un bibliotecario en su pantalla de ordenador y yo como único usuario en la mesa   a la pared, única disponible con enchufe bajo ella. Tomé una referencia bibliográfica para una introducción a Leopold Sendhor, un nombre indispensable para la cultura africana. Dejamos Sokodé sin pasar por el centro hospitalario para encarar al ladrón de nuestro taburete .Hicimos 3oo kms hasta Tsevie unos 35 antes de Lomé con más o menos seguridad. Por el camino revisé unas cuantas veces la rueda y por el momento no noté ninguna vibración ni rareza. Nos detuvimos en Agbatitoe y nos amparamos bajo la frondosa sombra de un mango cargado de fruta pero hasta abril no madurará. Nos saludaron algunos adolescentes que pasan con un gesto casi reverencial, se acercan y hacen un además como de inclinarse juntando sus dos manos en el pecho y sonriendo, tras lo cual se van. Al rato vino una cierta cantidad de gente con una norteamericana que han sido avisados de nuestra presencia. La chica es Danielle que trabaja en un programa de voluntariado por la prevención del Sida y tiene un compromiso de dos años de estancia. Tras nuestra comida recorrimos las aulas organizadas  bajo techumbres  sin paredes, con encerados y pupitres clásicos. También fuimos a ver como sacan los tubérculos de la mandioca (los chicos) y como los pelan, trocean y meten en una jofaina (las chicas) a partir de la cual  harán tapioca. En una aldea anterior en la que hemos parada a media mañana también vimos el mismo tipo de aulas. En una de ellas le pedí a uno de los niños que se aglutinaron por mi presencia que leyera el texto el francés  que estaba escrito en la pizarra. El profesor vino a interesarse por nuestra presencia. Dejamos nuestra dosis de gomas. A su demanda también le dejamos  nuestra palabra mágica para llegar a nuestro site: jesvicmamor.  Mientras tanto un chico le estaba proponiendo a Vic tener un hijo con ella ya que le interesaba tener un hijo blanco (andaba flojo en el tema de los alelos y la transmisión de los rasgos genéticos) y recorrer el mundo. Vic se enfadó porque el chico no consideraba la premisa amorosa (entre otras como la del umbral biológico de la fecundidad) como indispensable para la reproducción humana.

En Tsevie nos instalamos con la furgo ante  un Cib-Inta para navegación internáutica y consulta de correo. Mientras Vic se enrolló en unos de los ordenadores yo me quedé con el mío portátil dentro de la furgo para terminar de preparar otro pedazo de crónica y juntar los textos pendientes dentro del pendrive para  meterlos en la red. Luego también contrato una hora de internet, la cual se convirtió en una hora de tortura china por la lentitud del sistema y las dificultades en abrir cada site,   insertar artículos, consultar el correo y responderlo.

Por la noche cenamos en un restaurant prácticamente a oscuras en una mesa en el patio. Tras lo cual nos volvimos a ubicarnos  ante el cyber  junto a la carretera para pasar la noche. Al día siguiente continuamos ruta hasta Lomé. Localizamos pronto la casa Citroën para trasladar la consulta de nuestro problema técnico. Después de hablar con tres personas nos dicen que un determinado jefe que se había ausentado pero que nos vio  les había  dicho de no asumir nuestro encargo por tratarse de otra marca. Al mismo tiempo vimos que otras marcas como Toyota eran atendidas en el establecimiento. Consideré un rato la posibilidad de declarar como acto criminal la no asistencia técnica de un coche en pana con uno de los encargados del taller. Tras ese rechazo nos dejamos llevar por la marabunta urbana. Nuestro custodio ángel estaba de vacaciones y ha dejado de ocuparse de nosotros lo cierto es que pasamos por una calle donde hay gente que vende de todo. Detuve el vehículo y pedí un tornillo del mismo paso de rosca. Conseguí  tres usados aunque con una cabeza pequeña, del 17, para la cual supuestamente debería  comprar una llave  de palanca adecuada. Luego en el doble establecimiento de la Renault-Peugeot  planteé  la misma demanda en la búsqueda de un tornillo igual al de origen. No lo tenían. Coincidí con una cara conocida con la que nos hemos encontrado por el camino. La de un tal Fontaine, mediana edad, cabellera larga con cola, poco interesado en la existencia,  que no sabemos muy bien que hace en el establecimiento y no suelta palabra. Lo tratan de monsieur y se ocupa de nosotros. Uno de los empleados  me dice que hay un italiano en la ciudad que tiene piezas de la Fiat. Lo localizamos. Se trata de Bruno Polvzzi. Nada más llegar a su local prepara un café para Vic, el primer expreso autentico de todo el viaje. Bruno tiene una maquinita en el mismo mostrador que atiende a la clientela. Explicado nuestro problema en seguida llama al que nos presenta como el mejor mecánico de  la ciudad. Al rato viene. Es Romeo. Al echar una ojeada a la rueda advierte que está

 perdiendo grasa de la caja de transmisión: gentileza de la troupe de mecánicos de  Sokodé. Me dice que él no puede hacer la operación extractora de la pieza rota pero me acompaña a quien puede hacerlo. Vamos a un pequeño taller donde al menos hay tornos y compruebo que tiene taladro eléctrico y limas. Pacto un precio para sacar la pieza. Le indico a Marcel, el tornero, exactamente como quiero que saque la pieza. Nada de golpes ni de una broca de diámetro alto para no perjudicar la rosca original. Me aseguro antes de empezar el trabajo que tiene todo lo necesario. Esta vez a diferencia de los últimos mecánicos que intervinieron en nuestro coche nos quedamos in situ., Vic leyendo la mar de tranquila con la convicción que todo se arregla y que lo que no se arregle no tiene tanta entidad como para preocuparse por ello, yo investido de mecánico y termino por hacer todo el trabajo. Rebajar la pieza rota significa hacerlo por más de dos horas con brocas afiladas que vayan quitando limadura por su lateral, no por su punta. El trabajo se hace lento y la plataforma de las operaciones es en una calle estrecha sobre la arena. Por fin la piececita se ha convertido en una  pequeña camisa cilíndrica que ¡eureka! se mueve y luego salta. A continuación rehacemos el paso original de rosca y compruebo que admite el tipo de tuerca de origen así como la sustituta de reciclaje  asignada. Aunque he hecho prácticamente todo el trabajo yo le pago de todos modos a Marcel aunque  le obligo a que pague las cervezas él. A la hora de pagar bromeamos con la camarera que es poco habitual que un negro pague una cerveza a un blanco. Marcel me cuenta algo de su vida: testigo de Jehová que no falta a sus clases de biblia después del trabajo. Antes de separarnos me indica donde está el taller de Romeo para  encargarla el otro tema contener y reponer la pérdida de la grasa.

A medio día, con Bruno y su amiga Katia Mazzucato, vamos a comer a un restaurantito popular. La pasta de nyam y el arroz en realidad son incomibles. Dejamos la mayor parte de comida en los platos pero gastamos de lo que habitualmente pagamos.  La conversación sobre África y los africanos es inevitable. Para los europeos residentes por años en el continente, como es su caso, ningún idealismo ni ningún perdón ante la desidia africana. Katia ha escrito un par de libros sobre el mal de  África o el África enferma. Trato él como ella viven solos Ambos nos caen estupendamente por locos y originales. Un tipo que pasa de los muchos que vienen a ofrecernos cosas en venta elige a Vic para dedicarlo una canción sobre los mosquitos que no distinguen entre clases ni nacionalidades que interpreta magníficamente. Bruno le da unas monedas de mano a mano discretamente.  En el establecimiento de él, un local que vende un poco de todo incluyendo bebidas alcohólicas, garrafas de agua  de la marca Voltic, aprovechamos y le compramos 20 litros.  También tiene un garaje que guarda un vehículo de unos italianos. Consideramos la hipótesis de guardarle el nuestro en caso de emergencia por si tuviéramos que volver en avión.

Por la noche nos acompaña hasta chez Alice, lugar de bungalows y camping  que nos recomienda vivamente. Compartimos mesa y cena con más gente. El lugar esta concurrido por extranjeros. Alice es suiza. Decidimos quedarnos unos días para  resolver los temas mecánicos, descansar, reorganizar la furgo en su interior doméstico, bañarnos en el mar, hacer gestiones burocráticas y al menos yo ponerme al día de lo que le debo al ordenador en cuanto producción escrita.

Distintas personas nos dicen que la entrada a Ghana es difícil y que por el momento en varias embajadas no conceden visados. Posiblemente iremos a Cotonou  que está muy cerca y recorreremos Benin. No tenemos un plan seguro y todo depende de lo que le pase a la furgo.

Recibimos un email de Giuseppe  que nos  informa que  él y Alex ya han regresado a Barcelona y que su furgo-hábitat, la mercedes antigua, les ha funcionado estupendamente. ¡qué envidia!

En Tsevie al tratar de hacer la primera foto del día encontré que la pantalla de la nikon no funcionaba. Unos días antes Vic encuentra que su MP4 también dejo de funcionar por la misma razón. La cámara puede hacer fotos  y también descargarlas pero hay que hacerlas encarando la cámara intuitivamente ya que n o se ve nada por la pantalla. Es posible que la cámara se haya estropeado por una típica costumbre de Vic en tirar las cosas en lugar de darlas en mano o por mi error de guardarla bajo el colchón y ser presionada al subir o bajar de la litera. ¿de qué hablaríamos si no tuviéramos problemas?

 

 

44. Como en Casa.

44. Como en Casa[1]. Pya 24 febrero 2008

No hay ningún lugar del planeta del que puedas decir que estás tan bien como en tu propia casa. La casa es tu reino. Es el lugar de tu señorío donde puedes hacer y deshacer, recluirte y pensar, teniendo siempre la potestad de compartirla o no con tus visitantes o invitados. Hacer de nómada de temporada te deja sin el segurizante de ella. Te arroja a las variables espontáneas de cada día teniendo que buscarte la vida para encontrar espacios de sosiego, tus recursos sobre la marcha, tus rincones de retiro y tus tiempos para ti. No puedes viajar con un plan trazado sobre recursos a los que ir o mejor dicho este no es nuestro criterio. Nos dejamos llevar por lo que nos vamos encontrando y en el sentido literal, nos dejamos atravesar por imágenes y sugerencias que están en cada lugar. De pronto hay lugares que nos atrapan por su encanto o su tranquilidad o su gente y que nos hacen sentir como si estuviéramos en casa aunque sea la primera vez que los visitamos.  En Mango fuimos hasta el cuartel de la gendarmería para preguntar pernoctar  junto a su fachada. El chico uniformado tuvo que consultarlo y salió con una respuesta afirmativa. Por la mañana, nada más llegar a la ciudad, preguntamos que nos indicaran la ubicación de la biblioteca y uno de ellos con su motito nos acompañó. Nos parecieron serviciales y muy correctos. Pasamos una noche muy tranquila. A la mañana siguiente nos prestaron su ducha. Luego tratamos de pasar a su ordenador las fotos que nos hicimos sin éxito por carecer de soft adaptativo pero la escena resultó chocante: por un rato estuvimos sentados en una de sus mesas con nuestros ordenadores desplegados y ellos sin perderse ningún icono en nuestras pantallas. 

Antes de dejar la ciudad volvimos a pasar por el Centre Communautaire donde había quedado con Houngla Gilbert Koffi (koffi significa viernes) que le enseñaría el movimiento o de las fichas de ajedrez. Vic y yo jugamos de vez en cuando. Eso ha generado alguna expectación en algunas ocasiones. Si me quedara unos días en Mango  podría organizar un curso de ajedrez. En la barra del bar le enseñé a Gilbert el movimiento de las fichas y luego como poderlo practicar por internet.

Tras nuestro desayuno y repetirnos en los saludos con las camareras y lugareños del día anterior volvimos a la carretera. No nos detuvimos hasta Kande donde buscamos una ubicación para descansar un rato, beber y seguir con nuestras rutinas. Pasamos por el Lycee donde aun siendo sábado las aulas están abiertas para los estudiantes que preparan sus materias. Al igual que hemos visto en distintos lugares de Burkina los estudiantes trabajan muy concentrados con encerados en la pared (también los hay en espacios que no son aulas). Después de la visita nos instalamos en un bar. Cuando se terminó el potencial de la batería de mi ordenador continúe con lo que estaba haciendo de pie en la barra ya que de otro modo la conexión al enchufe no alcanzaba hasta la mesa. Mientras tanto la dotación de un 4x4 de italianos paró en el mismo sitio. Me pareció que iban vestidos de safarianos pero sin el gorro de cazadores ovalado que salía en los cómics. Uno de ellos, con más quilómetros que los nuestros hechos por África describió un panorama desalentador de problemas en varios países. En su lista incluyó además de los que ya tenemos advertidos como lista de prevenciones: Congos, Liberia, Sierra Leona, también a Guinea, Benin e incluso Ghana donde las exigencias burocráticas son, parece que, exageradas (extintor y doble triángulo rojo. Los tenemos. Permiso internacional de conducir y Carta gris internacional. Lo primero lo tenía la penúltima noche en España en Puerto de Sta. María pero desde entonces lo he perdido de vista. Hasta ahora venimos mostrando el permiso de conducir nacional allí donde nos los piden sin ningún problema. En cuanto a la carta gris veremos qué hacemos).Nuestra percepción de Ghana era otra hasta este informante que hacia un curioso chasquido con la boca para poner el énfasis de tensión que le producía cada país que mencionaba. Anna Cirera que se pasó bastante tiempo en Ghana no me comentó nada sobre eso.  Inevitablemente las incógnitas de los meses futuros son muchas y nuestro itinerario será el resultante de un algoritmo entre nuestra voluntad y la fuerza de los obstáculos en contra de ella. Nos previno sobre Sudán y dejó en un fifity-fifty Angola y Nigeria. Puso en un renglón alto los países del sur que ahora nos parecen una fruta muy lejana: Tanzania, Namibia, Zaire,…

De nuevo en la carretera nos encontramos curvas y montaña, algo que apenas hemos encontrado en todo el recorrido anterior. En Pya un suntuoso local, otro centre communautaire, hizo que nos paráramos. Un local de hormigón con un patio central fresco bajo una carpa. Nos hicimos comensales de mediodía y por la noche. Un espagueti estupendo y unas frittes y omelette ídem.

No me arriesgo a pedir carne. Precios tirados en comparación a los que pagaríamos por lo mismo en el ruedo ibérico. África sigue siendo cara en las cuestiones burocráticas y de alojamiento  y barata en las alimenticias. En la mesa un grupo de gente vestida igual, que confundimos con una troupe o coral, nos dijo que estaba celebrando un funeral. Se reían y bebían alcohol. Admirados por su festividad un rato después el hijo del difunto nos invitó a que lo acompañáramos. Vimos Pya por dentro una ciudad interesante con un gran parque. En el centro de la celebración, una buena cantidad de gente bailaba un ritmo muy parecido al que se baila en la rúa de los carnavales de Bahía. Solo les faltaba el pito. Los pasitos eran los mismos. Muchos hombres semidesnudos tenían las caras y tórax pintadas con cenizas blancas simulando nos pareció espectros. El hijo del difunto no supo explicarnos porque. Insistió como unas cuatro veces que hiciéramos nuestras fotos y nos fuéramos. El parecía tener prisa e insistió en que no nos quedáramos solos que podía ser peligroso para nosotros.  Utilizó la palabra miedo varias veces. Una de ellas cuando de camino para la fiesta se paró ante un soldado aburrido en medio de la ciudad que quiso inspeccionar el vehículo pero que al final no lo hizo y lo dejamos con la palabra cadeau en la boca. Luego nos enteramos que el difunto, cuyos retratos enmarcados se movían sobre unas cuantas manos, llevaba unos cuantos meses criando malvas. El chico nos acompaño haciéndonos de guías hasta el asfalto ya a las afueras de la ciudad para que nos fuéramos. Buen rollo pero bastante nervioso y algo tonto. Le aclaramos que no pensábamos irnos y volvimos al centro comunitario donde volvimos a tomar posiciones, usar gratis la luz eléctrica y la toilette. Por la noche ubicamos la furgo  a uno de sus lados en el exterior para pasarla tranquilamente. Al día siguiente descubrimos en el mismo lugar una especie de bar externo sin uso con unas cuantas pérgolas de hormigón y unas mesas que nos sirvieron para pasar el día a la sombra. Clarinete y ordenadores. Como en casa. La brisa nos hizo olvidar donde estábamos. Podríamos estar en ese momento en cualquier otro lugar del mundo haciendo lo mismo. Soy el primero que olvido que estoy en África. Me lo recuerda cuando las miradas y deferencias de los nativos muestran una cierta reverencialidad al blanco, por lo demás todo sigue igual. Algunas mañanas al despertar eh de preguntarme en qué país estoy para centrar de nuevo mis coordenadas.

Con el grupo vestido igual la conversación sobre la celebración de la muerte tuvo sus cuñas personales acerca de si éramos pareja. Dentro de las primeras preguntas que hacen las mujeres africanas es si somos pareja, otra es si tenemos niños. La segunda pregunta  implica que no tienen una idea clara de nuestra edad. Nuestro hijo supera generalmente la edad de quien nos la hace. En cuanto a la pregunta anterior respondemos que sí y eso parece frustrar otra tanda de preguntas. Le propongo a Vic decir que somos compañeros en lugar de pareja para ver si eso da lugar a conversaciones intimistas. Se niega alegando que puede ocasionar equívocos. Estamos en África, sí, pero mientras no conozcamos algunos africanos y africanas en sus universos sentimentales no sabremos de verdad donde estamos.

Un par de hombres de Lomé, Yosef y Mussa, padre e hijo nos invitan a que los llamemos cuando lleguemos a la capital. Ante cada invitación siempre nos toca desbaratarnos de cualquier asomo de prejuicio por nuestra parte y distinguir el matiz de cada registro. Vic piensa que quieren hacernos de guía yo creo que no. Intercambio de teléfonos y modos de contacto. Para hablar de algo hablamos un ratito sobre placas de matrícula. La vieja togolesa es letras y números azules sobre blanco, la nueva es letras y números rojos sobre fondo amarillo y la bandera del país. Un popurrí original y distinguible.

Tras una semana de tabletas de Malarone le damos un descanso a nuestros organismos. No hemos tenido ningún efecto adverso pero preferimos no arriesgarnos abusando de ellos. Todavía estamos fuera de época húmeda. Para entonces supongo que no pararemos de mosquearnos gritando mosquis, el grito preventivo de Hommer Simpson. 

 



[1] http://unviajeexistencial.blogspot.com/2008/02/como-en-casa.html

43. En Togo

43. En Togo[1]. Mango, Togo viernes 22 Febrero 2008

Los pasos del viajero son predecibles por muchas, (vale, dejémoslo en algunas),  aventuras que le aguarden. En el hola-adiós continuos por estar  permanentemente, a veces diariamente, llegando a nuevos sitios le toca pasar por el exploratorio de lo básico: un restaurant, una sombra, un punto de internet, un lugar donde pernoctar, responder al ritual de las preguntas típicas, y –desde que estamos en zona bajo el dominio de los anópheles- echar una mirada a fondo si tenemos algún zancudo intruso dentro de la mosquitera.

Tras nuestra sobremesa de ordenadores nos fuimos al punto de la Poste en Koudougou que prometía haute debit. Teníamos que alimentar la tolva de los dígitos  con más materia prima. La promesa  de la pancarta de la fachada  se correspondía con la velocidad de  los ordenadores  conectados a la única telaraña de la que nos sentimos huéspedes gratos, o arañas saltimbanquis, la triple dobleuve.

Cuando estás lejos de casa tiendes a creer que la gente querida se va a acordar más de ti o te va a tener más presente. Te abalanzas al primer cyber operativo que encuentras esperando todas las respuestas a la anterior tanda de emails. Deliras. Tras un rato de escrutinio con la barra de desplazamiento arriba-abajo pronto adviertes las ausencias y leídos los emails recibidos no siempre están a la altura esperada. Mientras tu estas en otra historia, en otros parajes, tratando de sacar fotografías a buitres o cocodrilos (los de verdad, no lo digo en sentido figurado), algunos emails te persiguen con antiguas historias de temas que se han quedado ya muy atrás. Otros, te desean suerte en tu viaje pero sin profundizar en tus meditaciones. Exceso de teca probablemente. He nacido demasiado pronto o demasiado tarde, ésta época desde luego nunca ha sido la mía.  Para no contaminar las relaciones prefieres dejar de hablar de malentendidos y centrarte en las novedades de la vida. No hay manera más miserable de  perder el tiempo que  la de dejar de vivir el presente para seguir repasando cuentas con el pasado con quienes hacen de piedras pómez sus talismanes preferidos . Hay gente que no te perdona que te vayas por tantos meses seguidos o interpreta con eso una especie de abandono. Otra que ha descubierto que no eres quien pensaba que eras. En fin. Carpetazos y dedicación al momento.

El rato de cyber fue interrumpido por  una francesa histriónica que se encontró con una nativa y gritaron a todo pulmón como si fueran las únicas residentes del espacio. Ella y su compañera habían coincidido con nosotros en el restaurant de la misma calle. Me abstuve de comentar, mais..  sommes nous au discotheque?. Unos minutos después cuando la gala coincidió al lado de Vic en el puestito del ordenador y nos oyó hablar en español, nos dijo como muy sorprendida ¿qué  hasseeen unos espagñoles en África? A lo cual le respondimos. C’ est vrai! N’ hi  ha pas de français par lá, respondimos sardónicos. La mayor parte de extranjeros que venimos encontrando son franceses. Punto en boca, la conversación no prosperó hacia una tercera frase.

Tras  mi hora de cyber y aguardando a que terminaran las dos horas de Vic (más relaciones personales= más tiempo de conexión digital) un chico que nos había abordado a la entrada seguía esperándonos a la salida por el solo deseo de platicar. Quería hablar y hablamos. Los francófonos utilizan la palabra discutir cuando proponen su deseo de comunicarse. A diferencia de los chiapanecos que utilizan la de platicar, la de discutir tiene connotaciones sutiles que escapan al lenguaje hispano para el que discusión es igual a bronca o a crítica sin entrar en diferenciaciones. Mientras Vic iba terminando, el chico y yo  hablamos de electrónica, de animismo y de la historia de su familia, hijo de un rey tribal que se trasladó a Burkina procedente de Nigeria. Me habló de una piedra mágica y del sacrificio del cordero para el cumplimiento de deseos concretos y ofreció organizar un ritual animista expreso si lo deseábamos. Lo desestimé. Me hizo recordar cuando estuve en Bahía que organizaban encuentros de macumba a la carta para satisfacción de turistas ávidos de emociones fuertes. A su solicitud le di nuestra dirección. Bueno, en realidad doy el referente de nuestro blog o bitácora de viaje  donde se puede contactar con nosotros para reducir la cantidad de rato en escribir datos y para cumplir con una demanda que en el fondo no sirve de tanto. El blog lo escribimos en español y ni todo el mundo sabe acceder a él buscándolo desde el Google, ni todo el mundo sabe traducir el texto a su idioma una vez lo localiza. No siempre es así, en Niamey uno de los hombres de la tertulia de la noche anterior vino a la mañana siguiente con alguno de nuestros artículos traducido al inglés. Hemos tomado por costumbre dar la dirección del blog en lugar del email. O más exactamente la palabra clave de Jesvicmamor para localizarlo. Esta ha sido finalmente la sustituta de jesvic habida cuenta de su profusión en la red.  El uno, el blog,  permite dar a conocer más de nosotros, como somos, lo que pensamos, qué hacemos, por donde va nuestro trayecto; lo otro, la dirección electrónica,  simplemente es un procedimiento de contacto, de interés un tanto material. Además el blog permite el contacto puesto que figura un enlace o un email para enviar mensajes personales.

Tras el contacto con el gran mundo, las personas que queremos y que nos quieren de nuestra España querida,(suena mal pero es rigurosamente exacto) nos instalamos bajo una farola en un lugar céntrico, sacamos nuestra mesita y preparamos la cena. Mientras Vic preparaba una ensalada, experta en combinaciones de tomate y aguacate, yo le pedí a uno de los chicos en bici si me prestaba la suya. N’ hi ha pas de probleme. Esa es la formula retórica estable que de entrada significa un sí pero que deja en el equívoco si es un si condicionado a un pago o no. Hacía meses que no iba en veló. La última vez que me llevé el microveló chino a Georgia solo lo usé un par o tres de veces en dos meses y medio. Afortunadamente en esta ocasión lo he desestimado. Muy bien, me monté en un veló escacharrado por un quilómetro con el cinturón de farolitos en mi cabeza. Cuando estoy emocionalmente tocado por algo me descubro haciendo cosas como ésta. Al cabo de un rato lo devolví. Por supuesto el dueño me pidió los farolitos. Entendió mi explicación sobre que los necesitábamos más que él para nuestros paseos nocturnos en silla de ruedas. Después de la cena a pie de calle nos ocupamos de buscar un lugar para dormir. El recinto de la paroise católica es un lugar muy desamparado y poco concurrido, nos pasamos a los contrarios y hablamos con el pasteur de una iglesia evangelista. Ninguna objeción. Pas de probleme.

La iglesia de la asamblea de dios (yo propondría una sustitución de substantivos aportando el de corral) todo un espectáculo. Antes de acostarnos estuvimos un buen rato escuchando los ensayos del coro con acompañamientos de guitarras eléctricas y batería.  Puesto que no entendemos el significado de las estrofas nos parece una música relajante, la única palabra destacable es la de Jesus. Los burkinabé aprecian mucho tal nombre. Cuando nos presentamos los dos, el mío, Jesús,  asociado con el de Victoria, nos convierte en la pareja nominal más solida de todos los tiempos: un combinado de la salvación eterna con el éxito en la vida terrena ante todas las batallas.  Pasamos una noche con absoluta seguridad en un espacio limpio con las sonrisas del guarda y de unas cuantas mujeres que parecían habitar un pabellón. Por la mañana entré un momento en el templo movido por la curiosidad de otro griterío particular, éste más al puro estilo evangelista. Una mujer inflamaba las venas de sus oyentes, solo mujeres, media docena  o poco más que estaban en actitud de acachadas con las cabezas cubiertas con las manos, alguna tirada literalmente sobre el banco. Todo un cuadro del Medioevo sin firma de autor. Oscurantista, triste y doloroso. La misma posición que la de anoche, de los creyentes del mismo lugar, una centena tal vez,  todos hombres, arengados por el pastor. El tipo de meeting es de frases cortas y enérgicas. Tiene todo el estilo de la bronca pública ante la que se someten los súbditos. A cada oración un estertor de fondo de asentimiento. Debe ser algo así, porque sois malos, bauuuuhh, porque no tenéis perdón de dios, bauhhmmm, porque sois unos capullos   bahummmm, porque os tenéis que arrepentir  bauhhummm, pedir perdón  bahummm, arrodillaros   bahummm, porque todo lo que hace dios es justo bahuuummm, que Jesús es la única salvación cogni bahummm etc. Mi  suposición es seguramente injusta  pero la actitud de sumisión absoluta de los creyentes, en lo que sea,  me hace temer lo peor para la salud mental comunitaria de la ciudad. Por otra parte Vic y yo comentamos que el hecho congregacional no deja de tener una energía especial, el simulacro de pertenecer a una ilusión.  La leyenda de Marc 9, 23 rotulada en la pared  me dice que yo también puedo estar de acuerdo en parte con muchos predicados parciales de los que se nutren las religiones. Tout és posible pour celui qui croit. La cuestión es en qué creer. No hay propuesta ideológica que no se alimente de algunas premisas válidas. Lo que toca considerar  es el refrito que hace con todo ello y los resultados finales.

Cuando pedimos amparo en los recintos religiosos nadie nos pregunta si somos creyentes o no como condición sine qua non para su respuesta. Esto va a su favor. Nuestra condición de visitantes de templos, (un templo es un templo, una construcción con una particularidad que deja el mundo afuera y proporciona suficiente sosiego, frescor o lugar de reposo a la sombra, nunca olvidaré que los mexicanos los utilizan o utilizaban para ir a hacer siestas inequívocas: tumbados sobre los bancos) puede inducir a confusión. Somos hijos de la naturaleza, por tanto de la materia, no de ningún dios semental en fecundar paridoras o artesano ocupado en arcillas mal terminadas.

Tras Koudougou en lugar de seguir para Toma y Tougan, en el norte, dirección Mali, que nos aconsejó el último François, vamos en dirección a tomar la carretera central de Burkina, pasando por Poa y alcanzándola en Kokologho. Seguimos hasta Ouagadougou, la ciudad de las motocicletas, donde no nos detenemos salvo para alguna compra en la cuneta y proseguimos hasta Koupela donde tomamos la carretera hacia el sur dirección Togo. Después de deliberarlo elegimos ir hacia  Togo en lugar de ir antes a Benin. La carretera es más fiable. En Tenkodogo nos detenemos para comer. Tomamos tres platos de espagueti entre los dos y desestimamos el couscous que también hemos encargado dándoselo a un niño de la lata. Tras la comida proseguimos hasta Bittou donde decidimos pasar la noche. Ésta vez sí cumplimos el criterio de no aventurarnos a ir a un sitio nuevo de noche. Pasamos un rato en el bar neurálgico de la localidad. Instalamos la furgo ocupando la mitad del recinto donde hay un bar, un lugar de comidas y un cyber. Vic trata de sacar una foto a unos buitres en el tejado  pero un militar o poli sentado en una de las mesas cree que sale en el encuadre y le prohíbe hacerla. Yo me acerco al hombre y convierto a Vic en una famosa fotógrafa internacional asegurándole que él no es ningún objetivo artístico de ella. La foto se hace después. Los buitres no tienen ninguna prisa en deshacer su formación sobre el tejado.

Mientras Vic dedica otra hora de internautita en otro local del recinto yo leo a Pedrolo, ayudándome del farol frontal y hablo con una de las camareras interesado en su peluca. Me asegura que muchas chicas jóvenes las usan aunque no logra explicarme porqué. Cuando termina su turno de trabajo viene a despedirse. Nos damos la mano.

Ubicamos la furgo entre los camioneros. Cientos de traylers. Hablamos con algunos.  Pasamos una noche tranquila. Hago un corto paseo por los alrededores. Algún negro me saluda a su usanza, bon soir le blanc, o bon soir blanc, yo replico a la inversa, bon soir le noir. Pronto añadiré a la alocución un discursito que ya tengo preparado: oui, je suis blanc e vous noir mais ça ne signifie rien, vous et moi nous devons vivre et nous connaitre comme persones. Evidentemente fracasaré. Tanta palabrería agota a cualquiera, mucho más si no detiene su paso para dedicar un rato al concepto con una calculadora de arquitecto o ingeniero en la mano.

Antes de amanecer los  motores de los camiones empiezan a rugir y a enfilar el camino para las panzas burkinabé. Antes de que me dé cuenta ya han establecido una línea sin apenas dejar paso de salida. Un chico ha de apartar una cinta para darnos paso. Paramos en el espacio del siguiente puesto de la gendarmerie esperando a que Vic termine de pasar por nuestro wc portátil y vestirse. Mientras que la noche termina por decidirse de desaparecer un policía viene a pedirnos los papeles. Le explico porque estamos parados ahí esperando que amanezca. Un rato después ya es de día. A 38 kms está Togo. Llegamos sorteando una carretera asfaltada pero con agujeros. Las diligencias de salida en Cinkassé  son rápidas. El kiosco aduanero con dos agujeros, uno para sortir otro para entrer, necesitan ser documentados gráficamente pero no nos dejan sacar ninguna foto con el cartel. El día en que entramos en Mauritania (la única frontera poblado de chozas hasta ahora) un aduanero advirtió como Vic sacaba una foto y saltó literalmente in situ alarmado como si les hubiera disparado con un bazoka. Tuve que demostrarle que eliminaba la foto de la cámara digital para que se diera por contento y restablecer su cuota  herida de poder. El día que se me ocurrió a mi documentar  la avalancha de la clientela en el garito de la embajada mauritana en Rabat fui interrogado por un agente del lugar del motivo de ese acto blasfemo citándome para la salida de mis diligencias para tenérselas conmigo como se merecía mi transgresión. Las imágenes siguen siendo un problema para demasiados guardianes de las mentiras.

Las diligencias para la entrada en Togo fáciles. 5000cfas para el laissez passer. Controles no exhaustivos de nuestras pertenencias. Entramos con el depósito casi  en reserva y lo llenamos en una Total, nuestro establecimiento elegido para todo este viaje (no cobramos comisión por decirlo) 500 Cfas el litro, bastante más barato que en BF.

Un soldado armado nos para pedirnos que lo llevemos. Lo aceptamos en nuestro cubículo sagrado que a partir de ahora habrá quedado contaminado por tener durante una hora o más su fusil ametrallador a nuestro lado. Una de las paces sigue colgada como cortina en el interior, eso sí, con la palabra invertida, no por nada, siempre olvido de darle la vuelta. Seguimos hasta Mango donde nos instalamos en el Centre Comunitaire. Electricidad+flag+cocacola. Somos convidados de piedra a una descomunal bronca de la mujer del establecimiento que se ocupa de las brochettes de pescado con un cliente. En un momento dado están a punto de pegarse. Me junto a los que tratan de atenuar la tensión. Por un par de veces trato de separar a la mujer descomunal de su rol agresivo cogiéndola por la muñeca. La mujer es de armas tomar. No es la primera vez que asistimos al espectáculo de mujeres-dominio dándoles una paliza verbal a hombres prácticamente achantados. Si hay que comparar las mujeres negras que estamos viendo no tienen nada a ver con las mujeres magrebíes.

Con el país cambiado nos sentimos más relajados. La espina de habernos quedado sin recorrer Cote d’ Ivoire no nos la hemos sacado de dentro. No descartamos de volverlo a intentar desde Ghana. He preguntado sobre la cuestión de la validez de la visa d’ entente. El de Ouaga al parecer me mintió. Su validez no se pierde al cruzar Ghana. Veremos.

Cuantos más días pasan más cómodo me siento en el continente. Hay gestos que te  hacen querer a la gente.  En la carretera de vuelta a Bobo perdimos otro de los bidones del portaequipajes. Gracias a las señas de un ciclista con el que nos cruzamos pudimos recuperarlo. Casi estuve por besarlo. Le hice varios regalos.  Ahora los hemos amarrado además de con las cinchas con una pequeña cuerda que está unida a las barras.

En la carretera en las principales ciudades o en los puestos de peaje importantes cuando te detienes  somos literalmente asaltados por un enjambre de muchachos y muchachas llevando de todo. El mercado nos sigue pasando por la ventana de casa. Sus antebrazos y lo que ofrezcan nos invaden dentro de la cabina. En uno de estos puestos compramos 22 bolsas de agua a una de las niñas. Ha hecho su jornal o varios. Son bolsas de medio litro de agua precintadas  que se venden a 50cfas. Las he vaciado en nuestra garrafa de 20 litros. A  los 50 días de viaje agotamos el agua corriente con la que rellenamos nuestros bidones tomada de Larache. Económicamente es más rentable comprar estas bolsas que las botellas de litro y medio, que pueden costar entre 500 y 700cfas. El problema de las bolsas es que es un incordio vaciarlas y mucho mas beber directamente de ellas.

Tras cruzar las fronteras toca recordar dónde estamos y advertir las diferencias. Hay formas recurrentes que continúan y otros detalles que se hacen esperar o que vamos descubriendo sobre la marcha. De entrada la gente togolaise nos parece encantadora. Nos acogen con simpatía y ahí donde vamos no paramos de recibir la fórmula mágica: bonne arrivée. Convertimos el bar del centro communautaire de Mango como nuestro cuartel despacho. Los lagartos están por alrededor con su gesto típico de parar y otear el espacio con un movimiento característico de la cabeza arriba y abajo. Tal vez si nos hacemos amigo de uno de ellos nos lo podamos llevar para que mantenga a ralla dentro de nuestra caracola a los seres más indeseables del universo: los mosquitos. Últimamente nos podemos permitir dormir con una ventana abierta  porque no hay tantos aunque el clima refresca. Desde hace unos días estamos asistiendo a un fenómeno atmosférico de temporada: l’ armatane, una neblina de polvo en suspensión que simula la bruma del vapor pero que son partículas de polvo que vienen desde el norte. El escenario fantasmagórico resultante es curioso. Estamos en plena sabana aunque ningún león nos ha puesto en su  programa de visi



[1] http://unviajeexistencial.blogspot.com/2008/02/en-togo.html

42. Una hora en Cote d' Ivoire

42 . Una hora en Cote d’ Ivoire[1]. Boni 19  febrero 2008-Koudougou 20feb2008

Antes de dejar el Relais pour Touristes, en Boromo, uno de los empleados viene a pedirme trabajo. Me dice que solo gana 15mil francos al mes y con esto ha de pagarlo todo. Teniendo en cuenta que un par de comidas no tan opulentas de un comensal en el local puede alcanzar esta cifra parece un salario de explotación. Volvemos a la carretera para  compartirla con una mayor cantidad de tráfico del que estamos acostumbrados a ver  desde las puertas del Sáhara. Predominan los camiones. Bastantes de ellos supercargados y con las cargas torcidas. Desde la distancia, antes de cruzarnos mutuamente, hacemos un inmediato cálculo de su  ángulo de inclinación por si nos va a tocar la china y volcar justo a nuestro paso. Las torres torcidas de Italia nos  avisan que mientras el centro de gravedad  de su verticalidad etcétera entre dentro de su base no hay porque temer nada. Lo que sí encontramos son muchos camiones en pana. En todo lo que llevamos de recorrido los camiones, también los autobuses, están parados con los motores escrutados o sus tripulaciones hurgando bajo el chasis o cambiando una rueda. Nada más entrar en el desierto nos encontramos con dos que habían embarrancado en la arena a pocos centímetros del asfalto y que estaban con las chapas típicas agujereadas para desatascarlos. Teniendo en cuenta que sus conductores son lugareños nos sorprendió que se dejaran atrapar por el incidente. Lo habitual es encontrarlos parados en el asfalto señalizados raramente con los triangulitos rojos y a menudo con ramas que sujetan con piedras  y distancian en montones unos cuantos metros como preaviso a los otros vehículos. Dada  nuestra velocidad de crucero a veces nos pasan autobuses echando densas humaredas. Dentro de los atrasos obvios Burkina nos parece hospitalaria y organizada, con proyectos en curso y con la gente, generalmente, tranquila. Cualquier lugar del mundo en que la gente acepta un no razonado y deja de insistirte es un lugar de gente tranquila.

En el país nos hemos encontrado más nombres de restaurantes que listas de platos posibles. A menudo nuestro billete de 5mil Cfas, no digamos uno de 10mil, encuentra problemas cuando es usado para pagar unos platos. Su  recorrido antes de conseguir cambio lleva un rato aunque acaba por ser devuelto. En el Bank of África cambio  euros en lugar de sacar billetes del cajero automático. A diferencia del Ecobank en Bamako con billetes grandes a partir de 50euros no cobran comisiones. Para los billetes inferiores cobran un 1%. Otro atraco burocrático. Compro casi 100mil Cfas por 150e. Tenemos noticia que en Cote d’ Ivoire no hay cajeros o no son seguros y que el mercado negro es peligroso. Si además hay que pagar a policías a cada paso esto no da ni para pipas

Ocupamos una sombra junto a una ecole de St Vicens Paul. Preguntamos por la posibilidad de utilizar su recinto para pernoctar y ofrecer una clase sobre el tema  de minusvalías,  en el que nos estamos especializando, a la mañana siguiente a los alumnos. La propuesta se lía de tal manera: pasa de un profesor al director administrativo, luego al ayudante del director pedagógico y finalmente a este. En este eslabón se ha perdido ya la propuesta de nuestra pernoctación, leit motiv de todo el barullo, y nos dicen que preparan el encuentro de pareceres (¿quéee?) para nuestra siguiente visita. De lo otro, de  dormir dentro de su recinto ni insistimos ni hablan. Nos refugiamos en el Centre Cultural Français en su patio: la biblioteca está fuera de uso por inventario de sus poquísimos libros. Para eso necesitan todo el mes y parte del siguiente. Ocupamos el jardín. La furgo fuera junto a la verja. Esta vez usamos las copas para nuestras bebidas. Solemos beber a morro de las botellas, cervezas o Coca-Colas, para reducir posibles peligros con restos de agua con que los lavan. A diferencia del Centre Français de Bamako hay poca actividad blanca. Nos llama la atención el tipo de asientos  que son hechos con sillines de motos. Una nueva versión de altar para sacrificios humanos. Termino por trasladar mi butaca de aluminio de la furgo. Como somos los únicos clientes nos hacemos amigos del mánager. Clauvix Hien nos  confidencia su vida. Consciente de que su mujer lo acepta por que tiene un trabajo y dinero, lo sableado que es por sus 21 hermanos. Llegan un par de chicas despampanantes que lo saludan y nos saludan. De entrada, por sus formas de vestir, no quedamos en la duda si son putas o progres. Clavix nos dice que las conoce y que frecuentan el local para que él les haga de alcahuete presentándoles blancos como posible caza marital. Hablamos de nuestro sentimiento  reiterado de  blancos discriminados que se nos toma como objetivos materiales y no como personas con las que tratar.

Pasamos la noche sin contratiempos salvo las interrupciones de los mosquitos. Desplegamos la mosquitera que compramos en Altair. Es la primera vez que lo hacemos. Sus dimensiones son superiores a las de nuestra cama pero la adaptamos como podemos. Para nuestra sorpresa  viene con una raja y con un cosido lo cual deja en bastante mal lugar el prestigio del establecimiento. La sujetamos con velcro (o belcro, no sé como es su grafía)  del techo. Los mosquitos quedan afuera  pero nos dan la tabarra con su zumbido impertinente desde el otro lado de la red.

Un mes y  medio después de iniciar el viaje y un mes metidos en zona palúdica hemos iniciado la ingesta del malarone. Ni los repelentes, ni la mosquitera, ni el complejo B nos mantienen a salvo de ellos. Una cierta cantidad de picadas hace que nos pongamos las pilas. La sanitaria de Sanidad Exterior nos pondría un cero por  no haber sido fieles a  la lección  a la que nos sometió. Malarone cuesta más de 50euros cada caja con 12 comprimidos tomados a diario.

Antes de dejar Bobo saco con la visa otros 100 mil francos del mismo Bank of África. Buscamos nuevos escondites dentro de la furgo para tanto dinero. Cada uno es más ocurrente que el anterior pero ninguno infalible que no pudiera ser descubierto por un rato de observación: en el tubo de la estructura de la butaca, bajo el plástico de la cajita de las tazas y tetera, bajo la alfombrita dentro del microzulo.

Nos detenemos en Banfora. En la praoise hay una gran celebración o al menos una misa de larga duración. Nos instalamos en el recinto y observamos la devoción de los congregados: sus canticos de coro, sus filas para distintos puntos de la comunión, sus motitos perfectamente aparcadas. Cuando ya todo el mundo se ha ido uno de los prêtes, nos saluda. Es Alexandre Bingo. Le contamos nuestro proyecto de viaje en curso y nos da el okay para pasar la noche allí. A la mañana siguiente otra misa multitudinaria en ciernes coincide con nuestra partida.

Las diligencias para salir de BF son bastante rápidas, aunque pasamos por cuatro controles. El ultimo nos dice que en Cote d’ Ivoire ralenticemos el vehículo. Cruzamos el rio Leraba y cambiamos de país. En el puesto de la frontera nos topamos con lo que ya nos habían avisado. Chusma semiuniformada y malcarada. Mientras pago el laissez passer por 5000Cfas, el tipo de al lado que ha tamponado los pasaportes pretende hacerme pagar otros 3mil por tamaño esfuerzo. Me niego. El mismo tipo declara que son gente civilizada. Otros soldados han apaleado y tirado piedras a los críos que se han acercado a Vic en el coche que les ha comprado alguna cosa, sin que los niños hayan molestado demasiado. Para deshacerme de los policías que me han seguido hasta el coche a uno de le doy un bolígrafo y a otro unas gafas de sol.  Antes de 500 metros hay un siguiente control, en el que los soldados se reparten un uniforme entre tres van de malcarados y prepotentes. Uno coge su kalasnikhov con un gesto inequívoco de intimidación, otros sin uniformar vienen hablando con un francés imposible de entender que les paguemos. Nos obligan a que reculemos. Otro desde atrás golpea el vehículo. Se nos apelotonan en forma de enjambre maloliente. Me niego a pagar lo que piden. Me obligan a que les enseñe la parte de atrás. Abro la puerta pero no revisan nada. Finalmente el tipo que nos ha golpeado la carrocería y que parece que va de jefe da la orden de abrir la barrera para que pasemos. Entretanto Vic y yo ya hemos tomado una decisión: volver a Burkina. Si las FAFN (atención a la palabra: dos veces F de fuerza para una sigla tan corta y con soldados de tan pocas luces) Forces Armees des Forces Nouvelles. ¿Nouvelles? El mismo tipo de descaro violento para un supuesto programa distinto de reconciliación entre partes encontradas dentro del país. Los  rebeldes de esta FAFN no tienen la menor pinta de revolucionarios y mucho menos de innovacionista. Son otra versión de atracadores de caminos. No tienen salario del estado y justifican su presión sobre los viajeros por eso. Evidentemente se dedican a institucionalizar la molestia al viajero. Podíamos haber continuado. Aceptar la afrenta a cada rato. Pagar mil en cada control y tomarlo todo como un juego en el que nosotros fuéramos de víctima y ellos de agresivos profesionales. ¿Pero necesitamos aguantar tanta bronca? Nos perdemos visitar el parc national de la Comoé y bajar hasta Abidjan donde tenemos noticias que en un puente céntrico en horas punta asaltan incluso a los pasajeros de los taxis. Toda nuestra incursión en CI no pasa de Kaouara, y en el recibo de las cinco mil escribe la fecha con caligrafía analfabética la fecha del día, 17 de febrero y el nombre del puesto Lalerche. Sin embargo para nuestra sorpresa los tampones de los soldados y el papel impreso del recibo huelen a nuevo. Lo único nuevo que hemos encontrado. Nos sentimos disgustados por tener que renunciara un país a causa del trato recibido de los cuatro enfermos (locos peligrosos) que tienen asignados a sus puertas. El resto del día arrastraremos una sensación de mal estar y pena.

De vuelta a Burkina los de los otros puestos de control que hemos atravesado poco más de una hora antes nos preguntan lo sucedido. Bromeamos un poco sobre todo y sobre nada. Volver a Burkina es como volver a casa. En Niangoloko decidimos regalarnos con una sombra de un bar que tiene butacas de madera cómodas y corrientes, una flag para los chicos –para mí- una coca para las chicas –para Vic- . Fotos, conversación y comida de un arroz pegado con una salsa muy liquida. Dejamos la mitad con el encargo al chico que lleva el establecimiento que se lo dé cuando pase uno de los niños con lata al cuello. Damos a probar nuestras aceitunas sevillanas –con las que nos acompañamos la bebida-  a este chico y a un par de acompañantes. Luego cuando nos vamos y le ofrecemos el resto de huesos por si quiere tratar de plantarlos, él nos enseña que también había guardado los otros. Los huesos de frutas es algo que damos o no tiramos con el resto de la basura por si cabe la posibilidad de que germine. Una reminiscencia de nuestras ilusiones infantiles.

Regresamos hasta Banfora donde vuelvo a comprar agua envasada en bolsas de plástico de menos de medio litro. La mujer me saluda como si me conociera de siempre.  Antes de dejar la población cargamos 27mil francos de gasoil, compramos aguacates y nos dejamos acompañar por el mercado por la hija de la tendera anterior ya que ando buscando un tipo de containers de los que se desprende la fábrica de azúcar de la zona. La devolvemos junto a su madre. El poco rato que estamos juntos nos dice que tiene un hijo pero que rompió con el padre de la criatura por sentirse traicionada por él. Nos faltan conversaciones en intimidad. De hecho no conoces realmente ningún país ni cultura hasta que no haces negocios con sus gentes y no te implicas sentimentalmente con alguien de su tierra.

Sosuco tiene bastante extensión  en Beregadougou dedicada a la plantación de la caña de azúcar. Vamos hasta sus instalaciones para tratar de la compra. Es domingo por la tarde y los encargados del asunto no están. Mientras decidimos si esperar el día siguiente nos instalamos en el bosque de eucaliptus alrededor de la fábrica. Extendemos nuestra  parafernalia e invitamos a te a la concurrencia. Hay alguien que dice que es mecánico y que estamos en su taller (una barraquita sin ninguna herramienta).Nuestro te a la inglesa tiene éxito. Al sur del Sáhara el té no tiene la aceptación del Magreb. Las dentaduras de los africanos también lo notan. Volvamos al azúcar. La fabrica y sus alrededores tienen un aspecto distinto. Grandes tractores con tres carromatos detrás llevan, desde los campos, la caña cortada para su procesamiento. Las cañas que se caen por el camino y las que son cogidas de los carromatos dan  vida a todo un poblado que se ha montado alrededor de las instalaciones. Antes del anochecer recorremos la zona en un viaje corto por pistas de tierra firmes aunque no llegamos a la zona de la cascada y de los hipopótamos porque se ha hecho tarde. Hoy hemos aprendido dos lecciones: la paradoja de crear un orden y una rentabilidad en un espacio para un producto, el azúcar, que está considerado como uno de los peores venenos  blancos por el naturismo y que es cuestión de tiempo que todas las medicinas acepten la misma conclusión. Ahí donde vemos un espacio industrial de trabajo encontramos un impacto organizado en la zona para algo que a la larga no deja de ser un producto nefasto para los consumidores. La otra  lección ha sido con respecto a los uniformes. Nunca creí que fuera escribir esto pero allá va:  los uniformes siempre han sido un indicador evidente de disciplina, subordinación, alienación dentro de una estructura y sinónimo de fuerza, obediencia y cabezas huecas sin pensamiento. Sigo creyendo básicamente que esto es así pero un uniforme también es un signo de organización, de control, de mando centralizado, de predictibilidad. Desde que estamos en Burkina sus formas son notoriamente distintas en cuanto a más estrictas que los otros países recorridos, exceptuando Marruecos. Cuando te encuentras soldados que no son soldados, que lo mismo pueden obedecer a un mando como a su instinto más primario de destruir,  con estilos de desarrapados, sucios, insolentes, medio vestidos, con cara de asesinos, encuentras a faltar el uniforme reglado. Más vale malo conocido que bueno por conocer. Acabo de vender la tesis de la rebeldía buena a cambio de la predictibilidad segurizante. Claro que lo uniformado sigue  haciendo sus estragos en las mentes más vulnerables. A los niños escolarizados enseguida se les  distingue por su modo de saludarnos. Demasiado buenos.  Cruzan los brazos y hacen una especie de simulacro de reverencia flexionando una pierna y adelantándola. Terrible.  Los niños en general son tranquilos, siguen haciendo su semicírculo en torno a nuestra puerta y no se pierden detalle. V les instruye con algún tipo de canción ella al clarinete.  Llenamos el cántaro pensando que  ésta podría ser otra ocupación por estas latitudes en el caso que decidamos ubicarnos por una temporada a la sombra de un mangal.  Hay otro tipo de controladores con sus uniformes: los de los peajes de las rutas nacionales. Uno de ellos que reivindica la práctica de la honestidad para los africanos nos dice que venimos pagando una tasa superior a la que corresponde a nuestro vehículo. A partir de ese momento reclamamos nuestra categoría como vehículo privado y no como uno de mercancías por el que pagábamos. En Burkina se cumplen los protocolos del oeste de África de pagar peajes por  carreteras de paso obligado y tasas municipales en ciudades como Bobo y Koudougou. También a esta a la que llegamos después de 25 kms de pista dura pero con ondulaciones continuas separadas por 30 cms. aproximadamente que te hacen creer que estas dentro de una batidora si  vas a más de 20 kms por hora.

En Boni nos detuvimos a pasar la mayor parte del día y de la noche en el recinto de la paroise o la misión católica que aquí se mezcla con las chozas de la población. De visita por la curiosa construcción eclesial con adobes que se hacen tan duros como las piedras y con paredes perforadas para asegurar la sombra permitiendo la ventilación coincidimos con feligreses blancos que intercambian sonrisas de obligado cumplimiento al cruzarte con ellas y se reúnen en torno a unos salmos. Uno de ellos nos comunica que  les peres ils son  contents avec votre arribée. Estupendo. Hemos hecho el ritual de los caramelos más que por el azúcar calórico para enseñar lo de recoger los papelitos. Tras enseñárselo los niños me imitan,

Nos detenemos un momento en Boromo para saludar a los bibliotecarios del Clac ya que se lo prometimos. A Kubota Michico una voluntaria japonesa pour la coopération a l’ etranger que vive cerca de Nagasaki y que ha venido por dos años a este lugar del mundo que todavía carece de internet  y a Bicko Mamadou, el mismo que mantiene la tele encendida y que nos pone un canal en inglés en nuestro honor durante la visita. Con Mamadou hablamos del apellido Bicko que también fue el del revolucionario anti apartheid en África asesinado por los afrikáners por levantar a la sociedad negra en su contra. Cuando ya nos vamos Mamadou me pide que le envíe un trípode como el que he usado para hacernos la foto con el dispositivo automático. Le digo que prefiero decirle que no a darle la promesa de enviárselo que seguro que no cumpliré. Entiende que el aparatito lo puede conseguir en Ouaga y que nosotros lo necesitamos para nuestro viaje. A las puertas del local un par de chicos juegan al scrable.

En Sabou visitamos uno de esos lugares atrapaturistas: el mar de los cocodrilos. En realidad un pequeño lago del que diviso lo que me parece un caimán, nada de un gran cocodrilo. El agua es turbia y el lago, bueno,  es pequeño. Los  pescadores se meten de pie hasta la cintura en una perfecta coexistencia pacífica  con la fauna dueña de la situación. En una ocasión, se cuenta que,  un cocodrilo ajeno procedente de otro hábitat, parece ser que algo confuso con la bolsa del pescado de un pescador y la pierna de este eligió atrapar la segunda. Hubo una pelea entre los dos. El pescador canjeó su pierna por sus presas. Pero parece que dio por finalizada su carrera de pescador de a pie.  Los cocodrilos no atacan, al menos estos, a los pescadores ni a los humanos (evidentemente nuestra carne no tiene demasiado encanto para ellos). A pesar de que el lago no satisfacerá nunca las exigencias de los safarianos exigentes sí lo hará todo el entorno, Hay una cooperativa con un albergue arbolado y limpio. Es el CZN, le centre de la Zod Neere (de la bonne amitié).  Su consejero en el management, François, nos cuenta un poco la historia. Compartimos mesa y nos da la visión de un colaborador incondicional para el desarrollo local a cuya zona viene desde hace tiempo dedicándole su energía personal de jubilado por una buena causa.

Tras haber hecho ya un ritual de compras que no teníamos previsto, de bronces y batiks pequeños a 1500francos unidad después de una negociación dura  en las tiendas para turistas, nos instalamos en el bar de la cooperativa que tiene una sala  de  exposición de artesanías y nos sirven espagueti a medio y couscous por la noche. La salsa de mediodía  es prodigiosa. Aunque dicen que es solo de tomate le añaden cebolla. Comemos bien y pasamos la noche con absoluta seguridad en la furgo instalada enfrente. Por la noche esperando la cena François nos presenta el jefe de la comunidad cuya condición de jefatura se hereda por linaje familiar. En un momento dado un chico que se dirige a él lo hace agachado y casi arrodillado. Nos parece que tal gesto de sumisión debe ser puntual por alguna clase de bronca que recibe. Preguntado François al respecto nos dice que es el modo habitual de dirigirse al jefe y que expresa una reminiscencia tribal. En BF existe un parlamento, una democracia en marcha, bastante gente que ostenta sus vestidos o camisetas con  declaraciones a favor de partidos o candidatos, `cartelismo social para introducir nuevos hábitos y un etcétera importante de un país en construcción pero los jefes tribales son todavía los reyes. Damos un paseo con la silla de ruedas por un sendero que lleva a un poblado cerca del lago. Todo el mundo nos saluda y saludamos a todo el mundo. Los africanos siempre se sorprenden cuando  llevas tu vulnerabilidad a sus sitios alejados. El único contratiempo es con un 4x4 manejado por un blanco bajo un sombrero australiano que acelera innecesariamente por el solo placer de levantar polvareda. Cuando viene en nuestra dirección en lugar de ponernos a un lado del camino nos mantenemos en el centro. Por un instante Vic piensa que nos va a arrollar. Al final decide detenerse, cuando pasamos a su lado le ordenamos: doucement, doucement, vous levez trop poussiere. El tipo se achanta, aparta su vehículo y sigue más tranquilamente a nuestras espaldas. Se nos hace de noche y a pesar del lunazo de la luna llena nos valemos con las lucecitas-disco en la cabeza. Un grupo de niños muy atento nos acompaña. Somos una mezcla vaporosa entre un mal cuento tecno y una pareja de turistas excéntricos. Si  contamos que vamos de paseo por la noche por lugares como este dirán que somos unos irresponsables

A la mañana siguiente tras pasar una noche muy tranquila alguien de la cooperativa nos pide una contribución por haber usado su ducha. Contribuimos hablándoles del criterio de avisar a priori si pretenden cobrar por el uso de un recurso ofrecido tal como ha sido el caso. Desde que estamos en África no paramos de contribuir de una manera u otra con dádivas materiales ahí donde vamos. También con cosas que compramos y de las que nos deshacemos. Vamos al revés: quienes no piden regalos se los hacemos de un modo discreto y selectivo, quienes los piden  por sistema algo nos coloca en la autodefensa y preferimos no hacerlos o al menos no hacerlos siempre por sistema.

De camino a Koudougou por la pista vemos muchas mujeres que trabajan recogiendo y amontonando pequeñas piedras que luego se usan para la construcción de las casas. También vemos farolas  con una batería en lo alto y una placa solar cubriéndola. En la ciudad compramos jeans y bolsas a un nigeriano de Lagos que tiene sus artículos usados extendidos sobre una tela en el suelo. Aunque apenas acepta el regateo terminamos por regalarle uno de los discos sobrantes del grupo de Isabella y Jorge. Cuando se lo hacemos escuchar pasamos vergüenza a partir de la segunda canción que se hace inaudible. Nos ha pasado otras veces con la misma tirada de cds de los que se encargó Vic para la difusión o la venta. Una partida defectuosa  y, claro está, invendible.

Nos instalamos a continuación en un local elegante que encontramos, el Jackson auberge: comemos patatas y tortilla, un manjar.  Esperamos todo lo que toca esperar y disfrutamos con la comida. Luego usamos la red eléctrica para nuestros ordenadores en la mesa de al lado.

 



[1] http://unviajeexistencial.blogspot.com/2008/02/una-hora-en-cote-d-ivoire.html

41. Le lit Roulante

41. Le lit  roulante[1]. Boromo 14 febrero 2008

Dependemos directamente de nuestro vehículo. Es nuestra suite, nuestra cama en movimiento, nuestra casa.  Un nidito, sí. No es la mejor máquina del mercado, tampoco la peor. No fue hasta después de comprarla que encontramos algunos defectos. Uno de ellos es que el freno de mano no funciona o mejor dicho para que funcione hay que tensionarlo mucho. Para mayor seguridad siempre que la aparco dejo una marcha puesta. En el parking de home kisito olvidé hacerlo. Victima de mis reflejos automatizados levanté la palanca no demasiado y dejé las marchas en punto muerto. Tras estar perfectamente quieta durante todo un día y toda una noche, a la siguiente después de ver un par de  películas de Dvd seguidas y estar cómodamente sentados sobre la cama como si estuviéramos en un gallinero de los cines de antes,  un gesto de V para incorporarse a hacer pis  lo puso en movimiento hacia atrás en lo que nos había parecido un suelo plano pero que en realidad, obvio, no lo era. Pasaba de media noche y afortunadamente no había nadie detrás El guarda tampoco dio ninguna señal de alerta. Tuve que levantar la palanca del freno desde la parte posterior  del asiento para clavarlo en seco. De otro modo tal vez se hubiera golpeado con la columna o chafado las plantas.

No pasa día sin que alguien nos pregunte por si estamos interesados en venderla. Seguimos con la frase acostumbrada que se trata de nuestro lit roulante y pensamos volver con él a Catalunya y seguir durmiendo el resto del año. Seguimos encontrando franceses que hacen sus 10mil kms. para venir hasta aquí tras comprar vehículos viejos por 2000 o menos euros y venderlos aquí por el doble  para luego tomar un vuelo de regreso de tal modo que les sale el viaje gratis y ganan algo. No creo que el sentido del negocio sea algo innato pero está tan extendido que suplanta sobradamente al de la colaboración.

Antes de dejar Ouaga hemos pasado por la embajada de Cote d’ Ivoire. La taquillera de la vitrina donde se solicitan los visados no ha dado ninguna información y ha negado que el embajador estuviera in situ. Vic se las ha ingeniado para hablar con él. Los soldaditos de la portería lo han avisado y él ha bajado. Muy amablemente ha dicho que hay controles en las carreteras del país pero que es totalmente seguro transitar por él. Por mi lado, cuando ella ha vuelto, he ido al local de enfrente del Premier Ministere en una dirección especifica ocupada en administrar fondos para las víctimas de la violencia política. El único hombre de despecho que he encontrado me ha atendido muy amablemente y tras orientarse dentro del mapa de su propio país me ha dicho que no hay ningún problema desde Bobo hasta la frontera. Dentro de nuestras preguntas habituales a modo de tic rutero están las de goudron (asfalto: divino tesoro) y la de bandits. La información del embajador se contradice con otras que venimos escuchando los últimos días. La L.Planet nos ha puesto los pelos de punta, lo mismo que las informaciones del Ministerio español de Asuntos exteriores, experto en asustar.  Hemos tramitado la vise d’ entente  por 25 mil cfas persona es posible para cinco países y es para todo el mundo. La hemos tramitado por dos meses vamos, que es el tiempo concedido, desestimando el visado de tres meses en la embajada de Cota d’ Ivoire. Lo uno se hace en el mismo sitio de pasaportes e inmigración de la policía donde hicimos la prolongación del visado en Burkina y lo otro en la embajada. La cuestión es que este documento sirve para Níger, Burkina, Cote, Togo y Benín, De haberlo sabido la podíamos haber tramitado posiblemente en Níger evitando gastos. Hace de visado de tránsito múltiple por este período. Es una información interesante para viajeros de la zona y una  razón más para amonestar a las embajadas que no están nada interesadas en facilitar informaciones  de opciones alternativas de accesibilidad a sus países. Algún día los burofóbicos en un ataque internacional sorpresa  devorarán los despachos de control con hormigón y administrativos incluidos en una ataque de crisis a lo King Kong o simplemente se comerán crudas taquilleras como ésta con cara poco amable y aspecto general de desgraciadas. El problema de esta visa es que solo sirve para los países indicados y si se cruza a otro como Ghana que está en medio de ellos se pierde. Si la burofobia  es un acto reflexivo de autodefensa, ¿la burofilia no debería estar catalogada en el registro de las peores enfermedades mentales? ¿a qué clase de cerebros  perversos se les ocurre hacer un documento de múltiple tránsito de  este  tipo que queda impugnado al cruzar por un país que está en medio de los autorizados?

La última noche en Ouaga la pasamos en el patio de graba de Carmen Kisito. Soeur Marie no puso ninguna objeción. La noche anterior la pasamos fuera de todo recinto cerca del Estadio. A primera hora de la mañana el extorsionador de turno vino a pedirnos su diezmo y amenazarnos con pincharnos el neumático si no le pagábamos el desayuno. Vino por dos veces con su mala leche a la que  respondimos con el tono apropiado. Cuando me hablan de navajas e hipótesis de ataque, charla de la que afortunadamente no estoy forzado a ser oyente habitual, me enfado conmigo mismo por tener la disuerte de seguirme encontrando la chusma  que va con  esos versos por los caminos del señor.

Con la furgo custodiada dimos otro de nuestros paseos con silla de ruedas en medio del tráfico con un cinturón en mi cabeza de tres luces, dos de ellas intermitentes, una roja y otra abutanada. Nadie discutirá que soy un hombre de muchas luces.

Nos fuimos a cenar al Stade de France donde ya habíamos comido un par de veces y que logran unos spaghettis al dente admirables. El local solo tiene de nombre l pode restaurante. No vimos otros comensales y la cuisine es solo ocupa un sitito de sus amplio espacio. Por la noche tiene música disco y lucecitas ad hoc. La costumbre es pagarla a las camareritas antes de traer la consumición. Hicimos nuestra velada. Compramos huevos duros a uno de los niños que andan con la bandeja de ellos en la cabeza y dimos a otros niños de la lata los pedazos de carne que venían con los espaguetis. Los niños de la lata son una imagen característica de los países que venimos recorriendo. Las latas son de dos kilos más o menos de conservas de tomate vacías. Las llevan al cuello atadas con una cuerda. En otras ocasiones llevan como cubitos de plástico o los más afortunados pequeñas ollas o boles de aluminio, estos últimos los menos. Son niños de la indigencia. Las madres los paren para enviarlos a sufrir a la calle. A pesar de eso sus miradas son limpias y amables cuando con toda razón deberían estar cargadas de odio.

 

A pesar de las advertencias hemos tomado ruta para Bobo  camino de la frontera. Por el camino compramos en distintos puntos, botellas de agua de litro y medio de las típicas de plástico, lo que llaman gateau que en realidad son muy parecidos a los buñuelos de las churrerías españolas  pero no tan buenos y cebollas. Una bandeja de ellas por 500francos. Como solo tengo dos monedas de doscientas pongo el resto con un par de prendas de ropa, un camisón y un top. La chica, una madre joven como siempre se queda muy sorprendida. Ella y sus tres churumbeles nos dicen adiós con la mano con una de esas escenas que te llevas para siempre contigo,  En el peaje de la carretera cada vez que llega un vehículo docenas de chicos y chicas que aguardan sentados o quietos se abalanzan para ofrecerlo todo cosas de comida pero en esta ocasión también revistas y atlas que te meten por las ventanillas.

Nos detenemos en Boromo y nos metemos en un recinto para turistas. Comemos a precios turísticos y pedimos pernoctar dentro de la explanada. El director acepta a cambio de que hagamos nuestras consumiciones en su establecimiento. Tras la comida nos vamos al Clac. Es un centro de lectura y animación cultural, una biblioteca. Vamos con nuestros ordenadores y con  la silla de ruedas. Vic salta a una silla metálica de las que están tan generalizadas en el país y que al menor rozamiento hace un ruido estridente y yo uso su silla rodante, un placer para la comodidad de las posaderas a pesar de su mala fama como significante.  En el local hay una japonesa que está en el rol de voluntariado que nos indica donde están los enchufes. Los chicos y niños que están sentados en el banco están sumamente atentos a sus lecturas. Curiosamente hay un aparato de televisor encendido al que nadie presta atención y que parece que solo interesa al contramaestre del local. Cuando nos vamos se siente muy halagado por haber usado el establecimiento y nos pide que le visitemos de nuevo. No lo descartamos. Tal vez pasemos por la misma carretera de regreso. Al hombre le elogiamos su voz de bajo. Cualquier cosa que dice parece que entona un blues.

Durante estos días estamos continuamente repensando  la ruta a seguir. De una parte no queremos perdernos parte de los países más al oeste que nos hemos perdido al ir hacia Mali desde Nuackchott de otro lado las noticas de peligrosidad siempre son disuasorias. Hay otra cuestión: la climatología. Empezamos a temer cuando lleguen los meses de verdadero calor y las lluvias. No descartamos quedarnos a vivir el resto del año en una ciudad tranquila  de tamaño medio pero por otra parte cuando llevamos unos cuantos días en el mismo lugar volvemos a tener mono de la carretera. Hasta ahora Ouaga ha sido donde hemos estado más tiempo: 6 noches seguidas.



[1] http://unviajeexistencial.blogspot.com/2008/02/le-lit-roulante.html

40. Parole

 

040. Parole[1]. Ouaga 12 feb 2008

Las conferencias permiten  el privilegio de la observación de quien habla a una sala de supuestos escuchantes. Una conferencia con o sin ínfulas de clase magistral pone en contacto a unos oyentes que se supone que entienden lo que están escuchando con un hablante que se supone que sabe de lo que está hablando. Vic y yo venimos dando conferencias puntuales cada curso desde hace bastantes años. Tenemos razones para justificar cada tema. El solo hecho de proponer un marco como espacio de palabra es ya de por sí, o  así nos lo parece, un triunfo  de la reflexión frente al activismo y del sosiego mental frente a las inercias rutinarias de la vida.  Pero todo hablante en público no puede llamarse a engaño pensando que quienes van a escucharlo lo hacen por su cara bonita o ni siquiera por su contenido. Hay otras muchas razones que explican la asistencia presencial. En Hombori  vinieron a golpe de circular y tan pronto dos se enzarzaron en una discusión bipersonal otros aprovecharon al circunstancia para levantarse e irse; en Carmen, el espectáculo de tres mujeres jóvenes dando teta  a sus bebés mientras escuchaban, dio una nota exótica aunque su mirada de póker dejó en la hipótesis su comprensión de lo que decíamos y en el orfanato la mezcla de gente handicapée con sus triciclos a la que nosotros invitamos y el debate que se suscitó nos convenció de que lo hablado podría servir de algo en el futuro. En los tres sitios las conferencias podrían haber tenido más cuerpo si hubieran sido preparadas con tiempo, publicitándolas con carteles, megafonía o programas de radio. A pesar de estar coordinadas y avisadas desde dos meses atrás los interesados no estaban al corriente. El secretario permanente de Home Kisito, Zabour Zampou, se sorprendió de no haber sido avisado por R.Jariod ya que suele avisarle de otras cuestiones. Nosotros confirmamos una vieja tesis: toda dependencia de una gestión a través de intermediarios  incrementa directamente la probabilidad de desajuste o fracaso. (frase a subrayar). Afortunadamente no siempre es así pero en este caso lo ha sido. No es que las conferencias hayan fallado. Hemos  tenido unas cuantas escuchas garantizadas. Las tres han funcionado hasta donde podían funcionar. Otro asunto es qué se podía hacer con ellas, con su continuidad, con posibles talleres de trabajo acerca de sus temas y, finalmente, como instrumentar una inercia de encuentro regular con la palabra compartida.

En cuanto a nosotros nos toca revisar si ese rol de conferenciantes ambulantes por estas latitudes nos pertenece. Lo mismo que el de  hablar a alumnos de colegios. En la aldea donde pernoctamos la noche anterior a llegar a Hombori comprobamos, como en ninguna otra parte de este viaje, la avidez de niños y adultos por absorber lo nuevo. Pensamos en una antigua idea: la de montar un teatrito de marionetas que con onomatopeyas y sin necesidad de lenguaje pudiéramos contar cuentos. No sé si lo haremos. Vic tiene dotes especiales para esto. Hacer de filibusteros o rapsodas tiene más de romántico que de práctico. En todo caso es una buena idea que se puede concretar sin demasiado cachivache y con suficientes dosis de tres cosas: paciencia, amor y tiempo. Como dato positivo: la expectación y el público están garantizados en las zonas rurales donde no hay ningún tipo de diversión.

En Ouaga, Lazare, el chófer de Home kisito, nos llevó de gira burocrática a solicitud nuestra: primero al departamento de visados para prolongar el nuestro en Burkina  hasta 3 meses, luego fuimos a la Embajada de Cote d’ Ivoire que necesita 48 horas para facilitar el de su país también por 3 meses. Los franceses pueden sacar para un grupo de países francófonos  de la región una vise d’ entente. Hemos de averiguar si también disponemos de este recurso.

Como no podía fallar tenemos noticias desfavorables de tratos recibidos de unos franceses conocidos de otros franceses que nos lo contaron por los ivorianos. Se sigue cumpliendo la predicción: en cada país anterior siempre hay alguien que nos pone en prevención ante los peligros del país posterior. Mentiría si dijera que no nos afectan las noticias de esta clase. Lo cierto es que hay armas de fuego y no pocas en manos de rebeldes, bandidos, majaras o tipos descontrolados. Si un loco violento sin un arma en las manos es un peligro público no hace falta decir en que se puede convertir cuando dispone de una y se dedica a emplearla.

Cada información nos toca completarla pero no siempre tenemos a quien preguntar. Es completamente distinta la visión de nativos y lugareños a la de extranjeros, la de los residentes de un país a la de sus vecinos al otro lado de sus fronteras. A la hora de preguntar el europeo, sin darse cuenta, a veces precipita la respuesta sin esperar a que se la den distorsionando su percepción de la realidad. Lo habitual de muchos africanos es que contesten sí a preguntas aunque no se hayan enterado. Antes de iniciar una conversación, ante la menor sospecha de incomprensión lingüística conviene conceder unos segundos para ponerla a prueba. Suelo decir alors, tu parles français? Dis- moi quelque chose. A menudo  a esa cuestión no le sigue nada más.

Ouaga es una ciudad tranquila y organizada. Los conductores conducen bien y poco después del anochecer la circulación prácticamente se extingue. Contra lo que puede parecer hasta ahora la circulación en carretera no nos ha dado sustos con conductores mediocres. Hay países como Georgia y la Italia meridional que se conduce infinitamente peor. Nos aprendemos los tipos de matriculas de los países que atravesamos porque eso nos da pistas de a quienes preguntar sobre estados de carreteras y peligrosidad de lugares. En la capital de Burkina  vemos algunas  matriculas de Mali con la MD final (M de Mali, D de Bamako, que en ocasiones es variada por números del 1 al 7 indicando distintas regiones del país), también de Mauritania. En general los países de la zona además de la sigla del país llevan el contorno del mapita y los colores nacionales de la bandera.

Nos pasamos dos horas y media en el hotel Daporee indicado por Max como vía para localizarlo. Su amigo Shaha, un argelino de la kabilia, parece que ha contactado con él para decirle que estábamos aquí. No aparece. Hacemos negocios mientras tanto. Compramos pulseras, collares y 3 piezas de batik. Pago un precio sobrado aunque sea la mitad del pedido: 12mil francos.

Comemos y bebemos en un bar cutre pero que como mínimo tiene conectada una emisora regional que pasan clips de música. Como otras veces dejamos la carne de los platos que tienen un sabor de fondo sospechoso aunque dentro de lo sabroso. A la tercera vez de ir al local, es decir a  colocarme bajo el tejado de metal una de las chicas que ya me toma confianza me pide la motito de lata reciclada que se ve en la furgo tras el parabrisas que se la regale. Aunque en Burkina la gente pide menos cadeaus que en otros países  no deja de ser curioso que te pidan cosas por motivos caprichosos y como es el caso de sus propias cosas que pueden adquirir perfectamente dentro de sus presupuestos. La juguetería con materiales reciclados de latas de conserva es bien conocida. La compramos como otras cosas por la insistencia de vendedores que nos vienen a dar la lata. Es así que sin pretenderlo vamos haciéndonos con un pequeño ajuar de decos que algún día estarán en nuestras estanterías o vitrinas, aunque no sabemos aún cuándo ni dónde. Al menos tenemos el espacio libre de los dos bidones para ir metiendo los objetos de colección



[1] http://unviajeexistencial.blogspot.com/2008/02/parole.html

39. La delicadeza crítica

39. La delicadeza crítica[1]. Ouagadougou 10 febrero 2008

Nuestra posición crítica con el movimiento oenegero y su conectividad con su antecesor: el catolicismo misionero, no quita nuestro reconocimiento por sus intervenciones en cosas concretas. Los recintos de los establecimientos religiosos occidentales que vamos viendo, visitamos o usamos son comparativamente buenos a los nativos. Hay jardines, espacios cómodos y más o menos higiénicos. Es cierto que ahí donde hay una campana sonando se concentran unos cuántos idólatras para reconfortarse  mutuamente pero no lo es menos que tras cada instalación hay trabajo organizado, subvenciones, incondicionales que prestan su energía para cambiar las cosas. Interpretamos de nosotros mismos que somos -o hacemos de solidarios condicionales que no condicionados- por el prurito materialista del occidental bien cebado que le importa un pito lo que le pueda pasar al resto del mundo o cualquier asunto fuera del perímetro inmediato de sus dominios. Nos damos cuenta que con nuestra crítica a un tipo de solidaridad instrumentalista, que mercadea consigo misma como artículo de inversión,  para complacencia de feligreses y socios de cuotas de ayuda,  podemos facilitar datos y argumentos para que un tipo de gente se consolide en su inmovilismo y su inactividad a favor de otro mundo mejor. Este punto es otro de nuestros callejones sin salida. De una parte, toda la consideración que nos merece el movimiento solidario y  la ancha y diversa gama de  colaboradores no nos prohíbe el derecho a la crítica de lo que vemos. De otra, al hacerlo se nos puede tomar por lo que no somos o al menos no queremos ser: críticos con críticas estériles.  No hay forma de pensar en voz alta si no es libremente. No hay libertad de pensamiento si no es expresándolo críticamente contra otras formas de pensar y actuar. Elemental querido Watson. Lamentablemente el autor de una idea no puede ir detrás de cada quien que la use para sus propias conveniencias, para seguir calentando el brasero de sus intoxicaciones, o para manipularla según sus parámetros.

Uno de los motivos de nuestro viaje al querer recorrer África es reflexionar sobre la solidaridad y sus límites. Tras cada cartel de ONG hay gentes y trabajos que no conocemos. La entrevista en Niamey con el gerente de una árabe Ai ddia (the light) con aulas para enseñar informática además del Corán me enseñó que toda generalización, como siempre, es injusta. Lo que hace un grupo solidario puede no tener nada a ver con lo que hace otro compartiendo ciudad o incluso calle. Ambos estuvimos de acuerdo que la solidaridad no puede limitarse a la entrega de dinero que resulta desmovilizante sino que pasa por un intercambio de energías.

No estamos a salvo de cualquier libre interpretación de  quien siga nuestra aventura. Nota para lecturas de saltamontes: solo somos visitantes de un continente del que no hemos parado de hablar durante toda nuestra vida como paradigma de las miserias y los expolios. El contacto con la miseria no parece insubsanable. Bastarían unos cuantos edictos sobre higiene cívica y de puntos asistenciales clave. Otro asunto es el interés internacional en continuar teniendo un África bajo el dictum de los poderosos.  Posiblemente decir todo eso, que es más de lo sabido, resulta repetitivo y duro a los oídos duros para convencerse, o quizás, justamente, porque están tan convencidos no quieran volver a oír más del tema. No somos nadie para decir quién debe hacer qué. Apelar a la conciencia no deja de ser un subterfugio. ¿Quién sabe realmente lo qué es eso? Hasta ahora las pocas semanas que llevamos en el continente no nos están cambiando las posiciones teóricas que teníamos previamente. Es temprano para decir algo. Solo somos un par de blancos suficientemente forrados como para permitirnos este año sabático haciendo piruetas. Cuando se lo contamos a los nativos sistemáticamente nos dicen que debemos ser muy ricos para permitírnoslo. No contamos la alquimia de nuestros números y los años que hay detrás de trabajo asalariado y profesional. Lo cierto es que este viaje nos cuesta una pasta, incluso a nosotros que vamos siempre tras las opciones más llevaderas.

En las guías técnicas de lo concreto (lonely planet incluida, la cual francamente consultamos poco; parece que las especializadas por áreas o países son mejores, la continental que es la que tenemos es casi un quilo de lastre) y  en las bitácoras estructuradas por infos se pueden encontrar el dato concreto en pocos minutos. En una bitácora de la disertación nunca se encuentra nada de lo buscado y sí algo de lo imprevisto. Al principio de un libro además de  su subtítulo, el tipo de público aconsejado  y las dedicatorias, habría que recuadrar un preaviso sobre su código intelectual o su clave en discurso. Bastaría la leyenda escueta: para lectores. Eso podría evitar desalientos, confusiones, cansancios o aburrimientos. Cuando te pones a escribir sobre algo que te interesa presupones que tu pasión puede ser compartida por todo el mundo. Te equivocas. Nadie comparte en su totalidad las pasiones de nadie. En el mejor de los casos hay ramalazos de emociones puntualmente compartidas. No basta la literatura bien escrita para atrapar la atención de un lector, ni siquiera de los que tienen las paredes de sus pasillos repletas de libros. Hay que conceder que los lectores sucumben a sus sesgos y costumbres de las páginas, miles o cientos de miles, que hayan leído antes. En cierta manera un lector entrenado no deja de ser una rata de laboratorio (¿de aquí lo de rata de biblioteca?) condicionada según el condicionamiento o por los imperativos editoriales. A fuerza de escribir y de leer, en ese doble oficio activo-pasivo, se desarrollan criterios más estrictos. El profesor ante pilas de trabajos de sus estudios terminan por no seguir con la lectura tras encontrarse con una bestialidad, o el lector hiperactivo que tiene la cabeza en otra parte se pasa horas leyendo en vertical multitud de títulos sin poder resumir ninguno cuando se le pregunta o dentro de los amigos que te siguen en la aventura intelectual hay que aceptar la falta de ganas y sobre todo de tiempo para seguir al detalle tu libro. Soy el primero que no lo leo todo. Si hay alguien que lo lee todo que levante la mano.

En  mi último demenagement tanto Vic como yo tuvimos que aceptar que una considerable parte de cosas que guardábamos en nuestros archivos obedecían a razones nostálgicas y a vínculos biográficos con intereses del pasado ya extinguidos. El problema es que un lector se cree serlo cualquiera que es capaz de descifrar una oración de no más de siete palabras. Lo mismo que hay escritores que creerán serlo por haber compuesta un par de poemas. Como el chico afectado de Polio, Amadou Kone, de Segou, que trató de vendernos  por tres euros unidad  mini fascículos  que prepara él mismo y que por lo que leímos eran bastante malos. El chico se enfadó porque François comentó que al final todo se resolvía a lo mismo: vender y comprar.  También se cree que le basta tener un ordenador desplegado en su mesa para que se le cambie la vida. Una de las chicas que trabaja en el orfelinato tras saludarme me ha pedido que le regale mi ordenador. Tras mi perplejidad la he pasado por la prueba del algodón. Le he creado una página en blanco. Asseyez vous. Ecrivez, n’ importe quoi. Sus dificultades con el teclado se han puesto en evidencia. Tras algunos minutos para teclear la B de Benedictine, su nombre, le he sugerido: d’ abord, tu fas un cours d’ ofimatique, aprés tu escris, aprés tu demandes un ordenateur. A menudo falta el proceso lógico de las cosas. Querer los resultados sin pasar por su esfuerzo.

Mientras estamos en el patio del orfanato pasando el día y siendo un híbrido entre invitados y okupas viene el sirio del taller mecánico. Nos dice que cada mes viene a traer materiales: juguetes y ropa, que ese orfanato tiene alta consideración porque prefiere más materiales que dinero (nuestras noticias son otras). Lo cierto es que hay tres turnos de trabajo con varias mujeres que se ocupan de los niños y nos parece gente seria. Una de las monitoras cuando se va se pone sus mejores galas y ostenta más oros en sus brazos de los que hemos tenido nunca nosotros dos. El nombre del orfelinato debe sonar en varias partes. Un cartel del abril último de una obra de teatro de Gilles Ganglof, Regime sensual representada en La Tour en Jarez Fr, para recoger fondos de ayuda indica que es un nombre que se mueve en la lista de los ayudables. Seguramente quienes estén más puestos en el mundo de la solidaridad práctica tendrán que reconocer que el mismo hecho de las listas de destinatarios de la ayuda ya son en sí mismas discriminatorias. Quien no está en ellas no existe. La ayuda internacional se debe vehicular más fácilmente sobre direcciones, intermediarios y prácticas comprobadas que no a lugares donde todavía no ha llegado ninguna entrega de nada. Pienso en Gogui y en Chegoun. Tenemos una primera intuición que los siguientes meses se encargarán de confirmarnos o desmentirnos: la solidaridad se centra más en los lugares más agradables, o de intervención más fácil. En los feos y lejanos se hace más difícil de concretar.

En la pequeña carta informe de nuestros portes y conferencias enviadas a Barcelona aseguramos que el material solidario no sirve para solucionar los problemas endémicos de África y que la hace material dependiente además de consolidarla en su desidia. Esa psico-dependencia impugna aún más su futuro.

Desentrañar todo eso pide algo más que frases simples y afirmaciones contundentes. Nos  lleva a mezclar el relato con el ensayo, lo concreto con lo especulativo y a nosotros con los demás; a una literatura que no es ni quiere ser la típica de viajes en la que se suelen repetir las anécdotas una década tras otra con gentes de distintas procedencias del mundo.

Puestos a escribir lo que pensamos más que lo que hacemos se diría que seguimos un itinerario intelectual más que uno geográfico en el que lo que varía es el nombre del lugar desde el que escribimos. Eso no tiene porque ser tolerado por quien quiere datos y no disertaciones. En las ciudades hay un 010 donde preguntarlos. Internet está lleno de datos específicos, direcciones y teléfonos que aquí cuando aparecen, si aparecen, es por pura casualidad.

A fuerza de escuchar comentarios sobre modos de escribir he llegado a la conclusión que hay dos clases de analfabetismo: el ágrafo que no ha aprendido el significado de los signos escritos y el de un tipo de intelectualismo gráfico que no ha aprendido el valor de los significantes añadidos a las palabras. Cada texto, información, objeto teórico, trama de relato o argumento lleva una sobre significación agregada a la función de cada palabra que maneja. En cuanto al primero, el hecho de tener el dominio intelectual de la lengua materna con su representación escrita equivocadamente da el salvoconducto para pasar por sujeto alfabetizado. En realidad el analfabetismo nos sigue alcanzando en tanto que la mayoría de lenguas quedan fuera del dominio personal. Por lo que hace al lector con capacidad de leer líneas y palabras pero no de entender su significado críptico lo libra aun menos de su analfabetismo especializado. Es así que en las paradojas modernas de la intelectualidad nos encontramos con académicos y profesores capaces de soltar un curso sí y los veinte siguientes también la misma materia como cotorras y desautorizar alegremente cualquier otro tipo de texto que no entre en sus esquemas o prosas. Hervé Hamon hablaba de los intelectócratas palabra que hago mía y que extiendo a aquellos que si bien tienen lecturas, títulos, academias, cátedras  e inercias en lecturas periodísticas no la tienen en reflexiones autónomas y disertaciones por libre. Algún día alguien hará un estudio demostrativo que un tipo de saberes institucionalizados van en contra de la sabiduría global.

 



[1] http://unviajeexistencial.blogspot.com/2008/02/delicadeza-crtica.html

38. Hacia el Oeste.

38. Hacia el Oeste[1]. Ouagadougou 2008 febrero 09

En Fada N’Gourma, la mujer del restaurantito junto al servicio de internet de la Poste pone cara de enfado por haber pasado parte de la tarde con nuestros ordenadores enchufados y de tertulia con el francés que le pide que le guarde el equipaje y que solo le consume agua corriente. Nos comenta que debemos gastar mucha corriente eléctrica. Le explicamos que  los 65 w de cada ordenador equivalen a media bombilla y está muy por debajo del consumo  de la nevera con la hélice a la vista sin proteger y corriendo que tiene conectada. Nada más levantarnos para irnos desconecta el fluorescente de la carpa comedor.

Al lado. La sesión de 30 minutos de internet en la Poste es un desastre. La conexión va muy lenta. Solo me da tiempo de leer 4 cartas-mensajes de correo personal.

Alexandre nos ha dado una información valiosa. La de la Misión Catholique local donde ha pedido plantar su tienda semiiglú. Al anochecer vamos allí y hablamos con la soeur responsable. Le comentamos que nos dirigimos a Ouaga a entregar material a Home Kisito y  preguntamos si podemos estacionar nuestro vehículo en su recinto. Acepta. Además nos invita a cenar y al desayuno del día siguiente. No hablamos de precio. El recinto está arbolado y pasamos una noche segura y agradable. Coincidimos en el comedor con un grupo de juveniles haciendo un stage de no sabemos qué. Hablamos con un técnico que ha traído grupos electrógenos contándonos sus dificultades para que los africanos asuman la responsabilidad de los materiales que se les dan. Antes de acostarnos lingoteamos parte de nuestro bayleys o marca imitativa bajo la belle etoile. Noche fantástica. Mosquitos:cero.

La Misión catholique es un nombre de las recurrencias. Nada más llegar a una ciudad aparecen signos de su labor pastoral o como sea que se llame. En la Paroise unas aulas con muchachadas cantan cánticos religiosos. En algún momento suenan las campanas de alguna iglesia. Continuamente conocemos gente que lleva rosarios a modo de collares y que se nos presenta con nombres cristianizados. La soeur de la misión me aclara que el catolicismo está más extendido en Burkina que en Níger. Mis referencias  anteriores de las misiones católicas no eran, siguen sin serlo, muy elogiosas. Recuerdo todavía la anécdota de unos conocidos de Menorca que cruzaron el desierto  argelino y nigeriano con su tractor y su carromato. Uno de ellos al final de su ruta se dio una zambullida en un rio y se partió la medula al lanzarse sin ver, el muy estúpido, donde lo hacía. Los otros dos pidieron auxilio a las mujeres católicas vestidas de hermanas que pasaron totalmente de echarles una mano. De todos modos no es por eso que tenga ideas preconcebidas sobre el catolicismo. No he olvidado que una vez fui católico y pagué todo lo que tuve que pagar por serlo. Fui culpable de haber nacido, ser pecado y toda la ristra de ataques psicológicos. No olvidamos que es una organización jerárquica con gente servil que cumple órdenes, a la cual si bien no disculpamos podemos hasta comprenderla. Mejor la pluralidad de religiones que el inch Alláh continuo por único predicado cacofónico.

A la salida de Fada pagamos el peaje de carretera. Otro ticket para la colección. Subimos a una chica hasta Koupela. Sabe hablar francés pero no es habladora. Luego nos detenemos en Zorgo para visitar la asociación de handicapes de Vicente Paul aunque la encontramos cerrada, En Ouaga vamos directamente a Home Kisito donde la sor al mando no está al mediodía. Dejamos estacionada la furgo y vamos al restaurante Senegalais muy cerca, un popular restaurante donde básicamente van hombres. Uno nos explica que son las mujeres las que no les gusta mezclarse en medio de tantos. No es cierto, cuando luego regresaremos por la noche también hay mujeres, aunque menos en cantidad y con bastante desparpajo y autoridad.  En un momento dado llega una troupe de blancos blanco-traslúcidos que se instala apelmazada en el patio como gheto. Comemos riz au gras y bebemos cocacolas. Es un local que no dejan fumar ¡bravo! Y no sirven cervezas ¡grrr! Hablamos con los comensales con los que compartimos la punta de la mesa. Todos usan unas jofainas y jarras de plástico que están repartidas por el suelo  que contienen agua para lavarse las manos. La mayoría no usan cubiertos.

El resto del día nos  movemos con la silla por la ciudad. Vic tan pronto puede se separa de la silla y pasa a utilizar las incómodos asientos de metal. Yo ocupo su silla. Me abutaco y disfruto de las placeres de un culo sobre superficie blanda.

Ouaga es una capital mejor organizada que Bamako y Nuackchott. Hay carriles especiales para las motitos que es el principal medio de transporte individual. La gente es amable. Solo puntualmente algún fanático atrapa-blancos hace aspavientos en medio de la calle para que nos detengamos ahí donde nos indica cosa, que por supuesto, no hacemos. Desde que hemos entrado en Burkina hemos vuelto a poner ruta al Oeste.

En Home Kisito, Lázaro, el chofer, nos acompaña hasta  Carmen Kisito, un refugio de mujeres, donde concretamos con soeur Marie, su responsable,  dar una conferencia para el día siguiente. En principio no está advertida de nuestra llegada. Nuestro contacto de la ONG catalana no la ha avisado directamente. Lo hizo a los del orfelinato, que tampoco se dan por enterados de nuestra presencia. Las cosas se aclaran al llamar a Barnápolis. A la vuelta al home Kisito, la otra soeur, Cristine, tras poner cara como si se le viniera todo el peso del mundo encima acepta que también pasemos la conferencia el siguiente lunes. Hay un momento en que volvemos a sentirnos como los encargados de preparar el sermón del domingo. Algo nos hace sentir como si estuviéramos pidiendo un millón de dólares a no devolver. Decimos que si hay algún problema por nuestra parte tampoco vamos a insistir. Francamente nos da igual dar las charlas como no darlas. No cobramos por ellas y en general en este tipo de centros ni siquiera tienen la idea incorporada de sistematizar un espacio cultural. En cuanto a nosotros como ambulantes solidarios ya estamos curados de cómo se nos pueda tratar ¿qué menos que agasajar a los transportistas de materiales solidarios con alguna clase de deferencia? Nos decimos. ¿Qué menos que mostrar el centro u ofrecer alguna clase de hospitalidad? Sin duda somos unos pequeño-burgueses incorregibles que nos enseñaron a esperar que nos dieran las gracias.

Kisito (1873-1886) fue un muchacho  que sufrió martirio a los 13 años  quemado por sus convicciones cristianas. Era paje de la corte del rey Mowanga en Uganda. Se le atribuye que quiso parecerse en todo a Cristo. Tras su asesinato se cuenta que muchas personas pidieron el bautismo. A saber lo que hay de verdad en su padecimiento lo mismo que en las virtudes atribuidas a  todas las planas mayor y menor del santoral. No es un tema de nuestro estudio.

La conferencia en Carmen es ante una veintena de personas. Volvemos a tener la sensación que el personal asistente ha acudido a golpe de pito. También hay unos cuantos blancos. Explicamos nuestra teoría de la disfunción generalizada en las sociedades occidentales y longevas sacándola de la categoría estrecha del padecimiento de los cuerpos no estandarizados. Tratamos de provocar el debate pero el personal no está para tantas lisonjas. Una hora después recogemos nuestra pizarrita, los ordenadores y nos vamos. Crear un espacio de palabra de grupo es lo nuestro. Poco o mucho es lo que hacemos en nuestra ciudad y poco o mucho se basa en el criterio de que a través de la discusión se crean coordenadas para la formación. Humildemente presentamos nuestros temas no como palabra intocable sino como ideas para la discusión. Los tics en el aula de escucha son parecidos como en todas partes. La primera hilera de sillas queda vacía sentándose en la segunda y tras un trato no excesivo de palabras aparecen bostezos o reposturaciones de incomodidad en las sillas. Lo hacemos mal, pero ¿tanto?

 

No estamos siguiendo un proyecto determinado en este viaje salvo el de hablar, el de recorrer, el de conocer, el de medir nuestra relación convivencial de a dos  a veces en momentos casi extremos. África esta intensamente cruzada por intervinientes occidentales con ideas occidentales. No paramos de encontrárnoslos. Lo cierto es que los espacios culturales de registros ligados a nuestros orígenes nos dan de alguna manera un sosiego. Pero no es porque veamos blancos que nos sentimos más seguros. Cada cual va con su historia. Priorizamos, en la medida que nos es posible, la comunicación con la gente nativa. Además siempre nos toca preguntar por el país siguiente que tenemos previsto en lista. Todo lo que tenemos o lo más que tenemos es lo que nos proporciona el habla. En cierta forma nuestra seguridad personal también depende de nuestra extroversión. Todo lo que no hago en casa, en mi ciudad, con mi trabajo lo hago como viajero. Vic es más dicharachera que yo y más relacional cuando estamos en casa, pero viajando los dos somos callejeros y comunicativos por un igual.

A la vuelta a Home Kisito descubro una rueda posterior pinchada. Volvemos a estar de suerte. Nuestro ángel nos custodia. Un tornillito  ha sido el responsable. Tras cambiarla nos trasladamos a un local Penumata con la categoría de  los que tenemos en Europa. Por 1000Cfas cambian lo que es un doble pinchazo metiendo dos tapones de goma. Me intereso por comprar una segunda batería como auxiliar para conectarla en paralelo y fijarla entre los dos asientos. Hablo con el gerente del local, un sirio, que marca un talante distinto en la forma empresarial de llevar su negocio en relación a los africanos. Por cierto, él nos confirma que el fundido del fusible y el casquete de la opción complementaria de recarga de la batería desde el mechero terminal se debe a que el cable es demasiado fino.

Por la noche nos hemos instalado en un local de bebidas donde podemos tomar Flag. Se llama New Look. Hay varias camareras marcando sus tipitos. Estamos en la calle y nos alumbramos con nuestros frontales. Los mismos que usamos para ir con la silla de ruedas por la calle para evitar que nos arrollen. Cualquiera de nuestras escenas puede llamar la atención inicialmente, el primer minuto, pero luego es integrada en la escena sin que parezca nada extraña. A un par de chicos, que vienen con dos columnas de libros   dándolos a la venta, después de un continuo paso de chicos ofreciendo de todo: tarjetas prepago de móvil, cacahuetes, juguetitos, palomitas de maíz, indigentes,…les elegimos tres. Cuando se van un gritito tonto: ¡vivre la culture!

Pasamos la noche en la furgo en el pequeño parking del orfelinato tras ser autorizados a eso por la apesadumbrada Soeur.

 



[1] http://unviajeexistencial.blogspot.com/2008/02/hacia-el-oeste.html

37. Recurrencias

37. Recurrencias. Kantchari Burkina 6 febero 2008-Fada 7 febrero 2008 http://unviajeexistencial.blogspot.com/2008/02/recurrencias.html

Burkina, es el 5to país del itinerario de ésta agenda aunque realmente el cuarto descontado Marruecos que en realidad contiene dos y que queda en la lista de los países conocidos con anterioridad a este año.

Hay gestos, actitudes, formas, objetos recurrentes en distintos países aunque crucemos fronteras. Los estados insisten en predicados contra toda lógica como de un solo pueblo, una sola idea, un solo propósito, que reza en Mali, o el de una pasión, un objetivo que reza en Níger. La gramática en manos perversas es altamente lesiva y siempre confusionista. Los estados inventan unidades a la medida de sus conveniencias. No hay continente que no tenga experiencia en eso. Y, ciertamente, cada país con nombre distinto tiene idiosincrasias diferentes aunque la lupa para advertir la consistencia de estas pasa por cada pueblo, cada lengua y, en última instancia, cada persona.  El común denominador más sorprendente de los países que atravesamos es la comunicación humana. Cuantos más quilómetros llevamos en nuestro haber (tampoco tantos, poco más de 7mil hasta ahora) más nos dejamos penetrar por el ritmo africano. Hacemos vida de calle. Nos fundimos con ella. Trasladamos, en la medida de lo posible, nuestros hábitos a las nuevas circunstancias. Hacemos vida de despacho, si aún así se puede llamar, en la vía pública. Pedimos conectar nuestros ordenadores ahí donde vemos un enchufe. Hemos aprendido a compartir el ordenador con la gente que comparte nuestra mesa y con la que hablamos. En realidad estamos haciendo un viaje compartido en la medida en que contamos nuestra aventura y los demás nos cuentan la suya. Siempre hay terceros a nuestro lado. En la cabina de la furgo a nuestra derecha agente que nos pone la mano, en las mesas de los bares o ahí donde nos detenemos. Burkina nos da buenas vibraciones desde el primer momento. En  Kantchari la chica del bar, una chica de 17 años con un cuerpo sensual completamente desarrollado, un culo de tobogán y que hacia mohitos a cada foto, nos dio la bienvenida a otras estéticas. Los niños ya no son tan pesados como en las anteriores latitudes. Nuestra experiencia con el papánoelismo va adquiriendo una precisión quirúrgica de máxima solvencia. Practicamos regalos personalizados en lugar de entregas por sistema. Eso lo hace injusto sí pero crea una relación distinta. Explicamos al mismo tiempo el significa del regalo y la potestad de hacerlo a quien lo da no como algo producido por  quien lo pide. En el bar nos reconocen unos aduaneros. Cuando les decimos que pensamos pasar la noche donde tenemos aparcado la furgo o muy cerca bajo un árbol junto a un pozo de varias decenas de metros, nos ofrecen pasarla en su patio. En principio insisten en que utilicemos una de sus camas pero finalmente aceptan nuestras razones para usar la nuestra. La verdad es que no tenemos ninguna gana de cambiar la litera  rodante por una cama, que aunque preciosa, hecha con ramas torcidas y unidas con alambre, lo mismo que las butacas, y que debe ser supe cómoda, pero que supone bastante ajetreo en nuestra micro realidad doméstica. Pasamos una velada bajo les etoiles. Estamos con Antoine, Fidel y  Desiré. Ellos insisten en encargar pollo. Nosotros hacemos una cocina de campaña con nuestro fuego: tortellini con tomate a las hierbas. Usamos por primera vez agua que hemos recogido antes en Níger y hemos disuelto a dos tapones de lejía los 5 litros. El resultado final tiene un sabor extraño que no sabemos a que atribuir pero gusta a todo el mundo y no queda el menor resto del plato. Yo pruebo por cortesía un muslito crudo de pollo. Pasamos una noche con absoluta tranquilidad y confianza. A la mañana siguiente nuestros anfitriones ya se han ido. Nos damos una ducha de cubos y repartimos un montón de gorros a un montón de niños que vienen a mirarnos.  Regresamos al puesto de douane para decir au revoir a Fidel y comprar otro par de litros de miel, algo que nos ofrecieron distintos niños/as el día anterior a 1500 francos litro. Nos parece una ganga aunque el te mañanero con esta clase de miel no ha sido gran cosa.

En Fada nos instalamos a comer en una cuneta en uno de los muchos puntos de comida que hay en lugar de elegir un restaurant con mesas. Es la primera vez que lo hacemos. En Bamako estuve a punto de proponer hacerlo en uno pero en el último instante me inhibí. Por tanto, sacamos nuestra mesa de aluminio y nuestra butaca. Por un plata exquisito de riz. haricots, espahetti –todo mezclado- y salsa, pagamos 150Cfas (los precios de lo supervivencial tienden a la baja según vamos mezclándonos más con lo popular aunque el gasoil y los auberge siguen igual de caros. El litro de la sopa de motor cuesta 640francos). Tras nuestra comida, uno de los muchachos que anda con una lata vacía de tomate atada al cuello con un cordel, junto a otros con algo parecido o una especie de cubitos de plástico para recoger comida (son niños de escuelas coránicas que venimos viendo desde otros países anteriores), y que ha recogido las sobras de mi plato,  pagamos una comida de lo mismo que hemos comido a cuatro para que se la repartan, lo cual hacen con una absoluta solidaridad mutua. Mientras tanto hablamos con dos mujeres, una con su niñito al que le da una enorme teta para mamar y otra una chica joven que habla francés. A ésta cuando le decimos que andamos buscando un hombre africano para Vic y una mujer africana para mi, nos dice que somos muy viejos. A la mujer de las mamas enormes le regalamos un sujetador y a la chica joven de tipito muy bonito un top. Para nuestra sorpresa las afro negras son más desenvueltas que las magrebíes algo que ya advertimos en Mauritania y que no para de confirmarse.  Lo que nos cuentan sobre su capacidad de decisión y elección de hombres no deja lugar a dudas. En algunas escenas hemos visto dar broncas descomunales a hombres que se achantan y aguantan la tormenta. Vic ha estado sentado en un banco junto al puesto de comida, justo al extremo, más allá de uno de los puntos de apoyo, al levantarse otro chico, ella casi se viene abajo. Esto ha sido motivo de una de las escenas de este tipo de broncas cuyas palabras ha repetido varias veces pidiendo deferencia a la madame. Hemos tenido que pedirle que parara ya de bronquear al muchacho.

Sin embargo antes de dejar Níger nos detuvimos ante un grupo de mujeres que llevaban cantaros en sus cabezas y que formaban un precioso conjunto, Un kilometro antes estaba el poblado y vimos la típica escena de un grupo de hombres ociosos en la sombra. Para hacer las fotos tuvimos que recular un poco. Las mujeres se dejaron fotografiar encantadas aunque una de ellas se había ido corriendo pero luego volvió, Mientras hacíamos las fotos los hombres vinieron a la carrera para interesarnos por nosotros y para tratar de ocupar el centro de nuestra atención.

Tras la comida en Fada hemos buscado un sitio fresco, un restaurantito con mesas junto a la Poste, que tiene un servicio de internet,  donde trabajar con nuestros ordenadores. Pronto se ha organizado una tertulia más. Ha llegado Alexandre, un mochilero de la Rochelle del Atlántico francés y un lugareño, Lazare, con quienes hemos compartido parte de  los temas que nos ocupan estos días: el interés de europeos viajeros por África, los distintos tipos de viajeros, y la condición discriminada del hombre blanco a pesar de las deferencias recibidas en suelo africano.

Si tiene algún sentido viajar pasa por el hablar con la gente de los lugares. Los museos, la geografía, los exotismos, los safaris, los otros extranjeros tienen desde luego interés pero nada supera al tú a tú con los residentes de los lugares.

Cruzar fronteras te obliga a comparar. Nos enfrentamos a una serie de recurrencias. Mujeres que usan la escoba sin palo con la consiguiente posición doblada de sus espinazos para sacar el polvo, hombres que llevan un tapabocas oscuro para librarse de la contaminación, la expectación que generamos ahí donde nos paramos, el bon jour-ça va? continuos aunque la mayoría no sepa como siguen las siguientes frases en francés.

En los mercados venden bolsas de plástico de coloridos para cargar cosas, los boles, platos y vasos  de acero inoxidable, las niñas esperando a la carretera con sus frutos para ofrecérselos a conductores. Cualquier cosa que hacemos despierta  expectación, también que juguemos al ajedrez momento en el que  bandadas de niños  deciden ponerse alrededor nuestro siguiendo atentamente el movimiento de nuestras fichas. Hemos visto varios niños con una hernia de ombligo o con sobrantes de carne en esta zona que les caen a modo de trompas, también críos con elefantiasis con piernas tan enormes que necesitan valerse de sillas de ruedas.

En Níger es donde hemos hecho  menos quilómetros y recorrido menso lugares (nos detenemos en Nyakatire. Ahí fuimos rodeados por niños y al atardecer  reubicamos la furgo junto a la explanada de tiras de leña que esperaba a ser embarcada. Velada junto al fuego con los profesores. Tema recurrente: los recursos explotados de África por los colonialistas. Nuestra posición: la lucha por un nuevo tipo de auto organización africana pendiente. Algo que nos reconocieron es nuestro atrevimiento a convivir con ellos, algo que los franceses, nos dijeron, no se atrevían a hacer.

A la mañana siguiente fuimos  a una de sus clases y  hablamos a los niños  que pusieron una  cara muy atenta pero parece que no entendían  nada. Desplegamos nuestro mapamundi en el encerado e hinchamos la pelota de plástico que representa la tierra para contar de dónde veníamos. Luego hablamos de la importancia de los recursos de la enseñanza.

Retomamos la ruta hacia Burkina. Las diligencias de salida de Níger fueron rápidas. El hombre uniformado escribió rápido. Y el que puso  los tampones me recordó  que apenas quedaba sitio en mi pasaporte. Me temo que tendré que buscar una embajada española  para renovarlo o hacer uno supletorio. Burkina ha sido el país hasta ahora más correcto en la forma de control burocrático. Todo va con recibos, los tipos uniformados son serios. La imagen de los policías malineses con los petroleros por todo adelanto y las mesas de despacho abolladas exigiendo un soborno queda atrás. Nada más cruzar la frontera se ven bidones serrados por la mitad como poubelles. Sacamos la visa por 7 días en la misma frontera por 10.000 francos una prorrogable a tres meses sin coste adicional en la dirección general de la police de la capital.

Nos instalamos en Kantchari, vemos un bar y nos metemos dentro. Comemos arroz con salsa y nos pasamos parte de la mañana y de la tarde con un montón de cervezas añadidas y alguna cocacola. Los precios también son mejores que en Mali. Compro un radio transistor ya que nuestra radio del coche no sintoniza emisoras locales y una llanta de aluminio de bicicleta para usarla como soporte de cortina para nuestras duchas. Encontrar agua es fácil pero no tanto espacios limpios donde asearnos. El aro se puede soportar en el portaequipajes y la cortina con pinzas. Es cuestión de probarlo y ver qué pasa.

Kantchari está al lado de  la aduana. Vemos un bar donde nos zambullimos sin pensárnoslo dos veces. Pasamos parte de la mañana y el resto del día hasta antes de anochecer.

Somos advertidos por una pareja que paran a tomar una cocacola, miembros de Amis de kantchari y que residen en Valance, ciudad donde por cierto me pasé medio año de esto hace mucho, precedentes de asaltos previos de bandidos  con khalasnikov  y la noticia de algún occidental herido de bala en la carretera hasta Fada. Al día siguiente  la recorreremos a una mayor velocidad de la habitual. y hasta Fada no encontramos ningún control en ruta. A lo más dos soldados con un fusil ametrallador sobre el muslo y una motito de mentira patrullando.  Pondré el carro a 110 de media y en algún momento advierto que la aguja del  velocímetro marca los 130. No paramos en ningún momento hasta llegar. Hay varios pueblos por el camino y ningún bandido a la vista. Aun así hemos tomado precauciones guardando los ordenadores en el zulo mayor y las tarjetas de crédito en varios sitios. No precisamente por la prisa un pájaro que decide emprender el vuelo por el lateral de la furgo se confunde y a la altura del parabrisas decide cambiar de dirección y choca contra el cristal saltando por encima posiblemente destrozado. Otra muerte por nuestra causa. Me tiritan los dientes por un rato. Me siento fatal.  El animal era de más colorido y envergadura que el anterior que maté. Me pregunto qué vamos a hacer si atropellamos un cabrito de los michos que pasan a la carrera atravesando el asfalto tras su mamá. Nos detendríamos, recogeríamos el cadáver y los daríamos en el primer puesto de comida que viéramos para que al menos aprovecharan su carne.  

Cuantos más días estás en un mismo emplazamiento más conoces y más te conocen. La comunicación es un proceso, nunca un acto único. Posiblemente la visión africana del blanco es el de un individuo estresado y con prisas que salto de ciudad a ciudad y de hito turístico a hito turístico sin mezclarse con las gentes intermedias.

Estamos preguntando sobre Cote d’ Ivoire para guiar nuestro itinerario hacia allá y pescar los países que hemos dejado atrás en el oeste. En nuestro repertorio de preguntas tres clave: estado de las carreteras y estado de las relaciones entre un país y el siguiente. También, claro, peligros del nuevo país.

 

36. Un observatorio ambulante

36. Un observatorio ambulante[1]. Niamey 3 febrero 2008

En los últimos tiempos la cultura más materialista y celosa de garantizar los beneficios nos ha acostumbrado a verificarlo todo. La palabra no es suficiente para contar con ella como garante. Es así que se la vincula al contrato, a la firma, al compromiso y, en el caso de su incumplimiento, a la amonestación, la crítica y  la cancelación del acuerdo más la demanda de indemnización por daños y prejuicios. Grosso modo todas las relaciones humanas son transacciones que pasan por ese circuito. 

Desde la sociedad civil, muchas organizaciones reivindicativas y planteamientos cautelosos han venido poniendo en duda los acuerdos entre estados que sirven de poco y los sondeos diplomáticos que quedan en el palmarés de las tentativas. Han exigido con justas razones históricas erigirse en observadores internacionales de los déficits en las realidades en las que intervienen, poniendo en tela de juicio las actuaciones de los gobiernos locales. Atendiendo a la avalancha de tanto intervencionismo de entidades y personas cooperantes se asiste a un fenómeno de una proporción tal extensamente diseminado y descoordinado que sugiere la  necesidad objetiva de un observatorio de la solidaridad activa en los sitios de recibo. Al iniciar nuestro viaje pensábamos que una de las cosas que podíamos hacer era de observatorio ambulante de las ONG. No hacía  falta hacer un itinerario previo de visitas o calendarizarlas. Basta/ba con estar atento a los numerosos carteles que las anuncian por la carretera y saludarlas y preguntar por su labor. De momento vemos carteles que indican puntos de reunión pero no hemos encontrado a nadie. En una gran carpa en Mauritania instalada junto a la carretera para enfermos  e indigentes con una carpa militar al lado con un blanco dentro, nos dijeron que en aquel momento se habían ausentado. No nos esperamos. La verdad es que tenemos nuestro propio pudor en preguntar. Otro asunto es provocar conversaciones que vayan permitiendo las preguntas mutuamente consentidas. Tampoco nos hemos detenido suficientemente a esperar a la gente encargada. La impresión que de momento seguimos consolidando de las ONG es que forman parte de la élite de las empresas extranjeras. El chofer de un  Land Cruisier de Oxfam que hacía de eso, de chofer, esperando a dos chicas de color despampanantes y a un hombre, que se sentaron detrás del vehículo,  saliendo de uno de los restaurants elegantes o al menos caros de Niamey, chino por cierto con los farolillos rojos pero sin chinos a la vista en su gestión, lo mismo que otros; quiso animarnos a que la ONG del logo que aun llevamos enganchado en la chapa de la puerta y que un día de estos sacaremos, instalara un bureau en la ciudad. Le cuestioné su idea de acuerdo con la nuestra de que la cosa no pasa por aquí sino por la autoafirmación de los nativos con sus recursos y con su autogestión. Cada vez que planteamos esta idea más bien encontramos admiración aunque sorprendida en lugar de negación.  Un trabajo de verificación exhaustivo de las Ongs en sus lugares de intervención posiblemente arrojaría datos de concienciación que pondrían en peligro la misma imagen de ellas y del estilo solidario hegemónico. No negamos su labor objetiva y su potencial de salvar vidas o curar enfermedades o ayudar en casos extremos de fatalidad, pero indirecta e involuntariamente el trabajo que hacen ellas sirve para engrosar una clase alta local generando puestos de trabajo privilegiados sin que las cosas fundamentales: mayor implicación de los gobiernos locales y regionales, modificación de la mentalidad y actitudes sociales profundamente arraigadas (ablación, explotación infantil, superpoblación, falta de higiene..) sean resueltas. Indirectamente y es muy duro decirlo, lo que pagan las Ongs por un lado a los más necesitados de África permite que sus autoridades centren sus gastos en sus enfrentamientos militares. Una hipótesis bestial: si Europa dejara de enviar cientos de miles de voluntarios a África, ¿acaso es tan seguro que África iría a peor? Una cosa es la ayuda puntual ante las catástrofes y otra muy distinta es la sistemática de un emporio de empresas competitivas que se reparten el sector de la solidaridad, como un sector más del mercado internacional. Sorprende que entidades tan reconocidas como la Unicef se autopromocione editando y repartiendo camisetas blaugranas con el logo del Barça. ¿Cómo pretenden cambiar los agravios a la población infantil si por otra parte alienan a los niños con los consumos de adiestramiento para no pensar como el futbol? El caso es que todo esto puedo escribirlo desde la comodidad de una isla confortable, el Restaurante Amandine,  en medio de una ciudad sucia, sin tener que habitar una chabola ni  tener que vivir con 45mil CFA al mes. No me sonrojaré por esto. A fuera esperan los grandes carros de los solidarios. Acción contra el Hambre y cosas por el estilo. En otros contextos son las limousine y los jaguar los que esperan fuera con  porteros que llevan sombreros de copa.

La propuesta de un observatorio ambulante metódico y riguroso significaría articular un protocolo y enviar a un equipo entrenado, con el consiguiente presupuesto para costearlo en detrimento de sacarlo a otros presupuestos que pagaran medicinas y comida, para observar  in situ el trabajo de cada ONG, la coordinación o no (más bien no) con las otras Ongs de la zona o localidad, la transmisión de los valores introducidos a veces con cargas mesiánicas o religioso-servilistas, la táctica de la entidad en implicar a sus áreas de necesitados en su sustento y desarrollo y por fin los intereses personales de los cooperantes y asalariados no siempre tan lícitos ni éticos  como parecen.  Bajo estos ítemes habría que medir un parámetro: el karma arrastrado por el europeo que desde su interpretación de la culpa los/nos catapulta hacia la obligación de tener que ayudar incluso en los extremos casos de que la ayuda objetiva es cuestionable (la medicina alopática sigue matando en los países desarrollados) y los necesitados se dejan manipular pasivamente con ella sin cambiar consecuentemente de actitud. La discusión más absurda entre un africano que se toca las pelotinis y un europeo que va de paso  pero que se muestra activo con su ordenador, sus libros, sus notas, sus mapas , sus informaciones o sus entusiasmos polémicos, es que aquel la  justifica que está como está por culpa de lo que sucedió siglos atrás o que Francia todavía debería asumir las necesidades de toda el área francófona mientras que el europeo le argumenta que lo que él tiene se lo ha ganado con décadas de trabajo continuado y con esfuerzo sin que nadie le haya regalado nada. No me dejaré llevar por la simplificación y evidentemente hay algo de la culpa occidental perfectamente lógica pero no engloba todas las causas de las miserias del tercer mundo. Una parte de ellas son la consecuencia directa de la desidia de sus habitantes y de sus gestores.

 

Recibimos noticias de Héctor, el chico de Rabat que tenía una cita coordinada por internet con un camión que debería a llevarle  a  él y a otros que contactaron por este medio a una ruta parecida a la nuestra. Nos cuenta que el chofer  resultó ser un capullo rematado, cambió el itinerario pactado y quiso deshacerse de un componente, un brasileño por no tener el visado para Senegal que no estaba previsto en el programa. Otros cuatro del grupo plantaron al conductor exigiéndole la devolución de la parte proporcional que le habían dado y se compraron un viejo mercedes para seguir ruta hasta Segou. Y es que hay de todo. El viaje es eso también, o sobre todo: los imprevistos y los cambios de planes.

El cuarto día en Niamey lo pasamos en este restaurant que hace de isla refugio con aire acondicionado y clientela solvente, dos agentes uniformados de seguridad en la puerta. Uno de ellos nos reconoce y nos recibe con grandes signos de alegría. Pedimos un espagueti carbonara que resultan ser  macarrones, con un bacon que es mortadela y una tortilla española que resulta ser clara de huevo frita y una lasagna con carne que viene con un envoltorio de aluminio prefabricado. A cambio tenemos por wifi internet gratis coincidiendo en una semana que lo promocionan. Mis entrañas deciden revolverse y sufro la primera descomposición del viaje. La homeopatía no la ha contenido. No, no creo que se trate de las exquisiteces del local, sino de la pasta apelmazada hecha con agua de cloaca y una salsa horrible tomada en platos de plástico del día anterior en el camping. Aquello nos costo 200cfas los dos platos frente a los 7mil de la comida de este lugar a la europea. Nos pasamos la tarde en el  establecimiento. Es un paréntesis de confort dentro de un África tórrida. Aquí vienen los blancos y también los negros más exquisitos, mejor vestidos y relacionados. Me siento como los comensales  del tema de Boris Pasternak en Dr Zhivago comiendo en un lugar elegante mientras la gente famélica y con frio les miraba con envidia desde la calle nevada. No, no es eso. No hemos encontrada gente famélica en todo el camino. Y aquí nadie se amorra a los cristales para vernos comer. Algo que sí nos ha sucedido en otras partes y que veíamos que los niños hacían en el punto turístico neurálgico de Hombori, no tanto por avidez de la comida como por espiar los gestos de los blancos o los nuestros.

En esta amalgama de sentimientos contra posicionados nos vamos moviendo. Todavía nos quedan once meses por delante para completar nuestra estancia. La verdad es que no tenemos prisa en cuantificar quilómetros. Desistimos de ir a Agadez, la zona más turística del país a causa de los Tuareg cuya simpatía novelera por ellos no nos da la excusa de cometer ninguna imprudencia, pero tampoco iremos a Zinder, en el Este,  en cuyo caso deberíamos repetir la misma carretera de vuelta ya que dejaremos que los líos en el Chad prescindan de nuestra presencia. Siempre en todas partes del mundo la violencia ajena condiciona la libertad de la gente que no queremos involucrarnos en ninguna batalla armada. Los violentos deciden la falta de libertad de los pacíficos.

Quizás en otra época biográfica me habría atrevido más a ir a no importa donde priorizando mi derecho a ir a los posibles peligros que encontrara. Hoy sé que no hay ningún lugar en el mundo tan fabuloso que  pueda justificar correr riesgos innecesarios.

 

Cuando nos contaron que Alexandra  con Jean Bogé apenas salía del autocaravanning en su viaje conjeturé un caso particular de agorafobia con alguna complicación sociófoba. Después de tener que  enfrentarte a situaciones que no dejan de ser estresantes por  someterte a prácticas continuadas de acoso no resulta nada extraña su actitud. Lo cierto es que la tendencia humana dominante es la de buscar referentes estables y eso pasa por tener lugarcitos seguros. Éstos pueden ir desde quedarte dentro de tu vehículo a no salir del alojamiento, como los recintos de campings, en el que te metes para descansar. Su endogamia objetada en otro momento de este discurso no siempre se cumple. En el de Niamey, no es hasta  nuestra tercera noche  que vienen otros huéspedes con un 4x4 supercargado. Es una pareja de un británico y una ghaniana. Han dormido en los asientos delanteros sin poderse echar. No los llamaremos bon vivants. Tanto el portaequipajes como toda la parte de atrás está supercargada de sus enseres domésticos. Han decidido dejar Gambia por estar hartos de soportar tasas especiales para europeos. Montamos la mesa del desayuno y les invitamos a compartirlo y a usar nuestro fuego para preparar café.

No hay ningún explorador por más aventurero que sea que renuncie a esos segurizantes. Después de un par de días de descanso nos volvemos a sentir frescos. Sobre la marcha son indispensables los puntos de sosiego, los lugares parapetados, los recintos más o menos seguros. En un registro poético podemos pensar en un viajero fuera de los perímetros pero en la práctica es difícil dar con uno que no pase por ellos. No hay nadie que no tenga sus límites. La conversación con el británico, un hombre jubilado con varios achaques, unos 10 años más que nosotros, sufriendo los resultados físicos de una vida sobre-esforzada  dedicada al trabajo, confirma lo de otros varios europeos de estancias prolongadas en África: su agotamiento de los controles y precios africanos. Nos cuenta su viacrucis con  la amantísima pasma cuando le robaron su coche, que nunca recuperó, que le exigieron que les pagara para dedicarse a investigar el robo.

 

He montado provisionalmente las dos plaquitas solares en el portaequipajes con estranguladores de nylon. Queda pendiente atornillarnos de un modo más seguro. Desde que amanece las placas son excitadas por el único astro-dios reconocido y cargan, aunque con una lentitud pasmosa, la batería. Cada vez que la batería tiene algo de corriente que nos enciende la lucecita del dormitorio y nos permite leer enviamos sendos mensajes de amor a Pere Badía por la una y a Paco Baldó por su instalación funcional.

 Hemos dedicado tiempo a reorganizar el interior de la furgo subiendo unas cuantas cosas, que no son de uso diario, al cofre y a un bidón. La falta de espacio puede resultar agobiante en una convivencia y la decena de bolsas y bolsitas de Vic que necesita para su bienestar significa que cada noche hay que montar una barricada  con todo ello junto a las ventanas de la puerta posterior. Hemos  recolocado pues ropa de invierno, ropa sucia, un mecano de reserva y dos de los 5 bidones de gasoil arriba. No teníamos que haber traído tantos, tampoco de agua. Nos hemos deshecho de uno ya vaciado y seguimos deshaciéndonos de prendas nuestras según las vamos usando. Todos los viajes tienen algo en común: enseñan lo prescindible que son muchas cosas que a la hora de cargar con ellas solo cumplen el rol de  la ficción segurizante. Eso lo aprendes tanto si haces el camino de Santiago a pie como si vas en avión o si vas en camión-vivienda. Sea cual sea el medio el exceso de cosas puede crearte problemas de organización en tu espacio.

Seguiremos caracoleando tranquilamente con las antenas puestas para que no se nos escapen los detalles de cada panorama. Tenemos tiempo para todo: para hablar con nativos, para hablar con otros viajeros, para preparar nuestros tés mañaneros (definitivamente los de las latas inglesas que traemos son mejores que los locales procedentes de China), para leer nuestros libros, los mismos que Federico nos pronosticó que no nos daría tiempo  de leer, para escribir con nuestros ordenadores. (no somos los únicos: tanto en Vía-Via como ahora aquí en Amandine hay otras muchas personas con sus pantallitas dale que te pego. Muchos utilizan teléfono por internet. Nosotros tenemos un par de programas pero no los hemos articulado para hacerlo. Vivir con el móvil apagado forma parte de la aventura. El mío lleva un mes, el de Vic seguirá encendido. Seguimos pagando sin embargo  todo este año por el contrato de ambos. 

 

 



[1] http://unviajeexistencial.blogspot.com/2008/02/un-observatorio-ambulante.html

35. Destilando imágenes

35. Destilando imágenes[1]. Niamey en el Camping touristique Yantala 2 Febrero 2008

Un diario de bitácora es para arreglarlo al final. Releerlo, corregirlo, reducirlo en sus repeticiones y ampliarlo en sus carencias, enriquecerlo con imágenes y sonidos. En el curso del mismo viaje los contenidos vividos son demasiado intensos como para detenerse a escribirlos o tener tiempo para reflexionarlos debidamente. Somos los hombres del saco que nos vamos llenando de impresiones, de multitud de voces e imágenes. En el ordenador aumentan los megas de las carpetas que las contienen, no así en el blog. La falta de puntos cyber y la demora en subir cada imagen junto a nuestros artículos determinada por la lentitud de la conexión nos crea una contradicción que no queremos alimentar: la de dedicar más tiempo a montar el blog que a vivir el viaje en todos sus  ratos.

Tras el primer mes de recorrido podemos sacar algunos datos: el promedio quilométrico diario es de acuerdo con la previsión inicial pero no el número de países. No tenemos que batir ningún record. Hay gente que te dice exactamente el número de países que ha visitado. Los tiene exactamente contados, lo mismo que su edad. Es una especie de dato curricular sobresaliente. Más quilómetros no significa necesariamente mayor conocimiento. Cuando preparábamos este recorrido por África sabíamos que algunos países no era recomendable cruzarlos por tener zonas peligrosas y de bandidaje. Deberíamos consultar informaciones de otra gente que también ha recorrido el continente por carretera para ver su itinerario seguido. Hasta ahora no hemos leído nada de nadie aunque uno de ellos Jan Bové de Catalunya  que viaja con un autocaravanning compartido con una rumana: Alexandra, salió unos meses antes que nosotros y lo último que supimos de él es que andaba por Botswana, Intercambiamos un par de emails y me quedé sin respuesta cuando le pregunté por donde iba a cruzar el mar Rojo no sé si para esquivar Sudán o para recorrer Asia.

Probablemente una buena parte de informaciones que nos faltan está publicada en la red. La diferencia entre tener un sentimiento de seguridad o no tenerlo con respecto a los lugares que nos espera cruzar pasa por la información sobre ellos. Las informaciones deciden  la influencia definitiva pero no hay una sola información que no necesite ser confirmada y computada debidamente. No nos podemos permitir el lujo de soportar el alarmismo de nadie.

Empiezo a tener nostalgia del mar y del baño diario. El Atlántico nos espera en Ghana, Togo, Benin… Quizás desde Burkina seguiremos al sur en lugar de seguir hacia el oeste. Mientras  los mapas de papel  se nos van cuarteando en la medida que van aumentando las veces en que lo consultamos es posible que nos venza mas la idea de instalarnos en un lugar por una temporada que estar casi cada día en la carretera.

 No tener claro el itinerario futuro que nos espera carga nuestro viaje con una dosis de ansiedad. De hecho la tenemos siempre antes de entrar en un nuevo país. Una vez dentro hay mucho de atractivo y de interesante. Aun así nos han dicho que no hace mucho ha estallado una bomba de pacotilla en las afueras de Niamey. El peligro tiene algo de subjetivo y cuanto más miedo tienes más proclive estás a padecerlo.

En este viaje hago bastantes fotos mientras conduzco. A ratos Vic toma el volante y yo puedo enfocar mejor la cámara con el cristal de mi lado de ventana bajado. Ninguna temeridad, a menudo rodamos a 70kms hora en interminables rectas y sin humanos a la vista. Las que hacemos a través del parabrisas cargan con los reflejos y suciedades adheridas.

 Compartimos la carretera continuamente con manadas de bueyes y vacas de cornamentas enormes, con rebaños de cabras que son los más agiles en abandonar el asfalto en cuanto nos ven ¡a correr que nos pillan!, con asnos absolutamente impertérritos. Los camellos, menos en el Sahel que en el Sahara,  todavía muestran algún signo de actividad. La viñeta típica de dos tumbados que giran la cabeza compartiendo coreografía en dirección al sonido de nuestro motor demuestra un alto nivel de energía al que no están dispuestos los asnos. Estos pasan totalmente del conductor. Lo más que hemos observado es que se paran al tocar asfalto si oyen un motor pero ni siquiera miran. Están un rato de meditabundos y cuando hemos pasado luego prosiguen su camino cruzando la carretera,  Todos nuestros cuidados no han impedido que nos lleváramos por delante un hermoso pájaro de pico largo. Estaba parado en la carretera cuya falta de coches no lo entrenó para el peligro. Cuando levantó el vuelo era demasiado tarde y se incrustó en nuestro morro. En la siguiente parada encontré el cadáver reventado. Lo saqué de la rejilla y lo tumbé en el suelo. Un magnífico animal.    Ser responsable de su muerte me hizo recordar un cierto número de veces que me he repetido en ese rol: una vez atropellé con mi coche a un gato que salió disparado de la cuneta metiéndose bajo las ruedas, en otra ocasión disparamos contra un hermoso papagayo en la selva amazónica que nos merendamos entre seis y nos tocó a hueso y medio a cada uno, de adolescente disparé con mi escopeta de balines a un pájaro en el patio de mi casa paterna y le acerté. No soy inocente. Si digo que me pregunto qué justificación tiene el viajero de quemar miles de litros de combustible  para un viaje de larga duración que desfavorablemente en los espacios que recorre movido solo por el placer de estar ahí estaría haciendo demagogia. El viajero antepone su inquietud viajera, sus ganas de ver mundo recorriendo rutas míticas o su móvil curricular de estar por los lugares por encima de cualquier razón objetiva. Los lugares pueden prescindir seguramente de la mayoría de viajeros que van a ellos. Claro que con esta óptica ¿qué harían países turísticos como Grecia o España, este con más de 50 millones de visitantes anuales, si estos prescindieran de venir por consideraciones medioambientales? Las diferencias ideológicas y de actitud que valoramos entre turistas y viajeros no impiden reconocer que ambos comparten el común denominador de venir con divisas y de generar emisiones de CO2.

 Nuestro vehículo tan codiciado por lugareños francamente está más que sucio. Sobre todo cuando el derrame del aceite del cofre  ha agregado una patina extra de polvo en algunas partes de la chapa. Nos hablan de mercaderes de coches y camiones que los traen desde Europa. Nos han hablado por repetido de un alemán que ha cruzado el desierto por Argelia y ha llegado por Agadez y que ahora está en Burkina. Tan pronto decimos que nuestra furgo es nuestra maison o lit roulante dejan de darnos la lata. Ante cada nuevo visitante o persona que nos aborda siempre nos toca preguntarnos de qué registro va. Si su móvil es el de intercambiar ideas y el placer de la comunicación o si quiere

Hacemos la mayor parte de las fotos posible. Podemos acumular cientos en la memoria de la nikon y la werlisa antes de descargarlas pero, francamente, somos más de letras que de imágenes.  La mayor parte son espontáneas, para algunas pedimos permiso. Siempre hay quien se molesta ser fotografiado y descubierto in fraganti en sus miserias o en lo que sea. Son la misma clase de personas que se molestan si las observas atentamente. A lo largo de distintos viajes he podido notar que hay gente que se molesta tanto por ser fotografiada como por ser mirada. He llegado a la conclusión que quien tiene algo que ocultar tiene objeciones a ser observado.  La única diferencia entre la cámara de fotos y los ojos humanos es que el soporte de la memoria es de orden distinto, pero en ambos casos hay una memoria biológica o física que las conserva. La mayoría de la gente sonríe cuando advierte que les hemos fotografiado y en ocasiones se coloca en posición de foto para que salga dentro del cuadro. En los mercados donde más. No hay descripción fiel posible de ellos. Hay que meterse en uno de ellos y mezclarse con la gente para pulsar la intensidad de los colores y los olores.

Los mercados son el corazón más vital de una ciudad. Lo que te da la dimensión más exacta de la realidad de una ciudad son sus mercados. Te enteras de los precios, de las costumbres locales, de los comestibles predominantes y de cómo encajan tu presencia.

Nuestra furgo con los dos bidones azules alineados en la parte posterior, el cofre en la anterior y eventualmente las dos plaquitas solares para las que todavía hemos de encontrar una solución definitiva de quita y pon, nos precede. Uno de nuestros visitantes al camping es el de alguien con un dedo corto que dice, en un inglés fluido, conocernos de Bamako, que viaja en su coche, que ha ido a Burkina, que nos ha mostrado media docena de tarjetas de managers, que nos ha ofrecido una dirección en Ghana  y que si le pagábamos el taxi ya que ha venido expresamente a saludarnos. Otro visitante es el de un comerciante que va con una tienda de camping europea, probablemente robada, que quiere vendérnosla por 50e. Le ofrecemos 5,5. Al día siguiente de conocernos insiste. Al final acepta dejar de la lata. Una buena cantidad de gente que se nos aproxima es con el interés de sacarnos o vendernos algo, aunque no deja de ser. Desafortunadamente solo son hombres. La omnipresencia masculina significa el sesgo permanente para conocer estos países.

El camping emplea a mucha gente y es una especie de centro de reuniones. Las camareras son mujeres y andan con una especie de cestitas de plástico de la compra para llevar las bebidas a las muchas mesas que están repartidas por las explanadas de arena. Nos atrevemos a comer pate con salsa Rashid. 100cfa. Es lo  único que ofrecen y lo más barato también una de las cosas más insípidas que hemos comido jamás.

El mánager ha venido a preguntar por si tenemos alguna medicina para su picor cutáneo. Me enseña el torso. Le sugiero que vaya a la farmacia y pase por un médico. El hecho de ser blancos nos convierte en doctores en medicina. Durante los días anteriores nos hemos encontrado con varias personas que nos piden medicamentos. El caso es que hasta ahora las ciudades recorridas están llenas de farmacias. En Nuadibú incluso retitulamos una de sus calles como la de las Farmacias por la cantidad de ellas, prácticamente tocándose. Un hombre en Hombori en el hospital hizo que le tocara el bulto de su costado. Con toda seguridad una calcificación espontanea produciendo un enorme callo óseo tras una fractura no tratada debidamente. En la aldea de la sesión de video para niños un par de ancianos también me consultaron por sus enfermedades. Lo más que pudimos indicarles es que fueran a visitarse al hospital y lo más que podemos hacer es proponer a este que haga medicina ambulatoria recorriendo las zonas cercanas.

La gente del camping nos ha integrado a su cotidianeidad. Nos dejan con nuestros ordenadores y rarezas. Al segundo día saben que no somos turistas tópicos. Dejan que tengamos nuestra propia vida en paz y nadie nos molesta. Las camareras nos parecen algo tímidas aunque cuando les hablamos nos hablan con total cordialidad. Mientras escribimos nos chutamos con música de Eva Cassidy. Hasta ahora no hemos comprado música africana en CD. Suponemos que la podemos descargar por Emule de internet y los precios de los mismos cds aquí son más caros que en Barcelona.

 

 



[1] http://unviajeexistencial.blogspot.com/2008/02/destilando-imgenes.html

34. Africa para masoquistas

34. Africa  para masoquistas[1]. Niamey 31 enero 2008

Por la mañana, en el aeropuerto de Gao, llega un vehículo con soldados estadounidenses: vestidos de camuflaje y armados. La máquina de matar que veo que sostiene uno de ellos deja en ridículo a los fusiles ametralladores desvencijados de los 6 soldados con los que hemos compartido vecindario nocturno, ellos tirados por el suelo, suponemos, y nosotros en la suite de la furgo. Observamos los detalles del evento. Personajes de civil, nos dicen que  un embajador, suben al avión, un bimotor de hélices. Un vehículo de la policía local con la sirena puesta se apalanca a un lado, los americanos en otro extremo y los militares locales en su especie de sofá montando guardia. Y nosotros de observadores discretos como si fuera lo más natural del mundo que una furgo como la nuestra tuviera alguna razón de ser en el escenario. De haber sido saboteadores de aviones e imperialistas nos habría resultado la mar de fácil atentar contra los intereses estadounidenses. Al  parecer tienen un acuerdo con Mali para explotar las bolsas de petróleo que guarda en el desierto. En su 4x4 un logo que no se diferencia en nada a los de las ONG: US Aid. Nadie cruza palabra. Mientras V se toma su hora larga diaria para ponerse los mecanos y colocarse en posición de vivir el día yo hablo con el cabo del puesto que es el que nos ofreció pernoctar a su lado para estar más seguros. Me entero que son vocacionales de las armas y que la mili en el país es de 5 años pero que él y sus soldaditos llevan muchos más con el uniforme puesto.

Damos otro paseo por Gao. Cambiamos otros 50e. Ponemos otros 15mil CFA de gasoil y tomamos la ruta para el Sur. Del país dejamos de visitar Tombuctú, Djenné y el desierto. El día nos dejará abatidos.

En Ansongo nos hemos quedado sin carretera asfaltada. Nos hemos metido por dentro de la ciudad por pista Hemos ido bajando con el rio a la derecha. Un cartel de la junta de Andalucía declara una colaboración para potabilizar las aguas con un tipo de plantas macrófagas. En la frontera de salida en Labbezanga el tipo que nos ha tamponado se ha equivocado de día y ha puesto la fecha del día anterior, con el que ha hecho el control del vehículo me he puesto a curiosear una ametralladora de trípode del año de la pera y las esposas colgando de un clavo en la pared. Después de un rato de palabras su rostro ha expresado alguna semejanza a los humanos. Tras deshacerme del último tipo que me ha entregado los pasaportes visados con fecha equivocada, Kambé Mali.

 Cruzar la doble frontera con 10 de los 14kms de separación  entre ambas que son de pista, con todo el ajetreo de papeles, nos dejará exhaustos sobre todo a mí qué cargo con las diligencias haciendo de pelota chutada de un cuartito guarro a otro y de un tipo malcarado a otro. En el control de pasaportes del lado nigeriano  los vagos de la guarnición pretendían que jugara con ellos a la petanca. 

No hay precio que pueda pagar mi dedicación al masoquismo. ¿Qué hace una personalidad tan anti autoritaria como la mía en una geografía tan poblada de autoritarios? El recorrido por las policíadas de una jornada exuberante como la de hoy puede constituir una docta asignatura por sí mismo para estudiantes de criminología. Si la primera mafia constituida es la de un estado y esto reza con rotundidad para países europeos y con la instalación democrática más o menos supervisada, ¿qué decir de los estados que nos está tocando cruzar donde la corrupción está a la orden del día y es fácil que un tipo salte del quelque caudeau pour moi a tu dois me donner quelque chose?

Llegar a Niamey de noche desde el norte es lo menos recomendable. Viajar de noche no lo es en ningún caso cuando llegas por primera vez a un sitio. Pero las interrupciones por el camino por los controles y por las barreras de peaje de carretera nos han robado la diurnidad. Por un par de ocasiones hombres de la barrera, en realidad de los bidones (terminaré por introducir los bidones de metal abollados de los puestos de control como objeto draconiano para mis peores pesadillas) se han enfadado y me han hecho recular unos metros atrás para dignarse (cínica forma para conjugar la dignidad como verbo ahora y aquí) a revisar los papeles del coche y los pasaportes. En la duana de Níger por primera vez en todo este viaje hemos tenido una inspección más a fondo de lo que llevamos. El cajón entero de medicamentos para propio consumo, los bidones de gasoil, las piezas de recambio y hasta la silla de ruedas han sido objeto de comentario del agente de las molestias al cargo. Después de pagar por otro Laissez Passer, pagar por una carretera como si fuera una autopista, tener que soportar a otro cretino que nos dice que África está como está por culpa de los colonialistas, y de hablarnos sobre la maravilla de los hipopótamos que no podemos perdernos y que él nos hará de guía por 15milCFA y de otras molestias parecidas hemos ido haciendo quilómetros. A la hora de comer nos hemos detenido en Namari Goungou, una localidad, en la que en seguida hemos sido rodeados por adultos y sobre todo por niños.

 Hemos dado los recipientes vacios de algunas conservas que han aceptado reciclar y nos hemos hecho fotos.  Un tema de interés recurrente de los hombres es sobre nuestro vehículo, cuánto cuesta y si queremos venderlo. Nosotros insistimos en la idea de que ellos son terratenientes, que tienen todo el espacio y lugares divinos. Ese discurso no les convence pero seguimos erre que erre con esta idea.

Algunas decenas de kms antes de la capital son de tierra. El último control policial en plena noche con la ayuda de su linterna y de la mía el tipo descaradamente me ha dicho que debíamos darle algo. He recogido los documentos y le he dicho: Venez a voir au vehicule notre pauverté. En el mismo momento en que subía con la intención de marchar inmediatamente, el autostopista que traíamos ha abierto la puerta de su lado justo cuando  Vic lo hacía desde dentro produciéndose la misma clase de falla mecánica que ya nos ocurrió en Ceuta en el anterior viaje que hicimos, no en diciembre del 2007 sino en diciembre del 2006. En aquella ocasión pudimos arreglarlo rápidamente con un mecánico muy diligente que encontramos de un concesionario vinculado a la Fiat en Tetuán. En esta ocasión deberé arreglarlo yo y no recuerdo demasiado como hacerlo. El tercer susto técnico en tan poco tiempo. La puerta no puede ser cerrada, esto quiere decir que el cierre centralizado de todas las puertas no funciona y que nos toca dormir con ellas abierta lo cual es una falta de seguridad.  La advertencia ha sido lo suficientemente fuerte como para no volver a montar a un pasajero al menos tantos quilómetros y con tantas paradas como hemos hecho con el último que en principio nos ha pedido ir a una localidad próxima a Namari pero que luego no ha encontrado y lo hemos traído hasta Niamey, Las razones para parapetarnos ante las solicitudes de ayuda más bien aumentan. Cuando vuelva a Europa tomaré como un insulto si alguien me dice de ayudar en el sentido económico o de desarrollo a África. África tiene paraísos sí, pero no los habitantes que los cuiden.

En Bamako, en el consulado de Níger, los dos visados por un mes nos costaron 40mil CFA. Al menos la falta de clientela facilitó la gestión. Mientras Vic me esperaba abajo sentada en la silla de ruedas  en un lugar a la sombra yo me encargué en la oficina arriba. Como otras veces lo que cuentan son los documentos y sus pagos no contrastar si corresponden con las personas. Cualquiera que quiera cruzar el oeste de  África con un pasaporte que no sea el suyo lo puede hacer sin  la menor duda.

Hemos descartado ir a Chad. No tenemos noticias de la rebelión Tuareg pero preguntamos a menudo y parece que  Agadez en Niger y Ndjamena en Chad son  peligrosos en estos momentos. Como que necesitamos unos días de descanso  tras unos días en Niamey volveremos a tomar ruta hacia el Oeste por Burkina F.

En Níger no hay embajada de Burkina. Hemos estado en el consulado francés que se ocupan de trámites burocráticos con representaciones de países francófonos de la zona. Los tramites del Visado son unos 40000CFA parece que en la frontera cuesta menos. Nos arriesgaremos a cruzarla sin llevar el visado previamente tramitado.

Después de 1600 kms mauritanos y 2100 malineses sin poder usar duchas de agua caliente y de vuelta otra vez a las policíadas continuas tras cruzar la última frontera me pregunto si África merece nuestra dedicación de tanto tiempo.  En lugar de estar contando encuentros sublimes con personas distinguidas, reuniones selectas o conversaciones interesantísimas, espectáculos culturales magníficos,  todo lo que podemos referir es más de la mediocridad continua. No voy a precipitarme pero tampoco voy a traicionar a mi intuición e intuyo que en toda África hay una recurrencia de la desidia y el abuso del europeo. Dentro de las posibilidades que hemos manejado es la de quedarnos  una temporada en un país que nos sintamos a gusto. La constancia quilométrica casi diaria y estar expuestos a los infortunios de las carreteras con la interminable lista de  hombres de las barreras hace que veamos aumentadas las anécdotas por ese lado produciendo un inevitable sesgo de lo que es el continente del que esperamos contrapuntos a las insatisfacciones.

Desde  Hombori la carretera  la hemos encontrado aun más desierta si cabe. Apenas nos hemos encontrado europeos. En Gao vimos a una chica con bicicleta y casco que parecía una cooperante. Ningún viajero blanco. Tampoco en el resto del recorrido hasta Niamey. A partir de Níger definitivamente estamos más solos.  Antes de la frontera hemos hecho unos 28 kms de pista en cuatro tramos y después de ella otros tantos. El verano anterior en Georgia ya pusimos a prueba el significado de ir por pista en una llena de pedruscos salientes

, de unos 60 kms, mucho peor que las que hemos tenido hasta ahora. Las de aquí nos llenan de polvo. La furgo tiene sus muestras tanto por fuera como por dentro. El teclado y la pantalla de mi ordenador están llenos de polvo. Espero que sirva los siguientes meses para seguir aguantado este relato sin que se rompa con tanta presión metida dentro.

Hemos pasado la noche en el camping como únicos clientes del Turístico/hotel Universal con una cincha sujetando las dos puertas delanteras. No poder cerrar una significa que falla el cierre de todas las demás. Siendo la primera noche en el país tomamos las precauciones que toca tomar. A la mañana siguiente me enfrento a la maldita puerta. Desaflojo tres tornillos del apoya brazos que es indispensable sacar para acceder al mecanismo. Para los dos siguientes me falta una herramienta que no tengo. Inexplicablemente algún ángel de la guarda que debe andar ocioso me echa una mano porque el mecanismo se ha arreglado solo. Supongo que ha sido así por liberar de presión la plancha pero no puedo estar seguro. El tercer susto técnico ha sido otra falsa alarma. Suena a broma intencionada.

Niamey de día nos resulta más atractiva. La horrible imagen de llegar de noche se solventa con los primeros contactos. La gente es tranquila y menos agobiante que en Mali. Compramos algo de comida en el Petit Marché dada la escasa existencia de Restaurants. Los precios parecen más baratos que en Mali aunque el litro de gasoil es 120cfas más caro. Fotografiamos la salida en masa de hombres de la mezquita. Uno nos da un bufido al paso por hacerlo. Entro en la instalación de una sede del BIA donde hay un pequeño cuarto al final del pasillo del primer piso en cuya puerta pone VIP  para la gente que tenemos tarjetas de crédito. Tras la puerta una sala de espera con unos cuantos blancos y su proverbial indiferencia. El hombre de la taquilla ha desaparecido. No me quedo a esperar. Un rato después probamos en el guixet automatique del Banque Atlantique y saco 130mil CFA sin conocer la comisión que van a cobrar.

En el camping hemos dejado una ficha con nuestros datos pero no hemos pagado por anticipado. A la vuelta trabajamos con los ordenadores en una de los tejados de cabaña que hay repartidos. Somos dos pulpos en un garaje, perdón dos europeos zambullidos en la noche en un lugar con música donde las Flag grandes cuestan 600CFA, la mitad de lo que hemos llegado a pagar en el país anterior. En Niamey por primera vez en un mes unos nativos nos ofrecen algo espontáneamente: probar un vegetal harinoso que debe ser un tubérculo y que comen tras calentarlo a la brasa o hervirlo con algo picante.



[1] http://unviajeexistencial.blogspot.com/2008/02/africa-para-masoquistas.html

33. Contar lo Esencial

 33. Contar lo esencial.Gao 30 ene2008

¿Cual es la diferencia entre recorrer geografías y verlas pasar desde el asiento de tu coche, tren o tu autobús y hacerlo desde el sofá ante el documental que pasan por el televisor? Seguramente la misma que hay entre tener un orgasmo y que te lo expliquen o la que hay entre experimentar un insight comprensivo y ver que alguien lo tiene. Pero una vez en los lugares son tantas las imágenes conocidas de ellos que tienes la sensación de que ya habías estado antes.

Lo esencial de un viaje no lo puede contar ni siquiera el viajero. Puede contar anécdotas, referir las tertulias  que no se repetirán con la misma gente. Los riesgos que se han corrido o los criterios tomados para no correrlos. Las distintas clases de asedios por los que vas pasando.

La costumbre africana de abordar al extranjero es algo atorrante. Cuando eres sitiado por varias personas a la vez, hablando todas a la vez, peleándose por ser tu vendedor o tu guía, te obliga a resituarte en cada situación. En un momento u otro te descubres poniendo orden a los demás pidiéndoles que guarden su turno en el habla ya que no puedes atenderlos todos a la vez. Los comerciantes así como los cambistas así como los ofertantes de lo que sea se pisan entre ellos con tal de conseguir tu atención. La dignidad es tratada como lo que menos valor tiene. Pero eso no es cierto de una manera igual en todas partes. Cada persona es distinta y esto sigue siendo cierto para los negros. Si no miras en la profundidad de cada mirada no te enteras y hacerlo en los ojos de la negritud no resulta fácil para un blanco menos habituado a discernir entre matizaciones de lo oscuro.

En Hombori compro al fin un turbante que ya debía haber usado desde la entrada al desierto. El polvo se me mete en la garganta. El tipo que me mete en su envoltorio típico, de cinco metros, pretende cobrar por ello. Le digo que nasti de plasti y le pida la comisión al árabe que me lo ha vendido y con quien comparte un té. Lo he comprado a precio local. 500cfa metro aunque la tela no es una preciosidad y con la afirmación del vendedor que él es un árabe y solo tiene un precio y una palabra.

Juzgamos que al no entusiasta recibo en el Hospital le correspondería un fracaso de la conferencia preparada para el día siguiente. Nos sorprendió que la persona a la que llamara para su organización fuera el comandante en jefe de la zona a la que  Yossuf definió como la primera autoridad y que fuera en su cuartel el lugar de la convocatoria. Afortunadamente no fue así. El lugar fue en una de las salas de la Mairie. Vic y yo nos preparamos para no encontrar a nadie. El día anterior estuvimos comentándolo a alguna gente del auberge sintiéndonos metidos en el gesto de los pastores de las películas americanas convocando a sus feligreses para el sermón del domingo, incluyendo la de Robert Mitchum. Para nuestra sorpresa la sala de reunión se llenó. Una trentena de personas, todos hombres menos una mujer con la cara semitapada y que es una concejala local. Relacionamos un doble tema: el de un nuevo concepto de solidaridad y el de la salud comunitaria. Nos repartimos el tema Vic y yo y fuimos más o menos seguidos en nuestro francés. Algunos tomaron notas. A la hora de la discusión surgieron un par de ideas principales: la de un nuevo colonialismo solidario y la de las entregas de cosas como si África fuera la poubelle de Europa. ¡Bravo!. Yossuf que el día anterior nos pareció apático en la reunión resultó ser un hombre brillante con espíritu crítico. Venir de 6 o 7mil kilómetros de distancia para cuestionar la solidaridad internacional a gente que se enfrenta a diario con la supervivencia basada en mínimos no será comprendido por la gente de nuestra procedencia cultural. Bueno, lo superaremos.  Eso no nos hará renunciar al derecho de opinión. La defensa incondicional a todo indigenismo, tan extendida en la muchachada que practica turismo político y no se atreve a objetar nada,  hace un flaco favor a los necesitados. La diferencia entre necesitar ayuda coyuntural o estructuralmente y convertirse en un menesteroso crónico es absoluta. Si el extranjero no pone la mirada crítica en eso va de tonto contratado.  Si  por su lado la gente no asume su destino y se agarra a las palabras solicitantes de la limosna no solo cae en una rotunda crisis de dignidad, además se cierra las puertas ante un destino distinto al que le va a determinar su pobreza. En el paseo por los alrededores del hospital el único adulto que me ha dirigido la palabra ha sido una mujer para mencionar la palabra no-mágica: l’ argent. Seguimos  tratando de introducir otra actitud o de ajustarnos a la del viajero visitante desmarcada de la del turista económicamente más posicionado. Para el extranjero, viajero o turista, ser abordado únicamente para comprar algo o para  donarlo por no decir para ser enredado con fantásticas trolas con precios exagerados es simplemente un insulto. Si tiene interés viajar y conocer gente es para pasar a un tú a tú en conversaciones de otros asuntos más comunicativos. El comerciante con tienda en el auberge ViaVia nos dijo que venir a Gao no era seguro y que era preferible que tomáramos un guía. También quiso sentarnos en su tienda para darnos una charla sobre el pueblo dogón para luego sacarnos pasta y nos pidió unos 15mil Cfas por un collar que se vende a 1500.En fin. Nos desambarazamos de él. Aun así hicimos compras de cosas innecesarias a precios más altos que en Europa como tres bolsos de tela de colores. Vic tenía la mayor parte de las bolsas dentro de nuestro baúl (un baúl, sí de más de un metro cúbico) de bolsas y bolsitos, cuyo inventario tuve que reconocer cuando andábamos entre cajas de cartón y embalajes. Inconscientemente deseamos empaquetar el mundo y llevárnoslo fuera del sistema solar.

 

 Nuestra pizarra  que la hemos sacado de la furgo para usarla en la confe, tras volverla a colocar en su sitio ha cambiado de slogan: África a les paradises, encore;  Europe,est condamné au  follie de l’ argent. La verdad es que locos por la pasta los hay en todos los rincones del planeta. Es el único dios verdadero, contante y sonante. Nos gustaría creer que cientos de miles de viajeros del futuro vendrán a África no a explotarla ni a estupidizarla con más  caramelos sino a gozar de sus espacios y a establecer una relación de trato limpio y entre iguales con sus habitantes, dentro de lo posible `por el controvertido significado de la igualdad.

De camino a Gao, la carretera es más solitaria si cabe, que las anteriores. Nos hemos tenido que detener porque de los dos bidones del portaequipajes, el vacío ha saltado por no tener ya el sostén de la lona absolutamente deshilachada y que un muchacho me la pidió para usarla para el techo de su casa. Luego nos hemos detenido en la cuneta para comer. Uno de los pocos coches que han pasado se ha detenido por si necesitábamos ayuda. Mientras recorremos distancias sin ver un alma humana bromeamos de lo vulnerables que somos y de lo que haríamos en el caso de ser asaltados por tuaregs o por quienes fueran. Mali nos da mucha confianza aunque cuando llega la noche siempre andamos flotando un rato para ubicarnos convenientemente. En Gao hemos llegado hasta el aeropuerto donde un avión está custodiado por un grupo de militantes. El jefe del puesto nos dice que nos podemos quedar y además nos sugiere que nos ubiquemos junto a la pista al lado de los tres soldados armados que están ahí de tertulia toda la noche. Nos sentimos seguros aunque eso sea un contrasentido ya que si hay un lugar estratégico para hacer un ataque en toda la ciudad para que tenga resonancia mediática debe ser éste. Gao es la ciudad mítica porque es otro de los puntos en los que el desierto termina o empieza según se vaya hacia el sur o hacia el norte. Aquí por fin hemos comprado fusibles de 10A, 3 por mil CFAs, la cuarta parte del precio pedido en Mauritania. La batería auxiliar se ha quedado a  cero a la esperar de  recargarla de nuevo.

En Niamey deberemos repensar nuestro itinerario. La perspectiva de Chad la deberemos consultar por internet aunque lo más probable es que nos dirijamos a Burkina Faso. El material para el orfanato de Kisito  que es el otro porte que traemos de la ONG puede esperar. Es el contenido de un solo bidón. Antes de cruzar el Níger nuevamente (la anterior vez fue en Bamako) hemos pagado un peaje por el uso de la carretera o del puente. El espectáculo sublime. Una puesta de sol fantástica.

¿lo esencial? Me preguntaba antes. No lo sé. No estoy seguro de llegarlo a saber.  Sé que no es posible explicar lo esencial sin detenerse en el relato de lo anecdótico y no es posible alcanzar aquello si uno se pierde en los detalles de esto otro.

Cierro el ordenador con las voces de los militares a unos metros de la furgo y las respiraciones estereofónicas de Vic desde la cama. Vamos viviendo este viaje como si solo fuera posible vivirlo así. Nos hemos empezado a preguntar si en lugar de volver para enero próximo no ponemos fecha límite. La cuestión es que las distancias parecen mayores de lo que habíamos estimado al principio. No tenemos ni idea de cómo cruzar o saltar Nigeria, tampoco como iremos de nuevo a la costa Oeste antes de bajar al sur. No tener un plan exacto puede ser el mejor plan pero te deja sin respuesta ante ti mismo sobre donde estarás la semana próxima.

 

 

 

32. Experiencias con el papanoelismo

 Experiencias con el papánoelismo. Hombori 29 enero 2008

Antes de dejar Sevaré tuvimos un contratiempo con la policía. (Sería que la encontrábamos a faltar). Pasamos tres veces por delante suyo, en uno de sus puestitos de marquesina metálica con motito; andábamos buscando la oficina del BNDA para cambiar o conseguir dinero. A la tercera, sin haber cometido ninguna imprudencia nos pidió la documentación. Encontró a faltar la visa policial del papel que tanto nos costó conseguir del borracho del tampón suspendido. Empezó diciendo que eso era una grave infracción y que era culpa nuestra no llevar este segundo tampón, que debíamos pagarle 6000cfas y que etc etcétera nuestro vehículo quedaba inmovilizado. Traté con dulzura santolorenziana, el de la parrilla, al tipo,  para minimizar el impacto del desarreglo. Se fue con su motito y el papelajo hasta la comisaria y volvió al rato con el sello faltante. Mientras tanto yo no pude cambiar euros porque el cambista oficial del banco  los lunes se iba al aeropuerto a hacer una gestión semejante. Sugerí pagarle de alguna manera. El policiíto aceptó un par de gafas de sol, gafas que no dudo que deben ser fatales para la vista, en lugar de pasta después de sermonearle sobre que llevábamos material solidario y gratuito para la gente de su país. A continuación compramos 50e, en euros, de gasoil cambiados a 640 en un cambista de al lado. Reemprendimos ruta hasta Douentza donde nos detuvimos a comprar huevos y comer haciendo de televisión para el personal que se arremolinó ante nosotros.  A continuación fuimos a l’ Academie (hay una quincena de ellas en todos el país dependiendo del Ministerio de Educación. (son recintos tranquilos donde se estudia primaria y secundaria) a usar internet. Los tipos con los pies descalzos y las piernas sobre las mesas o butacas formaban parte de las imágenes épicas con las que nos venimos encontrando en África. En Bamako habíamos pagado 300cfas por una hora, aquí fueron 500, en todo caso la tercera parte de lo que nos pidieron en la sede de Radio Duentza. Saludamos también a Amidou Porbo el mecánico a la entrada de la ciudad (en realidad un pueblo) y le transmitimos el encargo del saludo de Txiqui. Le pedí un destornillador estrella corto para liberar el filtro de la camisa de nylon que traía desde Dakhla. Estaba llena de polvo. Luego él se ofreció a limpiarlo con aire a presión. Lo recoloqué sin poner de nuevo la funda de nylon ya que no deja respirar bien al motor y pienso que incrementa el consumo de combustible.

Antes de que cayera la noche nos detuvimos en una aldea, Theoguel que pronuncian Chinguel, junto a las soberbias montañas de Hombori. Se nos ocurrió proponer una película en nuestra pantallita de  ordenador de 14 o 15 pulgadas. Improvisamos en la mitad de la noche, en la más absoluta oscuridad (la luna llena ya nos dejó noches atrás) una sesión de cine de campaña. Desplegamos nuestros seis taburetes y colocamos los adultos en ellos ya los niños delante sentados en el suelo. Una escena  enternecedora,  para grabarla. Nos acordamos de Jorge Lafuente e Ignacio en sus correrías por la Castilla profunda con una maquina de proyección a cuestas y pasando películas a los lugareños faltos de consumo de imágenes. Nos enterneció el cromo aldeano. La película era en cinemascope, la pantalla demasiado oscura, la lengua en castellano y el sonido bajo, a pesar de todos estos inconvenientes todos aguantaron la situación encantados con la reunión. Cuando empezó a hacer frio dimos por terminada la sesión. Con cuatro palabras en francés quedamos para el día siguiente porque donaríamos ropa a las mujeres.

No estamos preparados para el papánoelismo ni creo que lo vayamos a estar nunca. Seguimos sin tener una estrategia funcional para los gestos concretos de solidaridad. De un lado hemos decidido que el regalo hace un flaco favor, de otro creemos que de darlo tiene que ser espontáneo y selectivo; de otra, pensamos que si damos algo a alguien y no a su vecino o su amigo estamos discriminando. Nuestro galimatías es mucho más complejo que todo eso. El caso es que a la mañana siguiente armamos un pequeño alboroto. De nuestra gran bolsa empezamos a dar ropa. Todo intento del chef local en mantener un poco de orden entre niños y adultos fue un imposible, todos se pegaron a la puerta corredera abierta de la furgo como si fuera la boca de la ballena de Jonás. Tratamos de hacer algo con un mínimo de dignidad y nos salió un engrudo. Inevitablemente hubo quien repitió en regalos y quien se quedó con nada. Vimos la clásica escena de dos mujeres tirando de la misma prenda y los niños mayores que superaban con sus manos a los más pequeños. Nos consolamos pensando que al menos de toda la ropa usada que traíamos de nuestra parte al menos nos hemos deshecho de la mitad. En las montañas de Hombori las noches son frías y sopla el viento podemos pensar que al menos la ropa servirá para algo de abrigo pero seguimos convencidos que la solución no es esta, la de papá-noeles que van de buenazos repartiendo calderillas al personal necesitado. En cierta manera tenemos ganas de deshacernos de todo lo que llevamos para no tener nada que dar: ni ropa, ni stylos, ni gomas, solo palabras y sonrisas.

En Hombori, unos 15 kms antes  de llegar, vemos el nombre de Garmi con una escuela de obra cerca de la carretera. Nos detenemos y hablamos con Fanta,  su directora, y un grupo de gente de alrededor. Se da la coincidencia que el hombre que hemos recogido en autostop unos 70 kms antes es su tío directo. Nos enseña las aulas, la de los más pequeños y, la de los más mayores. Todos están perfectamente instruidos, se levantan cuando entramos a saludarles y nos aplauden, además esperan a que les digamos que se sienten y vemos que se cruzan de brazos. No puedo evitar  recordar en mi niñez en que también me instruían para estos gestos de sumisión. Begoña nos había dicho que desde que hay esta escuela en Garmi se había reducido a cero la mortandad infantil. La inauguración de la escuela es del verano anterior. La directora y el profesor están encantados con nuestra visita, nosotros encantados con la caligrafía correctísima en los encerados. Nunca jamás hemos escrito tan bien nosotros, ni en las pizarras ni en los cuadernos de estilo gráfico, de cuando éramos niños. Damos la docena típica de gomas de borrar y enrollamos a unos turistas de esos que van con guía, es decir turistas-turistas, que se detienen en el lugar y miran a cualquier parte menos a donde hay gente. Me dirijo a dos de ellos para comentarles el problema que nos acaban de contar del lugar de la sequedad del pozo. En todo Mali hay unos pozos que funcionan con unas bombas de palanca. Una escena graciosa es la de las niñas accionándolas que las hace saltar como si estuvieran en una palanca de dos asientos de las que estamos acostumbrados  a ver en los jardines de los parques en Europa. Veo que la turista ha reunido no sé si un billete rojo de mil CFAs o alguno más y se lo da a la directora.

Nos vamos hasta el Hospital unos quilómetros más allá. Por fin podemos deshacernos de nuestra piedra de Sísifo. Tengo que organizar la ayuda con el guardián y con otro chico y alguien más porque el hombre con bata blanca al que nos presentamos no tiene  las dotes organizativas esperables.

Hemos hecho suficientemente el capullo trayendo todo esto  hasta aquí. Las 10 cajas de cartón descargadas y las tres bolsas quedan en el suelo de tierra, ni siquiera en el suelo de mosaico, junto a la puerta de la casa del  médico. Ninguna prisa por almacenarlas o por ver su contenido. El Hospital es sucio, hay un rincón con plásticos. El grifo en el que me lavo las manos después del trabajo de descarga está  perdiendo un hilo continuo de agua, todo un contraste con la falta de ella en Thenguel o con la sequedad de  la colección de pequeños árboles alrededor del recinto que la necesitan.  El espacio no estaría tan mal si fuera una casona vieja utilizada por ocupas en las muchas casas abandonadas de los alrededores de Barcelona. El lugar es sublime, las montañas se miran las pequeñeces y  miserias humanas desde su soberbia altivez de gigantes inmutables. Es un lugar para venir a escalar, a hacer senderismo, a perderse con las propias meditaciones. Lo de ayudar lo dejaremos para quienes necesiten conseguir sus parcelas celestiales para la eternidad. En realidad la ayuda material no es la ayuda real.  Tras el descargamento  hemos de hacer nuestro balance de daños, las cuerdas y la lona con anillas de aluminio que se ha soltado ha rallado parte de la carrocería. No hay viajero sin marcas, ni soldado sin heridas, ni solidario sin su recuento de sus estupideces. La culpa es toda nuestra. Establecimos un compromiso y lo cumpliremos hasta su menor detalle aunque a priori sepamos que no va a servir de nada o de muy poco. De camino a casa de Musa, un chico al que le llevamos ropa y comida, la comadrona me dice si no hay un cadeau para ella. El problema sigue siendo la idea de regalo. Martillea a todas las cabezas y nos suena como una voz cacofónica ahí donde vamos. Ni siquiera distinguen entre solidaridad y regalos. Alguien que  puede permitirse venir hasta aquí a  más de 6mil kilómetros de su país es que es indiscutiblemente rico. Nadie que no lo sea emplea su tiempo y su energía para venir a ver sus parajes y miserias. No objetaré nada de los turistas-turistas que solo vienen a encontrarse con el Níger y se dejan mecer por unos días y sus noches por rincones románticos. Si los nativos no saben apreciarlo no es cosa suya. El turista-turista posiblemente es el ser más aséptico que existe. Es capaz de ir a todos los lugares del mundo sin tener que cargar con las inconveniencias con las que cargan sus residentes. Los que nos llamamos viajeros no somos mejores que ellos. Podemos jugar a la comunicación humana, a pensar en la hipótesis que alguna gente será capaz de salir de sus agujeros y se esforzará por un futuro mejor sin caer en los materialismos occidentales. Raramente existe este alguien. A Vic un niño, (sorpresa), le dice que no quiere ningún regalo y que quiere conseguir las cosas por su propio esfuerzo. Tal vez está recitando la lección dada por algún viajero.

Tras la descarga en el Hospital, las cosas han quedado en el suelo, he  enganchado las pinzas de un porta contacto de mechero de coche y así el convertidor a 18v para el ordenador y he estado escribiendo esto. Del personal sanitario nadie nos ha venido a ofrecer nada en especial. Nosotros hemos cumplido con nuestro rol de papánoeles y ellos con el suyo de objeto de la solidaridad recibiendo las cajas. Punto. Podríamos quedarnos una semana aquí para ayudarles en algo. No lo haremos. No queremos quitarles el trabajo y los pretextos a otros muchos que pasarán por aquí enviados o convencidos por su sensibilidad oenegera para hacerlo. La lectura de algunos de sus comentarios  antes de dejar Barcelona me hizo pensar  en la autoinhibición del occidental frente al nativo de un país necesitado. Un cierto culto al indigenismo lleva al silencio acrítico de los europeos. Si en un hospital hay salas de curas sucias o el patio lleno de plásticos tirados no es un problema de la pobreza sino de la actitud. Curar por una parte y no higienizar por otra es un absoluto contrasentido. Lo sabemos  por lo poco desde Nostradamus. Si los europeos lo aprendimos también les toca aprender a quienes todavía no lo han hecho. No creo que tenga el menor sentido la ayuda sin la exigencia de resultados prácticos no solo en su buen uso sino sobre todo en la incorporación de nuevas maneras de funcionar.  En Hombori, en principio hablamos de hacer un censo sobre la cuestión de la salud mental, como si hacer censos fuera cosas de cuatro días. Hemos coordinado una conferencia para explicar unas cuantas cosas  sobre logística sanitaria y criterios de censo. Otro asunto es que hagamos el trabajo por ellos. Nuestro trabajo es seguir nuestra ruta aunque esto suene a priorizar nuestros intereses particulares. Sí, los priorizamos.  Veamos: la imagen de la ociosidad es continua en los países atravesados. Lo que menos falta es fuerza de trabajo potencial y lo que más, la voluntad subjetiva de organizarla. Si alguien quiere ayudar a África y a los países subdesarrollados en general que aprenda a contactar con las manos desnudas en lugar de venir con el saco del tipo de los regalos. No sirve de nada ese razonamiento cuando nosotros también hemos caído en la actitud dadivosa. Lo mejor que puede ofrecer un europeo a un africano es su experiencia y su desengaño de la sociedad del consumismo que lo atornilla con impuestos y en una cadena de lujos innecesarios. Lo peor que puede hacer es traer todas sus mierdas, incluidas las medicinas que en sus metrópolis no curan pero entretienen además de ropa sintética y envoltorios de plástico difíciles de reciclar.  Pero este argumento se viene abajo cuando tocas docenas de manos frías de niños o que los ves tiritar ante ráfagas de viento por que andan descalzos y mal vestidos. Si nadie se ocupa de ellos se supone que el europeo sensible que tiene una coincidencia con ellos ha de salvarlos de su miseria y de su destino condenado desde que nacen.

Una de las ideas que tenía ante este viaje africano era el de hacer una observación itinerante sobre la marcha de las ONGs. Estas se han acostumbrado a ayudar aspectos puntuales en realidades deficitarias, también  han hecho  de observadoras críticas de cumplimientos o no de acuerdos de gobiernos, pero no sé que hayan pasado por la observación sistemática de una especie de comisión generadora de la coordinación de ellas para evaluar sus códigos deontológicos y la aplicación de sus programas concretos.  Tras el palio de la pobreza se esconden distintas formas subsidiarias sin cuestionarse la verdad  o falsedad alternativa de las intervenciones.

Nos ha llamado la atención que el encargado de nuestra conferencia sea el comandante del lugar como máxima autoridad patata que le ha pasado el médico en funciones, un profesional a todas luces bastante apático. Posiblemente lo esencial del discurso que podamos decir en una conferencia tenga mucho que atacar a dos cosas: a los hábitos populares que mantienen en el ostracismo a sus protagonistas y a la parálisis del poder que no lo cambia. En tercer lugar no podremos callar que la relación de ayuda sin dejar saldos en la modificación de los comportamientos es una falsa ayuda. Hasta que no nos desprendamos de la última prenda de vestir, la última goma de borrar, el último bolígrafo que escribe mal y las últimas gafas de sol que dañan los ojos no recuperaremos nuestro  genuino modo de viajar. Me temo que este viaje nos va a consolidar en nuestro análisis sobre el valor de la pobreza para el primer mundo y el factor predominante de  la desidia capital de la gente en vivir como parias como una de las determinantes del atraso no diré que la primera pero tampoco que sea la segunda. Al entregar en mano una de los envíos a casa de Musa me he sentido doblemente mal. Un hombre que espera la muerte y apenas articula palabra rodeado de una familia que no da el menor signo vital ante tu visita. Son la excusa ideal para enviarles algo desde un arco considerable de grados globo arriba, ellos se prestan al rol de necesitados y nosotros al de salvadores. He escuchado las objeciones a esa consideración. El extranjero debe ganarse la confianza antes de opinar, tiene que escuchar antes de hablar, tiene que aceptar lo que hay antes de criticar. Pues no, el visitante, extranjero o no, tiene desde el primer momento de su visita multitud de ítemes que le saltan a los ojos como chinches explicándole la verdad de los hechos. No hay más descripción que la que describe situaciones concretas. El mojigaterismo solidario que se limita a entregar el bien y a no cuestionar su uso es eso, propio de mojigatos,  y perdón por los gatos. El proindigenismo es una coartada que no se sostiene. Si los europeos han aprendido cuatro cosas ha sido después de discutir y discutirnos comportamientos obsoletos. De otro modo estaríamos con las secuelas de peste de la edad media.

Nos instalamos en el bar donde se concentran turis-turistas que ya toman vuelos directos desde Marseilla a la región. Mopti. Indicador de que la zona es atractiva. Después de comer un par de platos de arroz almidonado únicamente salvable o comestible  con un bol de salsa y hablar con algunos de ellos sigo con mi ordenador sobre la mesa. Solo soy un viajero con un ordenador. Años atrás lo era con un bloc de notas. Nada ha cambiado: las observaciones se repiten y el observador también.

Un chico viene a ofrecerme una videocámara sin el alimentador. Tiene una excusa increíble por esta falta. Le digo que la falta de esa pieza suele ser porque es material robado. Se va.

Ante la incertidumbre de las eventualidades que nos esperan nos sosiega la idea de William Faulkner cuando dice que se puede confiar plenamente en las malas personas ya que se puede tener la seguridad de que no cambian jamás o en Voltaire cuando afirmó que la ignorancia es la que siempre afirma o niega rotundamente las cosas mientras que la ciencia y la sabiduría pone en duda continuamente los dogmatismos.  Filosofar es el único antídoto en el que podemos confiar.

Desde que la furgo está sin el toldo y las cajas no la reconozco. Ahora en el portaequipajes se ve un cofre de plástico del que también nos desharemos más adelante, la rueda de recambio sujeta con un par de cinchas y con un candado y los dos bidones con brida que compramos en Guelguime.

Durante todo el viaje  nos aborda gente preguntándonos si queremos venderla. La escasez de máquinas rodantes tanto en Mauritania como en Mali como en los países próximos es notoria. Seguramente hay gente que costea sus viajes con negocios de este tipo bajando desde Europa máquinas usadas que aquí todavía pueden servir. La imagen habitual es de la de carros superutilizados participando de un concurso de abolladuras.

31. Los otros nómadas

Los otros nómadas[1]. Sevaré 27 enero 2008

Poéticamente podemos identificarnos con los otros nómadas, categoría a la que algunos viajeros europeos creen pertenecer desde que huyen de la ubicación fija en el circuito de propiedad-trabajo al que entrampa la sociedad del consumo. En nuestras conversaciones de pasajeros de la geografía en contacto con otros europeos o americanos, la idea de la tribu de los viajeros ha salido varias veces. Hay una gran diferencia entre ir a los lugares llevados por una agencia de viajes a ir por cuenta propia. En la primera opción la mayor parte de decisiones están tomadas por los organizadores; en la segunda, los mismos viajeros deben ir decidiendo en ruta. A esta manera de viajar va llegando no poco gente de todo el mundo rico, harta de qué le diga qué hacer o cómo viajar. Aparentemente hacerlo por cuenta propia es menos seguro que hacerlo en un viaje organizado. No necesariamente es así. El peligro es siempre relativo y constante en todas partes del mundo, tanto fuera de la propia casa como dentro de ella. Viajar te hace repasar las nociones al respecto. Cada preaviso de cuidado que alguien te dice lo tienes que pasar por la batidora, distinguirlo siempre entre si se trata de una información directa del alarmista o de su victimismo por la resonancia mediática o por los enunciados exagerados de terceros. Encontrar gente de todas partes capaz de tomar su coche o su boleto de avión y presentarse a miles de quilómetros de su casa siguiendo su deseo de conocer o volver a ver aquello que conocieron años atrás, es por sí mismo un motivo de gran interés. Hay algo inexplicable en eso que escapa no solo a quien observa el fenómeno sino también al mismo viajero. Es como preguntarle a alguien que está en un 7 mil del Himalaya por qué  ha subido hasta allí. Sería más estúpida  la actitud del periodista que  subió con su preguntita,  No hay respuestas para todo ni lógica para hacer todas las preguntas. Las cosas se hacen porque solo tienes la mitad de las razones para hacerlas, si las tuvieras todas ya no las harías. El caso es que las conversaciones entre viajeros saltan de las informaciones concretas; las objetivas: peligros reales, estado concreto de las carreteras o de las pistas, recursos de alojamientos, el cambio de dinero a la moneda local,..Las subjetivas: posibilidades de tiempo o de recursos para hacer el viaje, porque tomamos distancia de nuestros espacios familiares... a las  digresiones más conceptuales:  el sentido del viaje en la búsqueda de la dimensión humana perdida,  las Ongs y sus mercados,  las logísticas  de la solidaridad y la perpetuación de la miseria,…

Los tribales de la tal tribu no se meten en el agregado común nada más verse. En realidad guardan sus distancias a la europea. Cada cual en su mesa y con la mirada esquiva para no cruzarse por error con la del otro hasta que algo o alguien o el más extrovertido crea el espacio comunicativo. Es entonces cuando dentro de cada inhibido surge un gigante cargado de experiencias e ideas que escuchar. También puede suceder lo contrario que el europeo que te salta a la yugular repleto de vida y anécdotas tengo poco  de interesante que ofrecer.  Creo que la mayoría de europeos que no están desplazados por razones de trabajo o por voluntariados solidarios comparten el común denominador de una escapada de lo conocido, de aquellos parámetros que tanto nos cansan de la incomunicación y la intoxicación en nuestros lugares de origen.  África es volver a la naturaleza no solo en el sentido físico de los paisajes  más vírgenes sino en el sentido humano de la gente tal vez más autentica.

Después de pasar dos días en Ségou retomamos la carretera. Nos detenemos en el cruce hacia Djenné uno de los lugares históricos del país. Damos una vuelta sobre el puesto aduanero y uno de los empleados nos ofrece quedarnos a pernoctar. Lo hacemos sin la menor  interrupción. El lugar ha dado lugar a un poblado, no tiene ninguna luz eléctrica y aparentemente está en la desolación. No es hasta la mañana siguiente que advertimos  las casas de adobe que hay. Desistimos visitar Djenné y proseguimos hasta Sevaré hasta donde llevamos a alguien para quien nos lo ha pedido el aduanero. En Sevaré  utilizamos la ducha y comemos en el restaurant del auberge Vía Vía cuyo propietario es un malinois pero tiene un mánager Belga. Hablamos con él y luego desplegamos nuestros ordenadores.

7 días después de entrar en Mali sabemos que una semana es un periodo demasiado escaso para cualquier país especialmente para estos inmensos países que nos está tocando recorrer. Cada día añadido a Mali nos hace sentir más interesados por el país, sus panoramas y sus gentes y más seguros. La gente es amable y los niños una dulzura. Nos detuvimos, después de Brá,  en Kuagala? para aprovecharnos de una sombra fueron viniendo varias tandas de niños hasta que finalmente se agruparon unos treinta después de dar un paseo con algunos de ellos e interesarme por las chozas cuadrangulares ovaladas que usan como silos de grano.  Antes de irnos dimos un caramelo a cada uno de ellos convirtiendo eso en una clase práctica de higiene. Contra  otras experiencias en que los niños se peleaban entre ellos por el caramelo, en este caso todos mantuvieron una actitud tranquila y luego todos tiraron el papelito de plástico en la basura que les proporcionamos.

Hemos empezado a usar los dvd que nos grabó Álvaro, uno de los hijos de Augusto-Rocío. Sobre la cama vemos la pantalla, nos parece estar como en el gallinero de cualquier cine de barrio de los de antes.

Ante las nubes de comerciantes ambulantes que nos abordan con sus cds de música o sus telas tratamos de contraponer trueques. La ropa usada, de la nuestra, que traemos es tan mala que no la aceptan para cambiar. Sentí vergüenza un día que en Tantine en una tienda de telas llevada por mujeres les llevé cuatro prendas de mujer, se las miraron y las rechazaron.  Es cierto la ropa europea, o mucha, no tiene color en comparación a la africana. Sigo arrastrando la idea de que cometemos un gran error trayendo cosas que nos sobran en Europa, mucho más las que son de pésimo gusto, hechas con tejidos y diseños insanos. Una de las imágenes más deplorables que recuerdo de la inmigración magrebí que conocí en Paris fue la de los árabes vistiendo pobremente los trajes de los europeos tras renunciar a su propia cultura del tejido.

Estamos siguiendo un ritmo de viaje tranquilo aunque hasta ahora no hemos pasado más de 3 días en una misma ciudad.  Rodamos sin ninguna prisa. En Segou nos encontramos con un chico, Txiqui García de Gerona, que nos abordó al reconocer  el logo  de la ONG de st Sadurní, en la puerta de  nuestra furgo. Él trajo unos años atrás una ambulancia, con quilómetros pagados por colaboradores y amigos,  para donarla y que al poco tiempo se averió, parece que por ser conducida con poca corrección.  Parte de la conversación inevitablemente discurrió sobre el sentido del oenegerismo y de la ONG común en particular. En Segou a finales de enero se celebra un recital de música sobre el Níger.-unos 70mil CFA los 3 días- al que no nos quedaremos. También nos hemos perdido el concierto de Tombuctú.  Conocimos a alguna gente con rastas vinculada con la organización de alguno de los conciertos pero no nos quedamos para la efemérides. En Catalunya y España tampoco nos pirramos por los conciertos. Al último que fui fue al de Dylan en Donosti y francamente me lo podía haber perdido. Un concierto de alta expectación son dos cosas: la música y la concentración, una parte de la cual a veces se pierde la calidad de aquella tal como nos sucedió a algunas docenas de miles de asistentes tumbados en la arena de St Sebastián  a los menos o no-idólatras de Bob. 

En el restaurant de Via Via  en Sevaré una de las mesas de una parejita de blancos  que ha preparado te al modo tradicional con el infiernillo de alambre en el suelo, nos trae un par de vasitos (1/3 del vaso igual que en Mauritania) supe azucarados. Por cortesía lo aceptamos pero rechazamos la siguiente ronda. El azúcar es uno de los pecados capitales de los musulmanes. Mahoma se olvidó de prohibirlo, posiblemente porque aun se conocía en su forma refinada, junto al cerdo y el alcohol. El mánager del camping es afable. Es un belga que hace el asesoramiento de cómo llevar un negocio de estas características y nos cuenta lo que suelen contar los ingenieros que van a cumplir contratos al tercer mundo, lo mucho que cuesta cambiar de hábitos al personal lugareño. En realidad todo pasa por desarrollar el concepto de trabajo y de interacción con el medio. En el fondo un africano piensa que un europeo es rico o tiene más recursos porque en cierto momento de la historia algún dios le bendijo con muchos regalos. Olvida los duros trabajos durante muchos siglos que desde Escandinavia hasta el Mediterráneo  tuvieron que hacer las gentes para instalarse ante la adversidad.

 

Hasta  San llevamos a un autoestopista que iba a su iglesia protestante a hacer canticos o lo que fuera.  Nos instalamos en un restaurante popular cuyos platos de plástico y la mujer enferma que no paraba de toser sin taparse la boca además de la pésima calidad de la comida nos quitó el apetito. Dimos nuestros platos a la gente del lugar.  Invitamos a dos mujeres bien vestidas que nos saludaron y que una de ellas, Maria Keta Kulibali, era quien tenía en explotación aquello. Nos habíamos instalado con nuestra mesita tras pedir el uso de una sombra. Las mujeres con sus criajos a las espaldas o colgados de sus tetas eran empleadas del establecimiento o trabajaban para esos propietarios los cuales tenían un pequeño cuarto de lavabo bajo llave para su uso exclusivo.

Cada país tiene unos cuantos detalles  que sorprenden nada más entrar en ellos. En Mauritania nos preguntábamos el significado de una buena cantidad de hombres, generalmente sentados, con palitos de los que colgaban ristras de papelitos. ¡¿lotería también aquí!? Dudamos.¡ No! son las tarjetas de móviles. El móvil se ha convertido en una enseña. Quien triunfa, lo hace con un móvil en la mano y con toda la parafernalia ritualística que le acompaña. En la década de los 80 ya tuve una curiosa experiencia con eso. En un microbús en una ciudad boliviana, en un momento dado  la mitad de los pasajeros estaban hablando con sus móviles, sin que entre ellos hubiera el menor contacto verbal. En Europa las escenas inherentes a la comunicación inalámbrica se repiten en un  curioso hecho: lo más importante a decir parece que siempre tiene por destinatario alguien lejos del momento y lugar en el que se hace. Por su parte la tecnología de la comunicación avanza a pasos agigantados en todos sitios, el mercado potencial es creciente y las empresas que levantan las torres alimentadas con placas solares que nos hemos encontrado a lo largo de miles de quilómetros ponen notas de modernidad en sitios que aún no han salido del Medioevo. A propósito de los móviles Carmen, la colombiana que conocimos en  La misión catholique de Bamako, una mujer poderosa que ha dedicado un voluntariado como enfermera, nos refirió que abogaba por no hacer descuento en las consultas de sus asistidos que acudían en móvil quejándose de no tener plata cuando podían sostener el mantenimiento de estos.

Mali es un país que nos ha ido ganando día a día. Un país para recomendar a venir a pasar una temporada y Segoú como la más linda de las ciudades que hemos conocido hasta ahora. Es un país  con criterios para tener una economía autosuficiente (Le Sahel peut nourrir aux saheliennes, cita  aproximada de uno de los slogans dentro del programa de la securité alimentaire). A ratos hemos encontrado más quietud o más nerviosismo pero siempre amabilidad e interés por  nosotros. Tratamos de dirigirnos a las mujeres aunque nos da la sensación que habla francés en menor cantidad que los hombres. Ellas son las verdaderas magas de la economía doméstica. Raramente se ve a una mujer ociosa y sistemáticamente se ve a hombres tumbados aunque sea sobre sus instrumentos de trabajo, como los carros, o junto a ellos, bajo las sombras de sus camiones.  Seguramente se me escapa la filosofía del hombre tumbado. Cuando mencionamos que son unos ociosos se limitan a aceptar y a sonreír. Seguramente todos los vagos del mundo están hechos de la misma cuerda y justificarlos por el exceso de sol o abatimiento por el calor es una pobre teoría que es inmediatamente desmontada al extender la obs3ervacion a la condición femenina que  es la que más en activo está. Por los países conocidos hasta ahora y sus imágenes de mujeres con fardos (recuerdo las marroquíes cargando enormes paquetes de leña en uno de los primeros viajes que hice a Marruecos) si hay una revolución pendiente a hacer es la femenina. Las mujeres negándose a ser parteras casi de granja y obedeciendo a sus maridos ociosos cambiarían profundamente el panorama cultural y por añadidura el económico.

En Mali hay un tipo de lagartos por todas partes que son muy activos y no molestan. Es divertido ver como se persiguen entre ellos para hacer el amor o para juguetear al te pillo-te pillo. Hay características curiosas del país como las mesitas con tejadito llenas de botellas de cristal de mezcla para las motos  que hacen de  constante, junto a las bombas para sacar gasoil de los bidones y junto a hornos  que se alienan en la calles. En éstos  meten gruesos troncos por bocas para las que se usan llantas son características que saltan continuamente a la vista. La lengua dominante es el Bambará aunque hay otras.



[1] http://unviajeexistencial.blogspot.com/2008/02/los-otros-nmadas.html

30. La elegancia de los gatos

30. La elegancia de los gatos.[1] Ségou25 enero 2008[2]

Cualquier posición física de los africanos es elegante. Los hombres mauritanos y del desierto  mean acachándose alejándose no mucho de sus coches, luego hacen el gesto de tapar la parte que mojan del suelo con la arena de al lado. Cualquier gesto es elegante incluso éste. También hemos visto como algunos se limpian con la arena como si se tratara de agua.

 Nos rodean las miradas lánguidas en las que intuimos la pauta tranquila de los años pasados en los que no sucede nada ni nada se espera que suceda. Las mujeres son bellas, altas, arrogantes. Sus tocados con sus originales formas hace de una simple tela el mejor de los vestidos. Los culos femeninos africanos son enhiestos, elevados hacia un cosmos que no se va a ocupar de ellos. Tal vez guarden una conexión con sus escoliosis. Las mujeres son figuras ligadas a bebés que llevan a sus espaldas recogidos con el típico pañuelo atado a sus pechos. Además llevan a otro cogido de la mano que apenas se ha estrenado en el andar y algún tipo de cargamento sobre la cabeza. La cooperación masculina en la crianza infantil es aparentemente ausente.  Las mamas de las mujeres anuncian regustos pecaminosos. El gesto de dar de mamar en cualquier espacio público es continuo. No hay ninguna inhibición en eso. Los continuos anuncios sobre el Sida nos recuerdan que en todo el continente es una de sus epidemias principales. La sensualidad es latente aunque no manifiesta. Los carteles proponen la abstinencia, la fidelidad o el preservativo. Algunas mujeres observan y sonríen, no bajan la cabeza si  propongo una mirada sostenida. Pero raramente las mujeres son las que se acercan al vehículo a pedirnos u ofrecernos algo. Seguimos en una cultura esencialmente masculina donde los hombres son los que van de atrevidos. Hay una franja de edad para eso. Los jóvenes hacen lo que los niños solo que tratan de proponerte negocios o trueques o alojamientos supuestamente solidarios pero que luego quieren cobrarlos a precio más alto que los hoteles. Depende de cada zona y ciudad si somos más o menos asediados. En principio cada vez que llegamos a un sitio, a un nuevo lugar donde no hemos sido vistos al poco rato, o instantáneamente, alguien viene a ofrecerte lo que no necesitas, collares o una excursión turística. Lo mismo que en Marruecos o que en Mauritania en Mali también se repiten unos prototipos: que si el guía, que si el consejero, que si el que tiene un amigo que te puede resolver lo que necesitas, que si el que cambia dinero. Para no permitir que pierdan su precioso tiempo con nosotros aclaramos siempre que la nuestra no es la condición turística típica, que somos viajeros y que no vamos a comprar lo que ofrecen o a contratar un servicio que no nos interesa. Nos toca enfrentarnos al clásico argumento de no pretender nada pero tener el placer de mostrarnos lo que ofrecen, sea su carpeta o su artesanía. Uno de los guías nada más llegar al Auberge de Jeunesse en Bamako en seguida afirmó ser amigo de Miquel Barceló que tiene una propiedad en Mali. Es una constante en las aproximaciones que te digan que conocen a tal de tal ciudad de tu país o que te enumeren los nombres de los futbolistas más famosos. Tanto relatorio y tanta información nos abruma. En todo caso nosotros no podemos responder diciendo que tenemos muchos amigos en Mali o que conocemos a sus héroes deportivos. En el auberge no tienen demasiado que ofrecernos. Nos quedamos parte de la tarde hasta que anoche: comemos y hablamos con distintas clases de buscadores de favores o negocios. En la calle fuimos a buscar a uno de los cambistas. Hicimos un cambio más desfavorable que en  las agences de change con la excusa de una comisión.

En ocasiones cuando abro  la puerta  de la furgo los niños agolpados se van a la carrera aunque al rato rehacen su conglomerado. Es lo más parecido al enjambre de insectos de cualquier especie. A cada nueva expectativa que generamos nos toca reubicar nuestra estrategia viajera. Es común que los chicos se abracen a los espejos retrovisores. Uno de ellos aguantado con pegamento ya se ha despegado a causa de eso. Se puede interpretar que esos abrazos no indican más que una necesidad de contacto físico y de cariño. Puesto que no pueden hacerlo directa e inmediatamente con nosotros lo hacen con nuestro vehículo. La proxemia y la distancia intercoporal es completamente distinta. Antes de que te des cuenta a través de las ventanas aun con los cristales semilevantados meten sus manos, sus brazos y sus cabezas. Junto a todo eso sus olores. En algunos momentos nos puede abrumar tanta pastosidad en otros las miradas de los niños, sobre todo de los más pequeños nos ganan inmediatamente. Siempre hay que repasar cualquier oferta o propuesta y discriminar pronto y rápido quien es quien en un planteamiento, el que sea. Nada más llegar a Segu  a más de 200 kms de Bamako hacia el Este un chico nos ofreció poder usar su casa con patio por lo que le quisiéramos dar voluntariamente. Disfrazó su propuesta de gesto espontaneo. Nos llevó efectivamente a una casa particular que ni era suyo ni podía entrar nuestra furgo cargada por la puerta pero que sin embargo si tenía habitaciones libres sin absolutamente nada en ellas y que era de alguien que pedía de entrada el mismo precio que en un auberge. Me cansa entrar en la continua atención de esta clase de gente que vive del enredo permanente. Tras ubicarlos y sobre todo tras el hecho de que ellos ubiquen a ti sabiendo que no te van a timar las cosas vuelven a la distensión y a la tranquilidad. Sin embargo esa es una operación continuamente repetida ya que como viajero continuamente te estás moviendo, estas cambiando de decorados, espacios y nuevos repertorios de gente que te está esperando. El hola del recién llegado y su adiós al día siguiente o a los pocos días lo convierte en alguien permanentemente vulnerable. Otro asunto es cuando te ubicas en un mismo lugar varios días seguidos y la gente de este sitio te reconoce y sabe de lo qué vas. Es completamente distinto un viaje en movimiento continuo a una residencia de larga duración en una misma ciudad, barrio y calle. En principio el forastero blanco es más rápidamente conocido que para este los lugareños negros por razones obvias para destacarlo entre la multitud.

Vamos siguiendo la ruta hacia el Este para entrar en Níger por la ruta de Gao y desde aquí bordear el rio que da nombre al país. Gao es uno de los nombres que a mí me resonaba a mítico cuando pensé por primera vez venir a esta parte de África pero bajando por el desierto Argelino por la ruta de Tamangasser, Agadez y luego remontar a partir de Niamey. También recuerdo que las consideraciones eran relativas a las posibilidades de la pista no a los problemas con la violencia. Ahora Niger es un país con zonas peligrosas. Tras gestionar los visados y tenerlos enganchados en el pasaporte hemos consultado las zonas peligrosas donde no deberemos ir. La  más que hipótesis del peligro es un condicionante permanente. A diferencia de las guerras de posiciones y netamente establecidas la violencia entre etnias y el levantamiento de los tuareg no crean líneas precisas entre enemigos. Nos consta que por la sola condición de ser blancos podemos pasar por enemigos para las miradas vengativas de algunos.

El adentro de este viaje recorre nuestros propios miedos. El espacio que le damos. Si no tenemos miedo puede ser que en lugar de ser valientes no seamos más que unos desconsiderados y temerarios, si le damos demasiada autoridad nos podemos quedar petrificados. Por de pronto la perspectiva de Níger-Chad la tenemos en revisión.

 

Al sur del Sahara,  el territorio mauritano anterior al Sahel en Mali, lo llaman chark y turgé es la planta salvaje que crece espontáneamente. El cambio de paisajes y formas de viviendas y un aumento de la vegetación nos hace sentir más arropados. En Mali lo mismo que en Mauritania verné es el fueguito pequeño de carbón portátil, solo que aquí es de rejilla. Llaman mesuak al palito de dientes que usan para limpiárselos y que acaba haciendo de escobilla. Las dentaduras blancas contrastan con la negritud. A lo largo de las carreteras mauritanas  se encuentran muchos animales muertos en la cuenta, algunos hinchados esperando reventar otros en los huesos y la piel completamente secos. Probablemente son víctimas nocturnas de los camiones En Mali hay más de todo y la organización de los recursos es más racional. Un constante tema de conversación es sobre el caos organizado de sus formas de vida versus la organización del caos que se da en nuestras ciudades.

 En Mauritania recorrimos 1600kms. Empezamos a pensar que no hay ningún lugar de los que vayamos a recorrer que no esté exento de peligros aunque no haremos heroicidades poniéndonos en la boca o en la diana de ningún cañón o machete. En Nuackchott un muchacho con la pierna amputada al preguntarle me dijo que en la playa le exploto una mina un par de años antes.

Hasta ahora no hemos usado el dossier que nos facilitó la CCONG. La información la vamos renovando y ampliando con los mismos viajeros. Prácticamente no hay día sin que no tengamos contacto con viajeros blancos. En las carreteras solitarias, proporcionalmente, pasan más coches extranjeros que nativos.

En Bamako conocimos a una bonaerense, Analia Aramburu, que viajaba sola al día siguiente en nuestra misma dirección. Nos ofrecimos a llevarla. En Fana, a mitad de camino hasta Segú, coincidimos con François Ragon a  quien conocimos en el  auberge de Nuakchott y que estaba sentado en un restaurant limpio donde también paramos para comer. Recorrimos juntos el resto del camino, parando en un par de controles con bidones en medio de la carretera sin mayor interrupción. Tras Mauritania, de momento, Mali es una gozada por lo que hace a disminución de stop douannes. Conversaciones y filosofía de bar junto a un par de cervezas Flag. Luego fuimos a comer espaghettis a un bar popular. A la hora de dormir él se fue a la casa-alojamiento que nos habían ofrecido y nosotros tratamos de hacerlo a la cola de cuatro furgonetas de nuestro tipo en una calle principalmente. Nada mas estacionar vinieron bastantes, casi una docena de chicos del bareto de música de al lado. Inmediatamente se apoyaron en nuestra carrocería y alguno nos enseñó sus ojos vidriosos de tigre y su boca alcoholizada. Entre ellos se discutieron para dejarnos en paz. Puesto que no se iban decidimos instalarnos en el patio de un hotel donde pasamos una noche tranquila y parte del resto del día escribiendo y leyendo.

Estamos en la zona más turística del país. En Mali  hay más de 11,5 millones de personas y en Segú se celebra el Festival del Níger que tiene mucha reputación.

 

Hasta ahora no hay problema para conseguir agua embotellada. En realidad llevamos más bidones de agua de los que estamos necesitando. También por lo que hace a los bidones de gasoil. Con un par de cada habrían sido suficientes.  Nos sigue tocando vigilar con los mosquitos en la ducha.  De momento voy con mangas largas y debería llevar los  pies cubiertos con calcetines. El uso no permanente de las  dos pequeñas placas solares hasta ahora apenas recarga la batería. Nuestros déficits técnicos por un lado los vamos supliendo con el convertidor a 12v-220v para pasarlo a la batería del ordenador y usando la red eléctrica en los establecimientos donde podemos hacerlo.

 Por ahora mantengo el ritmo de seguir escribiendo prácticamente todos los días al ordenador.



[1] Aplicar esta frase a la elegancia de la gente africana ha sido una ocurrenciua de Vic.

[2] http://unviajeexistencial.blogspot.com/2008/02/la-elegancia-de-los-gatos.html

 

29. Los primeros mosquitos

29 . Los Primeros mosquitos[1]. Bamako 23  enero 2008

Antes de dejar  Fanocume Kakore  me pasé por la escuela justo en el momento en que los niños y niñas estaban en posición de formación y firmes y luego cantando  el himno de Mali ante su bandera tricolor (todos los colores del parchís menos el azul en posición vertical). Algunos de los críos que no levantan cuatro  palmos del suelo saludan al estilo militar durante el cántico. Doy un puñado de gomas de borrar a Mamadu Kulibali, el profesor. Vous etes tres gentil, me repite varias veces haciéndome sentir fatal. Seguimos hacia el sur. Efectivamente los 20 kms anunciados de pista nos los encontramos, un primer tramo de 3 y un segundo tramo de unos 15 muy polvoriento  cuyo recorrido a pesar de los cuidados nos llena de polvoreda y puede producir otros daños.

 Para llegar a la capital  varias personas nos habían advertido que  había entre 15 y 20 kms de pista sin asfalto. Cuando nos toca pasar el tramo largo tememos por alguna de las piedras levantadas por camiones que pasan a toda la pastilla que se estrelle contra nuestro cristal. 

No es hasta Bamako cuando  estacionamos que advertimos que hay un goteo constante  de líquido aceitoso sobre la rueda derecha. Tal vez se trate del liquido de frenos o del de dirección asistida, sea lo que sea ha sonado la alarma personal. De la grieta del parabrisas de unos 10 días atrás evaluada en Dahkla, de momento no ha corrido por debajo de la cinta que pegamos a ambos lados del cristal. Este nuevo susto  nos tiene  de momento a la expectativa.

Hemos cambiado euros a 655 inicialmente pactados por uno de los cambistas que nos ha abordado en la calle. Luego al ir a buscarlo para hacer la operación hemos advertido que él no es más que uno entre un montón que comparten la esquina pero que trabajan para el mismo tipo y que se pelean entre ellos para conseguir hacer el cambio. En realidad piden comisión y estoy seguro que el cambio ha sido menor que el que ofrece una agencia de cambio que es cuestión de buscar. En Ecobank el cambio es a  casi 660 que es oficial  pero con una dedicación considerable lo deja a 590.

Las primeras hordas de mosquitos nos  los encontramos en Bamako. Nos instalamos inicialmente en el patio del auberge de la jeunesse. Por aparcar, pasar la noche y usar una ducha cutre sin agua cobran 3000cfa. Cuando cae la noche y nos atacan los mosquitos decidimos cambiar de lugar. En la Misión Católica, cuyo edificio reconocemos por los signos evidentes del sistema carcelario que tienen todos ellos, nos piden 6000 por pasar  la noche. De momento desistimos y aparcamos en la calle ante el restaurante Damu de enfrente, cuyo propietario nos indica esta `posibilidad que nosotros ya habíamos prácticamente decidido. Durante la noche todo el mundo sigue el partido de futbol televisado Mali-Benin, los goles de Mali saca a la calle gente de todo tipo gritando ¡Mali!¡Mali!. La misma tontería en todas partes. Durante la velada en todas partes gente agolpada en torno a pequeños televisores mirándolos desde la calle. Sin duda el futbol es uno de los instrumentos más eficaces para el sistema que consigue que la gente se dope con el circuito de una pelota olvidando sus tragedias existenciales. En el pequeño establecimiento donde tomamos una cerveza para los dos (de medio litro) por casi 2e compartimos el espacio con un grupo de hombres y mujeres que tienen el perfil de curas-monjas. Una de ellas lleva una vestimenta que indica el número de un congreso de toda la francofonía sobre algún pío propósito. Hay otra pareja de extranjeros que están ligando en esa posición tan prototípica de ella tal vez anglosajona, súper atenta a él, un muchacho de menor edad y corpulencia, tal vez coreano o japonés, a ratos ella poniéndole la mano sobre su antebrazo y atendiendo in extremis las declaraciones biográficas del que apenas  que está en esa indeterminada edad de los asiáticos neo adolescentes. Es una pareja que  también se aloja enfrente que no nos hacen el menor caso. Hay un par de niñas que juegan con los bastones de Vic y le dedican sus proezas artísticas con canticos mostrando sus barrigas y contorneos.

Tras el partido de futbol la calle se llena de comentarios.  En todas partes del mundo sucede lo mismo. Las grandes pasiones siguen girando en torno a un balón  golpeado por un par de equipos contrincantes. No comprender esta pasión humana hace que lleve considerando desde hace años que no comprendo en absoluto a la raza humana. Definitivamente no pertenezco a ella.  Por lo que hace a lo concreto la gente de un país ganador aunque sea en el asunto de los goles necesita confirmar su éxito aunque en otros asuntos no encare sus miserias. En todo caso el fútbol es un pretexto para mostrar el orgullo nacional (el famoso Barça sigue siéndolo para Catalunya, no hay pues tanta diferencia). Muchos vehículos y motos llevan la bandera tricolor del casi parchís.

Al día siguiente de descubrir el derrame del aceite consulté a un mecánico próximo o alguien que dijo serlo. Le expliqué mi conjetura de la pérdida del líquido de frenos o el de dirección asistida aunque el reservorio no experimentaba ningún descenso. Dijo que para arriesgar un presupuesto tenía que desmontarse la rueda y la placa cartón, bajo la chapa. Lo hice para conformar que por este lado no se podía hacer ningún diagnostico y que en todo caso habría que hacerlo sacando la batería y mirando los tubos supuestamente debajo de esta. En ese momento advertí que también había un derrame de aceite en el mismo lateral en la parte posterior de la furgo. Una chispa de luz vino a mi cabeza. ¡pero seré burro! El aceite procedía del cofre. Una de las garrafas de 4 litros multigrado se había perforada con el traqueteo del viaje. Lo que quise evitar para uno de los bidones de reserva de lata con uno de los tornillos de la baca y que me apresuré en sacar no lo supuse para el bidón de plástico. Recuperé menos de 3 litros de los 4 de la garrafa. Segundo susto técnico del viaje afortunadamente sin mayores consecuencias  que la anécdota. No hay anécdota sin coste de tiempo y económico.

 

Ha sonado la alarma de los primeros mosquitos. Cuando otros viajeros nos cuentan su experiencia con ellos y su paso por el paludismo no resulta agradable. Los mosquitos nos alarman; sobre todo me alarman porque soy un bocadillo preparado a su gusto. Los repelentes, el incienso revulsivo, el compacto de las B, la citrorella, las bolitas homeopáticas, la mosquitera y toda la parafernalia no me han evitado estrenarme como su víctima. Paradójicamente fue en el vestíbulo del Centre Francais donde fui atacado por ellos. Está en una de las  arterias principales de la ciudad y el edificio es muy moderno. Nos paramos un rato tras una larga caminata por el mercado central que compartimos con Lucia Soloviz y Julio Rojo, de Vallecas, que conocimos en la misión catholique donde finalmente nos alojamos para dos noches tras la primera que pasamos junto a sus paredes exteriores. Como nos alcanzó la noche nos costó algo salir y reorientarnos. Si ir con silla de ruedas tiene ya por si mismo complicaciones en cualquier ciudad del mundo en no pocas ciudades africanas es una forma potencial de suicidio. Me ha tocado aprender de los innumerables empujadores de carros de todos tipos y de los bicicleteros. El problema mayor es cuando tienes que tomar calles que son de sentido único y tu vas en sentido contrario. Los últimos minutos de luz se nos fueron con la compra de una de las telas típicas del país, con una brillantez y estampado especiales,  elegida por Vic. Lucia trabaja para Save the Children y Julio, biólogo, está preparando su tesis doctoral  sobre el gato montés argentino. Ambos viven en Buenos Aires y están pasando su mes de vacaciones por esta parte de África.

Nosotros somos la envidia de todos cuando decimos que tenemos un año de tiempo para África. A estas alturas sabemos que tanto tiempo es posible de aguantarlo con reposos intermedios y con la recuperación de las condiciones básicas de confortabilidad y en particular las que nos permitan reorganizar nuestra tranquilidad y sosiego. Compartimos con ellos unos espaguetis preparados por Julio y por la noche compartimos la mesa en la que nosotros dos comimos cus cus con legumbres en uno de los bares de enfrente.  Luego tertuliamos en el patio de la misión hasta que la sor, la monja, la hermana  al cargo de las puertas y de los cobros de alojamiento vino a decirnos que ya era tarde para hablar en voz alta.  Siempre que tenemos conversaciones con personas de la generación inmediata que nos sigue, la que ahora está en su treintena de edad, nos resultan muy interesantes. Son copas directas donde beber de los cambios de mentalidad por lo que hace a perspectivas de la esperanza social, si así se puede llamar, siempre que se trate de temas posibles con gente, como ha sido el caso, implicada de alguna manera en causas para cambiar  poco o mucho las situaciones.  Nos llamó la atención uno de sus puntos de vista: el del sandinismo como polarizador y más aportativo a la Europa de su generación buscando expectativas  revolucionarias y no al revés.  Hablamos de Argentina y de nuestra idea, antes de decidir el viaje africano, en comprar una chacra allí, tal vez en Misiones,  donde ubicarnos para nuestra vejez. Confirmó que los precios habían aumentado mucho desde los últimos 4 años aunque seguían siendo baratos y de la cantidad de europeos que van a comprar por razones especulativas. No era ni será nuestro caso. De haber comprado algo estaríamos ahora con otras dinámicas burocráticas para conseguir la nacionalidad allá y con otro planteamiento de vida que nos ligaría a la zona. Eso de tener una o más de una casa en distintas partes del mundo mientras se vive en otra o se viaja resulta muy exótico pero bastante poco práctico. Una casa es interesante cuando vives en ella o cuando las da a alguien para que la use. De momento este tema está fuera de nuestras consideraciones diarias. Más bien pensamos que viajar durante un tiempo es incompatible con el otro proyecto de una ubicación alternativa a la que tenemos en Catalunya. Llegado el momento ya sucederá algo.

 



[1] http://unviajeexistencial.blogspot.com/2008/01/alarma-mosquitos.html

28. En el Sahel

28. En el Sahel[1]. Fancoume 20 enero 2008

Hemos dejado Mauritania y entramos en Mali por la ruta que es la  mejor aunque otros recomiendan ir por Nemá. En el antiguo mapa de la Michelin figura que ésta que va hasta la frontera en Adel Bagrou es más importante pero no es así. Quizás lo fuera en algún tiempo. En el puesto de Mali nos han timado con 4000 cfa sin darnos ningún recibo por el trabajo de poner dos tampones. No estoy preparado para tanta insolencia.  El puesto tiene algo de modernidad en comparación a todos los anteriores mauritanos. Hay media docena de petroleros e incluso me han invitado a sentarme en una silla descuajeringada antes unas mesas de despacho de metal torcidas. A los pocos kilómetros nos hemos encontrado con un Toyota averiado que pedía auxilio. Lo hemos remolcado unos 30 kms hasta la entrada de Nioro donde el siguiente puesto de control les ha pedido papeles que no tenían y ellos han desenganchado su cordón umbilical de nuestro carro.  Al menos esta vez no nos han acusado de llevar chatarra robada a nuestras espaldas. En Nioro hemos estacionado el coche en la única calle comercial para comprar, sin bajarnos de la cabina, una tela que no ha resultado ser ni tan bonita ni tan barata, 3000cfa. La evidente distracción de nuestra parte al bloquear el paso nos ha supuesto la bronca de un motorista que al parecer tenía mucha prisa para llegar 30 metros más allá y de otro, tal vez el mismo, volviendo en sentido contrario golpeándonos con la mano la carrocería. En el Wester Union hemos tramitado la Assurance por 4 meses para unos 15 países del oeste africano siguiendo con el cálculo promedio de estar una semana por país. Nos ha costado unos 60e. En esta ocasión el cálculo anti aritmético de los meses también ha llevado al tipo, que al menos ha usado una mecanográfica eléctrica que estaba en el suelo, a restar un total de día y medio. Se lo he hecho cambiar Tras resistirse aludiendo que la costumbre en Mali es esa, al final ha aceptado a regañadientes aunque no le ha convencido mi lógica que si un día es 20 es también 20 el día del mes anterior para cumplir eso, un mes, y ha puesto también la hora rigurosa.  El acabose ha sido la vuelta al puesto de aduana donde ya habíamos estado para hablar con el responsable del laisez passer, un documento que cuesta 9400 cfa y que viene a ser el carnet de passage pero en cuya lista de los 13 países que lo exigen no figura el país. El tipo al cargo no ha parado de decir que era domingo y los domingos no se trabajaba. He apelado a la solidaridad y al estado de Vic que necesitaba llegar a un hotel en Bamako el mismo día. El tipo se ha puesto a trabajar. Ese es un verbo gratuito para la ocasión. A cada tantos minutos yo miraba de reojo el progreso de las líneas de su impreso. El acto final ha sido cuando el hombre con el tampón suspendido se ha pasado, no un, dos, cinco segundos, diez ni veinte sino hasta 30 antes de decirse a estamparlo. No he querido intervenir ayudándole a su puño bamboleante con el cacharro en el aire porque mi anterior ofrecimiento de rellenarle yo el impreso lo ha desestimado.  Borracho o no el hombre ha cumplido. Uff! El país ha dado un paso de gigante con este acto sorpresa. Ante la factura he protestado. He reunido 8000 cfa, los últimos que nos quedaban y le he propuesto que ponga él el resto a cambio de un par de pastillas por el dolor en la espalda que no paraba de comentarme. Lamentablemente nuestra farmaciola no dispone de arsénico. A fuerza de cuantificar el contacto con la chusma solo me auxilia el sueño ideal de buscar un asteroide lo suficientemente grande para que quepan todos los indeseables y se antropofagociten entre ellos. Entraríamos en una conversación de orden mayor. Hemos gastado en un par de horas en Mali los 80euros que habíamos cambiado en St. Sadurní aquella tarde de sábado que fuimos reunir información a la ONG Ajuda al Desenvolupament.

La carretera hacia Bamako es impecable. Incluso hay algunos puntos de ampliación con la P y algunos señalizadores, también los nombres y distancias de las ciudades perfectamente indicados. Al poco rato de estar en Mali ya se tiene la sensación de que es un país mucho más rico que Mauritania. La geografía es Sahel, hay mas vegetación, Hemos visto los primeros baobab y a la primera oportunidad de arboles con sombra accesible, en Fancoume Kagore,  nos hemos instalado y nos hemos dejado llevar por la curiosidad de la gente. Los niños también vienen con la palabra clave cadeau-cadeau. Cada veza que la escuchamos sabemos que estamos pagando por prácticas reprobables de turistas santones que van de samuráis con palillos de dientes en el lugar del guarda espadas tradicional. Los niños son tranquilos y les ha complacido hacernos fotos con ellos. Yo he sido acompañado por una parte de ellos a hacer un paseo, a visitar la escuela y a contactar con el profesor a quien le he ofrecido gomas de borrar para el día siguiente. A la hora de acostarnos he dado la mano a cada uno de los niños y se han ido tranquilos aunque alguno esperaba algún regalo. Los niños de estas semanas me hacen recordar travesuras de mi propia época de crío, ante lo que llamábamos los veraneantes y que tenían suntuosas casas, nos parecía entonces, en mi ciudad natal lugar en algún tiempo más fresco y tranquilo que la metrópoli barcelonesa. Recuerdo una ocasión que ante mi casa natal paró un coche último modelo Ford negro ovalado, con un  hombre y una mujer, él no paró de fumar en todo el rato, y ella, elegante, haciendo no sé que, estuvimos todos  los niños moscosos sin perdernos detalle del acontecimiento. Europa ha tenido no hace tantas décadas otras realidades típicas del subdesarrollo tanto económico como mental.

He hecho algunas fotos también de mujeres bajo sus fardos de leña para la cocina. Al principio no querían luego han aceptado. Como siempre hemos recogido algunas palabras para decir lo básico; hola: Annulah o adiós Kambé.  Siempre sorprende que uses voces que puedan reconocer.

Mirando el mapa es casi totalmente seguro que no de haber llevado la mercancía solidaria habríamos pasado antes por Senegal Gambia y las Guineas antes de entrar en Mali. Por otra parte haber seguido hacia el Este también entra dentro de nuestros planes el hecho de  zigzaguear para recorrer la mayor cantidad posible de países.

En Mali se ven camiones-autobuses con supercargas arriba enrolladas con redes y alguna gente sobre los bultos. Es una figura típica que haya un hombre sentado sin ninguna clase de arnés que lo asegure con sus pies sobre la cabina del camión y su culo sobre la mercancía o sus pies colgando cuando la mercancía es voluminosa que es lo habitual. De hecho la envergadura de esta supera en volumen a la del propio vehículo. Se ve gente con motos y camiones que transportan mercancía de  todo tipo. También hemos visto un tractor moderno y todo apunta que Bamako es una ciudad  más moderna que Nuackchott.

En el puesto del borracho del tampón suspendido de medio minuto hemos coincidido con un par de franceses de edad medianera más duchos en las Áfricas y más dispuestos a aguantarlo todo. Con uno de ellos con apellido español, Guy García, hemos platicado sobre paciencia y que todo este asunto de cruzar por las burocratadas del continente es un juego pero que incluso un juego tiene sus límites. También hemos hablado sobre su nombre personal, el prenom,  para terminar de pasar el rato. La primera vez que me carteé con un francés llamado Guy al que no conocía en persona, algo que duró unas cuantas cartas, lo confundí con el de una chica dando lugar a una curiosa confusión literaria.  A su compañero de vehículo, el borracho quería que le diera un masaje en la espalda y por su parte se ha entretenido en enrollarle un extremo de su mostacho, si no fuera porque lo he visto y porque ahora lo estoy escribiendo no me lo creería si alguien me lo contara. El francés lo ha aceptado como parte de la comedia que le toca pasar al viajero. Ambos van a seguir la ruta que nosotros pensamos hacer por Níger, al menos hasta Niamey.

Inevitablemente una parte considerable de nuestro tiempo, o tal vez ha sido desde toda la historia, el de todo viajero, se lo lleva la estupidez  ritualística de los controles. Ser inteligente no te libra de hacer el estúpido si estás entre estúpidos. Contar el número de veces de estos eventos aunque se ajuste a la realidad puede ser cansado para su lectura.

Aunque estamos todavía  en los prolegómenos de este viaje ya nos ha dado tiempo de reconsiderarlo. A parte de pasarnos un año por el continente, ¿las experiencias que sumemos lo van a justificar? Antes de ir a Chiapas y a Centroamérica (viaje que compartí con Misse y al que no vino Vic por las evidentes dificultades que suponía estar en la selva y utilizar los transportes públicos para los desplazamientos) recuerdo que las valoraciones  críticas que hicimos de ir como cooperantes se nos confirmaron sobradamente una vez en la selva. Por mucho que el europeo quiera respetar la idiosincrasia de cada lugar lo que no puede hacerse es un nudo a su garganta y dejar de practicar la critica honesta pero no menos rigurosa. En innumerables sitios del subdesarrollo hay algo de lo subjetivo que lo explica. Echarle todas las culpas al colonialismo y a la expoliación extranjera es demasiado exagerado. Intuyo que tras este viaje nuestra condición crítica a la solidaridad incondicional se verá considerablemente aumentada. La gran paradoja de lo que empezamos a ver es lo siguiente: los paraísos en  bruto. El filón de ellos no ha hecho más que empezar, la pregunta es porque no son reconstruidos como tales ni así reconocidos por sus nativos pensando que lo mejor está en aquello que para la estructura del sistema mundial les va a continuar siendo inalcanzable a su mayoría.

Ya sé que si tienes ideas adoptadas a priori antes de ir a un sitio pueden actuar como preconceptos que te hagan ignorar los datos que te las cuestionen. Dejémoslo en un fifty-fifty: ni puedes ir en blanco a los lugares donde vas porque cuentas con unas referencias y documentación previas ni puedes suponer que lo sabes todo de ellos lo cual estaría en contradicción con el hecho de ir a visitarlos y conocerlos. El viaje mismo te va colocando en tu lugar y a  parte de todo lo que tengas leído y oído sobre los sitios nada de esto te quita la libertad ni el trabajo de llegar a tus propias conclusiones. No hay dos viajes ni dos viajeros iguales ni siquiera en el caso de que se haga el mismo itinerario e incluso se comparta el mismo medio de viaje.



[1] http://unviajeexistencial.blogspot.com/2008/01/en-el-sahel.html

27. Las manos tendidas

27. Las manos tendidas[1]. Gogui 19 enero 2008 en suelo mauritano junto a la frontera

Casi invariablemente quien se acerca a nuestro vehículo tiende la tendencia a mirar el interior preguntándote al mismo tiempo. Los ojos golosos delatan más que otros gestos. Los de los niños también. Los niños son los que son empujados por los adultos aunque estos aparenten que no son tan peticionarios. Raramente hay adultos que vienen con la palabra clave (cadeau) pero no se pueden descartar. ¿Cadeaux pour les vieux? nos dijo un anciano  que se nos acercó con bicicleta.

Una continua actitud que hemos ido viendo es la de poner la mano. La imagen de niños que al vernos pasar con la furgo en marcha tienden la mano ha sido repetida.  El país está en la ruina pero no hemos visto ninguna iniciativa estatal para resolverlo. Eso sí en Nuackchott vimos unos tipos elegantes y altos que asistían a un encuentro sobre la construcción de la democracia en Mauritania. El país tiene declara tener un régimen republicano. En las matrículas de los coches la grafía es azul sobre fondo blanco, también la de los números y letras. Las matriculas mauritanas se identifican con un RIM (la R es de república, lo otro: Islámica de Mauritania).

La red de distribución de aguas está bastante montada. Hay pozos repartidos además de las sacas de agua. No hemos visto campos de agricultura por ninguna parte en todo nuestro recorrido. Lo poco de lo que comen es un misterio de donde viene. Nuestra carretera está solitaria. Aun con una cadencia menor nos cruzamos coches en sentido contrario o nos  superan en velocidad, raramente, a nosotros. Hemos visto pocos camiones lo cual indica que el comercio internacional por vía terrestre con sus vecinos al norte y al este al menos es prácticamente nulo, aunque esa no es la percepción de los mauritanos preguntados que dicen que hay mucho comercio. Mucho o poco son palabras relativas que en realidad dicen bien poco. La  inmensidad de su geografía dividida por sus  no más de cuatro millones de habitantes a lo más  haría de cada uno un terrateniente. Las razones de la miseria no son fáciles de explicar en ningún sitio pero inevitablemente se cae en los reduccionismos de que los más ricos son los que han sabido sacar más tajada de la historia. Algunas casas bien construidas que usan cemento y paredes rebozadas que nos hemos encontrado por el camino son de políticos. La generalización de las manos tendidas indica una cultura de la indigencia más que una determinante insoslayable de la necesidad. Debería estudiarse con los socorridos post o re-test tras acciones de intervención los nuevos valores de supervivencia y desarrollo que quedan en los lugares en los que ha intervenido la acción humanitaria, tanto la puntual por catástrofes como la regular de inversión solidaria estable. Los miles de policías ociosos puestos a trabajar cambiarían las condiciones de la realidad física o al menos la  fisonomía paisajística. Inevitablemente la figura del policía es una invitada impuesta del relato dado su cantidad.

La poca equivalencia entre el cartel anunciando camping y su concepto se puede encontrar en otras muchas cosas. Tienes la sensación que aprenden lenguajes incorporados pero no las obligaciones implicadas por el mismo. Nosotros seguimos en nuestros trece  por lo que hace a la intervención del blanco caritativo: ante el cadeau solicitado proponemos el intercambio. Todo el mundo tiene algo que ofrecer. Por poco que tenga una persona tiene un lenguaje que enseñar o unas costumbres que mostrar, una hospitalidad mínima que ofrecer.

Tratamos de gastar lo que nos sobra de uguiyas comprando un par de metros de tela aprestada no demasiado bonita de los que usan para forrar la parte inferior de sus techos sobre el entramado de palos. Luego ya fuera del país advierto que se han traspapelado más de 4mil uguiyas. Cambiarlos en Mali va a ser imposible a no ser que encontremos a un europeo que vaya hacia Mauritania.

Ubicamos al furgo junto al puesto aduanero esperando a la posible comitiva. Ante el enjambre de gente con el que estamos platicando quedamos en que no tenemos regalos para todos salvo para uno que va en muletas y al que llaman le Petit y que nos sorprende lo bien considerado que está. Los demás pueden trabajar o así se lo aclaramos. Al día siguiente me desprendo del jersey que llevo puesto. Este hombre nos había enseñado su silla de ruedas estropeada. Ese hubiera sido el destino de aquella otra que regalamos a Converters en Sabadell en nuestros preparativos antes de emprender este viaje. Tampoco descartamos la posibilidad que la única silla rodante con la que hemos venido, una con ruedas de caucho sólido sin neumático, se pueda romper por lo atrotinados que están los caminos.

 

A cada extranjero de un país rico, viaje en la condición que sea, turista, viajero, oenegero, comerciante le toca bregar con su propia conciencia al respecto de las manos tendidas.  Es razonable que la gente pida lo que no tiene a quien se supone que lo tiene o tenemos. Cualquier empeño en explicar que Europa tiene su propia pobreza y que hay bolsas de miseria que integran el cuarto mundo resulta un tanto vana. Para muchos sigue siendo el paraíso social que alcanzar. Advertirles que cambiar su ocio, su tiempo libre, sus parajes bucólicos por el estrés urbano, el trabajo de 12 horas diarias, los salarios misérrimos, las viviendas carísimas de las ciudades europeas no consigue fieles a la escucha. Seguramente nosotros estamos viajando con nuestra propia carga de convicciones previas con respecto al fenómeno de la emigración y a las razones del atraso africano. Las verdades anecdóticas diarias con las que nos vamos encontrando pueden darnos puntos de vista de lo particular, el contacto humano de primera magnitud, las miserias a distintos grados pero es difícil que nos arrojen otra visión de un África pujante desde el punto de vista del desarrollo racional. Como todos los continentes éste tiene distintas velocidades en paralelo que corresponden a distintas visiones y mentalidades. Mauritania con toda su árida extensión, sus problemas de agua, también  puede plantearse que el futuro no está tanto en el afuera como en la explotación organizada de sus recursos. 

Estuvimos durante todo el último día en Mauritania en Gogui, su última aldea, 20 kms más al sur de Kobenni. La visa gestionada para Mali por un mes era desde el 20 por un mes. Nos la pasamos junto a la carretera con absoluta tranquilidad y con rachas de visitas de lugareños, también de las chicas. Cuando me incorporé de la cama y salí ellas emprendieron la huida ¡viene el diablo blanco! Luego entre risas rehicieron la formación en torno a la furgo. Por lo general son los hombres y los niños los que se acercan y se interesan. Contra lo esperado nos dejaron en paz. Dedé , un vecino, me enseñó uno de los pozos de 8 metros con un culo de agua. Explicó la urgente necesidad que tienen de ella y si podíamos ayudarle. Se me ocurrió decirle que lo que podían hacer era explicar su caso por escrito y dirigirlo a una ONG, en todo caso a la que le estamos haciendo el envió de cosas a Hombori y Ouagadougou. Al día siguiente fui a su casa a recoger el texto que ya tenía listo. En el fondo sé que la petición no se concretará, no se puede concretar. En Mauritania hay diez mil lugares que pueden expresar la misma necesidad. El sistema de cisternas realimentadas de agua regularmente no es ninguna solución. Por otro lado las plantas salvajes de los campos indican que hay  una cierta cantidad de humedad. Estoy convencido, quiero creer, que un enfoque distinto de las economías domésticas convertiría sus espacios en paraísos. Bastan unos cuantos árboles para convertir el lugar más inhóspito en hermoso. Si eso lo juzgaba para el pedregoso suelo del Sahara occidental marroquí, mucho más para esta zona subsahariana y preSahel. Gogui es un pequeño poblado sin luz eléctrica y con bastones torcidos utilizados  para las demarcaciones de las propiedades privadas. Mientras cruzo parte del poblado tropiezo con una alambrada que habría sido una de las lindes y caigo al suelo, librarme del espino metálico en una de mis zapatillas me lleva un rato. Tras la operación caminaré con un agujero de ventilación los siguientes días.

 Las casas son de adobe, alguna tiene las paredes de piedra y otras tienen dos paredes de barro, una caña entrelazada en forma de tejado de uve con una tela encima, paja que la recubre y otra tela. En conjunto se consigue el frescor suficiente en su interior. Hay un par de suelos levantados a modo de tarima para dormir y en el caso de la de Dedé dos maletas modernas a modo de armario. La pobreza es extrema pero la organización básica de las cosas tampoco se nota demasiado. Para deshacernos de nuestras bolsas de basura es un problema, cuando preguntamos se nos dice que las tiremos en el campo, algo que para nosotros raya en el delito ecológico. Justo antes del puesto de control las he echado en el único agujero que he visto en el suelo dedicado a eso.

 



[1] http://unviajeexistencial.blogspot.com/2008/01/las-manos-tendidas.html

26. Pagar Peajes

26. Pagar Peajes[1]. Kiffa 18 enero 2008-Kubenni

El Aayoún  significa ojos en árabe, es un nombre topográfico repetido en el mundo islámico. La seguridad de la carretera  cambia completamente hasta Kiffa. Sigue asfaltada pero con muchos más baches y en algunos tramos con radiers para las venidas de agua. A la altura de Tintane está cortada y hay que seguir durante unos 6 kms por una pista a ratos con arena bajo la cual hubo en algún tiempo asfalto. La inundación de agosto pasado mantiene cortada la carretera principal. Hay un enorme campamento de jaimas consistentes, con las letras ONG Espoir. Estamos recorriendo la carretera de la Esperanza. Con el italiano y la barcelonesa, también con uno de los franceses que no está en el proyecto de venta del coche usado, quedamos en encontrarnos en Kiffa para comer. No coincidimos. Ya que estuvimos toda la tarde y noche en el aeropuertos. A la mañana siguiente cargamos gasoil en una Total, otros 14mil uguiyas y seguimos hacia el Este. Desde Kiffa el paisaje cambia completamente. Las dunas tienden a quedar atrás. Hay más vegetación. En el Aaioun Artrous es el momento de bajar hacia el Sur y el asfalto vuelve a ser aceptable. La frontera con Mali está a unos 150 kms.

Con los días vividos en Mauritania podemos emitir un primer veredicto: debe ser uno de los países más pobres de la tierra, y por paradojas estructurales del planeta, económicamente mucho más caro que Marruecos o a nosotros nos ha resultado más caro. Pagamos los precios de los tontos, los extranjeros pagan siempre más. Por un simple fusible nos han pedido 1000 uguiyas y por una tela de las que usan las mujeres para vestir con apresto, 3mil. Pagamos lo que nos parece razonable y no tenemos ningún inconveniente en decir a los nativos que sus precios pueden ser, y de hecho son, más altos que en Europa. Al menos en las zonas geográficas del superdesarrollo, los stocks y excesos industriales y sobre consumos vienen produciendo mercados de segunda mano y segundos y terceros precios. La cantinela de lo caro nos tememos que nos acompañe por bastantes lugares de África. Sabíamos que era cara pero no sospechábamos hasta que punto. El pago de los peajes tácitos o explícitos va a ser algo continuo. Hay dos clases de peajes: los oficiales y evidentes y  aquellos a los que las picarescas lugareñas te emplazan. Las gestiones burocráticas forman parte de los primeros, los regalos condicionados sobre demanda o no tan espontáneas para ganarse la confianza de los lugares forman parte de los segundos. Un modo de entrar bien en un lugar es llevando cosas de regalos. Hay viajeros solidarios que van con este registro: el de pagar de algún modo por su presencia para que sea consentida repartiendo regalitos en la zona donde se instalan. No es o no queremos que sea nuestro estilo.

En Mauritania innumerables muchachos manejan carros con burros, otros llevan fardos de paja, 3 o cuatro sacos sobre sus cabezas recorriendo distancias considerables. Los típicos bidones de plástico amarillos para acarrear agua es una nota coloreada constante.

Vic ha empezado con sus ejercicios de meter un contrapeso a su cabeza con la ayuda de una bolsa de agua llena hasta una libra de peso. Es un artilugio que usa Nani Bermudez de El Puerto  y que se lo recomendó. A la familia de guardeses del aeropuerto al vernos en posición OM sobre taburete, se descojonaron, (yo también lo probé una primera y me temo que única vez), les dijimos que era nuestra religión. Vic es el banco de pruebas ideal para toda clase de artilugios terapéuticos, su principal cliente, estoy por decir, que su fuente de inspiración. Yo la ayudo con los preparativos del aparato. Nada complicado: un triangulo recto de metal a modo de palo horizontal del ahorcado con dos poleas y una cuerda, en uno de los extremos una especie de cinta que pasa por debajo de la barbilla y por la nuca, al otro lado el contrapeso. El aparato de quita y pon se sostiene de la baca.  Entre esto y un cajón repleto de medicinas más otra bolsa de ídem podemos pasar cuando menos por astronautas, otra lectura podría ser la de alquimistas fugitivos.

Lo uno por lo otro es una experta en alternativas domésticas. Ha preparado una tela de tul para que nos proteja de los mosquitos en nuestros  descansos y para que nuestros sueños no estén poblados por monstruos. Las moscas por la noche duermen o al menos se están quietas y no son una verdadera molestia, lo son de día. La verdadera guerra contra los insectos está por empezar. La época de lluvias es la que puede traer comentarios de adversidades. De momento estamos en zona seca aunque ya nos han anunciado que los mosquitos que no encontramos en Mauritania los encontraremos en Mali.

Hasta ahora hemos hecho distintas pruebas para dar cosas de las que llevamos. En un collége de secundaria me acompañó una troupe de chicos e interrumpí la clase de uno de los profesores con todos los estudiantes asomados a la ventana para darle una bolsita de gomas y estilos. Por ese impresionante acto vinieron en mi búsqueda, el que se declaró como presidente de la asociación de padres de alumnos y otros dos hombres lanzados con un coche por la arena, para darnos las gracias encarecidas. Hacer de papá-noeles no es lo nuestro. Somos conscientes que con este tipo de gestos el blanco o el europeo pasan a ser significados como portadores de cadeauxs. Por su parte el blanco que lo hace, nosotros sin ir más lejos, no hacen sino pagar sus peajes de una manera sutil, también podemos hablar de pago demorado de karmas por las barbaridades que hicieron nuestros antepasados europeos. De acuerdo con nuestra tesis crítica de  la solidaridad, en el fondo es  una forma de inversión y no solo a gran escala, el de las Ongs poderosas, sino también a pequeña escala siendo  una manera de granjearse la confianza y el buen recibo en los lugares.

No tenemos ni podemos tener un criterio único según los lugares que vayamos nos vamos adaptando a cada sitio. En algunos sitios somos literalmente rodeados por docenas de críos, en otros siguen con sus juegos o sus trabajos sin molestarnos tras el primer rato de expectación. Tras pasar la noche en El Aayoun en otro puesto del Atlas nos hemos ubicado a la entrada de la ciudad, en realidad una pequeña población, para ser vistos por los de la comitiva si es que todavía  están detrás de nosotros.

 Una vez los lugareños nos integran como imagen de paso dejan de molestarnos. Eso no quita que ocasionalmente los niños pueden llegar a ser más pesados que las moscas más insistentes. Se te pegan como si fueras un papel de droguerías para engancharlas, das un paso y te siguen. Son una monada pero de lejos, aunque siempre hay que evaluar cada caso a la velocidad del rayo. Para ridiculizar una  de las situaciones en Kubanni, en donde hemos pasado una noche he dados dos vueltas enteras y luego otra más a la furgo llevando un par de baldes de agua que acaba de conseguir de un pozo  para poder medio asearme. Todos detrás. Imposible  buscar un lugar retirado. Al final solo he podido echarme uno de los potes por la cabeza.

Los mauritanos y malineses  parecen tener buenas relaciones y pueden pasar de un país a otro sin visa. En el último puesto de douane, en Kubanni, ( todo el país es una aduana continua con innumerables puestos de control), desde el interior un vago echado  en una estera en el suelo ha hecho señas de acercarnos con los pasaportes. Le he mostrado la señal de minus que no ha decodificado y finalmente he salido con las muletas para dárselos. En el puesto el chupatintas ha pedido excusas pero yo he insistido en mi papel de cojo. Un par de horas después que yo ya había olvidado esa comedia  he paseado tranquilamente por delante del puesto y el poli me ha pillado in fraganti, (por un rato había olvidado aquello que se pilla antes a un mentiroso que a un cojo). He disertado sobre una cojera espasmódica que me viene cuando lleva horas con la pierna quieta conduciendo. El hombre se lo ha tragado. Luego hemos platicado un rato hasta justo antes de su oración, eso sí, que por orar no quede, y he debido reconocer que la etiología de su vagancia puede ser una forma de protesta tanto contra su rol de vigilante como contra el visitante extranjero. La carretera hacia Mali por este lado, que es el recomendado y asfaltado, apenas es transitada.  Hablando con la gente la visión dominante del europeo es que es rico. Jamás consideran la posibilidad que además de los medios económicos o materiales también depende de cosas como la voluntad, la iniciativa y la organización personal lo que permita hacerlas. La posición de echado del vago es una imagen recurrente. Propongo una coartada para ella: la gente realmente no tiene un horario de reposo y entonces descansa en cuanto puede. Eso hace que puedas entrar a un negocio y te toque despertar al tendero que esta de bello durmiente en su... lo que sea.

Cadeau es una de las primeras palabras que aprenden los nativos ante el extranjero. Mucho nos tememos que una buena parte de África tendrá ese signo. Dar un cadeau no significa que te quites de encima a quien se lo has dado. A veces los niños se despiden tirándote una pedrada o lo que tienen a mano si se lo has negado. En Mauritania solo nos ha pasado una vez y no significa que ese episodio tenga que sucederles a otros viajeros. Puntualmente algún adulto nos escampa las moscas, que diga los niños. En el único auberge que hemos preguntado de Kubanni, la arena y la falta de equipamiento nos han disuadido de usarlo. El problema de los que aspiran a nuevos ricos en Mauritania a costa de los extranjeros de paso es que piden precios sin contenidos que ofrecer. Ponen el nombre de un servicio pero no el servicio.

Casi todas las conversaciones empiezan igual: de dónde vienes, ¡ah! ¿de Barcelona?, Ronaldinyo, Etool, Barça. No pongo en dudo que quien fabricó la humanidad no fue dios sino una churrería ordinaria de barrio con aceite recalentado. Todo ese tipo de preguntas pueden apuntar a lo mismo y  aburrido.  La queja a la indiferencia  recíproca de  la gente entre sí de las culturas europeas nos convierte en candidatos dóciles a aguantar lo que sea de la gente movida por la curiosidad y a colgarse del recién llegado como tema de espectáculo. Ese interés hace regurgitar de algún lugar oculto de nuestra psique o de nuestro inconsciente colectivo, si realmente lo tenemos entrecomillando a Jung, el tiempo primigenio en que la gente se identificaba como parte de la misma familia y se interesaba por su bienestar. Es una hipótesis muy dulce que solo puedo apoyar con una conjetura no con una demostración. En tu condición de recién llegado a un sitio te toca discriminar entre quien te aborda por su interés en conocer, hablar, comunicar, compartir un rato a quien te ve como la clásica S cruzada verticalmente por la doble barra o ahora más modernamente, por la E con la doble barra del igual en horizontal. Portadores de dólares o de euros, tanto da, para el nativo puedes ser poco menos que alguien a quien sacarle algo de tajada. Conviene pues explicar siempre a priori lo que puede esperar de ti quien te aborda para no hacerle perder el tiempo y para que no te lo haga perder a ti.

Venimos haciendo más pernocta libre que no usando campings, tanto por lo que hace a sus no condiciones de uso, como al hecho de que hay muy pocos, pero también conviene considerar que los campings son endogámicos. Te ponen a distancia de los supuestos innumerables peligros y molestias de la calle. Exagero. No son tantos. Es distinta la primera impresión que te llevas de un lugar nada más llegar a la que destilas unas horas después y sobre todo al día siguiente de estar en él. Tu percepción no está tan instruida para la negritud reinante como puedes suponer y de entrada es fácil que confundas unas caras con otras. Después de persistir un rato en un lugar vez que hay una auto organización establecida: los comerciantes en sus tiendas, los controladores, las bandas de críos. En los campings-auberge no hay nativos  como clientes salvo los empleados que tienen el comportamiento controlado por las condiciones por las que han sido contratados. Lo que más se encuentra son extranjeros pagando su estancia a precios europeos. Los mauritanos en desplazamiento se alojan en otros sitios. En consecuencia en un camping o en un lugar de parada de viajeros se extranjeros se habla más los idiomas de sus procedencias que los del lugar. Son lugares interesantes porque hacen de oficinas prácticas de intercambio de información pero son sesgados. Cada información aunque venga de la persona más razonable hay que tomarla con pinzas. Una de alguien de  una expedición de free lances, haciendo un reportaje de la carretera de la Espoir, profesor de una universidad barcelonesa, no indicó que había sitios mucho más interesantes en África que la visita de Senegal y  Gambia. Sí, noi si. La escala de valores es distinta en cada persona y lo que busca un europeo no tiene porque buscarlo otro aunque cabe reconocer el común denominador de la búsqueda por una condición humana primitiva completamente olvidada en Europa.

A África hemos llegado tarde, antes de nosotros demasiados europeos han dando muestras de una Europa reluciente y una ideología deformada o que al menos no es la nuestra. Para el nativo un europeo es igual a otro. Nuestros esfuerzos para aclararle esa mentira son vanos pero no desistimos en nuestro empeño. Aunque queramos desmarcarnos de la inercia papanoelista nuestro viaje ha empezado con el signo del que trae cosas. La única diferencia con los reyes magos en los que como unos papanatas creíamos de niños, es que aquellos eran de oriente y traían cosas espectaculares no tanto por el incienso y la mirra sino por el otro, nosotros, insisto, no salimos de los bolígrafos que no escriben bien, las gomas de borrar y las gafas de sol que se rompen antes de sacarlas del envoltorio de plástico, además de cosas más serias de material quirúrgico que esperemos que funcionen mejor para bien de los operados. No hemos llegado a una conclusión o criterio válido para dar cosas en ruta. Pensamos que nos toca intervenir poniendo los nombres en el lugar de lo que son y que un regalo es algo que se espontáneamente y no algo que se pide y que el intercambio es la mejor filosofía que se puede enseñar. De otro modo los europeos de ahora por hipiosos que sean y solidarios que se/nos crean/mos no han/hemos avanzado demasiado con respecto a cualquier embajador de la antigüedad que para contactar con otros países se hacían anteceder por el despliegue de presentes para allanar su negociación.

Después de pasar una noche en Kubanni, al día siguiente con el jefe de la aduana, un hombre considerado que no estaba el día anterior, accedió a que consultara las hojas blancas que dan a la entrada del país y que aquí, por este lado cerca de la frontera se entregan. Así me enteré que el vehículo de Alex  y Giusepe ya había pasado pero no qué día. La tarde anterior ya pregunté por esa consulta, pero ¡uf! la petición generó chispas en las neuronas del hombre al cargo del despacho junto al vago tumbado justo al lado.



[1] http://unviajeexistencial.blogspot.com/2008/01/pagar-peajes.html

25. Calor soportable

25. Calor soportable[1]

Kiffa16enero2008
Ala entrada de Kiffa nos detenemos en el Auberge Phare de Desert. Ahí han pasado la noche los de la comitiva de la que nos separamos ayer en el poste Chgueig, a unos 100 kms antes de la ciudad. Tras haber pasado los otros tres vehículos, el nuestro fue demorado por coincidir la hora de la plegaria a la cual se sumaron los polis. Viéndolos en su ritual uno los propondría para santos de escayola venerable. Era el crepúsculo y a partir de ese momento era difícil encontrar un sitio donde pernoctar. Lo hicimos en Guerou en el puesto de gasoil Star. El encargado ha estado ahí toda la noche y se han detenido algunos coches. Solo me he despertado una vez. No ha pedido nada por quedarnos. Antes de confiar plenamente en nuestra ubicación he dado un paseo por los alrededores y he entrado en un par de tiendas a preguntar. En Mauritania es mucho más difícil que en Marruecos encontrar gente que te entienda en francés.
En el Phare del Desert hemos tratado de negociar un precio bueno. Lo menos que aceptan es 1500um. A este ritmo de gasto por alojamiento el viaje africano nos puede resultar más caro que cualquier viaje por Europa o por América. 10euros diarios por los dos para dormir no es que sea mucho lo que pasa es que el único consumo que hacemos por esta cantidad es la del agua de la ducha. Hay otra razón para desestimar este camping: el puesto de control numero ene policial está al lado. Hemos hecho diligencias al atravesarlo acostumbrándonos nosotros y acostumbrando a los controladores que no tenemos la famosa fiche y que la hemos gastado en controles anteriores, tampoco que tenemos cadeauxs por la misma razón. Una doble mentira es mejor que una simple. Mientras esperábamos la devolución de los pasaportes, con el aduanero haciendo prácticas de simpatía verbal que cobra unos 640mil uguiyas. Cifra a tomar en pinzas de momento. La idea dominante de los nativos es que todos los europeos somos ricos y ellos son pobres. Desde luego lo son más pero su economía básica de mercado no está muy bien organizada ya que los productos básicos son caros. No estamos de acuerdo en facilitarles las diligencias dando fiches preparados por nosotros. Alex y Giuseppe llegan a hacerlas a mano. Si no las tienes en muchos de ellos te devuelven los pasaportes por la fatiga que les da rellenar los datos a ellos.
En Kiffa una mujer me presta un cubo con agua y me indica el wc donde puedo ducharme. Vic hace de anfitriona del enjambre de críos que se nos ha reunido a un lado de la furgo. Reparto de gomas de borrar y pseudofrases francófonas. Alguno de los niños se encarama hasta el portaequipajes mientras estamos dentro con los ordenadores. Momento para cambiar de lugar. Vamos hasta el aeropuerto internacional (una explanada abandonada con un par de ancianos custodiándola) en el que nos aseguran que hay vuelos a Bamako y a Nuakchott. Es el momento del relax que nos permite trabajar en los ordenadores una vez nos refugiamos a la sombra del edificio. Nos ofrecen te según la forma acostumbrada de medio vasito que uno de los hombres prepara en un infiernillo con carbón. En realidad es azúcar con te en lugar de serlo al revés. Alex nos ha dado la noticia de un secuestro de italianos en la zona de Tumbuctú que tuvieron retenidos varios días y que les quitaron todo su material solidario de una ONG. Resulta curioso que de países, aparentemente tranquilos, como Mauritania y Mali, en los primeros de nuestro trayecto nos lleguen noticias de alarma. Estamos considerando la posibilidad de esconder uno de los ordenadores en el zulo y trabajar solo con el otro cuando atravesemos zonas difíciles. En el paso por Aleg nos detuvimos para comer pero el resto de la comitiva tenía más prisa y nos fuimos. Aleg lleva la marca del crimen de los franceses de cuya noticia nos habló por primera vez el hotelero de Martil. De haber ido solos posiblemente nos hubiéramos parado más rato. Giuseppe no estaba muy seguro con el lugar y los otros iban con prisa para llevar su Ford semiescacharrado a Mali para venderlo. Unos quilómetros después Alex tampoco tenía muy claro dormir fuera de un recinto. Nos ha sorprendido un poco que gente de ventipocos años sea más prudente, la palabra es intercambiable por la de miedosa, que nosotros. Justamente una de las ventajas que tiene ir en comitiva es que te permite elegir un lugar donde compartir la noche con mayor seguridad.
Ha empezado la calor. Desde Nuackchott hemos tomado dirección este. Todavía nos resistimos a dormir con las ventanas abiertas por temor a los mosquitos. La furgo sigue sin estar preparada en la cuestión fundamental de la mosquitera. Como profilaxis venimos tomando equinaccia, un compuesto de cobre-oro-plata, un compuesto vitamínico de Bs, Hidroxil, B1-B6-B12. Edum Palustre para repeler los mosquitos. Lo que no hemos empezado a tomar es antipalúdicos. Ni tenemos suficiente cantidad de Lariam o Melarone, ni estamos seguros que la mejor estrategia antipalúdica sea su ingesta atendiendo a todos sus efectos secundarios. Los meses que estuve en la zona de Centroamérica, de eso hace más de 5 años, no tomé, tampoco tomaron otros cooperantes nada para la malaria. En aquella ocasión fui acribillado por mosquitos y chinches. La marca de alguno de estos últimos me la llevé de regreso a Barcelona por unas cuantas semanas más. Habría que averiguar el interés de algunas industrias que propician una mentalidad de inseguridad frente a esa enfermedad. Su prevención y su tratamiento es el mismo solo que a dosis distintas y la prevención (sea tomando una pastilla diaria o semanal según el producto) tampoco está garantizada al cien por ciento. En todo caso ha empezado nuestra auto vigilancia de los mosquitos intrusos. Nos falta ingeniar algún sistema para poner tela mosquitera a ambos lados de la cama



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 http://unviajeexistencial.blogspot.com/2008/01/calor-soportable.html

 

24 Au revoir Europa

 24. Au revoir Europa[1].  Nuakchott 15 enero 2008

Parece que nos tomamos este viaje con más precauciones que otros. Tampoco es eso. Pero sí es la primera vez que hemos hablado tanto de uno antes de hacerlo. A diferencia de Europa, la sola mención de África exige más solvencia. Es una falla perceptiva. Queremos creer que los países desarrollados del hemisferio norte  son el paraíso de los recursos y es donde  los problemas se minimizan mientras que vemos en otros continentes más problemas de los que hay. La percepción occidental está contaminada por la industria de los medios del primer mundo. Lo cierto es que en Canadá te matan en la máxima indefensión con un arma de des carga eléctrica, como le sucedió hace unas semanas  a un polaco que se puso algo nervioso a su  recién aterrizaje en el aeropuerto, y que nuestra querida España está llena de noticias de espanto.  Cuantos más días has puesto pies en polvorosa de tu país más te desconectas de su realidad y de las noticias como cantera en explotación. La alternativa no es mucho mejor. En todas partes hay quien se lamenta de su realidad pero también quien  ha aceptado vivir en ella sin pretender escapadas suicidas en cayucos  desesperados.

La mujer del recinto donde nos alojamos en Nuakchot nos dice que cobra 28mil uguiyas por mes y paga 10mil de alquiler. Otro de los muchachos ni siquiera sabe lo que cobra aunque nos ha dicho que uno de esos baldes de goma usados para las vendimias y recogidas de naranjas es barato pudiendo costar unos 2000 o 2500 uguiyas, el doble de lo que lo había comprado en España. No es necesario que pasen muchos quilómetros ni días para estar ubicados en unas coordenadas completamente diferentes. Las nuevas sensaciones que nos envuelven, nuevos  personas y geografías hacen que olvidemos momentáneamente de donde procedemos. Aunque en todas partes encontraremos gente del mismo color de nuestra piel y de nuestros campos culturales e idiomáticos. África pertenece mayoritariamente al grupo de los 150 países del mundo en  los que todavía se busca –o están pendientes de- un modelo democrático. Parte de los  africanos pertenecen a la Liga de Estados Árabes, que cuenta  supuestamente con 22 y a la Organización de la Conferencia Islámica que son 57. 10 jefes de estado, sobre 53, en África,  ejercen el poder desde hace más de 13 años[2]. La longevidad de un magnatario  en el cargo presidencial de un país es  un visible indicador de demora histórica en su proceso  de reconciliación plural de sus distintas partes en convivencia.

Podemos pensar que la historia moderna acaba de nacer y no se pueden pedir prisas a los cambios de las cosas. Los tímidos cambios advertidos en Marruecos, más en el plano económico que en el de la mentalidad, son tan lentos que resultan desesperantes. La carretera del sur sin embargo es perfectamente transitable. En la parte mauritana antiguamente había una zona que debía ser transitada durante la baja marea. La nueva carretera no tiene ninguna dificultad. Su trazado discurre al  lado de la antigua cuyas marcas  aún son visibles. A mitad de camino entre Nuadibú y Nuakchot hay un servicio de combustible de la Total perfectamente moderno. A ambos lados de la nueva carretera se han creado algunos asentamientos puntuales y  los supuestos camping fantasma. En el servicio de la Total  no hemos tenido necesidad de abastecernos de gasoil pero sí lo hemos hecho de agua cuya procedencia es de una fuente cercana.

 La única observación relevante para la mecánica del automóvil son las continuas ráfagas de viento trasladando arena de este a oeste cruzando la carretera perpendicularmente. Las rachas son bajas pero conviene proteger el filtro de aire. Lo hemos tapado con ayuda de una funda de nylon fina de saco de dormir. Leí esa idea en alguna parte pero no recordaba si este sistema funcionaria. Lo consulté a un mecánico en Dakhla antes de hacerlo. Me ayudó a poner esta camisa a la pieza y me dijo que bien. Dentro de unos miles de quilómetros deberemos revisarlo a ver qué ha pasado con la funda. Posteriormente otro viajero me ha dicho que eso no sirve absolutamente para nada y que lo que hay que hacer es limpiar con el compresor de aire de vez en cuando el filtro. Antes de salir de Barcelona tratamos sin existo de comprar uno lavable, el triple de caro de los ordinarios pero no nos lo pidieron servir en el plazo del que disponíamos.

Hace apenas dos siglos había solo 40 países en el mundo con estados soberanos. Los dos cientos actuales tampoco representan la multitud de realidades étnicas.

En el patio del camping Menata los chicos prepararon un tagín de verduras excelente. Son ovolactovegetarianos y llevan un coche usado para vender. Su idea que a pesar de lo contaminante que pueda ser lo es menos que fabricar uno nuevo que ocupara el lugar de este. Bob comparte nuestra  mesa de invitado. Por tres noches seguidas le hemos prestado uno de nuestros sacos de dormir. Por la mañana se despide y viene a decirnos que se va en taxi hasta Roso. No sabe muy bien si su destino será Gambia. Parece que no le importa demasiado nada y por n par de veces le he oído decir i’ m 57, i’m a old man. Vale tío.

A la segunda mañana el camping prácticamente se ha vaciado, bastantes caras  reconocibles se han ido. El suelo de arena del patio y los juegos de los  dos perros que hay, levantaran polvo, uno de los chicos barre tratando de sacar colillas y cosas semejantes. Le contamos que existe un instrumento llamado rastrillo para esto. No es la primera vez que vemos a alguien barrer la arena del desierto. El otro día en el punto 25 la mujer de la caravana de al lado, nada más  levantarse estuvo un buen rato barriendo la estera o rectángulo de moqueta que habían puesto ante la puerta de su caravana. Nos hicimos la película de que toda la vida había hecho esto y nada más que esto al levantarse y que se lleva consigo la pieza de alfombra para poder continuar practicándolo allí donde fuera.

La percepción desde fuera del lugar que vas a visitar es distinta a cuando ya has llegado, El exotismo de los nombres de lugares que vamos recorriendo evoca experiencias exóticas antiguas que no tenemos porque gozar o sufrir. Cualquier envidia que pueda suscitar un viajero es tan solo una entelequia mental, una construcción privada del deseo. El nuestro ha sido/es llevar nuestros bodies a los lugares de nuestros planes. La ruta a seguir tampoco es completamente libre. Estamos condicionados  tanto por las características propias de nuestro vehículo como por el terreno físico y por los  limitantes y conflictos entre países.

El tiempo corre aprisa y antes de que nos hayamos dado cuenta ya hemos consumido la vigésima cuarta parte de tiempo previsto para estar en África. De otro lado la sensación es que llevamos ya en ruta mucho más que dos semanas.

 

Contar las cosas tal como nos vienen genera sensaciones equivocadas, inevitablemente se cuenta con sesgos, pues lo que nos sucede a nosotros no tiene porque sucederles a otras y la verdad e s que no hay una sola experiencia personal exactamente igual a otro, tampoco la de cada viajero aunque se viaje compartiendo vehículo y quilómetros. El caso es que contar una serie de infortunios seguidos puede dar la sensación de un alarmismo que no es tal. Nosotros también cruzamos la última frontera condicionados por lo que habíamos oído. En Mauritania no os podéis detener en cualquier parte, hacedlo siempre delante de una gendarmerie o en la frontera es fácil perderse. Por hora la sensación global es que la gente es mucho más respetuosa que la marroquí y bastante menos pesada. La sociedad es menos machista, se ven más mujeres por la calle.

Hacemos nuestro primer paseo en silla de ruedas completo. En lugar de tomar un taxi vamos a pie hasta la embajada de Mali. Ponemos a prueba los conductores de la ciudad al obligarles a desviar su línea de marcha al vernos decididos. Invariablemente todos nos esquivan sin protestas. En algunos momentos por ambos lados, es decir metiéndose también sobre la arena. En realidad son pocas las aceras en su lugar hay arena por donde la silla es intransitable. En la embajada, Vic quiere levantarse y entrar con las muletas. Eso ocasiona más lentitud y gasto de tiempo que si entramos tal como hemos venido con la silla. Finalmente lo hacemos así pero el resto del día pagaré por ese detalle. El encargado se maravilla de su capacidad de viajar así y nos atienden admirablemente. Nada a ver con la truculenta embajada mauritana en Rabat. Pagamos en uguiyas 6500 cada uno por un mes de visado. Como no llevo dinero salgo a la calle a cambiarlo a 340, el euro, a 10 menos que el precio de las agencias, un total de 40 euros. Entro de nuevo para pagarlo y esperamos en la sala mientras tamponan en serie las solicitudes del día. Coincidimos con unos británicos y un francés y hablamos de rutas y detalles conocidos. El francés se llama Max Clément y tiene una casa en Burkina. Nos da su dirección o mejor dicho la de un hotel para que preguntemos su localización ya que está cambiándose de casa.

De regreso al camping Menata pasamos por una calle todavía más arenosa. Vic hace un travelling con la video cámara a bordo de la silla. Llegamos. Inexplicablemente, vivos. A pesar de los pitos corto-histéricos de los conductores mauritanos y de manejar coches destartaladísimos, que contrastan con los impecables Toyotas blancos 4x4, alguno de Oxfam, Land Cruisier, los conductores son más atentos de lo que parece. La cuestión es que conducir por esta ciudad requiere destreza. Entre carros tirados por asnos, furgonetas que hacen de líneas de microbuses sin la puerta de atrás y la gente rebosando de ella, camiones, gente que va contra dirección y la interminable arena por todas partes quien se atreve a bregar por todo eso merece menciones de varios records en el Guiness.

 

Comida en el patio preparada por la cocinera senegalesa; un plato de arroz con pescado muy sabroso. 1000um cada uno. Tras ella voy a recorrer la zona de los cambistas cerca del mercado. Finalmente cambio a 350um un euro en una de las muchas oficinas que hay. Al chico que ha insistido en acompañarme termino por comprarle dos cestos trenzados muy bonitos pero que van a ocuparnos un espacio considerable. Cuando trato de regalarle una de esas gafas de sol de marras simplemente se rompe el punto de soldadura del empeine previsto para aguantarlas sobre el puente de una nariz. Nos preguntamos  si hay que aceptar cosas tan malas aunque sean regaladas. El nuestro está siendo un viaje de repartidores de gomas de borrar que esas sí borran, horribles gafas de sol y bolígrafos que se desmontan. Las gomas de borrar son de la casa Mila, la misma que usábamos cuando éramos niños en la escuela. Recuerdo la imagen de que los alumnos más aplicados eran aquellos que conseguían convertir en una pequeña bolita su goma después de haberlas hecho funcionar innumerables veces para corregir los errores gráficos. Simbólicamente al regalar gomas estamos significando lo mucho que hay que borrar de los errores de los países por los que pasamos, claro que esta significación es clandestina y difícilmente alguien acertará a traducirla.

Vic se enfada conmigo con razón por la compra de los cestos. Los precios no son precisamente bajos. Estamos advertidos de que África es cara y ahora que estamos en ella no hacemos más que confirmarlo. Los precios son altos y no es fácil encontrar- tal vez no existen- precios alternativos algo que sí es posible en Europa. Siempre hay que preguntar por todo, por lo que cuesta cada cosa, incluso por las cosas que te ofrecen aparentemente gratis. Por dormir dentro de nuestra furgo en el patio recintado del camping hemos pagado 3000uguiyas noche, lo mismo que si hubiéramos usado la jaima con mosquitera incluida. Los hoteles son carísimos y hay campings de tarifas superiores. Pedir la carta previamente con los precios indicados tampoco te salva de resultados imprevistos. En un restaurant donde comemos cuscus y una omelette y unas cocacolas embotelladas (comparativamente más baratas que el agua,) 150uguiyas  éstas, los precios son algo mayores que los indicados en el listín pero lo curioso es que por tres medio vasitos de tés (no pedidos pero que aceptamos pensando que es una gentileza de la casa), marcan 950uguiyas.Hemos discutido el precio y hemos hecho la cuenta nosotros aceptando nuestra cifra.

Hemos dado una vuelta por el extrarradio de la ciudad desde el Port de l’Amitie. Ya de noche y sin darnos cuenta nos hemos metido por calles de arena. Por una media hora nos hemos refugiado junto a una de las pequeñas gasolineras Star que hay. Hemos preguntado la posibilidad de pasar la noche allí. Enseguida nos han pedido por cuanto. Luego hemos cambiado de lugar. La idea de la solidaridad tampoco es su fuerte. Los extranjeros que vamos conociendo, más africanistas que nosotros, no esconden sus pesares por los asedios y confusiones continuas y las formas sutiles o no tan sutiles de timo.

Aunque estamos al corriente de que en Mauritania no hay banca electrónica internacional pruebo en un guixet automatique con una de mis tarjetas de crédito. No la reconoce. Quedarse aquí sin euros puede resultar bastante desagradable, lo mismo que Siria según nos informamos cuando estábamos en Turquía en una de sus fronteras, razón por la que no entramos. Seguramente estas cosas se irán resolviendo en los próximos años  ya que los primeros interesados son los mismos bancos `para hacer sus transacciones y facilitar los negocios internacionales, pero por ahora conviene preguntar antes de entrar en un país las formas de obtención de dinero y por tanto la validez o no de las tarjetas de crédito.

A una vigesimaquinta parte del tiempo destinado para África consumida Europa ya nos queda muy lejos.  Además de la gente querida hay cosas de la vida europea que encontramos a faltar: las duchas en condiciones lo que más, pero por otro lado entrar a visitar, más que vivir integralmente, la vida africana tiene unos encantos difíciles de transmitir que justifican los avatares higiénicos por los que pasamos.



[1] http://unviajeexistencial.blogspot.com/2008/01/au-revoir-europa.html

[2] Tomado de Béchir ben Yahmed en su articulo dix et vingt ans  Jeune Afrique 2446, nov 2007

23. La ley de la calle

23.La ley de la calle.[1].2008 enero 13 Nuakchott

En todas partes hay como mínimo dos códigos: el oficial y el de la calle. Una cosa es lo que dicen ordenanzas, las leyes escritas, los carteles, los bandos, los edictos y demás asuntos teledirigidos por administraciones y tecnócratas de la consigna de estado; y otra es el funcionamiento real de las calles basado en sus tradiciones, inercia, picarescas, trampas, timos, mafias o  pequeños grupos de poder o territoriales.

Estábamos estacionados en la única zona reservada para minus que hemos visto en todo nuestro recorrido, en Agadir  junto a la playa, ante una toilette con ¡milagro! rampa de acceso y después de la siesta nos viene el capo de este segmento de la calle para pedirnos que pongamos el vehículo al otro lado de la calle ya que tapa su establecimiento de meados y los posibles clientes pueden  no verlo. Ya estamos por irnos y lo hacemos sin discutirle su burrada. Eso sí, al hacerlo, no depara en gesticulación para ayudarnos a una maniobra para la que no hace falta tanta gimnasia de brazos.

En la mayoría de explanadas y parkings de facto hay alguien con bata azul, a veces con chaleco refractario, ocasionalmente con porra artesana o tubo de papel que decide hacerse guardián del lugar y cobra por hacerlo o mejor dicho pasa de aceptar recibir propinas por esa función a exigirlas. Es un oficio bastante generalizado en todo Marruecos, menos en el territorio del Sáhara, tanto que esta clase de saprófito es un hibrido entre un vago y un oportunista no pudiendo dar de si mas luces que las que da. Es posible que mal sobreviva de esta manera toda la vida sin salir jamás de su agujero. En Sale hablamos con uno que se había fabricada un minúsculo habitáculo con dos catres de 50cms de ancho y un fuego para el te en medio. En Guelmime mientras Barek y yo íbamos a la búsqueda de bidones de plástico, su hermano y Vic se quedaron en el coche en una explanada. El tiempo suficiente para que uno de sus gorreros profesionales fuera al conductor y le sacara un par de dírhams con la excusa de que él llevaba a una turista y ellos tenían que cobrar su diezmo.

Eso de hacer pagar por el uso de lugares viene de antiguo. Lo terrible es que la gente se presta a ello consolidando a los parásitos en sus dominios.

En Cansado, cerca de Nuadibú, vimos a alguien que se ocupaba de unos retretes. Le preguntamos por si podíamos usarlos para ducharnos. Los wáteres árabes tienen el típico grifo cerca del suelo para usar agua en lugar de papel para la limpieza del ano. El hombre dijo que si a cambio de que le diera algo. Mencionó doscientos uguías. Yo le dije que le haría un regalo pensando en las socorridas gafas de sol. Durante todo el rato de nuestra operación con el mayor tiempo necesario para Vic por necesitar de un taburete donde sentarse y de una butaca auxiliar donde poder vestirse, el tipo no paró de sobarnos más a mi que a Bob, que no sabe una palabra de francés. No empezó a gustarme el hombre desde el momento en que para hablar no paraba de darme golpecitos con los dedos rompiendo la barrera del espacio vital  tratando de modificar los términos de lo que deberíamos darle. Cuando al fin terminamos el tipo nos exigió 3000 uguías. Casi 10 euros por usar unos baños por los que nadie paga a nada o una propina voluntaria como mucho. Le dijimos que íbamos a hablar de ello a la gendarmerie Royal. Antes de eso hicimos un estudio de mercado del lugar preguntando a algunos lo que pagaban por usar los baños. Todo eso con el capullo de turno a bordo junto a nosotros tres. No dejé que subiera atrás porque no me fiaba de él. Llegamos hasta el cuartel de la Gendarmerie. Como que no quiso entrar solo (él tampoco se fiaba de nosotros ya que sabia que nos libraríamos de él a la primera oportunidad) metí la furgo en el patio dejándolo suficientemente inclinado para encarar la puerta. Conseguí que bajara solo. Observamos a distancia la explicación que le daba al policía. Cuando parecía que iba a volver hacia el coche salimos pitando. Por el espejo retrovisor no vi que saliera detrás de nosotros. Mauritania es un país mucho más caro que Marruecos con menos cosas que ofrecer y con más pobreza a la vista: agujeros en medio del asfaltado sin avisar, arena fina por las calles, basurales sin recoger, grupos de cabras coexistiendo con las personas. Los franceses están pasándolo mal por la noticia del asesinato a los del picnic –cuyas resonancias aun rebotan- y hay quien no quiere pasar por Aleg, el lugar del crimen.

Si los controles policiacos de carretera eran ya de estudio laboratorio los mauritanos son para ilustrar películas de terror. Los buitres te paran y te dan la mano para luego  pedirte de algo. Un tontarra de ellos en seguida nos preguntó si teníamos una linterna. Otro en otro punto nos dijo que si traíamos ropa para donar que se la diéramos a ellos. Lo general es que te pidan la fiche. La forma simple de decir que les entregues tu autocontrol con todos tus datos explicados ya que según ellos, no entienden el castellano. Todos los pasaportes son iguales y lo que quieren es que les hagas su trabajo. Los hijos de la burocracias loas han mal acostumbrado a darles los papelitos preparados. No me extrañaría que en internet alguien hubiera colgado un modelo para facilitar las cosas. Despues de  más de una docena de veces de escuchar, la preguntita de si tenemos la fiche, he empezado a contestar que los controles policiales son muchos y ya hemos gastado todas nuestras fotocopias. Mentira piadosa. Ante esto, el policiaco del último control antes de llegar a Nuackchott me pidió que se lo escribiéramos. Le dije que no teníamos papel ni bolígrafo que lo hiciera él. Nos devolvió los pasaportes diciendo que comprendía que estuviéramos fatigados.

El modo de tratar con el poder, es decir con el poder del otro, uniformado o no, es un sondeo de sutilidades. Ni puedes decir un no rotundo a cualquier estúpida exigencia ni puedes decir un sí incondicional a todo lo que desee el extorsionador de turno. Despues de dar la mano un montón de veces a este tipo de  chusma y tenérmelas que lavar otras tantas aprendo algo más del personal humano. Si el estado tiene pasta para comprarles motos ultimo modelo a estos falsos  justicieros  también debe de tenerla para ponerles luz eléctrica en sus chozas de puestos de control y una fotocopiadora. 

En el habitáculo de la embajada mauritana en Rabat recuerdo como a cada nombre europeo citado el muchacho que recogía su pasaporte se iba con un merci grandilocuente y una boca sonriente como si le hubiera tocado el premio de la lotería o si le hubieran librado del potro inquisitorial.

En el Sahara mauritano de la costa los controles apenas son perceptibles. Aquí el stop está muy lejos de una barrera con unos clavos en el suelo todo mal señalizada. A diferencia del haute en Marruecos que esperan que te quedes en el puesto hasta que no te hagan la señal de avanzar aquí la tradición es la de parar justo delante de la barrera a un lado. La única diferencia entre el delincuente uniformado y el que no lo es el color de su vestido. Ambos comparten una ley no escrita de la calle. Su oficio principal es ver lo que te pueden sacar. En el puesto aduanero mauritano, cuyo único distintivo externo de cambio de país es el trapo de color verde con una luna y una estrella de 5 puntas de color dorado, el primer tipo que te saca los 3mil uguías por las diligencias de rellenarte el papel que los pide tiene su choza llena de botellas de alcohol, supuse que decomisadas o conseguidas con su sutil forma de presionar. En ambos casos el viajero consciente hubiera bebido el licor in situ o lo hubiera derramado en el suelo antes de permitir que esos mafiosos hicieran negocio con ello.

La comparación del criminal ilegal a la del legal no es vana, no es ocasional y es una constante a mencionar en las correrías por este mundo. Sus concomitancias son múltiples. La ley de la calle la escriben quienes la ocupan dominantemente y se aprovechan de transeúntes y viajeros para engañarlos y esquilmarlos en lo que puedan. Siempre, en cualquier parte del mundo, te espera alguien que creerá que tu llegas hasta su lugar para resolverle sus problemas económicos tanto si quieres como si no. En cada momento del camino te tocará decidir si doblegarte a una extorsión o eludirla sin que eso te suponga percances.

En el Sahara costero en la parte mauritana en medio de la nada continuamente hay carteles anunciando campings. Nos detuvimos en uno por la curiosidad de conocer su oferta. Un agujero en el suelo por wc con cuatro tablas como cabina, agua natural de baldes y el espacio para pasar la noche. Eso sí el precio más caro que cualquier camping europeo. Quizás son los malos hábitos dejados por los moteros y los 4x4 que han mal acostumbrado a los nativos. Estos son capaces de copiar la palabra pero sin entender el significado de un lugar donde acampar o donde instalarse. Eso sí, las tiendas levantadas en medio del desierto contrastan con la llanura y las dunas al fondo. El romance está servido pero no precisamente por las habilidades de managers de los que ocupan una parte del terreno.

Preguntar precios en Mauritania hace que pongas en cuestión la celebre ley económica del capitalismo de la oferta y la demanda. Los precios suben a mayor demanda y bajan si esta también es poca. ¿El precio no era aquello que se ajustaba a la realidad del mercado para poder ser aceptado? Pues bien hay precios altísimos en hoteles de fábula completamente vacios que los mismos recepcionistas nos reconocen que son inasumibles para los nativos y caros para los europeos. No acaba todo ahí. Hay comida enlatada y zumos embotellados que son mas caros que en España o Francia. En cuanto a los restaurantitos la primera prueba de chawarme, felafel en la capital fue un desastre. La mayor parte de cosas se quedaron en los platos. Eso sí con una exhuberante  bandeja de muchos panes no pedida se la devolvimos sin comerlos. En la despedida la dueña nos dijo que la cocinera aquel día no trabajaba y lo había hecho ella, No preguntó si nos había gustado, era evidente que no. En el lugarcito a cada rato pasan  coches o viene gente a pie a comprar comida y llevársela. Esto lo hemos visto en otros pequeños establecimientos. Algunos ni siquiera bajan de sus coches para pedirle. Siempre hay algún hombre servil corriendo para llevársela y cobrar.

 



[1] http://unviajeexistencial.blogspot.com/2008/01/la-ley-de-la-calle.html

22. Sumando quilómetros

22. Sumando quilómetros. Boujdour 2008 ene 8

Seguimos prácticamente una recta. La huída en vertical del pensamiento rectilíneo europeo no resulta tan fácil. Vamos sumando quilómetros. Los controles a cada poco rato de las policías y sus ralentizadas diligencias añaden horas extras a cualquier cálculo que previsto, que en realidad hemos desestimado hacer. Ya llegaremos. África estaba aquí antes de nosotros y seguirá después de nosotros.

En alguna parte he leído que para agilizar los controles es mejor llevar una hoja preparada con todos los datos personales incluida la profesión (dato obsesivo que no dejan de preguntarte. Mejor no decir nunca que eres escritor o periodista). Los otros europeos del centro y del norte y los anglos que son más dados que los latinos a los perfeccionismos proporcionan la hojita con fotocopia del pasaporte incluida. Los controladores no tienen que hacer nada, tan solo comprobar que los datos del papelajo se corresponden con los del documento oficial. Son tan vagos que en algún control nos han pedido directamente esa formalidad. No creo que les ayude mucho facilitarles tanto las cosas. Una cosa es el ocio merecido del que curra y otra cosa es el que no curra nunca y se pone a secar al sol. Yo convierto la demora en los controles para otras utilidades antropológicas como observar su mal vivir de harapientos en cubículos infestos de moscas. En uno de estos colonizados por ellas les he dado una conferencia sobre una estrategia barata para reducirlas viendo que lo del papel de pegamoscas es algo completamente desconocido para ellos. Les he hablado de la botella de plástico de agua con un fondo de arena y agua y algo que las atraiga. La mosca no encuentra el camino de salida y muere. Un espectáculo para sádicos y una medida para la supervivencia. Lo he explicado hasta tres veces. El cabo, o lo que sea, del puesto, me ha asegurado que lo probaría. Si alguien se encuentra con un garito antes de llegar a  Boujdour con esta mejora de ingeniería que nos informe. Mientras tomaba nota de nuestros pasaportes en una papelajo cualquiera, me he interesado por su plantel de fotos de terroristas. Me han dicho que están ya todos detenidos. ¿entonces que hacían en la pared? Nos han invitado a un culo de té que he tomado olvidando mis ascos y cuando ya han terminado de apuntar todo nos han perseguido pidiéndonos un cadeau. Les decimos que no tomamos licor, ni wiski, ni cervezas (mentira), que somos vegetarianos y que el Corán prohíbe el alcohol. A fuerza de darles regalos a estos indeseables los que no vamos de sobornadores por la vida nos toca pagar los platos rotos de ellos.  En otro de los controles anteriores hemos coincidido con dos alemanes que van a bordo de pequeñas motos de 50cc arrastrando un carro de dos ruedas cada una con sus banderitas alemanas. Vienen de Hamburg. Un hombre de 62a y su hijo de 25. Dos héroes de los que ya no quedan. Sus equipajes dentro de cajas de plástico y como alforjas dos garrafas de 20litros en cada máquina. En el Aaioun antes he cambiado otros 100e. El dinero se va rápidamente. En el mostrador he coincidido con un alavés que vive en Lanzarote y que llegó el día anterior desde FuerteVentura hasta Tarfaya en una línea recién establecida de Armas que cubre el trayecto con 4 horas y por el que se paga unos 150e. Su plan de próximos trayectos no pasa de este mes. Es Roberto  Ruíz de Arbulo  Nos reencontramos luego en Boujdour y comemos juntos. Como que la próxima ciudad es Dahjla a unos 350 kms, decidimos pasar el resto de la tarde y noche y marchar temprano. El va a hacer lo mismo. Por la tarde visitamos el mercado del pescado y yo me ducho en la playa. Un tipo se acerca y nos pide si tenemos algo que vender. Le propongo que compre una de nuestras gafas de sol. Se las lleva por 40dh. Cuando nos dieron 4 cajas de ellas (unas 40), para regalos, sobornos o para vender,  no creí que las gafas pudieran dar tanto de sí. Tras mi baño uno de los niños que nos pide que le demos algo le doy mi camiseta previa consulta si la quiere. En una de las ocasiones que paramos en la cuneta para ajustar una cuerda del maldito embalaje del portaequipajes (puestos a poner un toldo hay que poner una red encima, nunca jamás de los jamases cuerdas y cuerdecitas -las de nylon se deshilachan en sus extremos si no se han quemado las puntas-) viene una niña que nos pidió algo. Le di el jerse3y que llevaba desde el principio de este viaje. Fue una de las pocas prendas de vestir que heredé de mi padre al morir hace unos años. Su mejor traje se lo había llevado con él a la tumba. No me lo había puesto hasta esta ocasión en que lo he recordado por habérselo visto puesto muchas veces.

Según el tipo de demanda que nos hacen los niños consentimos o no. Los niños marroquíes entran de una manera completamente distinta que los turcos o los hindúes. Aquí todavía se hacen pesados con la misma palabra que sus padres cuando eran niños aprendieron y se la transmitieron después: bon bon. No es con bombones que se desarrollará este país. Un grupo de críos que nos ha venido a molestar mientras hemos buscado un lugar alejado para trabajar dentro de la furgo ha sido echado por un anciano que les ha avisado de que no lo hicieran. Al rato se ha detenido otro hombre con un coche elegante para decirnos en perfecto castellano si nos habían molestado. Hemos bromeado acerca de la famosa frase dejad que los niños se acerquen a mí y si el autor a quien se le atribuyó tuvo la santa paciencia de aguantarlos incondicionalmente. Hemos iniciado ya nuestra política de dar gomas de borrar. Las probablemente más de mil gomas proporcionadas por la ONG hemos empezado a repartirlas. Nos siguen faltando lápices y sacapuntas con lo que la entrega de una goma es escenificando para lo que sirve no sea que sea confundida con una pastilla alimentaria de astronauta.

En Tarfaya dormimos junto al centro. A unos metros estaba la auto vivienda del francés con el que hablamos. Cuando nos hemos despertado ya se había ido. Hemos tomado te, huevos revueltos (a los que llaman tortilla) y pan. El pan suelen servirlo aunque no lo pidas y una hogaza da para mucho. Hemos tomado la costumbre de llevarnos lo que queda que suele ser más de la mitad. Nuestro perfil turístico no entra en las guías ni en la mentalidad de los lugareños.

Hemos subido a una autoestopista desde unos 5kms antes de El Aaioun. Iba indocumentada. En el control antes de entrar en la ciudad los de la Sureté Nacional (en realidad la guardia urbana) nos han pegado la brasa afirmando que es peligroso para nosotros recoger autoestopistas y además que está prohibida. En el interrogatorio en marroquí a la mujer parece que ha dicho que nos ha conocido. Nada más llegar a la ciudad la hemos desembarcado sin acompañarla al centro. Cuando viajamos solemos tener a alguien a nuestra derecha en el tercer asiento disponible de la cabina. Hay de todo. Gente que habla, gente que no habla. Aunque no sepan francés te siguen diciendo que sí a todo.

Por la carretera hemos auxiliado a una pequeña furgoneta con aspecto de ambulancia (un colchón por camilla) cuyo conductor nos ha pedido agua para el radiador. Le he llenado tres botellas de litro que se las ha zampado el agujero bajo su asiento delantero.

Antes de dejar el Aaioun hemos rehecho el portaequipajes de nuevo, bajando dos de los bidones de arriba. Luego hemos repostado gasoil. El precio es de 4,18dh. De momento hemos dejado la carga de los 4 bidones auxiliares para la última estación de servicio.

De Sebta a Guelmime hemos dedicado unos 1300kms. Hasta Al Gouira  antes de Mauritania debe haber otros 1400.

Siempre que tenemos oportunidad preguntamos por la situación nacional de los Saharauis. Por ninguna parte hay muestras reivindicativas de la independencia.  Anoche alguien que estuvo exiliado en territorio español por más de 10 años y que pudo volver con las medidas de gracia (una palabra insultante) del hijo de Hassan II expresaba muy bien su hastío del consumismo europeo prefiriendo volver a las miserias de sus orígenes. El hombre justificaba el fanatismo y la influencia de Al Qaeda por tantos decenios de desprecio que ha recibido la población musulmana. En su olla de ideas cabía tanto una declaración suprema comparando el hombre a cualquier bacteria como un espíritu de combatiente al contar como su hermano se había pasado 10 años de prisión en cárceles marroquíes por ser simpatizante, ni siquiera militante, del Frente Polisario. Ninguna bandera no marroquí, ningún cartel alusivo al pueblo saharaui. En cuanto a nuestra nacionalidad cuando nos preguntan nos confunden con franceses, luego les contestamos que somos, por este orden, de Catalunya, Barcelona, España.

Cuanto más al sur, más dunas y como dato pintoresco las señales triangulares de precaución por peligro tienen la silueta de un camello. En Noruega vimos la silueta del reno, lo mismo que en Galicia la de  la vaca y en Australia se podrá ver la del Canguro. Nos hemos encontrado con una manada de imperturbables cruzando el asfalto. Su inmutabilidad es digna de alabanza. Generaciones de tuaregs y beduinos debieron haber aprendido mucho de ellos.

 

21. Comienzan las emociones

21. Comienzan las Emociones. [1]. Nouadhiboú 12ene2008

Observamos una pequeña línea de fractura en la parte superior del parabrisas. Por la noche suena un clec no sabiendo muy bien si nos han tirado una piedra .Cuando íbamos a acostarnos ante la mezquita de  la calle de Dakhla donde pasamos varias horas: un grupo de niños que enseguida fue en aumento nos molestó a nosotros y a Roberto. A su coche le alcanzó un impacto de una piedra terrosa sin consecuencias y nosotros escuchamos ese otro ruido alarmante. No estamos muy seguros de que el roto haya sido consecuencia de eso o de  la dilatación del cristal. Tampoco las temperaturas son tan extremos para esto (conviene tener la precaución de dejar las ranuras de los cristales laterales abiertas para producir una corriente de aire). No podemos descartar que la fisura la trajéramos desde España.

Consultamos a un mecánico que nos lleva a un especialista en el tema de cristales de coches. Está cerrado. Parece que se está celebrando el primero de año de su calendario, unos 600 años atrás en relación al cristianismo y que debe coincidir con la iluminación o la inspiración  de Mahoma, al parecer un analfabeto al que le soplaron el texto coránico los profetas. En la calle de la mezquita hemos pasado varias horas sin problema: cyber, compra de dátiles en un puesto ambulante, yo he pasado por el barbero y hemos comido en  restaurant. En principio un adulto ha tratado de que los niños no molestaran pero luego estos se han hecho bastante pesados hasta decidir cambiar de lugar.

Hemos contactado telefónicamente con  Atlantis, nuestra compañía de seguros. Les ha costado bastante rato ubicarnos en el mapa y nos han dicho que no tienen asistencia aquí, que nos ocupemos nosotros de encargar la reparación. Hemos optado por encomendarnos a la cinta americana. He puesto dos tiras en la parte exterior y otro pedazo en la interior.

Giusseppe y Alex por su cuenta tienen problemas de cash y han de esperar al día siguiente para conseguir dinero del banco. Las noticias son que en Mauritania no hay ningún cajero automático. El mecánico nos recomiendo que carguemos gasoil en PMA en lugar de Atlas, donde, al parecer, mezclan agua. Le hacemos caso a pesar de que la gasolinera es más antigua. Cargamos 5 bidones con 105l de reserva y completamos el depósito. Un total de 160. El gasolinero me pregunta si tengo algo a vender o cambiar. Le propongo cambiar gafas de plástico de sol por el combustible, unidad por 10 litros. Acepta. Esas gafas  yo no las querría ni regaladas. Es una oportunidad para deshacernos de una buena parte de ellas. Nunca he hecho trueques de este tipo. Es la primera vez que salgo a viajar con una bolsa expresa preparada de chucherías para regalar o intercambiar. Hace unas décadas oí de muchísima gente  que salía fuera iba con una botella de whisky  y unos jeans como mínimo, para vender o abrir puertas. Nunca he dedicado espacio extra a esos asuntos. Sé que me he perdido muchas oportunidades por no hacerlo. Mi alma de comercial no está a la altura. Un comerciante funcional no puede ponerse en el lugar de la tontería de su comprador que tiene el deseo descentrado valorando cosas que no necesita. Salimos de la ciudad.

Me baño en la misma playa de ayer cuando la marea ya empieza a subir y luego nos instalamos en la explanada cercana donde paran los autocaravanieris con algunos apasionados al surf. Es uno de esos campings espontáneos que los mismos turistas crean. Los habíamos visto al lado de la costa antes de Agadir  procediendo de Essaouira en anteriores viajes. En el caso de este se halla a 26 kms de Dakhla y lo llaman 25 o punto 25. Está construida una baranda de piedra ante la arena, algo de asfalto y unos bordillos. Hay además un container moderno con un policía y un par de ayudantes auxiliares dentro vestidos de caqui que ponen la guardia. En conjunto es un gheto auto-elegido. Las historias y bolas que circulan entre los caravanieris consolidan ese tipo de lugares: el goce del sol, del espacio, del librecampismo sin tener que soportar la pesadez de algunos marroquíes. El perfil de edad dominante es el de jubilados acomodados. Hay de todo. La explanada es una exhibición de todos los modelos de autocaravannas, también furgonas preparadas para dormir, camiones superpotentes y hasta hay un par de coches pintarrajeados.  El que acaba de llegar y se ubica junto a nuestra furgo trae una caravana con motor de 20 años de antigüedad. Nos dicen que vienen a pasar el invierno europeo aquí y que a los tres meses saldrán para renovar la visa. El instinto territorialista lo confirma esta pareja: lo primero que han hecho al llegar es sondearnos con una excusa preguntándonos si iban a molestarnos para cuando saliéramos. Con eso han averiguado que efectivamente íbamos a salir a la mañana siguiente. Después han clavado unas estacas de metal de encofrados haciendo un arco en torno a su vivienda. Han unido las estacas con una cinta. En este tipo de asentamientos provisionales se puede ver pronto y rápido quien es quien y de qué va. Algunas de las caravanas tienen la demarcación hecha con macetitas y otra tiene un montón de abalorios hechos de plástico con botellas recicladas que giran como molinillos de viento, además hay una gallina ostentosa sobre una veleta. Se me olvida fotografiarlos. Hay locos de todas las edades.

 Vic dice que la manipulo porque ubico la furgo donde decido sin consultarla y yo le digo que estoy agotado de  su ordeno-.y-mando permanente. Estuvo casi dos horas de rumiante alejada hasta que decidió volver.

Dakhla es la tercera  parada  con vueltas por sus alrededores en este viaje. En Dakhla hemos encontrado bastantes coches policiales patrullando con sus cristales protegidos por rejas, sin embargo obedece más a la paranoia de miedo del sistema que a una posible fuerza real de los saharauis que sigue sin manifestarse por ninguna parte. Las pancartas que vemos colgadas de las paredes tan solo son promocionales  de ofertas.

La experiencia de la barbería no ha sido de las mejores. La atención de mi cabeza y mi cara tuvo que ser compartida con la que el barbero prestaba al aparato del televisor y a la calle. He sobrevivido a unos cuantos tirones de pelos y a algún corte. El acabado de las tijeras dentro de la nariz para el remate de las hebras de viejo y sobre ella para cortar la mata me liberó de la butaca y pasé a estrenar look. Nada comparable a la última sesión de barbería en Tánger en el viaje anterior cuyo maestro del peine, tijeras  y hoja de afeitar ha venido ocupando un puesto de honor en mis recuerdos sensoriales. Antes de instalarnos en la explanada del kilometro 25 hemos  entrado a preguntar en el camping a las afueras de la ciudad. Un hombre se ha molestado por decirle que nos parecía cara su tarifa cambiando su sonrisa y su bienvenu au Maroc –yo dale que te pego con mi bienvenu au monde, lo cual nadie enteada y me dicen, ouí, bienvenu toute le monde- por un adiós seco y estirado. Hemos entrado a preguntar porque el agorero del día anterior sobre la inminente rebelión polisaria nos informó con una tarifa que se correspondía con la tercera parte de la que nos han pedido.

La noticia de la muerte de la familia francesa sigue siendo una cuestión central de estos días. Corren datos contradictorios sobre las edades de los supuestos niños que acribillaron y con respecto al supuesto padre de familia pacífico en pleno picnic siendo, parece ser, un traficante de coches. Desde que Senegal controla el tráfico de ellos Mauritania r es ahora el principal receptor de chatarrería usada.

Cada cual viene con su aventura: Una pareja de franceses se perdió en la tierra de nadie cruzando la frontera y embarrancó en la arena. Les pidieron 100e para sacarlos. Cuando doy gente que les ha pasado de todo digo que no acaparen todas las anécdotas, de las terribles, y nos dejen alguna para los demás. No tenemos ninguna gana de llenar la agenda con adversidades pero ¿qué sería de un viaje sin un poco de emociones? Unos centímetros de raja en el cristal ya nos ponen cantando el oremus, preferimos la vida tranquila. Nos reencontramos con la parejita italo-barcelonesa en la explanada de camping libre a 26kms de Dakhla. Ubicamos nuestra furgo junto a la suya. Ellos guisan por su cuenta. Vic enseguida ha desplegado nuestros taburetes en un deje de profesional de la enseñanza tal vez para improvisar una clase de campaña. Ha dicho de guisar para todos. Su edad y registro no es el nuestro y tal vez compartamos  algunos de los próximos cientos de kilómetros lo mismo que hemos hecho con Roberto que ya se ha ido, cuyas aventuras por China, América latina y otras latitudes incluyendo marcas en su piel por heridas de pelea lo ponen en el grupo de los incunables.

Los de la mercedes. La parejita con 5 franceses comen en su furgona reciclada. Vic se ha ido a consolarse con la brisa marina, yo le digo cosas al ordenador, preparo té y como solo.

El agua natural de Dakhla tiene mal sabor. En un almacén donde compro 18 litros de envasada en botellas de 1,5 litros por 40dh  me han dicho que es a causa del azufre.

Mientras estamos desayunando en el km.25 nos aborda alguien en su coche que trae un pasajero y nos pregunta si podemos llevarlos hasta Mauritania. Me pongo en guardia pensando que se trata de un trafican. Su pasajero es un inglés jubilado que viaja por su cuenta y que no tiene autobús para seguir hasta Nouadhibú. Es Bob y lo aceptamos como pasajero. Colabora económicamente con el combustible. Hacemos de una tirada los más de 300kms hasta Guerguerat el último enclave marroquí. Con Giuseppe-Alex habíamos quedado en la última población para pasar la noche y proseguir camino juntos, pero se nos ha pasado creyendo que habría otra. Sin darnos cuenta hemos llegado a la frontera pensando en que ya nos reencontraríamos en Nuachkott ya que tienen intención de ir al camping de una tal Olivia, de la que ya el tipo del palillo y plumón de Guelmime, me dio noticia. Las diligencias en Guerguerat han sido sabrosas. Vic en el coche y yo de balón de un garito a otro. A uno de los policías le he cambiado su reloj de pulsera, cuya correa se me ha roto una hora después, por unas gafas de sol. Hemos recorrido los 4 kms de frontera a frontera. La turco-georgiana seria un lujo en comparación a esta. Nos hemos valido de algún coche en la distancia y de las informaciones preguntadas a los que venían en sentido opuesto. Durante todo el trayecto así como los anteriores de estos 1400 kms de Sahara ha sido muy tranquilo, con cruzamientos con otros coches, casi la mitad de europeos, viniendo en sentido opuesto, cada bastantes minutos y sin  apenas  ser adelantados por nadie. Estos días han representado una buena introducción al desierto. El plato fuerte de la frontera ha sido el mauritano. Un agrupamiento de chozas que a distancia no pasa de la categoría inferior del peor de los chabolismos alberga una troupe de parásitos obedeciendo órdenes. Lo más moderno es una micro roulotte de las primeras haciendo de oficina de change. Aquí el cambio lo hacen a 300 uguía el euro. Es la cifra con la que se redondea en todas partes. Pero tenemos noticia que el oficial está a 330 y el del mercado negro hasta 380, aunque luego nos dirán que eso era hasta el año pasado. Nada más dejar Marruecos y entrar en tierra de nadie nos abordan cambistas. Nos deshacemos de los primeros pero cambiamos 20 euros a 325 cada uno a otro que nos cae más simpático y con quien hablamos de la cantidad de coches accidentados que están abandonados en el lugar. No se trata de ningún lugar de reciclar, simplemente te están abandonados para que no generen deudas de impuestos de seguir dentro de Marruecos.

Nuestra llegada al puesto mauritano saca de su modorra a los que están en el puesto. Control de pasaportes con una lentitud que pone a prueba al más santo y control visual de lo que llevamos de otro que se entretiene preguntándolo todo. No mencionamos que llevamos medicinas. Al primero le pido un mosquetón que tiene tirado por el suelo y que puede sernos de  utilidad. Me lo dá. En el grupo de chozas pago con uguías: 3000 por las diligencias y casi 15 euros por 10 días de seguro. Me discuto con el de la insurance por ponernos del 11 al 20 en lugar del 21. Entramos en una discusión sobre aritmética pero me rindo como acostumbro ante la lógica aplastante del funcionario. Antes de eso los penitentes hemos pasado   por la inspección del voyeur al cargo de interioridades y de otro tipo que dice ser del ministerio de turismo en cuya choza tiene preparado un librito en que los anglos y alemanes han escrito sus datos de procedencia. Yo dejo a Bob rellenando el impreso y me voy a hacer la gestión del seguro. En cuanto al chico que ha estado un buen rato mirándolo todo no paraba de insistirme que le regalara uno de nuestros sacos de dormir. Le he repetido varias veces que cuesta 100e y que en todo caso se lo vendo.  Si el estilo de pedir el cadeau de los controladores marroquíes es ya material de escarnecimiento de todo un país el de los mauritanos puede ser una patente de conducta para una buena parte de África. Ante mi argumento intangible de compartir mi pan el tipo ha dejado de insistir. De haber hecho una revisión a fondo habría encontrado cervezas y un par de botellas de alcohol, una de ellas, de vodka precintada,  encontrada por Bob en la tierra de nadie. El chico no paraba de decir que si le hacíamos un regalo la próxima vez que cruzáramos lo tendría en cuenta para que no fuéramos molestados. Esta proposición indecente ya indica un grado de elaboración considerable.

No sé hasta qué punto están al corriente las arenas diplomáticas internacionales de los tratos en frontera. Dudo que los gobiernos al mando de tantos canallas tengan el mínimo sentido de la vergüenza. Por su parte estos se prestan a costa de su salud mental a estar empleados como delincuentes oficiales para esquilmar a los viajeros a los cuales no les puede negar el derecho de paso pero a los que les/nos saca toda la pasta que pueden.

Unos kms más allá de la frontera dirección Nuadibú nos hemos empezado a encontrar controles todavía peor señalizados que los marroquíes. No recomendamos viajar de noche nunca en lugares poco seguros que se van a conocer por primera vez. Aun así llegamos a Nuadibú tarde. Al menos tuvimos 4 controles por el camino para pedirnos, claro, si teníamos la insurance. De no tenerla son capaces de confiscarte el vehículo. Si la legalidad den todas partes es una forma de organizar los negocios, la de no pocos países es la forma de organizar la extorsión.

En Nuadhibú hemos hecho un recorrido por hoteles para buscarle alojamiento a Bob. Los precios son muchos más caros que en Europa en la mayoría de sitios. También en un camping, el Aba, un patio destartalado con las instalaciones hechas polvo. Finalmente hemos elegido un restaurantito donde comer pollo y cuscús. 2000uguia por los 3. Tras la cena y tras pagar le he preguntado al chico al cargo si Bob podía dormir en el suelo en la habitación de las catifas. Han aceptado por otros 1000 incluyendo el desayuno. Vic y yo hemos dormido en la furgo en la calle delante del local. Por la noche dimos un paseo por esta calle que llamamos de las farmacias por la cantidad que hay de ellas. Nos enteramos de algunos precios y averiguamos que la cantidad de tiendas dedicadas a la venta de ropa usada procede de Canarias. Convinimos en entregar un par de cajas nuestras a una de ellas para empezar a deshacernos de bultos. La idea primera era repartirla en el mercado de Nuachkott.

La primera impresión mauritana, pasando por alto el atraco aduanero, es muy buena. Los niños tienen un comportamiento más tranquilo. Hemos repartido ya un montón de gomas de borrar para un grupo que se nos ha acercado para llegar a la conclusión que eso no se puede hacer. Pues unos cogen más de una y otros ninguna. Antes de darlas explicamos para lo que sirven.

Durante el paseo por la calle con Bob antes de acostarnos tuvimos ocasión de ver cosas insólitas en Marruecos. Mujeres elegantemente vestidas paseando solas y hombres con sus telas blancas y azules haciendo otro tanto. No hemos tenido ninguna sensación de peligro en la primera noche aunque los  hoteles suelen tener guardianes privados, los del camping justificaban sus precios altos porque protegían a los extranjeros de los peligros de la calle, y el comerciante   de la dibiterie de al lado del restaurantito al abrir ha venido con una porra en la mano como, parece, instrumento de autodefensa.



[1] http://unviajeexistencial.blogspot.com/2008/01/comienzan-las-emociones.html

20. Entre ruteros

20 .Entre ruteros.[1]. Dakjla 9 enero 2008

Tras comer besara, intercambiar frases de curiosidad y regalar una goma de borrar a un niño que insiste en que le demos algo, pedimos para alojar la furgo bajo la superfarola junto al cuartelito de la Gendarmerie Royal. El capo del puesto se  ha puesto muy contento de acogernos a su custodia .Con eso ya queda justificada su razón de existencia por una temporada. Cette nuit nous serons voisins et vous fairà de père notre. Le digo sacándole punta al lápiz de la simpatía que no me caracteriza. Después de un rato viene otro gendarme con otro hombre vestido de paisano para decirnos que sí, que nos quedemos pero en la otra acera. Vale, le digo, lo cambio luego. Antes de hacerlo vuelve a venir el de paisano para decirnos que ya estamos bien ubicados y que no nos movamos. He ido a buscar a Roberto a su hotel. Tiene una habitación formidable con tele solo por 40dh. El hotel se hace llamar GOS group otelier de service o algo parecido y está de promoción. Le propongo a Roberto reunirnos antes de acostarnos. Viene con una John Walker y le recibimos en nuestro salón. Nosotros descorchamos un orujo dulce que llevaba meses esperando esta ocasión. Tertuliamos hasta pasada media noche. Dormimos como  unos benditos sin interrupciones.

Por la mañana voy a buscarlo. Los managers del hotel atienden por separado a mi explicación repetida de la conveniencia de poner una o dos habitaciones rez chaussé para handicapés y viajeros ancianos. Me invitan a un té que luego resulta ser un desayuno opíparo.  Vic se enfada por mi tardanza y por haberla dejado sin desayunar.

Tomamos la carretera y no paramos hasta 100 kms después para tomar té y ella una omelette, es decir huevos revueltos hechos sobre la misma cazuela de aluminio en los que se sirven. Lo mismo que el día anterior el sol no ha levantado la bruma hasta casi las 10. Hemos seguido por la recta descendiendo hacia Dahjla. En el último tramo hay que recorrer algo más de 30 kms que luego deberán tomarse en dirección contraria para llegar a la ciudad. Está en un dedo de tierra que se mete en el mar. Es una configuración geográfica única. En Nouadhibou se repite la misma formación. El agua es tranquila y un lugar ideal para la práctica del surfing de vela con un mar poco profundo. Antes de entrar en la ciudad, control rutinario. A Roberto le han encontrado a faltar en el visado de entrada por Tafaya una numeración tamponada. A nosotros nos han preguntado por lo que llevábamos dentro. Después de mostrárselo la inevitable solicitud del cadeau. Le he declarado la retahíla de que ni bebemos, ni fumamos, ni pecamos pero le he propuesto compartir nuestro pan que era lo que estaba a la vista. En el rato de las diligencias he aprovechado para cambiar los rótulos de nuestras pizarras que durante estos días han movido alguna curiosidad y preguntas de su significado. Para enredar más la historia en una he escrito un texto en catalán: la pissara està buida i queda molt per escriure. Y en el otro un clásico: Trees are Life. Algo para aplicar a la región. A la aridez de este desierto hay que añadirle la desidia por no combatirlo. En lugar de regalar ropa y otros consumos perecederos podríamos hacer una campaña para regalar semillas germinadas o pequeños árboles adaptados y presionar por una política de factorías desalinizadoras. Esto sería un paraíso verde en menos de  una generación.

Nada más llegar mientras maniobrábamos para buscar un lugar donde comer pescado alguien me ha llamado por mi nombre y apellido. Es Giuseppe que nos conocíamos por teléfono: me había llamado antes de salir de Barcelona el mes pasado. Vio el anuncio de nuestro blog en el panel de anuncios de Altair y  contactó conmigo porque iba a hacer parte del mismo itinerario de los primeros miles de quilómetros. Habíamos quedado con él en Sidi Ifni en la misma cita que establecimos con Barek. Viaja con Alex, su compañera. Nos hemos puesto al corriente sobre planes mutuos y más o menos hemos quedado en seguir ruta juntos para cruzar la frontera y seguir camino mauritano. Mientras hablábamos un gallego que nos ha parecido muy exaltado, que le han robado unos del Polisario, dice,  y que está al corriente de los planes de levantamiento de su frente  nos ha mencionado peligros múltiples. Diríase que tiene contactos con la plana mayor de Tinduf. Me ha recordado los tiempos de las manifestaciones en nuestra dictadura en que siempre había alguien que bebía (de las impresiones) más de la cuenta y funcionaba con una percepción distorsionada. En todo lo que llevábamos de Sáhara no hemos visto ninguna muestra nacionalista de ningún tipo y los controles policiacos son los habituales. Los mismos que habíamos encontrado unos 17 o 18 años antes que cuando con mi amigo Tomás, de Catalunya, lo recorrimos con los típicos taxis mercedes compartidos de 6 plazas sin contar la del conductor. Con él habíamos volado desde Canarias hasta el Aaioún. Recuerdo que en el aeropuerto me confiscaron un periódico  español de tiraje legal. Dahjla fue la ciudad más al sur que había visitado de África en territorio marroquí, así como Gardhaia lo había sido en territorio argelino en otro viaje también con  él como compañero de viaje.

Durante buen rato rodando por la costa sahariana hemos contactado con RNE3. Uno de los programas que hemos escuchado ha sido el de Un mundo Feliz a propósito de Senegal.



[1] http://unviajeexistencial.blogspot.com/2008/01/entre-ruteros.html

19. Con un pie en el Sáhara

19. Con un pie en el Sáhara..[1] Tarfaya 7 enero 2008

En el patio de graba del camping intercambio de saludos y micro conversaciones con los vecinos de barrio. Los demás son franceses. Sus ça va?, tout va bien hacen de despliegue de resonancia matutina. El hombre del carromato con lavadora eléctrica es el más hacendoso: acarrea agua, relimpia su caravana, monta el avancé y el cerco,  ajetreo continuo, pura energía incendiaria. Los más pobres somos nosotros y los que conducen una hymemobil de las primeras, una roulotte con motor, il a 28 ans me dice el conductor. También arrastran un pequeño carromato. Ambos damos la nota de pertenecer a una clase inferior de viajeros con carros no esplendorosos. En un país en el que todavía funciona mucho la tracción animal de burros para carretas pasamos más desapercibidos. Tras las lluvias se nos ha quedado la furgo sucia de barro y polvo, no la pensamos lavar por el momento para quedar mejor mimetizados con los paisajes.

Quien ha hecho el trato de nuestro alojamiento en el camping ha sido Barek. En todo momento se comporta como nuestro anfitrión sin esperarlo y nosotros como sus invitados sin haberlo previsto. Puesto que la raza de los organizadores de  vidas ajenas es enorme no nos extraña sus deferencias para con nosotros.  Viene a recogernos más o menos a la hora convenida con dos nuevos bidones estancos más apropiados, de unos 100 o 120 litros. Ha conseguido devolver el más grande y reembolsar lo pagado menos 10dh. por las molestias. Insistió en llevarnos  de gira por la zona y vamos hasta Sidi Ifni y a unos 20 kms de allí en lar uta a Tan Tan a un lugar llamado ArcSis a mostrarnos la casa que se está construyendo. Toda la zona costera está en una altiplanicie a unos 50 metros sobre el nivel del mar junto. Toda esa franja costera se levanta mas o menso a esta altitud con algunas playas episódica. Nos dice que ha comprado dos parcelas de 144m2 por casi 5000e. No creo que en suelo español nadie pudiera colocar un precio tan inflado en un sitio tan impracticable. La vista es panorámica y el terreno es pedregoso. Desde la planicie hay una suculenta panorámica pero es totalmente incomoda para descender a la playa, cuyo nivel aunque más romántico no es un lugar no recomendable para los próximos tsunamis. No hay ninguna casa terminada. No hay urbanización de ningún tipo ni cartel que la anuncie. Ni llega la luz eléctrica ni tuberías de agua. Todas las construcciones empezadas tienen las cuatro paredes hechas con bloques de mortero entre columnas de hormigón poco enderezadas  y los consabidos garfios apuntando más arriba con la esperanza de hacer torreones o varias plantas. La isla de Hierro tuvo, si no sigue teniendo, esa misma clase de aspecto por décadas.  Las lindes de la zona están marcadas por montículos de piedras. Todo el suelo es pedregoso de piedras que no sirven ni para piedras, de peor categoría que la piedra que es cantada por Paco Ibañez; en todo caso están despreciadas para la construcción. El estilo antiguo para levantar paredes era usándolas o bien usando el adobe. Él confía en terminarla en medio año yo imagino que dentro de 20 el barrio será más o menos parecido al que hemos visto en esta primera visita. Siempre que hemos preguntado precios marroquís por lo que hace a suelos o viviendas nos parecen absolutamente desproporcionados. Sus incrementos responden a la ambición especulativa no al valor real de los terrenos. De vuelta a Ifni comemos un tagin que ha  apalabrado en uno de los bares cercanos al mercado. Antes habíamos tomado naranjadas, aquí a 6dh, en el mismo bar que lo hicimos un año atrás. Luego vamos a Abayou al camping que montó una sueca Britta Elizabeth Dancing en un valle a unos 10 kms de Guelmime. Fue una humanista que  se enamoró del lugar y  lo reorganizó. Después de tomar unos tés e irnos el manager o algún organizador del lugar nos  dan las gracias por haberlo visitado. Nos  hemos pasado el día  militando un montón de horas dentro de su coche. Nuestro ritmo espontaneo hubiera sido otro. Nos faltan horas para lecturas, para el ordenador, para las conversaciones en francés o inglés, para los paseos míos en solitario o con Vic en la silla de ruedas y para algunas reparaciones pendientes en la sala de estar de la furgo como la de la mesa. Mooktar es el conductor que no se abstiene de hacer adelantamientos indebidos o de darle al claxon. Durante todas las horas que estamos juntos apenas menciona dos palabras seguidas. Le regalamos unas gafas de sol.

De vuelta al camping, ya anochecido, nos toca quedarnos una noche más aunque en principio no fuera esta nuestra intención. La reorganización de la baca nos espera a la mañana siguiente. Unas tortillas extraplanas y unos tés minúsculos de cena cuestan cuatro veces más que en cualquier otra parte. Ahora invitamos nosotros y la conversación echados sobre la tarima con alfombras, pieles de borrego y almohadones duros vale la pena. Cuando nos despedimos de los dos hermanos nos enteramos por Barek que nos tocará saldar la deuda de las dos noches que vamos a pasar en total en el sitio: 40dh por cada una. No es mucho pero es el precio que aplican a todos los autocaravannings o furgos sean del tamaño que sean. En alguna parte alguien ha gritado gooool. Barek también me ha pedido que nuestras fotos juntos con su hermano sean de uso privado pero que no las insertemos en nuestro diario de bitácora en la web. Demanda cumplida.

Durante el día,  Barek, que tiene formación universitaria de la cual es indicativo cuando hace referencias a otros regímenes políticos del mundo, nos ha referido a Abid El Jabiri, un filósofo reconocido que ha teorizado sobre la estructura del cerebro árabe. Me gustaría leerlo. Nunca se termina de comprenderlo del todo. Su modo de funcionar tiene muy poco que ver con el del europeo. Hablamos de una posible investigación sobre las colas y las hileras humanas ordenadas o no por las geografías que crucemos. Eso me hace recordar la curiosa teoría de un tipo para el que trabajé sobre el pensamiento curvo de los árabes. Según él, un empresario con un taller de materiales,  no podían cortar una plancha jamás en línea recta porque los paisajes de dunas y las curvas en general les habían modificado severamente su potencial interpretativo,

En el camping de la sueca hablamos con alguien Frederick Muriez que viaja con un 4x4 , con la tienda arriba y un cofre de aluminio que el mismo fabrica. Le pedimos una forma de contacto para tal vez encargarle uno. 60e metro cuadrado de material y 250 por construirlo. Sumándolo todo luego me parece muy caro pero su modo de viajar con la tienda en el techo y una escalera telescópica es atractiva.

De regreso al nuestro una perra del establecimiento se insinúa a Vic. Vic está de buen ver a juzgar por los pretendientes que le salen: uno de los autostopistas jóvenes que subimos días atrás le propuso, según ella entendió, hacer manitas o acostarse juntos. Preguntarle que da a cambio, le dije. Hay que aprovechar estas edades en las que el pene está superduro algo que no se puede decir el de otras como la mía en las que está ya aburrido.

Antes de dejar Tighert hemos dedicado un buen rato a reorganizar parte del portaequipajes. Hemos eliminado 4 de las cajas de cartón y colocado su contenido en los dos bidones. Andreas, el vecino superactivo de al lado me ha ayudado a cargarlos y además nos ha regalado una cincha con tensador  metálico incorporado. Eso ha evitado complicaciones con la idea inicial que tenia de perforar el plástico y sujetarlo con tornillos en forma de brida a los travesaños de la baca.

Antes de dejar la zona he dado un paseo  por el oasis mientras Vic terminaba de desayunar. Los caminitos formados por las lindes de las propiedades privadas con grandes bloques de tierra y espacios en la sombra por las palmeras hacen de permanente invitación poética. El agua está reconducida por un canal de obra. De haber encontrado este lugar por nuestra cuenta nos hubiéramos instalado en cualquier sombra junto a cualquier vecino comunicándole nuestra intención de pasar un par de días, en vez de ir al camping. Es un lugar para volver. El problema de los campings recintados es que son extensiones europeas con una representación comercial de los nativos en forma de managers del espacio que han dejado de representar realimente la realidad local. Los turistas hablan con los turistas y se benefician del clima y aquí acaba un poco todo. Preferimos hacer vida pública y más tirada, es decir mezclada con la gente.

Para retomar la ruta hemos de volver a Guelmin. Antes paramos ante una jaima de unos licenciados universitarios que protestan por la falta de trabajo para sus especialidades. Tomamos fotos y nos dan a leer su pancarta en francés. Están instalados junto a una alcaldía o algo parecido. Allí mismo recogemos un autostopista hasta la ciudad. Luego continuamos para Tan Tan. Unos 60 kms antes recogemos otro hombre que nos pide con gestos que lo llevemos. Desde la entrada de Tan Tan empiezan los controles policiales de manera distinta pidiendo ya los pasaportes. Antes de continuar ruta comemos –es un decir- un plato de huesos tapados con una fritada de cebolla al que insolentemente el tipo del bar tiene la barra de llamar tagín, dos platitos de frites, dos micro platitos de salada y un cuarto de pechuga de pollo seca. Me enfado con él y aguanta mi descarga crítica. No dice nada. Cuando nos vamos llegan 3 furgonas de unos británicos, dos de ellas son ambulancias usadas que llevan a Gambia para dejar in situ y les recomendamos que no coman ahí. El problema de Marruecos es que resulta agotador tener que preguntar siempre por cada precio. No hacerlo significa que te arriesgas a que te cobren más y hacerlo significa que si olvidas tamaños de lo que estas pidiendo te pueden clavar como a un tonto. Paradójicamente es un país comparativamente más pobre que los de Sur Europa donde se puede llegar a pagar más por comida mala y como hemos visto también más por terrenos desérticos.

Desde Guelmim hemos entrado realmente en otro país. Aunque sigamos en territorio controlado por Marruecos. El temor gubernamental a un posible alzamiento saharaui es evidente. Los controles ya no son tan simpáticos. De camino para Tarfaya en uno nos piden los pasaportes y los desaparecen dentro de un garito insalubre. Ahí apuntan en cualquier hoja de papel nuestros nombres. Algo que les preocupar es preguntar por nuestras profesiones. Al declarar la mía uno de los guardias me consulta por su insomnio. Le recomiendo orphidal y valeriana. El tipo insiste. Le recomiendo que haga yoga y le explico algo de lo que es la relajación, Sigue insistiendo, me dice que tiene tensión en los brazos y piernas cuando se acuesta. Le propongo que tome un alto en su empleo. No me extraña que con la edad que tiene, me dice que 30 años aunque podría tener  58, esté ya para el estercolero. Esa clase de empleados del estado pueden estar hasta 14 horas al día bajo un sol de castigo con los sesos puestos a secar. No se les  puede exigir que den  mucho de sí.  La verdad es que los primeros esclavos de un sistema social cuanto más primitivo es son sus guardianes. A cambio de un empleo de por vida venden no solo el alma el diablo sino el cuerpo al estado-patrón. El resultado que queda es material  de desecho para una fábrica de picadillo de pienso barato para cerdos.

Al anochecer llegamos a Tarfaya donde comemos Besara y Harira. Conocemos a un francés que ha estado viviendo 35 años en África. Nos aconseja sobre los peligros que nos vamos a encontrar. Nos sugiere un segundo filtro de gasoil para prevenir la catástrofe de gasoil con agua. Desde Nouadhibou a Nouachkot, unos 450 kms, no hay ningún poste de servicio y nos informa de dos vehículos que rompieron el motor por hacer cargas fraudulentas mezcladas de agua.

Oyendo a los nativos del país anterior la perspectiva de cruzar su frontera inmediata siempre resulta disuasoria. Es algo que aprendí en Latinoamérica cuando la recorrí en transporte público y solo. Conviene ir con muchos ojos a todas partes del mundo y poder distinguir pronto y rápido quien se dirige a ti por razones de curiosidad cultural o solidaria de quien lo hace para timarte en la medida que  le dejes. Ese es el criterio.

Cuanto más vamos bajando menos compartimos la carretera. Las vistas son fantásticas y distintas.  La gente del desierto es más  tranquila. A pesar de no tener un idioma común se establece una empatía con dos gestos y dos sonidos. El Sahara occidental es pedregosos y tiene matojos a diferencia del central aun así a ratos se ven algunas dunas móviles y en un par de ocasiones la arena llega a tapar algo del asfaltado. En Tarfaya cenamos muy bien. La gente pobre por las noches en los bares suele cenar una sopa y se acompaña con una hogaza redonda de jobs (pan). Los que tienen más presupuesto se acompañan de pescado (13dh el plato. La mejor alternativa a los tagines de huesos). Hemos optado por no preguntar por un lugar para comer porque invariablemente te dirigen hacia un restaurant para turistas o al sitio más caro que haya. En cuanto al nombre de los pequeños bares donde va la gente lo llaman con un anglicismo sandwich. Nos ha sorprendido lo mucho que cuesta traducirnos palabras en francés o en castellano al marroquí de las cosas más elementales.

Después de cenar nos vamos a un cyber. Vic se queda más rato que yo. Yo me quedo el tiempo justo para consultar el correo: un saludo de una amiga de la que no sabía nada hace tiempo y la noticia de la muerte de un conocido dada por otro. El rato que estoy un chico y una chica me ayudan con las teclas distintas para encontrar el punto, los dos puntos, las comas o los acentos. Luego me instalo en la furgo justo al lado  mientras Vic terminar de insertar artículos en el blog y contestar emails.

Sumando quilómetros. Boujdour 2008 ene 8

Seguimos prácticamente una recta. La huída en vertical del pensamiento rectilíneo europeo no resulta tan fácil. Vamos sumando quilómetros. Los controles a cada poco rato de las policías y sus ralentizadas diligencias añaden horas extras a cualquier cálculo que previsto, que en realidad hemos desestimado hacer. Ya llegaremos. África estaba aquí antes de nosotros y seguirá después de nosotros.

En alguna parte he leído que para agilizar los controles es mejor llevar una hoja preparada con todos los datos personales incluida la profesión (dato obsesivo que no dejan de preguntarte. Mejor no decir nunca que eres escritor o periodista). Los otros europeos del centro y del norte y los anglos que son más dados que los latinos a los perfeccionismos proporcionan la hojita con fotocopia del pasaporte incluida. Los controladores no tienen que hacer nada, tan solo comprobar que los datos del papelajo se corresponden con los del documento oficial. Son tan vagos que en algún control nos han pedido directamente esa formalidad. No creo que les ayude mucho facilitarles tanto las cosas. Una cosa es el ocio merecido del que curra y otra cosa es el que no curra nunca y se pone a secar al sol. Yo convierto la demora en los controles para otras utilidades antropológicas como observar su mal vivir de harapientos en cubículos infestos de moscas. En uno de estos colonizados por ellas les he dado una conferencia sobre una estrategia barata para reducirlas viendo que lo del papel de pegamoscas es algo completamente desconocido para ellos. Les he hablado de la botella de plástico de agua con un fondo de arena y agua y algo que las atraiga. La mosca no encuentra el camino de salida y muere. Un espectáculo para sádicos y una medida para la supervivencia. Lo he explicado hasta tres veces. El cabo, o lo que sea, del puesto, me ha asegurado que lo probaría. Si alguien se encuentra con un garito antes de llegar a  Boujdour con esta mejora de ingeniería que nos informe. Mientras tomaba nota de nuestros pasaportes en una papelajo cualquiera, me he interesado por su plantel de fotos de terroristas. Me han dicho que están ya todos detenidos. ¿entonces que hacían en la pared? Nos han invitado a un culo de té que he tomado olvidando mis ascos y cuando ya han terminado de apuntar todo nos han perseguido pidiéndonos un cadeau. Les decimos que no tomamos licor, ni wiski, ni cervezas (mentira), que somos vegetarianos y que el Corán prohíbe el alcohol. A fuerza de darles regalos a estos indeseables los que no vamos de sobornadores por la vida nos toca pagar los platos rotos de ellos.  En otro de los controles anteriores hemos coincidido con dos alemanes que van a bordo de pequeñas motos de 50cc arrastrando un carro de dos ruedas cada una con sus banderitas alemanas. Vienen de Hamburg. Un hombre de 62a y su hijo de 25. Dos héroes de los que ya no quedan. Sus equipajes dentro de cajas de plástico y como alforjas dos garrafas de 20litros en cada máquina. En el Aaioun antes he cambiado otros 100e. El dinero se va rápidamente. En el mostrador he coincidido con un alavés que vive en Lanzarote y que llegó el día anterior desde FuerteVentura hasta Tarfaya en una línea recién establecida de Armas que cubre el trayecto con 4 horas y por el que se paga unos 150e. Su plan de próximos trayectos no pasa de este mes. Es Roberto  Ruíz de Arbulo  Nos reencontramos luego en Boujdour y comemos juntos. Como que la próxima ciudad es Dahjla a unos 350 kms, decidimos pasar el resto de la tarde y noche y marchar temprano. El va a hacer lo mismo. Por la tarde visitamos el mercado del pescado y yo me ducho en la playa. Un tipo se acerca y nos pide si tenemos algo que vender. Le propongo que compre una de nuestras gafas de sol. Se las lleva por 40dh. Cuando nos dieron 4 cajas de ellas (unas 40), para regalos, sobornos o para vender,  no creí que las gafas pudieran dar tanto de sí. Tras mi baño uno de los niños que nos pide que le demos algo le doy mi camiseta previa consulta si la quiere. En una de las ocasiones que paramos en la cuneta para ajustar una cuerda del maldito embalaje del portaequipajes (puestos a poner un toldo hay que poner una red encima, nunca jamás de los jamases cuerdas y cuerdecitas -las de nylon se deshilachan en sus extremos si no se han quemado las puntas-) viene una niña que nos pidió algo. Le di el jerse3y que llevaba desde el principio de este viaje. Fue una de las pocas prendas de vestir que heredé de mi padre al morir hace unos años. Su mejor traje se lo había llevado con él a la tumba. No me lo había puesto hasta esta ocasión en que lo he recordado por habérselo visto puesto muchas veces.

Según el tipo de demanda que nos hacen los niños consentimos o no. Los niños marroquíes entran de una manera completamente distinta que los turcos o los hindúes. Aquí todavía se hacen pesados con la misma palabra que sus padres cuando eran niños aprendieron y se la transmitieron después: bon bon. No es con bombones que se desarrollará este país. Un grupo de críos que nos ha venido a molestar mientras hemos buscado un lugar alejado para trabajar dentro de la furgo ha sido echado por un anciano que les ha avisado de que no lo hicieran. Al rato se ha detenido otro hombre con un coche elegante para decirnos en perfecto castellano si nos habían molestado. Hemos bromeado acerca de la famosa frase dejad que los niños se acerquen a mí y si el autor a quien se le atribuyó tuvo la santa paciencia de aguantarlos incondicionalmente. Hemos iniciado ya nuestra política de dar gomas de borrar. Las probablemente más de mil gomas proporcionadas por la ONG hemos empezado a repartirlas. Nos siguen faltando lápices y sacapuntas con lo que la entrega de una goma es escenificando para lo que sirve no sea que sea confundida con una pastilla alimentaria de astronauta.

En Tarfaya dormimos junto al centro. A unos metros estaba la auto vivienda del francés con el que hablamos. Cuando nos hemos despertado ya se había ido. Hemos tomado te, huevos revueltos (a los que llaman tortilla) y pan. El pan suelen servirlo aunque no lo pidas y una hogaza da para mucho. Hemos tomado la costumbre de llevarnos lo que queda que suele ser más de la mitad. Nuestro perfil turístico no entra en las guías ni en la mentalidad de los lugareños.

Hemos subido a una autoestopista desde unos 5kms antes de El Aaioun. Iba indocumentada. En el control antes de entrar en la ciudad los de la Sureté Nacional (en realidad la guardia urbana) nos han pegado la brasa afirmando que es peligroso para nosotros recoger autoestopistas y además que está prohibida. En el interrogatorio en marroquí a la mujer parece que ha dicho que nos ha conocido. Nada más llegar a la ciudad la hemos desembarcado sin acompañarla al centro. Cuando viajamos solemos tener a alguien a nuestra derecha en el tercer asiento disponible de la cabina. Hay de todo. Gente que habla, gente que no habla. Aunque no sepan francés te siguen diciendo que sí a todo.

Por la carretera hemos auxiliado a una pequeña furgoneta con aspecto de ambulancia (un colchón por camilla) cuyo conductor nos ha pedido agua para el radiador. Le he llenado tres botellas de litro que se las ha zampado el agujero bajo su asiento delantero.

Antes de dejar el Aaioun hemos rehecho el portaequipajes de nuevo, bajando dos de los bidones de arriba. Luego hemos repostado gasoil. El precio es de 4,18dh. De momento hemos dejado la carga de los 4 bidones auxiliares para la última estación de servicio.

De Sebta a Guelmime hemos dedicado unos 1300kms. Hasta Al Gouira  antes de Mauritania debe haber otros 1400.

Siempre que tenemos oportunidad preguntamos por la situación nacional de los Saharauis. Por ninguna parte hay muestras reivindicativas de la independencia.  Anoche alguien que estuvo exiliado en territorio español por más de 10 años y que pudo volver con las medidas de gracia (una palabra insultante) del hijo de Hassan II expresaba muy bien su hastío del consumismo europeo prefiriendo volver a las miserias de sus orígenes. El hombre justificaba el fanatismo y la influencia de Al Qaeda por tantos decenios de desprecio que ha recibido la población musulmana. En su olla de ideas cabía tanto una declaración suprema comparando el hombre a cualquier bacteria como un espíritu de combatiente al contar como su hermano se había pasado 10 años de prisión en cárceles marroquíes por ser simpatizante, ni siquiera militante, del Frente Polisario. Ninguna bandera no marroquí, ningún cartel alusivo al pueblo saharaui. En cuanto a nuestra nacionalidad cuando nos preguntan nos confunden con franceses, luego les contestamos que somos, por este orden, de Catalunya, Barcelona, España.

Cuanto más al sur, más dunas y como dato pintoresco las señales triangulares de precaución por peligro tienen la silueta de un camello. En Noruega vimos la silueta del reno, lo mismo que en Galicia la de  la vaca y en Australia se podrá ver la del Canguro. Nos hemos encontrado con una manada de imperturbables cruzando el asfalto. Su inmutabilidad es digna de alabanza. Generaciones de tuaregs y beduinos debieron haber aprendido mucho de ellos.



[1] http://unviajeexistencial.blogspot.com/2008/01/con-un-pie-en-el-sahara.html

18. Entrando en materia

18. Entrando en materia[1].. En el patio del camping Facomtour  Tighmert 5 enero 2008

Antes de dejar Tiznit pasamos un buen rato de cafetería, saludamos al tipo que nos vendió la pulsera y nos equivocamos de carretera tomando la nacional para el Aaioun en lugar de la costera para Sidi Ifni. Vic está en la interpretación del mapa y yo desobedeciendo mi criterio de consultarlo cada vez que me ponga al volante. Si las mujeres son el género que se distingue por mirar los mapas al revés desde mucho antes que un famoso título de libro mencionara eso, Vic gana el premio de las peores interpretaciones de ellos. Eso ha abastecido numerosas discusiones por equivocarnos de ruta. El apartado de este tipo de broncas es agotador. Lo de la M40 del otro día no fue pues una excepción. Aunque tengamos tiempo y dinero para seguir llenando depósitos equivocarnos de ruta perjudica a la atmosfera al hacer consumos de gasoil superfluos.

Continuamos con la convicción que en un momento dado de la carretera nos encontraremos una desviación hacia el mar. Yo confío en mi memoria y ella en su forma de entender los mapas. Durante el camino, interesados en probar la nueva cámara haciendo fotos en movimiento, se me va obturando la percepción de que no hemos tomado el itinerario correcto. La carretera no me suena de nada hasta una ciudad que reconozco, Bou Izakarm, es la misma en la que paramos para desayunar en la última vez que pasamos por allí en sentido contrario. Aquí recogemos un chico joven autostopista o que hace el gesto de pararnos. Como suele suceder dice que si a cuando le preguntamos si habla francés para a continuación no decir ni una palabra y no entender nada de las nuestras. En el control policial ordinario antes de entrar en Guelmime a nosotros nos dan la bienvenida y a él le piden el carnet de identidad. Antes de bajarse ofrece pagarnos 10dh. Se los aceptamos. Casi siempre nos  hemos negado a hacerlo pero eso tampoco es un criterio inamovible.

En Guelmime nada más llegar me meto en una teleboutique y llamo al número de uno de los hermanos de Barek el cual le pasa el recado de que estamos en la ciudad. Con este habíamos quedado para mañana en Sidi Ifni, que para ir y volver supone unos 120kms de más. Mi propuesta es de prescindir de la visita y dejarla para otro año. Sin embargo Barek está en la ciudad con Mokhtar, otro de sus hermanos. La última vez que nos vimos fue en casa, en CdeV durante la fiesta de despedida. El dice de invitarnos a comer. Le seguimos creyendo que iremos a uno de los pequeños baretos de tagins que solemos usar para comer. En lugar de eso nos lleva a unos 10 kms al camping Facomtur en Tighmert, un lugar en medio del paraíso. El establecimiento debe estar recomendado en las guías. A llegar hay dos furgonas atrotinadas de dos parejas de francés jóvenes que se las han preparado para viajar. Luego vienen otros autocaravanings de distintas categorías económicas y sociales. Una de ellas lleva un remolque en el que hay una lavadora, una lavadora de verdad, de las de casa, junto a una moto y una especie de taller. Hablamos con la pareja que se les ve muy puestos en esto del nomadismo rodado. El nos informa que en Nouadhibou se aconseja a los franceses que no crucen la frontera por los últimos acontecimientos. El Lisboa-Dakar se ha suspendido este año como protesta por el último atentado. La verdad es que la hipótesis de que un blanco por el hecho de ser extranjero se convierta en el punto de mira de un arma para matar no es nada agradable. Llevamos la marca de los infieles en el color de la piel y somos objetos de discriminación por el hecho de no ser islámicos. Para algunas mentes retorcidas que no dudo que en estos momentos estén marcando muescas en alguna de sus estadísticas fatídicas solo somos material de propaganda matándonos. Nos consolamos creyendo que hechos aislados  de los más terribles existen siempre pero en el fondo sabemos que para algunas codicias tan solo somos presas potenciales.

Barek insiste en invitarnos y en un local precioso pero desolado y algo frio nos preparan un tagin de pollo para los 3 y uno de verdura para Vic.

Luego nos vamos de gira por Guelmime donde nuestra preocupación por el deterioro del cargamento solidario y la necesidad de una alternativa de porte hace que no cesemos en la idea de conseguir unos bidones estancos. Casualmente encontramos unos, bastante parecidos a los que usa la industria química en España, azules de tapa negra. Allí se pueden conseguir gratis y se han convertido en la enseña de los hortelanos squatters ribereños de muchos ríos y territorios municipales sin usar. También se pueden comprar en lugares como Servei Estació del carrer Aragó, lugar de paso obligado para equipamientos y  ultimamientos y que nosotros con las prisas dejamos de hacer. En Guelmime compramos uno de los grandes que ha sido usado por aceites a un precio bastante alto: 250dh. Después de hacerlo encontramos otro lugar que vende los de tamaño ideal: unos 120litros que los vende a un precio inferior. Reservo dos de estos por 340 con la presunción de poder devolver y cambiar el anterior.

A partir de Guelmime cambia todo. Se anuncia como la puerta del Sahara. El antiguo Sahara español y su línea recta divisoria empieza más al sur pero la geografía y el clima empiezan a ser completamente distintos desde aquí. Hay hombres vestidos de azul y turbante negro. La gente también parece tener más tiempo para estar más atentos a la posible captura del extranjero. Nada más llegar a  la ciudad un tipo vestido con un plumón blanco, un palillo entre dientes y una gorra de visera me aborda para hacer que desea ayudarme. Me acompaña al teléfono y hace de traductor con el chico  al cargo que está leyendo en árabe. Tiene todas las trazas de un guía de esos que lo ofrece todo aunque no tenga nada. En seguida me dice que conoce a Olivia de Nuachkot y no sé que otros rollos. La conversación derrapa hacia los peligros del mundo. Según él los marroquíes son la mejor gente que existe y todos los últimos problemas se deben al Frente Polisario. No sé como vuelve a salir el tema de Allah. La proto-tipicalidad me abruma. La llegada de Barek lo hace desaparecer como bajo el pañuelo de un mago. Por su parte Vic en la cabina de la furgo aguanta las sugerencias de otro chico que dice que es temporero de recogida de tomates y sugiere que compremos un cartón de tabaco para cambiarlo más al sur por una carga llena de gasoil. Desestimamos ideas de esta clase. Si no estamos de acuerdo en el tabaquismo ¿por qué íbamos a traficar con tabaco? Sabemos que el gasoil cuesta unos 5dh litro más al sur parece que es por contrabando, versión de un policía, o porque lleva polvo y es menos puro.

A partir de Guelmime tenemos la sensación de estar iniciando este viaje. Los 1200 kms anteriores desde Sebta han sido un trámite obligado. La anterior vez que estuvimos aquí Vic y Misse probaron las excelencias de un hamam. Tanto las  masajeadas como las masajistas, éstas  provistas de manoplas, iban en bragas. Después de ello cenamos y pasamos la noche. Al día siguiente dimos la vuelta hacia el norte. En este viaje es la primera vez que con Vic viajaremos juntos más al sur.

En cada viaje, aunque tengas una ruta trazada, no es hasta determinado momento que conectas con alguna de las claves del mismo. No es que tengas mas respuestas a los por qué de hacerlo pero estás notando que empiezas a gozarlo. Es cuando te dices que no cambiarias el momento que estás viviendo por ningún otro. No es que haya sucedido nada extraordinario, lo extraordinario es que te identificas con lo que estás haciendo.



[1] http://unviajeexistencial.blogspot.com/2008/01/entrando-en-materia.html

17. Rodando hacia el Sur

17. Rodando hacia el Sur. [1].   

Volvimos  a pasar una siguiente  noche en Sale, ahora en un lugar llamado Tabrek,  no muy lejos de Rabat. Elegimos uno de los muchos estacionamientos sobre explanadas de tierra que hay en Marruecos con un garito autoconstruido por un chico que hace de vigilante. Junto a nuestro vehículo un perro montó guardia. Dormimos con el sentimiento de absoluta seguridad. Hablamos hasta tarde con uno de los chicos que vive al lado e inevitablemente surgió el tema de Alá cuya mención aparece en innumerables formulas lingüísticas. Durante todas las veces que he hablado con marroquíes en anteriores viajes no recuerdo de ninguno que se haya declarado ateo o se haya distanciado de las creencias predominantes pero sí que ha reconocido no ser practicante del ritual de las cinco oraciones diarias. Cuando pregunto por algún marroquí que sea ateo confeso no consigo aclarar si lo hay o no. De momento no recuerdo haber conocido a ninguno.

A la mañana siguiente cae una tromba de agua. Nos instalamos en la cafetería Deux Palmieres bajo el toldo para escribir y tomar el té ritual. El té a la menta lo sirven de distintas maneras. Cuanto más fino es un lugar más usan la célebre tetera de metal hecha a molde y los vasitos clásicos. Por preferir prefiero el vaso largo cargado de hierbabuena por 4 dh. A más sofisticación menos contenido y más caro.

Hemos empezado a regalar material del que tenemos para pequeños cadeauxs: gomas de borrar, lápices, bolis y gafas de sol. La verdad es que la bolsa en el que hay cientos de unidades contándolo todo es una molestia a añadir, que hemos asumido conscientemente, en el exiguo espacio del que disponemos

Tratamos de hacer vida normal en movimiento. Vic y yo nos la pasamos juntos todo el día pero lo cierto es que hay muchos momentos en que estamos cerca pero disjuntos. Ella toma su propia mesa con su ordenador en los locales que usamos. Por mi parte, en la furgo, por las mañanas, dado que ella  necesita más tiempo para vestirse que yo, mientras lo hace, aprovecho para escribir en mis libretas manuscritas para poesía. Es una propensión que aun no he decidido refrenar  que suelo hacer durante los viajes.

No se ha limitado a llover. Ha diluviado. Algunas de las cajas de cartón bajo el toldo empiezan a dar señales de humedad. La hipótesis de perderlas por el camino es más que verosímil.

Nos hemos reencontrado en la plaza del Mercado Central de Rabat con Héctor G.Serrano, el chico que conocimos en la embajada Mauritana y con el que hemos de volver  a ella 24 horas para recoger los visados. En este espacio literalmente se nos ha indocumentado. (misterios burocráticos). Personados de nuevo en un subsuelo mal ventilado se ha repetido la cola y el agolpamiento de la gente en torno a un minúsculo ventanuco. Se me ha ocurrido hacer una foto a las espaldas de la gente agolpada para levantar acta antropológica de uno de los muchos detalles pintorescos del caos humano. Alguien debe haber dado el soplo a los guardianes de la puerta exterior porque al rato ha venido uno a preguntarme porque había tomado una foto diciendo que a la salida me las debería entender con él. La puerta metálica de la salida no la dejan abierta ni un instante. Deben temer algo. A la salida nadie me ha preguntado nada  pero sí he recordado que el mismo tipo que me ha dicho eso con cara de pocos amigos el día anterior se coló ante todo el mundo para priorizar el visado de alguien que no tuvo que pasar por el turno y yo le di un bufido.

 En la cola de recogida de los pasaportes finalmente  un poco de orden se ha establecido al vocear los nombres que iban gritando desde el interior por el que estaba más cerca del agujero en la placa fina d madera haciendo de pared,  Los últimos que han recogido los suyos hemos sido nosotros cuya suerte para estas cosas suele acompañarnos. El visado es por un mes contando la fecha desde el día de entrega no desde el día de cruce de la frontera. El recorrido de la capital marroquí a Nouadhibou necesita de varios días a nuestro ritmo. No creemos que nos afecte demasiado el detalle ya que queremos ir de todos modos a Mali antes de terminar el mes. Hemos consultado en la embajada de Mali muy cerca de la mauritana para tramitar el visado por un mes para febrero. En esta, a diferencia de la otra, los funcionarios van tocados con prendas elegantísimas al estilo de su cultura. En la embajada no hay nadie y el hombre que me atiende en un suntuoso despacho para darme la información parece estar impresionado por solicitársela. Hay que pagar 250dh por cada visa de un mes. Y el doble por dos meses. Puesto que el pasaporte está retenido en la otra embajada tramitar el visado de Mali en ésta significa una demora de más días en Rabat. Lo desestimamos Por otro lado dejamos para cuando estemos en Mauritania la reorientación de nuestro trayecto si va a ser hacia el este o hacia el Sur para Senegal.

 En la embajada mauritana nos encontramos con  Ibrahim y Andullah del Aaiún que conocimos el día anterior en el mismo lugar y a quienes, al coincidir con ellos en el episodio del cepo, les propuse llevar a cambio de gastos compartidos.  Como que sigue diluviando  antes de partir hacemos una reunión los cuatro dentro del vehículo para aclarar las condiciones: ellos irán a dormir por su cuenta y las comidas también correrán a cuenta de cada cual. Establecemos una cantidad baja, que les pido que paguen por adelantado, de 150dh por cada uno por llevarlos hasta Agadir, y si deciden continuar hasta el Aaioun replantearemos otra cantidad. El viaje con ellos es cómodo pero es el peor día, de todos los que he estado en anteriores ocasiones  en Marruecos, para viajar. Ibrahim tiene prisa por llegar ya que tiene que trasladar un coche hasta la frontera mauritana para su reventa. En su deferencia rodamos hasta muy tarde. El fuerte vendaval tira carteles publicitarios de la carretera y toldos de locales, también induce a que los conductores sean más frenéticos. Cruzar Casablanca de noche en tales condiciones es demencial. Vemos en varias ocasiones coches que se han pegado y cuyos conductores  se discuten como si alguno pudiera reclamar su razón sobre el otro.

Llegamos a medianoche a Marrakesch donde nos instalamos en la misma calle Avda. Fatima Shoura  que la anterior vez, junto al hammam, para dormir. Bajo la arcada hay un hombre pegado a una butaca de plástico mimetizado con la oscuridad. Si no me equivoco es el mismo hombre que vimos hace un año. Los dos chicos se han ido a buscar un hotel quedando para el día siguiente. Por la mañana, que desde las 7 am está abierto el hammam, voy a  tomarme una ducha de cubos que he pactado por 10dh. Declino los masajes. Posteriormente me entero que en el hamam hay tres espacios: uno para desnudarte y dejar la ropa (toda menos los slips. Al ir a mi destino con ellos me ofrecen unos que declino para ponerme los míos), otro que es intermedio de menos calor y otro ultimo que parece un vaporarium. Yo voy directamente a este y me sirvo agua con los dos cubos que me han proporcionado. Aun no entiendo que sean dos. Me desenjabono tirándome cubos por encima sin advertir que posiblemente salpique o mi agua llegue a un tipo echado al suelo que está recibiendo un masaje. En un momento dado ese tipo oscuro que estaba recibiendo las pasadas de unas manos expertas en sus glúteos se levanta enfurecido en mi contra sin entender lo que dice; me monto la película de imaginar que me está  increpando por gastar demasiada agua, ¿yo? luego pienso que lo más lógico es que me haya discutido que le he mojado. Le pido disculpas,-acabo de salvar la vida- ya he terminado y me voy. A continuación, mientras V se queda en la furgo yo sigo el ritual de tomar naranjada en la famosa plaza donde hay de todo: Jame el Fna. Sigue costando 3dh el vaso grande, unos 12 el litro. Si la tomas sin preguntar te costará 10 el vaso. Después de eso me ocupo de hacer fotocopias de las caratulas de nuestros dos pasaportes por si des mouches  lo cual proporciona otra curiosa anécdota de la manera de contar de los moros al doblarme el precio pactado por tratarse de dos documentos aunque compartan la misma fotocopia. Le digo al hombre -tiene una imprenta no lejos de donde hemos pernoctado- vous avez gagné 6dh de plus aujourd’ hui et moi une nouvelle anecdote. Nous sommes en paix. Antes de eso me ha dicho que para nosotros unos DHs de más no es nada, yo le he dicho par la meme raison vous pouvez prendre la moitié de ma fortune et je dois dir-vous: d’ acord. La guerra por el dírham es algo continuo en el país. Nos reunimos más o menos a la hora convenida con nuestros pasajeros y seguimos ruta hasta Agadir por Argane,  epicentro de donde crece el árbol del mismo nombre con el que se hace un aceite muy apreciado.

En Agadir cambio otros 100e en 1112 dh. Los 100 cambiados en Martil han durado muy poco. Prefiero ir cambiando pequeñas cantidades según lo que vayamos necesitando sobre la marcha. En el banco la cola de espera ha arrojado otra aportación para el anecdotario. La gente llega y no se pide el turno, sin embargo hay una evidente  calma y respeto. ¿cómo lo consiguen? Dejan una pequeña prenda sobre el mostrador: una pieza de identidad, un recibo, lo que sea, yo probé con mis gafas. La cuestión es dejar una prenda. Luego el contable la coge o su dueño está al tanto para saber que el toca. La historia de esta forma representativa de guardar turno no la averigüé pero propondré para el Nobel a quien haga averiguaciones y constante si es algo local o se lo ha encontrado en otras latitudes. Nunca lo había visto antes. Puesto que entro en dos ocasiones al mismo banco, en ésta ocasión es el BMCE, uno para perder mi tanda al desconocer el sistema  anterior y salir para despedirnos de nuestros pasajeros que se van por su cuenta teniendo un enlace para llegar antes a su destino y la siguiente para conseguir mi objetivo del cambio tengo tiempo de entablar conversación con un tipo curioso que está sentado en una butaca especial junto al mostrador. Me llama la atención porque lleva sombrero, chaqueta y zapatos conjuntados con un blanco negro. No le pregunto si es miembro de un club de protección de cebras pero sí hablamos del victimismo de los errores administrativos del cual él es una prueba porque algún administrativo copió equivocadamente su número de pasaporte y los de la oficina se resisten a pagarle su pensión. Convenimos que la pacience est la filosophie mére de toute la vie y nos despedimos con simpatía él continuando con su resignación y yo con más dinero marroquí para los siguientes días. En principio no está tan claro que podamos repostar en gasolineras pagando con tarjeta de crédito y dinero líquido del país siempre es indispensable.   Sin embargo hemos podido  llenar el depósito en una estación de Afrikania  pagando con tarjeta de crédito, algo que se puede hacer excepcionalmente en el país. Eso ha sido en la del gran centro comercial de  Marjane  (es una cadena supermoderna que está en los principales ciudades y nos han dicho que está montada por el rey como signo de los tiempos modernos). Aquí hemos entrado exclusivamente para comprar una cámara digital, ha sido una Nikon de 7,1 megapixels y pantalla de las grandes, seguramente pagándola más cara que en España- el olvido del cargador de la nuestra, una Olimpus, nos ha tocado pagarlo caro ahora. En cuanto a la videocámara pocket, una Werlisa, que compramos en nuestro último y penoso viaje comercial a Andorra, donde nos dejamos timar por cuadruplicado, también hace fotos pero de muy mala calidad. Sería imperdonable hacer este viaje  sin una cámara fotográfica. Después de esto y ya de noche hemos seguido rodando hasta Tiznit, donde la última vez que estuvimos Vic se compro una pulsera hueca de plata de la artesanía bereber. Estacionamos en la calle principal de la zona comercial vieja junto a las arcadas del mercado. La calle está iluminada y pasa alguna gente por la acera. Cuando nos ubicamos en sitios céntricos como este por ratos nos parece estar dentro de un hide desde donde observar la vida callejera y el zoo humano. Casi a media noche la actividad decrece considerablemente y nos entregamos a la onírica de crucero.



[1] http://unviajeexistencial.blogspot.com/2008/01/rodando-hacia-el-sur.html

16. Los tics marroquíes

16.Los tics marroquíes [1] Rabat Rabat 2 enero 2007

Si Cádiz es una buena introducción a Marruecos, Marruecos lo es a África. África queda abajo para los marroquíes. No se identifican con el resto del continente y no entienden mucho que vamos a hacer allí. En un sentido inverso España no pertenecía a Europa hasta hace poco. La percepción de los españoles era que Europa empezaba al norte de los pirineos y la de los centro y nordeuropeos era que África empezaba al sur de ellos. Ciertamente para nosotros las novedades empezarán en el África negra o más exactamente desde la frontera con Mauritania.

Seguimos ruta hacia el sur. Nos detenemos en Kenitra durante un rato. Usamos un cyber por una hora. El problema de los cyber es que en su mayoría son locales exiguos con espacios estrechos para así sacarles más rendimiento  ubicando una mayor cantidad de ordenadores. Aunque llevemos los textos preparados en memorys para USBs, previamente escritos en nuestros ordenadores hay dos clases de problemas: uno es que los sistemas operativos de ambos son Windows-vista, con lo cual los textos producidos en ellos no son automáticamente legibles en Windows xp. Otra es que su lentitud convierte la inserción de artículos en la red en algo penoso y lento, especialmente ralentizado por la inserción de imágenes adjuntas. Vic tiene más problemas que yo con insertar los suyos. Eso demora sus aportaciones haciendo de nuestro diario de bitácora algo mas producido por mí que por ambos.

 Seguimos hasta Sale donde vamos a pasar la noche. Cenamos en uno de los baretos donde se especializan en hariras, frites, ensaladas, pescado y pollo. Pagamos 25 dh. Los precios habituales para dos suelen rondar los 50dh.Despues de eso nos estacionamos  frente a un local público de un arrondissement lleno de bloques nuevos en cuya esquina hay un guardián vestido de civil con el que hablamos. Le informo de nuestra intención pernoctante. Dice qué bueno. Cuando estamos acostándonos hace una batida visual de todos los coches aparcados incluyendo el nuestro. Al día siguiente a las 7 en punto nos viene a despertar para decírnoslo. Pues bueno, son las 7. Seguimos una hora más en la camita. Luego seguimos hasta Rabat. Nos ubicamos en el barrio de Soussi, el de las embajadas. En el subsuelo hacemos cola en un ventanuco misérrimo para la burocratada del día. Una cola para pedir los impresos y otra que nos lleva una buena parte de la mañana para entregarlos rellenados. Nos toca dejar los pasaportes y pagar 200dh por cada visa, más barata que si la hubiéramos tramitado en Madrid. Seguimos la costumbre de pagar con moneda local y no con euros cuya  conversión queda redondeada a favor del que la redondea, por tanto en contra de quien la paga. 1 euro son 11 dh y no 10. En una oficina del BMCI de Martil cambié 100e por 1.112,70 dh. Los cambistas de Ceuta de la calle nos ofrecían 11 justos por 1.Los bancos no cobran comisión en la operación de Change.

Durante la espera por entregar nuestro documento hemos hechos amistades: un hombre joven saharaui del Aaiún que ha ordenado a los clientes del establecimiento en fila india con mucha simpatía y persistencia. Otro hombre que nos ha facilitado su dirección para ir a tomar té en su casa y Héctor, un catalán residente en Ripoll, que ha quedado en reunirse con otros grupo contactado por internet para viajar por un mes en camión hasta Burkina Fasso. A este le hemos ofrecido acompañarlo hasta el centro. Hemos estacionado la furgo en la rue Beirut frente al antiguo Mercat Central. Ahí hemos comido y luego hemos tomado té. Nos hemos descuidado de pagar los 2dh por hora de estacionamiento en el dispensador de tickets. A la vuelta un cepo en la rueda nos esperaba. La operación de liberación de la rueda ha sido rápida. Hemos llamado por teléfono para que vinieran a ocuparse del asunto. La silla de ruedas de Vic y la placa de minus, que ahora hemos colgado con una ventosa por dentro del parabrisas para que sea más visible, no han servido como disuasorios. Nos hemos quedado con 40dh menos pero el suculento rato de la negociación con los hombres de la llave para desatornillar el cepo y los que nos han ayudado a resolver el tema no tiene precio. El saharaui organizador y su amigo de la embajada han aparecido por ahí y han contribuido a la escena. Ellos viajan al Aaiún y he sugerido la posibilidad de llevarlos a cambio de compartir gastos.

Cuando habíamos estacionado la furgo un par de horas antes una ráfaga de viento se ha llevado una de las banderas  de pace laterales de la furgo. He salido tras su búsqueda pero no la he encontrado. Enseguida distintas personas me han hecho señas a distancia hasta localizarla en las manos de uno de los aparcadores. Me la ha devuelto con una sonrisa. Cada nueva visita a Marruecos nos confirma lo que ya sabíamos de la gente del país pero no deja de sorprendernos. Se viven rápido y pronto los dos extremos: el de las trampas y timos a la vuelta de cada esquina pero también el de la amabilidad de alta intensidad y la simpatía continua. Debe ser por eso que los europeos nos seguimos dejando seducir por sus cantos de sirenas. Dentro de su incapacidad organizativa manifiesta para cosas básicas como lo de no saber lo que es una tanda y una cola en orden tienen una capacidad de movimiento colectivo y autorregulación envidiable para otras atmósferas más racionalistas. Inexplicablemente los coches no se tocan y una capital como Rabat es bastante más tranquila en la locomoción que otras europeas. Cuando hemos salido en busca de un lugar tranquilo fuera del centro hemos visto un autocaravanning con  una pareja dentro de cariacontecidos con el cepo de marras. Hemos reculado para darles la bienvenue au club. Los extranjeros debemos ser la cantera de tontos perfecta para esas entradas extras de dinero. Para más inri la compañía que se ocupa de inmovilizar los vehículos desprovistos de ticket de parking es española y en  su intervención contra viajeros indefensos como nosotros no interviene la policía urbana. Nos ha recordado algo que también hacen en Estados Unidos y la experiencia que nos tocó pasar para recuperar un coche alquilado que se lo llevaba una grúa de mafiosos de esta clase.

No puedes dar por supuesto nada y no ir con ninguno de los chips urbanísticos previamente aprendidos. En cada lugar al que vas no hay que olvidar que la topografía entera es una inmensa telaraña dispuesta para que caigas en su trampa.

Dentro de los tics marroquíes está el de que dicen que te entienden sin realmente entender. Te desean ayudar aunque no sepan cómo. Los polis nos paran habitualmente en carretera echando una mirada de reojo a nuestro sospechoso cargamento, pero nos franquean el paso en cuanto oyen nuestro acento. Deben tener órdenes centrales para que los turistas no sean molestados. También los hay que te paran para tratarte de vender un calendario de su cofradía.  Lucia nos decía, en su idealismo pendiente de pulir, que había que comprender en general a los marroquíes que te vienen a ofrecer el oro y el moro, nunca mejor dicho,  ya que se ganaban la vida como podían. Repuse que a mí me daba mucha pena que después de tanto tiempo continuaran utilizando las mismas trolas y que la mejor actitud que podía tenerse  con ellos era la de ser claros con respecto a no inducirles a pensar que éramos posibles compradores de cosas que no nos interesaban. Cuando te dicen que te reconocen de un viaje anterior o que has llegado en el día ideal para comprar el artículo único es mejor que apagues el rollo y te largues. Marruecos es un país inmensamente rico por sus potenciales pero fatalmente organizado. Las mejores construcciones son del estado o forman parte del patrimonio de la casa real. En muchas ciudades  hay palacios reales y las zonas mejor ajardinadas son las que gozan una minoría. Millones de personas viven el día a día como pueden. Es un país con un potencial impresionante que sigue demorando su evolución a pesar de los evidentes cambios que notamos.

A cada momento toca diferenciar entre quien va de utilitarista aprovechándose de tu imagen para sonsacarte lo que sea (en honor a la verdad hay que decir que con mucha menos intensidad que una década atrás) y nada más verte te pone la mano (yo le di una palmada a la de la púber que me la puso el otro día y seguí  enseñándole a su vez la palma de la mía) a quien es un indigente con unas condiciones físicas lamentables. Es así que hoy hemos dado una moneda a un hombre con un muñón a la altura del hombre y unas gafas a un chico bastante hecho polvo. Los de la ONG nos dieron cuatro cajas de gafas de sol además de unas mil gomas de borrar y unos pocos bolígrafos para que los diéramos sobre la marcha. Empezamos a tener motivos para hacerlo. Al menos pueden tratar de vender las gafas o cambiarlas por algo de comida.

Hay una parte considerable de todo viaje que se va en asuntos estúpidos  o reveses innecesarios a los cuales se les puede dar la vuelta de hoja para sacarle al menos un rendimiento en cuanto a experiencia. Todo acaba pasando por la churrería de las anécdotas.

Antes de entrar en el Sáhara nos conviene hacer fotocopias de la carátula del pasaporte y antes de dejar Rabat mirar si nos conviene demorar en un día más la salida y tramitar el visado para Mali en lugar de hacerlo en Nuachkot.

 

 



[1] http://unviajeexistencial.blogspot.com/2008/01/los-tics-marroquies.html

15. En Ruta

15. En Ruta[1]. Larache  1 de enero 2008

Los más de 1600 kms que hemos hecho desde casa hasta Algeciras incluyendo un plus de vueltas por Cádiz y unos 70 de más por tomar la M40 en sentido equivocado a la llegada a Madrid para alcanzar St. Sebastián de los Reyes, no cuentan. La ruta ha empezado a partir de pisar suelo africano en Ceuta. El cuentaquilómetros a cero. A partir de ese momento suma y sigue. A partir de ahora lo que vaya a sucedernos tal vez esté ya escrito en los archivos polvorientos de algún dios. Como todavía no lo sabemos, nosotros que somos los protagonistas, nos tomamos el derecho a averiguarlo en cuerpo y mente propios. Hemos empezado este viaje con el cuentaquilómetros de la casa-rodante marcando 65mil exactos. Posiblemente tenemos una cantidad similar por delante antes de volver a la península ibérica pero lo menos que queremos hacer es correr y saca r una media diaria de 200 puede significar demasiadas horas dentro del vehículo. El caso es que necesitamos tiempo para mezclarnos en los lugares y la atención al ordenador nos pide bastante más que una o dos horas diarias. Vic y yo estamos mano a mano escribiendo cada uno en su ordenador en la misma mesa del bar donde hemos venido a tomar tea a la menta. Hemos pasado la noche junto al mercado. Antes de acostarnos hablé un rato con el guardián del establecimiento. En Marruecos hay muchos vigilantes privados no uniformados contratados por establecimientos directamente. Son algo parecido a los vigilantes de las obras que ha habido o sigue habiendo en España. El hombre al principio nos recomendaba que fuéramos a un sitio más céntrico porque habría más vigilancia y estaríamos más seguros. Insistía aunque sin parecerme que quisiera deshacernos de nosotros. Según él la noche se presentaba follonera porque la gente bebía. Nos hemos quedado en el lugar. Antes de dormirnos como unos angelitos hemos leído con la fantástica luz eléctrica de la batería independiente.  La noche ha sido tranquila y únicamente fuimos despertados por llamadas al móvil con el cambio de año. Ni uvas ni campanadas. ¡Gozo total! Por los alrededores ni luces de neón ni villancicos ¡qué felicidad! En el viaje anterior al país también pasamos una noche aquí ubicados en la zona más céntrica junto al paseo del mar. Yo había iniciado aquel viaje sin haberme repuesto de una gripe y empeoré. Mientras yo pasé todo la tarde acostado con un dolor de garganta terrible que me impedía hablar Vic y Misse estuvieron de cháchara en uno de los salones de té  elegantes. Me trajeron un vaso de té y me mimaron contrarrestando los efectos sulfúricos de mi infierno particular. No me recuperé hasta algunos días después y bastantes ciudades más al sur. Actualmente en este viaje estoy más pletórico y me siento con más fuerza a pesar de que sigo cojeando.

Vinimos anoche hasta aquí. Todo el día de ayer lo pasamos en Martil: una ciudad recomendable porque es completamente llana. Compré una docena de tornillos para madera con sus correspondientes arandelas para afirmar la mesa que sirve para trabajar o desayunar dentro de la furgo con el ordenador. Esta mesa tiene más posibilidades que la que teníamos instalada  antes (una de bar de pata de tubo) ya que permite guardar más cosas debajo de ella: el frigo, las dos bombonas de camping contra, una bolsa de regalitos y los dos cubos para duchas. En la ferretería hablamos un buen rato con un  ceutí que me reconoció por haberle preguntado la noche anterior por el nombre de una calle. Los 12 tornillos salieron de cajas distintas y fue todo un periplo para el comerciante localizarlos.

Con Lucía y su compañera de piso, Ester, estuvimos considerando por un rato pasar la velada de fin de año en su casa. Es la idea que mentalmente nos habíamos hecho si lo celebraban, pero el humo y la cantidad de escalones seguían siendo disuasorios. Finalmente decidimos hacer ruta. Recorriendo los más de 100 kms hasta Larache, sin usar la autopista,  primero tomando la carretera de Tánger y a unos 30kms antes de llegar la de Larache hacia el Sur. Los mojones van anunciando a cada km prácticamente lo que falta por llegar. En todo este rato nos encontramos con los típicos controles policiales. En el último con policías secretas u hombres con gabardina, que para el caso es lo mismo, sacados de una novela de bolsillo. En este nos indicaron que no habíamos hecho el stop. En Marruecos sabemos de siempre que hay que ir con cuidado con los puestos de control en carretera. Pueden estar en los lugares más sorprendentes, sin preaviso. Teniendo que pasar de una velocidad de carretera a obedecer una señal de 20. La forma de hacer el alto es distinta con una luz blanca de linterna de escasos lux haciendo intermitencia. Mencionar tu condición europea te franquea el paso pero para combatir su aburrimiento paran a todo el mundo. Esto también pasa durante el día. A menudo ves a los guardianes parando por parar y enzarzarse en pláticas sobre lo que sea. Antes de dejar Martil el lugar donde paramos un rato fue ante las puertas de un hotel cuco que se anuncia como muy vitamínico (aux vitamines sur mer). El mánager nos trajo un pedazo de pastel exquisito. También nos informó del asesinato de 4 franceses en Mauritania hace una semana.  Con él aclaramos que la garrafa de lejía marca ACE comprada en una tienda de productos domésticos por la mañana bastaba un tapón para clorar unos 5 litros de agua. Otro amigo árabe de Lucia nos decía que era un vaso. Esperamos llegar a saber la proporción exacta en los próximos días. Traemos con nosotros una enorme cantidad de botellines de 50ml de yodo para la desinfección del agua. Vic en su afán intendente gastó más de 1000euros en productos homeopáticos y alopáticos. Posiblemente debe haber botellas de yodo para mezclar en agua de litro pero no llegamos a averiguarlo. Vicente Pastor, en la fiesta en casa de Rocío y Augusto la Nochebuena, nos recomendó también la lejía aunque tenemos noticia que no es tan eficaz como el yodo ya que aquella no elimina el peligro de la amebiasis. Rocío es una maga de la logística que se ocupa de organizar todos los detalles, los propios y los ajenos. Nos sentimos muy cómodos los dos días que estuvimos en su casa y nos preparó la comida en nuestra siguiente etapa de St. Sebastián de los Reyes a el Puerto.

Antes de cruzar el estrecho tratamos de completar mejor nuestro botiquín. Acudimos como unos ingenuos a Sanidad Exterior creyendo que podríamos conseguir un complemento de antipalúdicos, ya que al contabilizar los que nos habían dado en la de Barcelona eran insuficientes para tanto tiempo. Un hombre tras el mostrador de barba y cabello blanco puso en duda que nos los hubieran suministrado gratis en un establecimiento de Sanidad por lo caro que era especialmente el Malarone y que para comprar por nuestra cuenta el Larian, la versión barata pero peor para el organismo, necesitaba hacernos una historia clínica y que no podía darnos la primera cita hasta el 9 de enero. Seguíamos en el túnel del tiempo. Debíamos haber salido de Madrid con recetas de Augusto G.Villanueva que es médico para evitar algún posible problema. En África nos tocará conseguirlo pidiéndolos por su principio activo, no por su nombre de marca. María del Mar Baldó nos dio un resto de Resochín y suero que le sobró de su estancia en México. Tengo experiencia en tomarlo y en su impacto nefasto para la vista. No es lo más recomendable.

Rodar por Marruecos recuerda detalles de décadas atrás aunque ahora el desarrollo urbano sea mayor y la gente esté más tranquila en cuanto dejar en paz al europeo sacándolo de sus platos suculentos.

 A los conductores tienes que avisarles repetidas veces para que cambien de luces largas a cortas, hay ralla continua en segmentos completamente rectos y con visibilidad y hay dos tipos de líneas discontinuas sobre el asfalto, una que es la equivalente a la española y otra que es una continua cortada.  No suelen corresponderse con las necesidades de cuidado de la vía. A veces es posible el adelantamiento donde no corresponde y otras al revés. En medio de la noche y aparentemente en ninguna parte se encuentran viandantes que deben ir a algún poblado diseminado. Por las ciudades puedes encontrar que calles no muy usadas de tránsitos son campos de futbol para pasar el rato. Invariablemente los gorrillas aparecen con los espacios repartidos para cobrarte haciendo gesticulaciones que no te ayudan para nada en tu maniobra. A esos hombres, toda una tradición, hay que tomarlos con paciencia. De alguna manera pueden hacer de vigilantes aunque realmente su cometido no sea éste ni estén contratados por el municipio. En algunas partes como en Agadir sí recuerdo que van con ticket y con uniforme y parece que tienen un estatuto de homologación.

Aunque no queremos encorchar el ritmo del viaje por el calendario, lo cierto es que el año tiene 52 semanas y el continente más de 50 países. La división aritmética es inequívoca. Una vez aquí dedicar una semana de promedio por país no parece muy realista. Hay dos hechos que nos van a ralentizar: uno, la misma lentitud burocrática, entre otras, de los países y dos nuestro recalamiento continuo para lugar donde montar nuestro despacho. Ayer nos pasamos varias horas en el mismo bar-restaurantito con los ordenadores y hoy hacemos otro tanto en el que está en la plaza del Mercado. Hemos comido habichuelas (la harira suelen servirla por la noche) yo sardinas a la brasa y Vic una ensalada de tomate que sabe a tomate. Gentilmente nos permite usar sus enchufes y hacer nuestro surrealista despliegue de despacho. Los trabajos de ordenador llevan mucho rato. Si deseamos actualizar el blog esto supone tiempo de dedicación pudiendo crear un contrasentido: dedicar más tiempo a escribir lo que vivimos que a vivirlo más aunque sea a costa de no escribirlo tanto. Una vez preparado todo (artículos y fotos) con una pastilla que conecte con un  Usb vamos a un cyber para meterlo en la red y consultar el correo. No vamos a usar el móvil si no es por caso de emergencia. Contestar las llamadas es muy caro para nosotros aunque siga siendo la misma tarifa de llamada estatal para quien la hace. Lo más laborioso es la inserción de fotos. Primero hemos de reducirlas de peso, luego renombrarlas, clasificarlas y finalmente  localizarlas para publicarlas. Nos han hablado de un soft que nos puede facilitar las cosas agrupando imágenes por temas que pueden ser presentadas consecutivamente: es el movie maker y el pinacle. Todavía no hemos hecho funcionar una minúscula cámara de video y no tenemos una cámara digital de verdad aunque aquella también puede hacer fotos. Hemos empezado pues el viaje con muchos déficits. Esperamos irlos resolviendo sobre la marcha.

 



[1] http://unviajeexistencial.blogspot.com/2007_12_30_archive.html#7767820658573828742

II PARTE.14. Cambio de continente

 

14.Cambio de continente[1]. estrecho de Gibraltar , on board 30 de diciembre 2007 - Martil  Ma rruecos 2007 diciembre 30

Despues de 2 noches en Madrid y otras 5 en el Puerto de Sta. María, en lugar de los 7 y 7 dias respectivamente que habíamos previsto,  recorremos los 130 kms hasta Algeciras. Antes el gps tontón ha hecho el tonto llevandonos en dirección contraria durante un buen rato.  Antes de dejar El puerto fuimos anoche a sacar más dinero de un cajero y por la mañana el máximo de cantidad que tenemos autolimnitada para sacar por dia. Por el camino, en un stop para pises, he contado lo que traíamos: unos 4000e  más el equivalente a 80e en CFCs.

A la llegada a Algeciras antes de entrar en el recinto portuario un tipo con dotes de mando nos indica donde debemos parar. Al principio lo confundimos como un encargado de la zona porque ha salido del lado de una garita junto a una barrera. Identificado como un promocionador de las ofertas de tickets de una oficina lo desestimamos para ir a preguntar en otras. Los precios son de 55e y 60. Estamos en temporada baja y los barcos van semivacíos. Mejor uno de estos días que no en las fechas  puntas. El año pasado hicimos este mismo trayecto y fue más agobiante por la cantidad de gente concurrente. Si Cádiz es una buena introducción al Moro, Algeciras es su broche de oro. El sello de identidad de Andalucía con el Andalus no ha desaparecido. Finalmente vamos a la estación marítima donde hay varias oficinas de billetes a comprar los nuestros que conseguimos por 45e los 3 con vehículo incluido. Por un momento, por una información alarmista que nos dicen en uno de los mostradores de venta de tickets de fuera del puerto,  creemos que los paquetes de la baca nos van a ocasionar problemas pudiéndonos enviar a Aduana. No es así. No nos hacen el menor caso. Introduzco la furgo marcha atrás  a la panza del buque y despues de un rato zarpamos. En Ceuta aún  seguiremos en territorio español. Queremos conseguir una cámara digital y llenar el depósito de gasoil si es más económico que en Marruecos. 

El ferry vibra bastante y escribir no resulta muy cómodo. Vic y Lucia Romero están junto a la barandilla hasta que la brisa las convence de volver al salón de butacas.

El viaje africano no empezará hasta cruzar la frontera ceutí que conocemos de otras muchas veces y que siempre crea demoras de tiempo. En efecto a pesar de la poca clientela del penúltimo día de año hacia las 16h, en el puesto de control de los pasaportes personales,  me envían primero a hacer el control del vehículo cuando en realidad el procedimiento es al revés. He de volver y recordarle al tipo que me ha derivado que el es nuestro primer controlador en la secuencia burocrática. Hace su trabajo y tras los tres tamponazos para los tres pasaportes le pido los típicos impresos que hay que rellenar para volver a cruzar la frontera la próxima vez. A continuación Lucia y yo montamos nuestra tanda en dos garitos de aduanas distintos  que se ocupan del control de vehículos. Mantener una cola ordenada  es algo absolutamente desconocido en este país. A la gente le gusta aglomerarse y aunque aclares su lugar en una fila, evidentemente inexistente, antes de que te des cuenta ¡zas! sus papeles han atravesado primero la ventanilla y han llegado a captar la atención del funcionario antes que los tuyos aunque tu estés montando guardia desde mucho antes.  Es algo tan repetido y conocido sin ninguna variación en los últimos 30 años que no sorprende. ¿Qué habría pasado  si Descartes hubiera nacido en Marruecos? ¿Europa sería África? ¿África sería el infinito? ¿En las escuelas no se hablaría de x ni de y, ni la numeración ordinal se practicaría? No, la numeración que empleamos nos la enseñaron los árabes pero  su ordenamiento cardinal lo siguen desconociendo.  Se puede aliviar la espera haciendo comentarios jocosos con nativos u otros extranjeros que pasan por ese  episodio del vía crucis internacional de las fronteras, pero sabes que no es el lugar ideal para las tertulias y tienes que tener los ojos puestos en zigzag  para control a los que se cuelan. Con los permisos de entrada regresamos al vehículo y nos encomendamos a algún ángel de la guarda para que nos proteja los siguientes cien metros. Hemos elegido venir por Ceuta en lugar de ir por Tánger porque estábamos avisados de que otros vehículos particulares con materiales solidarios han visto demorado su paso `por bastantes horas horas e incluso por varios días.

El hombre uniformado con visera nos pregunta sobre qué llevamos en nuestro cargamento. No le convence la explicación de ropa usada y medicinas. Me hace descender para mostrarle la parte de atrás. Descargo la silla de ruedas, la escalera de aluminio y abro el armario-despensa de comida. Se me ocurre mostrarle uno de los botes de lentejas. Observa detenidamente las marcas del tapón donde pone una referencia numérica y 13:00. Posiblemente es la hora de envasado, no sé muy bien lo que es. El infiere que el bote está caducado. Lo consulta con un colega. Ambos chasquean los dientes y hacen que no con la cabeza. Entretanto han venido dos de los muchos hombres que están al acecho para ayudas no pedidas de los transfronterizos extranjeros y acarrean con la escalera, con la silla, con los botes que se desparraman de la despensa supercargada. Todo entre sonrisas e  hipótesis. Sabemos que estamos en sus manos y ellos saben que está en su potestad darnos el visto bueno y paso libre o amargarnos el día. Los dos guardias que han confundido las 13 horas presumiblemente del envasado con el año 1300, fecha  desde el cual la caducidad ha sido ampliamente rebasada ,caen en la cuenta que otros botes de otras marcan dan fechas de finales de decenio como margen de ingestión. Les digo varias veces que llevamos ropa y comida y que necesitamos tanto porque vamos a estar un año por el continente.  Preferimos no mencionar que llevamos un cargamento para una ONG ni presentar nuestra credencial de colaboradores. Afirmo varias veces que no somos traficantes y que lo que llevamos es para trasladarlo a Mali despues de cruzar Mauritania. Por su lado Lucía intercambia palabras en árabe con uno de los controladores yeso alivia el escollo. Nos dejan pasar con la promesa que no llevamos nada que pueda dañar al país. Superando el trago  unos metros más allá nos echan la ultima mirada a pasaportes y papelajo verde del coche y salimos a la explanada donde esperan docenas de Mercedes taxi colectivos para el personal de a pie. Dejamos que nos lleve una carretera tranquila hasta la entrada de Tetuán donde tomamos, en dirección mar, la carretera hasta Martil donde vive Lucia desde hace algunos meses. La ayudo en su traslado de enseres. Parece que tengo mono de traslados y despues de docenas de días haciendo el nuestro me ha quedado inercia para prestarme a hacer los de los demás. Ella y su compañera de piso cambian de uno covacha que deben abandonar antes de terminar el mes a uno incomparablemente mejor por casi el mismo precio (unos 160e/mes) junto a la avda. Miramar, una de las principales arterias urbanas. El único inconveniente del nuevo es que esta ocupado por mosquitos que se han repartido las paredes de su habitación en un intento de grafiti gestáltico. Al parecer el rio cercano explica la presencia de los zancudos. Nosotros desestimamos compartirlo para pasar esta noche porque las escaleras para llegar a la segunda planta que es donde está  y la gotera que tiene casi encharcado el vestíbulo son disuasorios para Vic. Optamos por pasar la en la furgo. A partir de hoy el vehículo es nuestra piedra de Sísifo. No podemos perderla de vista, en particular mientras la lona azul y las cajas solidarias estén en su techo.

Antes de dejarla en su casa hemos ido a comer en un barecito popular típico donde hemos vuelto a probar  la típica harira. Luego nos hemos ubicado casi al final del paseo marítimo. Mientras hemos hecho nuestros preparativos para instalarnos en  la parte  de salón-litera, algunas miradas de viandantes no han perdido detalle de nuestros movimientos. Un par de hombres, cada uno en sus puesto, creemos que,  de vigilantes no san parado de observarnos.

 

Dentro de la furgo pruebo la batería auxiliar para el ordenador. Funciona. Ya no deberemos estar agobiados por el tiempo limitado de la batería incorporada al chisme contando con una que sin ser muy grande da tiempo de sobras para las necesidades diarias. En ruta esta batería se carga con el movimiento del motor y en caso de estar estacionados varios días usaremos las placas solares. A partir de ahora cada vez que usemos el dispositivo estamos en deuda con  Paco Baldó que por 3 días ha dedicado bastantes horas de taller –de un taller impecable y cómodo para trabajar en el garaje bajo su casa- a  poner en condiciones de utilidad práctica la batería que me regaló Pere B. Lo mejor que se puede hacer con las cosas es usarlas y no cargar trastos que ocupen un espacio y supongan un lastre. Es un alivio poder usar al menos este muerto. Junto a la puerta corredera y utilizando  la misma carcasa de plástico donde se enrolla el cinturón de seguridad está adosado u n artilugio que ha diseñado Paco con un diodo y unas resistencias y un trifurcador de terminales hembra para mecheros. Ambos deberemos recolocarlos en la misma zona un par de centímetros más arriba el uno y otro par de centímetros mas adentro el otro para que al cerrar la puerta no presione a este y el otro deje margen para ubicar una de las garrafas de agua. El convertidor de 12 a 18v para el ordenador va de coña aunque a falta de un conector terminal que alimente al ordenador  habrá que ir con cuidado con el empalme. El convertidor tiene un piloto de luz azul muy destellante que tiene el valor añadido de simular un dispositivo de alarma para los no entendidos. Un tiempo atrás Vic compró unos cacharritos de dos partes cada uno para poner en las ventanas a modo de dispositivo acústico por si eran abiertas desde afuera. Nunca los llegamos a usar ni los hemos traído pasando a engrosar el almacenamiento de objetos inutilizados de los que podemos dar noticia. Seria interesante proveernos de un sistema de alarma que al menos ocasionara una cierta perplejidad a algún  oportunista con intención de robarnos.  La verdad es que iniciamos este viaje sin tener resueltas todas las cuestiones técnicas o de equipamiento. Deberíamos haber venido con bidones estancos y cofres de aluminio o plástico, para la baca, en lugar de llevar cajas de cartón envueltas con  un plástico de la peor calidad que no creemos que aguante hasta Mali a pesar de nuestra moderada velocidad de crucero. Falta por terminar la instalación de luces en la cama para lecturas. Ahora hay un casquillo para una lámpara de baja potencia (5 w) junto a la puerta corredera con un interruptor muy cuco y otro, pendiente de conexión, en el otro lateral colocado de tal manera desde la mitad de la cama que con una lamparita de 21w nos dará de sobras para llenarnos de dichas intelectuales nocturnas. Federico, uno de los   hermanos de Vic,  se asombró que lleváramos un estante lleno de libros y aseguró que no tendríamos tiempo para leerlos. Es cierto que viajando se llenan los días de múltiples cosas y el contacto con la gente te puede dejar muy poco tiempo libre para ti o te toca buscarlo en horas intempestuosas. Esperamos a partir de ahora empezar a descansar y tomarnos la historia con un cierto relax. Desde suelo marroquí Vic ha enviado un sms informando de nuestra llegada. La aventura o esta parte de la aventura de la vida, acaba de empezar. No hace tanto que ya estuvimos en Marruecos. En enero pasado estábamos regresando hacia el norte. Fue un viaje de 3 semanas y 3 personas: nos acompañó Misse.

Antes de medianoche nos instalamos para dormir. El día ha sido duro y la noche anterior hemos dormido poco. La intensidad de las últimas semanas  apenas nos ha dejado ratos libres para hablar de ello. Bastante gente se ha volcado con interés por nuestro proyecto. Hemos compartido ratos con distintas personas. En la noche anterior nos  despedimos de Paco y MariCarnen y de Guillermo y Lolita, cuñado y hermana de Paco, junto a la furgo que no es para nada el ideal de los vehículos viajeros pero que tampoco está tan mal para nuestro programa y propósito. Recordaremos esta última tanda de días con ellos en  El puerto, comiendo juntos  y compartiendo ratos de taller. Por las noches hemos ido a dormir al piso de Inés, en la urbanización  Redes a pocas manzanas de la suya: El Águila. Inés  nos ha prestado su piso en otras ocasiones y MariCarmen lo ha preparado para que encontráramos la habitación caldeada y la cocina con lo necesario para los desayunos.

En la penúltima noche en la península, en Cádiz,  compartimos una comida con Manoli SanJuan y sus hijas Inma y Ester y su hijo Jorge. Nos hicimos regalos. Manoli preparó una cartera de cuero de Ubrique para Vic  y un llavero, con un abrechapas  metido dentro de una reproducción de una chapa, para mí. (Eso me hace recordar que en Dinamarca los bebedores de cerveza llevan invariablemente unos indiscretos abrebotellas en sus llaveros. Les propondré este modelo).  Luego nos acompañaron por la ciudad para encontrar unos casquillos para bombillas de automóvil. Finalmente dejamos pagado uno de los casquillos con interruptor incluido de los que usan los taxistas para cobrar para Paco pidiéndole que nos dejara el suyo.

Por la noche pasamos una velada hasta tarde con  Aurora Montero y su marido Pepe y una pareja de amigos: Miguel y Maite. Los dos hombres están empleados por la armada y estuvieron en Elcano como oficiales. Me enteré de interesantes medidas ecológicas que cumplen los barcos de la armada española para no ensuciar las aguas marinas. Se interesaron mucho por nuestro viaje  y nos agasajaron. Brindamos con un Codorniu que trajimos  y nos regalaron una bolsa de polvorones y turrones. Luego nos acompañaron hasta la furgo que les mostramos  no sin cierta vergüenza con todo su desorden y camuflaje marroquí.



[1] http://unviajeexistencial.blogspot.com/2007_12_30_archive.html#2698376941724003322

13. Una ubicación de una docena de años

.Una ubicación de una docena de años[1] El Puerto de Sta María 26 diciembre 2007

 

Con 7 días de demora según lo previsto  tenemos ya todo a punto. Dejamos la furgo aparcada delante de casa para a la mañana siguiente  ir primero a ST Sadurní a cargar material solidario y después a Madrid.  La ultima noche vamos a pasarla al apartamento de Ramón, mi cuñado,  en Artesa de Segre calle, junto a Mandri. Nos hemos comprometido con Montse Castellví a dejarle la casa disponible para que pueda ya instalarse. Cuando cierro la puerta por ultima vez después de haber dardo un vistazo final a como ha quedado todo, encuentro en el vestíbulo sentadas 3 compañeras suyas del especifico sector de los profesionales de adultos dentro del gremio de los enseñantes. Han venido como escuadrilla de avanzada para ver lo que hace falta de productos de limpieza. Menos una fregona falta todo, les digo. Les abro la `puerta para que esperen al resto del equipo más cómodamente. En un principio íbamos a dejar la casa con  muchas cosas: los cuadros de las paredes, más materiales de cocina pero finalmente la hemos desnudado todo lo posible para no condicionar  a Montse y a su hija. Vic y yo, la misma noche llamamos a Virtus, más puesta en informática, para explicarle las curiosidades del ruter para la conexión ADSL. Lo más probable es que no haya necesidad de una conexión porque Montse no ha sido llamada por los caminos de la informática y su hija Alba parece estar castigada y no podrá usar internet por haber hecho, al parecer, una mala praxis anterior.

Unas semanas antes habían venido  a comer a casa Montse y su hija Alba Petit, púber. A Alba no le gustan muchas cosas y, excepcionalmente, compramos tortillas preparadas, hicimos un puré de verduras y probamos con un resto de cus cus con pimientos de los Balcanes. Es resistente a los sabores  y su mamá interviene para cuidar la organización de su plato: pelarle el palosanto de postres o apartarle las micro muestras de pimiento. Mi apología sobre la importancia que tenia el pimiento en los países balcánicos hasta el punto que tendría que salir como enseña en sus banderas nacionales no surtió efecto. Ambas vendrían a vivir a casa a partir de que nos fuéramos el mes próximo, o sea diciembre La comida-reunión sirvió para ver si su hija se encontraba a gusto con el nuevo espacio para vivir (recientemente  se ha enterado que se trasladan a vivir tras la separación de sus padres) y para explicarle a Montse cuestiones concretas de funcionamiento doméstico. Fracasamos en la explicación de que un temporizador sustituye a un termostato original de nuestro termo. Eso le generó una cierta ansiedad. Quedamos en explicar las mismas cuestiones a Maria José B.y Xavi, sus amigos, que la están reparentando últimamente por el momento personal delicado que atraviesa. Efectivamente repetimos la explicación a ellos y a ella para evitar posibles peligros con el recalentamiento del termo.

Llegamos a casa de Ramón que nos colma de atenciones y nos presta su cama. La cena está preparada en el apartamento bajo el suyo, en el de Aurea Quintana, una persona exquisita. Sus paredes están llenas de cuadros originales Guinovart,  J.Mompou, y Grau Garriga, su exmarido,  antes tenia muchos más;  se desmarcó de parte de ellos. Nos interesamos por el mundo de las subastas  pensando en una amiga  que está pasando una mala racha económica, que recientemente me llamó para pedirme dinero y que tiene un Guinovart embalado  desde hace años con la intención de vender pero sin hacer nada al respecto. El pintor ha muerto recientemente y es posible que su obra se revalore pronto.

Durante el último día en nuestra localidad he estado haciendo  los últimos preparativos con la baca sin marca. Uno de los travesaños no coincide con los anclajes de los tetones. He debido pedir prestada una broca de 7 u 8 mm a un vecino para practicar los agujeros en los soportes laterales. Ni mi broca del 6 ni la prestada  del 7 u 8 están afiladas con lo cual dedico un buen rato para las dos perforaciones. El metal deja al fin cansado de aburrimiento dejarse atravesar. Tras conseguirlo queda suficientemente lista para llevar carga. Me quedo con las ganas  de pasar por el establecimiento de recambios para comentarlo pero es domingo. Hacemos una foto con la furgo ante la fachada de casa. Despues de doce años de estar viviendo aquí nos vamos por tanto tiempo. Los viajes anteriores han sido comparativamente cortos, de 2 o 3 meses como máximo.

Tomamos con nuestros dos vehículos, V conduciendo el Peugeot y yo la furgo,  la autopista de Tarragona pasando por el peaje de Martorell hasta la salida en St Sadurní de Noya. Allí esperamos a las 10.00 hora convenida para llamar a la puerta de Rafa y MariCarmen. Pasamos parte de la mañana cargando cajas de cartón sobre la baca con la ayuda de escaleras de tijeras. Rafa es un activista nato que no le teme al trabajo. Unas 2 horas y media despues el cargamento está listo. Nuestra furgo has sido perfectamente disfrazada de furgo marroquina. La lona azul que la envuelve a pesar de ser grande y estar doblada es de la peor calidad y a los pocos quilómetros empezará a deshilacharse en los extremos por el rozamiento con el aire. Antes de cargar, de acuerdo con lo que habíamos pedido, las cajas están abiertas para que podamos revisar su contenido, cosa que hago por encima. Esta demanda ocasionó un poco de disintonía entre nosotros. Incluso Begoña Ferreiro, la amiga a través de la cual habíamos conocido a esta ONG al poco tiempo de fundarse, nos llamó para preguntarnos qué había pasado. La primera reacción de Jariod fue la de oponerse a la revisión  y que prescindía de nuestra cooperación por lo que hace al transporte. Mi protesta de que tal actitud era inaceptable porque eso perjudicaba a la solidaridad puso de nuevo en vigor el acuerdo inicial. Gracias a la colaboración de Rafa y Carmen Corrales nos fuimos tras las fotos de rigor con nuestro viento a otra parte.

Continuamos por la autopista tarraconense  hasta tomar la ruta nacional despues de Fraga hasta Alfajarín. Despues por la autovía hasta Madrid. Tuvimos que parar un par de veces para reajustar las cuerdas de la lona. Desde Madrid a El Puerto compartimos la cabina de la furgo los dos. Mucho más divertido viajar acompañados que cada uno en su coche.  Cruzamos Madrid por el paseo de la Castellana y nos llevamos recuerdos cariñosos. Roció se quedó con una de nuestras tarjetas de débito y su número secreto para que en caso de urgencia pudiera sacar dinero y nos enviara un giro. En el Puerto lo mismo que en Madrid llegamos de madrugada. La  comprensión  de la familia de Vic o mi familia política, para nuestros desajustes horarios  ha sido la máxima.

 

Nos ha tocado demorar la salida en una semana porqué ING nos tuvo entretenidos con la gestión del aval con garantía de deposito bancario para tramitar el carnet de passage durante tres semanas. Tras las cuales decidimos suspender la confianza en su gestión porque seguían sin tener ni puñetera idea de cómo se hacia. Transferimos la mayor parte de nuestro dinero a la Caixa donde en una mañana hicieron el aval, lo llevamos al notario, pagamos una comisión menor de la que nos habían dicho los otros, y lo llevamos a RACE en mutnaner 81 donde Paloma Sales, amable y eficazmente nos aceptó con nuestras prisas y adversidades quedando en que nos seria enviada por MRW a sus oficinas en Cádiz. En Cádiz  recibimos diligentemente por MRW el carnet de passage, al día siguiente las acreditaciones de colaboradores oenegeros y por vía postal un duplicado de la tarjeta de coordenadas de ese banco. Con Paloma S. se ha dado la coincidencia que intuía conocerla, sin saber su nombre, al oír su voz al teléfono las muchas veces que llamamos para la cuestión del trámite. En efecto, cuando fuimos a su oficina era la misma persona que atendió a la pasada primavera a una compañera de letras, Pamen Bringas[3],  que vino un fin de semana desde Andorra a conocerme. Recuerdo lo mucho que me impresionó en aquella ocasión por su diligencia, buen humor y atractivo.


 

[2] http://unviajeexistencial.blogdiario.com/1250018446/

[3] Referida en Una apuesta Comunicativa.

12. En el Club de los Cojos

012. En el Club de los Cojos[1]. El Puerto de Sta María 27dic2007

Algunas de las veces que hemos pasado  por Arles una escultura que nos gusta contemplar es la del escultor  arlesiano Jean Turcan (1846-1895) l´aveugle et le paralitique, que está ubicada en un recinto municipal. Durante años vengo perdiendo la vista que es uno de mis principales instrumentos de trabajo. Por su lado Vic aumenta en envergadura  corporal y pierde la agilidad física para el desplazamiento. De algún modo ella iba a ser mis ojos y yo sus piernas. El cojo carga simbólicamente con el ciego en la escultura de Turcan. Esa previsión nos está fallando. El mes y  medio de esfuerzo con la mudanza de las cosas de casa ha dañado mis rodillas. Salvo una sola vez en que fui ayudado todos los viajes me los he tragado solo. No creímos que fueran necesarios tantos viajes. Al número inicial estimado de una cincuentena de cajas o bultos  hubo que sumarle el triple. Ando literalmente cojo por un dolor sobre todo en la articulación de la derecha. Creo que todo lo que necesito es reposo. Mientras tanto cojeo de un modo evidente. Tras varias horas de tener la pierna flexionada por estar sentado o conduciendo,  al incorporarme me duele terriblemente. Soy un quejica. Creo que me he ganado los derechos de pertenencia a ser miembro del club de los cojos. Al principio de convivir con Vic y frecuentar su espacio en el Club de Vela Adaptada donde iban otras personas con la locomoción  limitada quitaban hierro a sus déficits bromeando sobre sí mismos y mencionando con ostentación exagerada la palabra cojo.  No me pareció ni bien ni mal aunque sí sorprendente el manejo del vocablo. La cojera no hace tantas décadas era sinónimo de pobrecito el que la padecía. En todo caso es uno de los déficits visibles y que da señales evidentes a los observadores con los que te encuentra. Aunque física y personalmente presenta sus desventajas Socialmente tiene algunas ventajas sustitutorias  según las culturas y países. En Europa, por lo general es deferente con quienes llevan las marcas evidentes de su limitación motriz. De camino para Madrid nos detuvimos a comer en un área de picnic. Una mujer vasca que viajaba con un  hombre hindú y el hijo de este en seguido echó flores a la heroína cuando supo de nuestra intención viajera. Vic tuvo que reclamar mi derecho al homenaje que yo también estaba hecho polvo físicamente.

No estamos en la edad del funambulismo ni estamos para hacer virguerías físicas.  Eso Vic lo ha tenido como atributo biográfico permanente  y los achaques no le vienen de nuevo. Yo estoy estrenando déficits. La analítica que, me hice para averiguar si tenía anticuerpos de hepatitis A detectó un exceso de triglicéridos y eritrocitos en la orina. No estoy para hacer de astronauta. Quiero suponer que tan pronto cambiemos de  continente y pueda reposar  en nuestra cama-útero de la furgo la felicidad resplandecerá en mi cuerpo. Estos días, entre Madrid y Cádiz, nos toca dormir por separado en camas individuales  pasando por algunas interrupciones nocturnas por acomodar el body y por notar la ausencia del cuerpo calentito de Vic.

Me doy cuenta que tenemos la edad casi límite para viajar en el plano en que lo hacemos. De hecho no hay edad que limite un viaje. Continuamente vemos gente que nos sobrepasa en 15 o 20 años que va a bordo de sus casas móviles aunque priorizan los parkings en lugar de la acampada libre, pero es incuestionable que la mayor comodidad es la de saltar en avión de un país a otro y que te lleven a destino: sea un domicilio o un hotel. Es algo que no descartamos hacer en el futuro cuando no podamos con nuestros huesos. De momento seguiremos haciendo de caracoles.

En cuanto a la edad es subjetivo. El tiempo en realidad no existe, existen los calendarios y los relojes y junto a esto toda una industria del comportamiento para convertir a la gente en personajes neuróticos y estresados de sus prisas. Presuponer que alguien tiene que hacer o ser algo o alguien en función de su edad es algo ideológico que no tiene nada de biológico.

Sorprende que gente de un cierto talante progresista –o  que al menos tiene el look de tal- opine bajo manga que nuestro viaje es una locura o que nos ve muy lanzados. Parece que la gente tiene un chip fijo con respecto a lo que tenemos que hacer todos según la edad por la que pasamos. Para esta gente, alguna amiga, un europeo en su cincuentena tiene prohibido viajar por libre a África o a un continente con variables problemáticas que suelen estar controladas en su latitud. Desde que tengo 30 años no he parado de escuchar, de una voz u otra, el recordatorio de que ya tienes una edad y que hay cosas que no puedes hacer. Mi memoria analítica me dice que este tipo de advertencias existen desde siempre. El neonato nace y aun en el paritorio con la vagina echando humo de la que ha salido la comadrona o el médico le dice, no tienes edad para…lo que sea. El dedo justiciero del adulto se pasa la vida diciéndole a los demás los que deben y no deben de hacer. Lo más curioso es que van pasando los años y luego resulta que es gente más joven de edad –pero más terca de neuronas y conservadora de ideas- la que señala con el índice normativo. Los hijos controlan a sus padres en ese sentido.  Hay que confiar un poco en la inteligencia ajena y en la facultad para decidir sus caminos. Nosotros no tenemos duda de la nuestra ni de lo que queremos hacer y nos divierten las  objeciones sutiles sobre nuestra decisión. La verdad es que como en casita no se está bien en ninguna parte pero ya andábamos necesitando cambiar de registro desde hace un tiempo. Por otra parte el mundo no pasa por tu casa si tú no pasas por el mundo. Todo lo que te llega de él por la tele tiene algo de fraudulento.

Vic y yo somos un tándem que funciona. Ella es la especialista en gestiones y en relaciones públicas, yo soy el chofer y me ocupo de la intendencia. Ella es una organizadora sistemática del espacio que compensa mis desórdenes y despistes yo la cuido como mi protegida aunque eso no le guste mucho. Paloma, una de sus hermanas, me recordó que estaba literalmente en mis manos. Debe ser así aunque yo no lo expreso de esta manera. Somos socios con nuestras imperfecciones y déficits mutuos. Desde que estamos juntos nunca he tenido el sentimiento de que sea una persona deficitaria. Quizás mi ceguera, no la visual sino la interpretativa, me lleva a verla como un ser completo, muy completo. Es dura de carácter, nada la vence, puede con todo, siempre está alegre, dispuesta, es de carácter tranquilo, es solidaria, afable,..En definitiva un ser excepcional sin copia en todo el género humano. No verla como alguien anómalo tiene sus ventajas ya que se traduce en no-discriminación de ninguna clase y en desventajas (a veces olvido que ella anda más lenta que yo y yo me adelanto sin darme cuenta y me quedo hablando solo). Ser cojo de temporada no es lo mismo que serlo de por vida. La asincronía de las piernas en el movimiento crea una escena rota como primer impacto visual pero inmediatamente queda compensado con la mirada a los ojos. La cara de Vic y la dulzura de su mirada hacen olvidar inmediatamente su déficit. Ella es la primera que quiere disimular sus bastones o la silla de ruedas cuando sale en fotos, a mi no me parecen objetos tan trágicos.

Pertenecer al club aunque sea circunstancialmente te recuerda el significado preciso del movimiento corporal y esa valiosa facultad para determinadas acciones. Las personas que he conocido, la mayor parte a través de Vic, de esa área de limitaciones, son generalmente encantadoras y con una mayor capacidad para ponerse en el lugar de los demás. A Tomas Lozano, que se mueve con una silla de ruedas propulsada con  una rueda delantera,  por Barnápolis y que lleva a su hijo a bordo hasta el colegio, le hemos prestado el triciclo que Vic compró hace dos veranos. Desde entonces apenas la había usado y ha estado en el rellano de casa dificultándole el acceso con  su moto eléctrica. Paco Llobet, otro amigo de Vic y capitán nato en vela adaptada, hizo saltar las lágrimas sentimentales de Vic cuando le dijo que si a la vuelta a Catalunya no teníamos donde ir mientras buscábamos una casa podíamos usar uno de sus apartamentos que no usa en la Costa Brava.

 



[1] http://www.blogger.com/posts.g?blogID=5136358292369827567

11. En nuestro propio túnel del tiempo

.En nuestro propio túnel del tiempo[1]. St Sebastian de los Reyes 25dic2007-Martil 31dic07

Nosotros también hemos pasado por nuestro propio túnel del tiempo. Al estar revisando carpetas que por años guardábamos en nuestras estanterías del despacho y en un fondo de archivo de 30 o más  años atrás chocamos con la evidencia de que lo guardado no volveremos a usarlo nunca y el deseo de rearchivarlo o tomar notas probablemente quedara en eso: en un deseo.  Al principio las revisábamos lentamente costándonos renunciar a cada papel, cada revista, cada unidad didáctica, cada ficha, cada recorte de periódico, cada escrito o cada apunte. Cualquiera de las cosas tiene contenidas horas de trabajo y de lecturas desprenderse de ella nos lo tomábamos como un zarpazo. Según fueron pasando los días la velocidad de desprendimiento de ellas iba en aumento. Llenamos hasta unas 10 cajas de cartón semigrandes que embalamos y donamos. Podrían ser el ideal para una escuela: unidades didácticas de catalán, de inglés, docenas de gramáticas de lo uno y de lo otro, multitud de unidades de ciencias sociales, revistas de los años de la transición  pero sus materiales especializados tal vez no convenzan tanto a la biblioteca donde las hemos donado, la de El Fonoll en la conca de Barberà. Ahí hemos ido de tarde en tarde a pasar unos días viendo como el pueblo se va reconstruyendo. Tal vez tengamos la oportunidad en el futuro de ir a pasar unos días y ayudar en la organización de los materiales si todavía los conservan y hacer una última mirada a las revistas clandestinas o semi de aquel duro periodo de la situación política española.

 

Con la casa patas arriba seguimos en nuestro proceso sin renunciar a nuestras actividades diarias.

Escribir a diario, ir a conciertos, a conferencias, seguir embalando. Embalar es un verbo que nunca nos habíamos aprendido tan bien como ahora, a pesar de una experiencia laboral que tuve puntualmente cuando viví en Paris como transportista de demenàge. Los  franceses tenían o tienen un mayor ritmo en cambiar de casa que los españoles y se aferran menos al domicilio de por vida que éstos. Trabajé para una empresa especializada en trasladarlo todo de un domicilio a otro y recolocar las cosas en sus muebles exactamente igual que como las habían recogido. Los clientes podían dejar la vajilla incluso sin recoger de la mesa tras su última cena (no la de Jerusalén) y encontrarse con todo puesto en el siguiente domicilio a  uno o pocos días vista (se supone que con la vajilla limpia). Ideal. No tenemos ni el presupuesto ni la confianza para ponernos en manos de nadie que haga esto, tampoco sabemos de nadie que lo haga en España. Es mejor así. El hecho de embalar es todo un proceso iniciático. Nos enfrentamos a nuestro pasado al abrir carpetas y desmontar estantes de cosas que no tocábamos en años. Muchas las tiramos, otras han formado para de la donación a una biblioteca pero la mayor parte  han ido a parar lo que era nuestra biblioteca estudio. Poder embutir cientos de paquetes, cajas, carpetas de proyectos, maletas y bolsas ha sido un curso intensivo de ingeniería práctica del uso del espacio. Vic se quedaba a bajo con el coche aparcado en paralelo y todos los intermitentes puestos mientras yo iba descargando, ocupando el vestíbulo y luego subiéndolo todo al primer piso sin ascensor. No he hecho una estimación del número de escalones subidos y bajados pero deben ser miles. En las primeras semanas del almacenamiento he ido con mucho cuidado en poner cada caja en su lugar. Puedo dar clases de profesional experto sobre esto. En caso de necesidad y asesoramiento llámeseme sin compromiso. Las cajas deben estar completamente ocupadas en su interior para que no queden espacios que irremediablemente se doblaran con el peso de las de arriba torciendo las columnas y viniéndose todo abajo. Recuerdo de la experiencia parisina que mis compañeros de mudanzas más expertos se encontraban con estos reveses inesperados. La empresa además de trasladar también se ocupa del almacenamiento alquilándolo por metros cúbicos. Aprendí entonces que al occidental le cuesta mucho desprenderse de sus cosas aunque pasen años sin que pueda usarlas ni deje que las use nadie. Ahora también debemos reconocérnoslo en nosotros. Tanto Vic como yo somos unos perfectos acumuladores de cosas. Ahí donde hay una tienda Vic esta como cliente y por mi parte he sido un paseante confeso de mercados ambulantes y  rastros. No creo que usemos habitualmente más del 10% de las que tenemos  y aun es un porcentaje menor las que realmente necesitamos. La cantidad de frascos, frasquitos, botellas, garrafas, botes de pintura, de aguarrás, de disolventes y de elementos que tienen que ver con la limpieza doméstica y con la restauración de muebles –uno de los cursos que hizo Vic fue el de especializarse en reparación de muebles- ha sido tal, que sumarlos daría la cifra fronteriza indicadora de alguna clase de patología obsesiva. En los traslados, con las prisas, al menos cuatro frascos distintos se han derramado. A su turno el coche ha ido oliendo a amoniaco, disolvente o detergente. No somos/no soy tan desastre como lo cuento pero la falta de tiempo es mi coartada.

Las últimas incorporaciones de objetos ya han sido sobre los otros con no tanto cuidado. Los 25 metros cuadrados de superficie multiplicados por los, debe hacer, 2,50 de altura, lo que dé en metros cúbicos, es lo que ocupa casi todo lo que hemos trasladado. Por no faltar no falta un mástil con la vela enrolladla de una tabla de surfing y un parasol. Cualquiera que acceda a esa habitación se encontrará con un  minúsculo pasillo que lleva hasta el balcón. Recorrer los 5 metros puede demorar un cuarto de hora. Las plantas del balcón: una ficus y yucas especialmente han quedado a su suerte. Se han quedado con suficiente cantidad de agua  para pasar medio año, a partir de entonces  las he condenado a la deshidratación. Me siento culpable por eso. La idea inicial de trasladas y replantarlas en el jardín comunitario del que se ocupa Isaac en su inmueble no se ha concretado. Las cosas lo mismo que las fotos o las grabaciones musicales son pretextos para el recuerdo. Cada cosa te lleva al contexto en el que la adquiriste y lo que te dio como experiencia. Estas semanas de traslado hemos tenido tiempo de recordar por lo que hemos pasado, de dónde venimos, qué sueños tuvimos. Propongo que tantas sesiones de  ese traslado sean tenidas en cuenta para mi medalla de mérito al trabajo. Si debo ser tenido en cuenta como héroe para algo que sea por ese traslado. Nunca antes dediqué tanto tiempo a una cosa de este tipo a pesar de las bastantes veces que me he cambiado de domicilio. El viaje de un domicilio a otro es un viaje por el tiempo. Es la hora de tirar y deshacerte de cosas, también la de ridiculizar convenientemente objetivos  y entretenimientos que habías tenido en el pasado y que ya son demodés o no tienen la menor actualidad. No me veo haciendo la misma heroicidad en el sentido inverso: trasladando todo del estudio almacén a casa cuando la recuperemos. Intuyo que por poco que podamos cambiaremos de casa a nuestro regreso buscando algo con más espacio, más diáfano y con menos objetos.

Dado que Vic tiene sus dudas que en el Estudio se puedan encontrar cosas, ha optado por llevar parte de su ropa y documentos a otras partes. Es así que hemos dejado unas cajas de documentos en casa de Ramón en Barcelona, el coche cargado con otras maletas y su moto eléctrica en uno de los garajes no usados de Federico en Madrid y una maleta y una gran bolsa de nylon en casa de Paco-Mari Carmen en Puerto Santa María. A pesar de todo  este reguero  algunas de las cosas que no vamos a usar durante se han quedado en la furgo.

 



[1] http://unviajeexistencial.blogspot.com/2007_12_30_archive.html#3230754514482395686

10. Las piezas del puzle

10. Las piezas del puzle.  Barcelona 30 noviembre 2007

En Fnac Triangle adquirimos una memoria externa de 150 gb, mucho más manejable que las que tenemos y una alternativa mejor que los pen stick de 2 memorias o los mp4 de 4 u 8gb.Esta unidad Iomega es extraplana y de bolsillo. Nos permitirá ir haciendo copys de los trabajos que hagamos en el ordenador por si estos nos son robados y también de las fotos. También hemos comprado otro convertidor 12v-220 de 300w con la doble posibilidad de conectarlo a la terminal del mechero del coche o a los bornes de la batería.

Tras la visita a los Talleres Uris de Canyamars,  recomendados por Francesc Baselga, y presupuestarnos cuando menos unas 10 horas de trabajo para instalar una batería auxiliar bajo el asiento con un conmutador (500e) más los 450 de una baca más el tiempo o de montaje e instalación de esta decidimos buscar una opción alternativa y más barata. Contra nuestra presunción advertimos que no tenían tanto práctica del tema como habíamos supuesto y el viaje expreso hasta su localidad fue totalmente superfluo. En cualquier otro taller podíamos haber hecho la misma consulta y probablemente nos habríamos encontrado con lo mismo. La idea de la batería auxiliar prácticamente la tenemos desde que adquirimos la furgo y henos preguntado acerca de ello en un par de talleres de nuestro barrio, en uno se declararon incompetentes y en el otro, se llama Ariel, se molestaron porque hacía años que no les llevábamos ninguno de nuestros vehículos después de haber sido clientes suyo.

El rato que pasamos con los mecánicos de Uris, que nos atendieron muy amablemente, sí sirvió para algo: hacernos pensar. Tenemos una furgo limitada sin el espacio de las grandes furgo-vivienda ni de los autocaravanning para alojar otra batería. En realidad no necesitamos una instalación fija. Lo mismo que con la nevera eléctrica portátil puede ser de quita y pon. Lo que es más, podría ser la mejor solución. Tener una segunda batería externa al motor y cargarla indirectamente a través del convertidor.es un proceso complicado pero una forma de recarga. Lo que hemos de averiguar es si una continua descarga y recarga de la batería no va a afectarle la duración de su vida. En cuanto a la otra opción de las placas fotovoltaicas  Elektron no da señales de vida con nuestro encargo.

.En el túnel del tiempo con la presentación de la analítica de sangre donde el indicador de IgG nos coloca con el límite positivo de anticuerpos de hepatitis A pero sin dar la tasa de haberla pasado. Aun así optamos por vacunarnos dada nuestra afición a los pinchazos en estas semanas.  Hoy la enfermera de manos temblorosas nos ha colocado cuatro agujas a cada uno y nos ha dado por terminados con las indicaciones que nos ha repetido por dos veces del gelocatil en caso de fiebre y hielo en caso de inflamación. Hemos preguntado en Recepción primero y en Secretaria después sobre la posibilidad de devolución de tasas dado que íbamos a hacer una colaboración con una ONG. Al personal que se lo hemos comentado ha mostrado su extrañeza diciéndonos que tan solo policías y gente de ministerios están exentos de su tasa. Hemos hecho el ridículo con el papelito de CCONG en el que ruega (del verbo rogar, implorar) que las vacunas nos sean suministradas gratis. Nuestro informador y firmante del papelito nos había asegurado que de haberlo visitado antes las de fiebre amarilla y antimeningítica también nos hubieran salido gratis. Hubo una segunda información también que se le fue la mano, que los visados a Mauritania (entre 30 y 50 euros cada uno) nos saldrían gratis porque conoce a la secretaria de la embajada en Madrid y porque le hizo un porte gratis al pueblo del embajador. Unos días después nos dijo que puesto en contacto con ella le dijo que el embajador había sido cambiado y que no podía librarnos de tal pago. Dos afirmaciones contradichas por los hechos. Bueno, sólo son dos.

Cuando le hemos preguntado a la médico-conferenciante (hemos entrado en su despacho pero hemos declinado su invitación a sentarnos para evitar más cháchara de lo mismo) sobre la posibilidad de consulta vía internet durante nuestro viaje por si nos enfrentamos a algún síntoma ha contestado lo propio de unas instalaciones ministeriales: no procede. Point. Ha añadido algo así que una consulta puede coincidir con que estén de vacaciones.¿Quéee? Nos han dado antipalúdicos para los dos para cinco meses dentro de una bolsa que no verificamos.

De la lista inicial de preparativos y gestiones antes de salir hay unas cuantas pendientes. Las señaladas fechas navideñas y las citas familiares han hecho algo de estresante.

Hasta la última semana en casa no nos pusimos las pilas para alquilar la plaza de parking. Montse, nuestra inquilina, pasa por una coyuntura económica personal desfavorable y nosotros también necesitamos algo más de dinero, con lo cual la vivienda se la hemos alquilado a ella y el parking a otro vecino: Pedro Roldán el cual nos ha dado confianza de cumplir lo pactado pagándonos 70e mensuales. Luego supimos que otro vecino que alquilaba una de sus plazas mientras estaba colgando el cartel de anunciarlo en el mismo garaje una persona lo abordó para contratárselo, también por esa cantidad. Con Pedro nos hemos comprometido por escrito a mantener el precio y el trato hasta mediados de enero del 2009.

El puzle se ha ido completando aunque necesitábamos un par de semanas más para tenerlo todo más atado. Los 45/50 días a contar desde antes de la salida de Barnápolis tenían que haber sido al menos 60. Alia jacta est. 



[1] http://unviajeexistencial.blogspot.com/2007_12_30_archive.html#4592706841807095843

09. Voluntariado puntual

09. Voluntariado puntual. Barnápolis 2007 25 noviembre

Ya que vamos a dedicar una  temporada, de nuestras vidas a  África estamos en disposición de observar, oír y, a diferencia de la leyenda de los tres monos, hablar. En la medida que podamos, nuestra observación itinerante será también sobre la relación del white man con the black people. De haber querido hacer una investigación seria habríamos preparado documentación y una enorme lista de Ongs y sus proyectos, para visitarlas. He consultado una estimación sobre el fenómeno oenegero en el continente: hay unos 250 mil colaboradores de unas 2mil organizaciones. No formamos parte de la lista. Nuestra capacidad de solidaridad incondicional (“haz bien y no mires a quien”)  ha quedado en nuestros pasados durante una cierta clase de militancia (Vic, dentro del ecologismo con Friends of Earth y yo, dentro del pacifismo con el movimiento antiOTAN y antibelicista). No es que ahora estemos en contra de la solidaridad sino que creemos en su ejercicio practicándola desde la espontaneidad y desde el encuentro sintónico con la gente.

No ocultamos una cierta resistencia a las ONGs y no precisamente por los últimos acontecimientos que han desacreditado a algunas en Chad o Etiopia, -en ambos casos en formas abusivas de trato infantil-  antes de su boom ya habíamos hecho voluntariado social, aunque por aquel entonces tal concepto no se manejaba y utilizábamos uno más preciso: el de militancia. Concepto y actuación que desmarcábamos netamente de la intervención que hacían organizaciones internacionales tales como la Cruz Roja u otras como Cáritas. En la década de los 60 y de los 70 ya nos parecía que sus intervenciones en la sociedad para reparar los desarreglos originados por el sistema económico era atacar los efectos sin luchar contra sus causas. Desde nuestros partidos o plataformas nos especializamos en éstas. 20 años después tuvimos que reconocer que mientras los partidos anticapitalistas iban cayendo o desmantelándose  uno a uno frente a la consolidación y exuberancia del gran sistema, las Ongs no paraban de crecer llegando a la nómina actual de miles. En una ocasión durante el debate en la sede de una de ellas, en Cristianisme i Justicia, en Lluria 7, con Paco Fernández Buey, recuerdo haber intervenido preguntándole la poca lógica de un mundo con más de un millón de Ongs, varios millones de colaboradores y con el imperio de la miseria por montera en paralelo. No, las ONGs no son la alternativa al mundo capitalista, en realidad pueden  ser sus cómplices extendiendo los valores del consumismo y de la ultra producción a los sitios más remotos de la tierra y, junto a eso, la ideología del capital y de la rivalidad furiosa; a pesar de eso no podemos negar que hacen cosas, a veces más cosas que los departamentos de mejora de los gobiernos de los países en los que intervienen y más implicados que los gobiernos locales de las zonas. También más cosas que los grandes programas de una clase política que dice desear cambiar el mundo, y por supuesto más cosas que nosotros, que nos hemos apuntado al carro de la especulación teórica y la disertación crítica, huyendo de los registros de la demagogia y de los altruismos para ganar cielos.  A pesar de estas consideraciones previas tuvimos una reunión  con Rafa Jariod, el gerente de CCONG según habíamos convenido por teléfono. Duró unas 5 horas y media. Ya nos había avisado que necesitaba toda una tarde para explicarnos la actividad de su ONG en África. Cuando lo conocimos comprendimos la razón de tanto tiempo empleado Su chorro continuo de palabras  pasaba de una cosa a otra desbordado por las cuantiosas referencias a sus ciento y pico proyectos en curso (también repartidos fuera del continente africano). Nos ilustró exhaustivamente a sobre la realidad  de su organización. La suya. Le pasamos por alto los dejes de su clave en singular. Es un organizador nato con un archivo bien organizado de todos sus datos. No faltó que nos mostrará facturas y le pasamos por alto también que nos incluyera en el lote de su nómina de colaboradores. Posiblemente sumará un dos a sus doscientos y pico y se referirá a nosotros con la forma verbal de “hemos enviado a..”. No nos enfadaremos por eso. A cada hecho los mil y un intérpretes distintos que le puedan salir. Terminamos la reunión con un sentimiento de amistad y con una cita para el día de nuestra partida para cargar todo lo necesario. La CC de CCOng, no significa absolutamente nada, aunque alguien ha querido entender que corresponde a las iniciales de Carmen Contreras, su esposa; ni siquiera  significa centro cultural, aunque en su sede en St. Sadurní d' Anoia, una enorme casa céntrica de pueblo en una de sus calles principales, alberga distintas asociaciones y entidades. Pasamos una tarde agradable consiguiendo información aunque salimos afiliados al grupo y con una documentación extra que no teníamos previsto. De hecho con media hora o incluso por email podíamos haber ventilado la cuestión. Ofrecimos nuestra colaboración en aprovechar nuestro viaje para llevar materiales suyos en nuestra baca a sus centros en Hombori y a la capital de Burkina Faso, también a la residencia del embajador en Mauritania, una especie de regalo-táctico para abrir puertas.  Para ello Rafa insistió en proveernos de material y en dejar bien claro que enviar voluntarios a sus zonas de ayuda (hospitales, casas de acogida, escuela-orfanato) le suponía un gasto y que para que unos voluntarios fueran recibidos en los distintos centros, él (entiéndase la caja alimentada por donativos particulares y subvenciones institucionales o de entidades financieras) debería pagarles 500 e extra a cada uno además de los mil y pico que ordinariamente ya recibían ¿un modo indirecto de generarnos sentimiento de deuda? Nos afiliamos como socios protectores o algo así sin pagar ninguna cuota, (Vic, profundamente impresionable y circunstancialmente muy impresionada, estuvo punto de hacerle una aportación cuantiosa a la que yo me opuse)   aunque luego, gastada  la tarde con un tema que para él lo habría repetido quinientas veces, compramos por deferencia, no porque la necesitáramos realmente,  una caja plegable en la tienda/papelería de su misma casa-centro-sede-multientidades.

Posteriormente al indicarle que queríamos revisar el contenido de las cajas como criterio de seguridad y no por desconfianza personal hubo un desajuste de sensibilidad al respecto de este tema. En principio no estamos dispuestos a cargar nada que no sepamos exactamente lo que es o sin haber verificado considerando que desprecintar y precintar unas cajas tampoco cuesta tanto tiempo, cosa que además lo van a hacer en principio en las fronteras.



[1] http://unviajeexistencial.blogspot.com/2007/12/voluntariado-puntual.html

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